Para aquellos que frecuentan a una mujer encinta, es común escuchar hasta el hastío, las más mínimas historias sobre el universo de los bebés.
Las primerizas, en especial, empiezan a reemplazar ciertas actividades y rutinas para enfocarse en recolectar información y realizar prácticas beneficiosas para llevar un embarazo saludable.
En mi caso personal, con casi seis meses, he aprendido a distribuir mi tiempo entre la literatura de ficción para adultos y la infantil, pues estoy convencida de que contarle cuentos a ese ser en el vientre aumenta los lazos afectivos entre éste y los padres. Aparte de que promueve a futuro, la capacidad de aprendizaje y el desarrollo intelectual y emocional de los niños.
Un par de semanas atrás entrevisté a diez mamás y a nueve papás a cuyos hijos he dictado algunos talleres. Mi propósito consistía en determinar los diferentes tipos de estímulos que los infantes recibieron durante su vida intrauterina.
Gran parte de los padres emplearon métodos como cantar al masajear el abdomen, oír música clásica y la lectura de cuentos. Unos pocos admitieron no haber establecido ningún tipo de comunicación con el feto, pues consideran innecesario perder el tiempo conversando con un ser que aún no tiene la capacidad de discernir. Una colega del derecho al ser más específica, me confesó que tiene la certeza de que el nascitūrus no puede oír; que está tan cubierto por el líquido amniótico que los estímulos externos son casi imperceptibles. Cree que el alma de ese humano en potencia, deambula por “canto del rayo1” o por decir un lugar, en el mundo de las ideas de Platón y se apodera del cuerpo justo al momento del nacimiento.
Cada quien con su postura.
El filólogo e investigador Evelio Cabrejo Parra, señala que “la voz de la madre ya está inscrita en la psiquis del bebé cuando nace. Este se aferra a la voz de ella y la reconoce, pero es necesario que escuche otras voces, como la del padre, porque la voz del padre, la voz del otro, le permite crear un espacio de pensamiento. El bebé es muy sensible a la entonación de la voz, con ella construye significados. Es un sicoanalista en estado puro y es capaz de entender lo que se pasa en su interior, por su tono y su rostro”
Soy de las que comparte la idea de que las vibraciones y los sonidos alcanzan el útero materno. No es en vano leerles a los nenes que bambolean en la panza. Creo que ahí dentro, tan silentes, consiguen absorber el placer de escuchar historias y canciones.
Cada día leo cuentos y poemas mientras froto mi barriga. En primer lugar, prefiero a los escritores panameños que dedican sus creaciones a nuestros niños, como: Gloria Melania Rodríguez, Lill María Herrera, Irene de Delgado y Hena Zachrisson.
Algunas veces elijo letras de mi autoría.
Pese a que para algunos este acto es irrelevante y sin sentido, la mayoría de los expertos sostiene que compartir cuentos con la criatura, en especial a partir del cuarto mes de gestación, trae diversos beneficios: se logra aumentar el vínculo entre la madre y el pequeño, ayuda a que desde el primer momento el niño o la niña identifique las voces de sus progenitores; desarrolla la inteligencia y la retentiva; estimula la imaginación y crea seguridad. De la misma manera, se ha comprobado que prepara el terreno para que cuando crezca, sea un apasionado de la lectura.
Si aún no tienes la certeza de que la personita que habita dentro de ti disfruta de la entonación de tus narraciones orales, te invito a que de todas formas te lo cuentes a ti mismo y desempolves la excusa del “porsiaca”. Revivir las onomatopeyas y las aventuras de los libros para niños es lúdico, alimenta la imaginación y te recuerda que nunca serás demasiado grande para disfrutar de la literatura infantil.
