Categoría: Unos escriben

Repasando viejos recuerdos

Carlos García Gual, escritor, filólogo y crítico español.

Carlos García Gual, escritor, filólogo y crítico español.

Madrid, 5 de noviembre de 2016

 

Querida Lourdes:

Te escribo esta carta como disculpa de mi fracaso en varios intentos de redactar, en tu honor, algún texto  más largo .La verdad es que había pensado escribir unas páginas más académicas , algo así como un ensayo, en torno a cualquier a de los muchos temas que has tratado. Podría haber sido sobre recreaciones de figuras trágicas griegas, como Penteo, Fedra y Pentesilea, comentando tu afición al mundo de  los mitos trágicos griegos,  o volviendo a alguna de tus novelas – como Luz de la memoria o Arcángeles, que he releído con esa intención- o trazando unas notas de comentarios al margen de los capítulos de  El sueño de la pasión , que me sigue pareciendo tantos años después un libro excelente, muy ágil y bien escrito, que muestra muy bien tu doble faceta de lectora de clásicos y una crítica literaria con inteligencia y un apasionamiento muy personal. (Tengo una simpatía especial por ese libro tuyo, tal vez porque me gusta ese tipo de ensayos literarios sobre grandes textos con acento personal ). Habría sido más fácil quizás, y también me tentó,    insistir en comentar tus novelas históricas – Urraca y La liberta – que leí con admiración por su soltura y he tenido muy a mano. (Las he  citado algunas veces como ejemplo de la libertad de enfoque que puede usar un buen novelista frente al historiador, al dejar la palabra a los vencidos y a las mujeres, tantas veces marginadas, para dar su versión de la historia, con muy claro sentido de la justicia). Más lejana tengo la lectura de otros ensayos tuyos, de corte biográfico – como Rimbaud o Larra, escritos con agilidad y  simpatía hacia los biografiados –  y otros textos de reflexiones más políticas. Incluso podría haber destacado el interés de alguna de tus traducciones tempranas, como la del libro de V. Propp sobre la estructura  de los cuentos populares rusos.

En fin, que, al repasar tus muchos escritos, me he ido dando cuenta de que aún conservo en mi desordenada biblioteca tantos y tantos libros tuyos, los más antiguos con afectuosas dedicatorias. Sin embargo, al final, no he logrado acabar del todo ninguno de esos ensayos. Y, bueno, no tengo una buena excusa para  la demora. Me he visto enredado en otras tareas, he tenido algunos baches de salud, y no me convencía nada de  lo que escribí. Tal vez, digo para disculparme, porque ese tipo de homenajes tan de corte académico me aburren – como tantas ceremonias – y en tu caso me parecía un envío tópico y soso.

Pero, más allá de esa torpeza,  me gustaría decirte cómo, al socaire de todos esos intentos fallidos, he andado repasando viejos recuerdos. Me han venido a la memoria  imágenes sueltas de lejanas mañanas y tardes de aquel primer curso de facultad, al comenzar la década de los sesenta, en años del largo y grisáceo tardofranquismo. De cuando éramos tan jóvenes, y los días tenían cierto aire de fiesta, y estrenábamos amistades a lo largo de un primer curso universitario con ilusión y con infinitas ganas de hablar y de escribir, y criticar el mundo en aquel bar en penumbra de la facultad (que entonces era de Filosofía y Letras), y acaso en vagas tardes en el Ateneo y tascas cercanas.  Imaginábamos un futuro libre y de caminos abiertos, con ingenua alegría.  ¡Ah, la libertad! Desde la larga distancia me parece un tiempo muy festivo. Allí estabas tú sonriente, y con opiniones claras, ya muy buena lectora, crítica  con muchas cosas, y con un alegre afán vital.

Recuerdo otras figuras de aquel círculo de amigos: Jesús Munárriz, Alberto Méndez, Carlos Piera, Manuel Gutiérrez Aragón, y unos pocos más cuyos nombres ahora no conservo. Yo, con mis gafas gordas y un habitual despiste, era un chico de provincias que descubría Madrid, y un ambiente intelectual, que me parecía muy atractivo. (Eran los años del teatro de Buero Vallejo , de Lauro Olmo, de algunos ensayos de teatro en la Facultad que tú recordarás y, de otra parte, de lecturas apasionadas como Tiempo de Silencio , y de libros semiprohibidos: de Sartre, de Neruda , Blas de Otero, Miguel Hernández, etc. Aparte recuerdo que Víctor Sánchez de Zabala, compañero de curso, pero no  de nuestra tertulia, me prestó los primeros Borges que leí. )

Luego, tras nuestros dos cursos de comunes, nos separamos al elegir ya nuestras diversas especialidades (vulgo «ramas»), y nos hemos vuelto a ver raramente, aunque algo sabíamos los unos de los otros. Al bar de la facultad pronto le pusieron rejas después de los jaleos del 65, cuando ya acabábamos. Luego yo he regresado, muchos años después, como profesor,  y frecuento las mismas aulas y pasillos, pero muy poco ese bar de estudiantes y ni siquiera  paseo  por el jardín, ni me acerco a saludar a la estatua de la Diana flechera y oscura – de resonancias clásicas -. Acaso trato de evitar algunas nostalgias.

Alguna vez nos vimos en la RESAD, donde tú has desarrollado tanto tiempo una estupenda labor, manteniendo esa alegría vital tan tuya, valiente y animosa. Siempre, a partir de alguna visita, he admirado el ambiente de esa escuela, tanto por la dedicación e inteligencia de los profesores, como por lo vivaces y apasionados alumnos, en contraste con los de ahora, sean de Filología, Filosofía, Historia e Geografía, más limitados y menos  expresivos. (Seguro que esta opinión está equivocada y lastrada por mis años. Me gusta sospechar que éramos más críticos y más abiertos al mundo, al no vivir tan pendientes de pantallas y móviles, y disfrutando del viejo vicio de leer libros).

Bueno, como ves, Lourdes, recaigo en la nostalgia, y ya debo acabar.

En fin, sólo quería decirte, Lourdes, cuánto hondo afecto y admiración te guardo desde tan lejanos tiempos. Desde los ratos de tertulia en aquellos días, y en la admirada lectura de muchas páginas tuyas. Siento haber dejado de escribir a tiempo -¡ando retrasado en tantas cosas!- el comentario que te debía; pero no quería faltar al merecido homenaje, así que a la vez que te pido disculpas por mi brevedad, te mando mi hondo cariño.  ¡Felicidades y muy fuertes abrazos!

Carlos

Lourdes Ortiz, la razón de lo oculto

José Luis Alonso de Santos, dramaturgo, director escénico y guionista español.

José Luis Alonso de Santos, dramaturgo, director escénico y guionista español.

Lo bueno y lo malo de escribir en nuestro tiempo es internet. Ahí está todo lo que queremos saber, e incluso lo que no queremos. Hace unos años escribir unas líneas de homenaje sobre Lourdes Ortiz habría consistido, sobre todo, en contar su obra, su trayectoria vital y su relación con el mundo que le ha rodeado y le ha tocado vivir, principalmente en su variable de escritora, pues de eso se trata aquí básicamente. Pues bien, todo eso nos lo saltaremos porque el que desee tener esos datos con ir a internet los tiene todos, incluso buenos estudios críticos sobre su destacada e importante obra teatral, que es la que tiene que ver más conmigo y a la que me voy a referir brevemente. Y lo voy a hacer desde una dimensión no de estudioso del teatro, ni de autor dramático, sino de amigo y compañero, ya que compartí muchos años tareas pedagógicas con ella en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid), y de eso quiero hablar  hoy aquí.

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Gira, gira (Los espacios de la memoria son caprichosos)

Amelia Solas, Alondra Badano y Lourdes Ortiz en Panamá.

Amelia Solas, Alondra Badano y Lourdes Ortiz en Panamá.

Los espacios de la memoria son caprichosos. Aparecen y desaparecen según los tiempos y los estados afectivos. También se anegan entre realidades y ficciones y se confunden en una intemporalidad que es única para cada evocación. El recurso más efectivo es escribirlos y hacer una historia íntima que compartimos temerosos  para no empañar lo que guardamos en soledad y silencio. Un baúl envejecido de lo que el alma deposita en él. Un momento, un cigarrillo, una risa, un escenario…

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La presencia de Lorca en el mundo dramático de Lourdes Ortiz

Alicia Casado. Dramaturga y actriz. Doctora en Filología por la Universidad Complutense de Madrid.

Alicia Casado. Dramaturga y actriz. Doctora en Filología por la Universidad Complutense de Madrid.

En un artículo para el diario ABC1 el investigador, poeta y académico Carlos Bousoño relacionaba el espíritu rebelde de los poetas de la llamada Generación del 27 (sobre todo de Lorca y Aleixandre) con la cosmovisión que inspiraría las consignas liberadoras de los jóvenes de Mayo del 68, concepción vital que tiene mucho que ver  con la visión del mundo que se deduce de la lectura de las obras dramáticas de Lourdes Ortiz.

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En las Antípodas

Realmente parece que era verdad que la tierra es redonda. He podido comprobarlo. Redonda, extensa y ahora al alcance de la mano. Por eso estoy aquí. Eso sí tras largas horas de vuelos y conexiones fatigosas que al capitán Cook le habrían parecido una nimiedad. Márgenes, límites, barreras. La distancia una de ellas, la geografía antes una penosa condición. Pero el hombre es capaz de saltarse los límites, de modificarlos y superarlos con su empeño o de crear nuevos márgenes, nuevas barreras como defensa o agresión.

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El gran viaje de Lourdes Ortiz

Nicola Gilmour, <br />Victoria University of Wellington

Nicola Gilmour,
Victoria University of Wellington

Desde mis días de estudiante de filología española y lectora de Urraca, hasta mis más recientes lecturas de sus intervenciones en los periódicos españoles, venía conociendo a Lourdes Ortiz a través de su obra. Pero no me imaginaba que fuera posible llegar a conocernos de verdad algún día. Sin embargo, un día en 2011, vi una oportunidad  y no la dejé escapar. Con la ocasión del décimo congreso de la Asociación de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de Australasia (AILASA), del que yo era una de las organizadoras, escribí a Lourdes con la esperanza de que viniera a Wellington, Nueva Zelanda como presentadora magistral. La invité por la admiración que sentía y sigo sintiendo por su obra y porque, egocéntrica de mí, la quería conocer. Quería traspasar la barrera entre la obra y el ser humano. Así conocí a Lourdes Ortiz por primera vez en persona en mi ciudad de Wellington, las antípodas de España, en julio del 2012.

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La sonrisa de Gioconda

Daniel Sarasola.

Daniel Sarasola.

Cuando pienso en la obra de Lourdes Ortiz se me antoja como un edificio multiforme y laberíntico, plagado de estancias cinceladas en todas las texturas, de los tamaños más variados: desde las más angostas de sencillez calculada, que ventilación al mundo reclaman, hasta las más espaciosas y francas de abiertos ventanales por las que la realidad avasalla a raudales. Todas ellas habitadas por criaturas – hombres y mujeres- en combate sin tregua con las sombras, más o menos contentos con su cárcel, según consigan sacudirse la angostura de la piel, alejar más o menos los tabiques de convenciones y reglas impuestas que oprimen su cuerpo o esclavizan su espíritu, para ganar poco a poco prestancia y gallardía hasta enseñorearse serenamente de su prisión (física o mental), iluminándola al fin en diferentes grados de incandescencia.

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Lourdes Ortiz, a modo de biografía

(Madrid, 1943) Escritora española que ha cultivado casi todos los géneros: teatro, poesía, ensayo y narrativa. Lourdes Ortiz se educó en un colegio de monjas hasta los dieciséis años, cuando inició sus estudios de Filosofía y Letras. Se licenció en Historia en la Universidad Complutense de Madrid. Desde muy joven estuvo vinculada al mundo de la política y al de la literatura. Leer más…

Lourdes Ortiz. Dossier

 

Lourdes Ortiz es, curiosamente, un nombre que no suena mucho en esos escenarios de falsos oropeles en los que se ha convertido — por obra y gracia de ese «Poderoso Caballero Don Dinero» — buena parte de la literatura española actual. Sin embargo, para quienes seguimos las letras españolas más allá de los modismos y las falsas glorias que crea el mercado del libro, decir Lourdes Ortiz es hablar de una autora cuya repercusión pública e intelectual es considerable en el terreno de la narrativa, la ensayística, el periodismo e, injustamente en menor medida, el teatro. Su nombre, en simples y llanas palabras, es sinónimo de calidad, de consagración a ese sacerdocio que es la literatura, de respeto a la creación y al sencillo pero siempre difícil arte de escribir.

Alguien más conocedor del aporte de Lourdes, el también escritor Daniel Sarasola, ha escrito sobre ella:

Cuando pienso en la obra de Lourdes Ortiz se me antoja como un edificio multiforme y laberíntico, plagado de estancias cinceladas en todas las texturas, de los tamaños más variados: desde las más angostas de sencillez calculada, que ventilación al mundo reclaman, hasta las más espaciosas y francas de abiertos ventanales por las que la realidad avasalla a raudales. Todas ellas habitadas por criaturas – hombres y mujeres- en combate sin tregua con las sombras, más o menos contentos con su cárcel, según consigan sacudirse la angostura de la piel, alejar más o menos los tabiques de convenciones y reglas impuestas que oprimen su cuerpo o esclavizan su espíritu, para ganar poco a poco prestancia y gallardía hasta enseñorearse serenamente de su prisión (física o mental), iluminándola al fin en diferentes grados de incandescencia.

Más adelante, haciendo referencia a esa siempre rara conexión entre el escritor y sus criaturas, es decir, en este caso entre Lourdes Ortiz y esa fauna que habita sus historias, agrega Sarasola:

Criaturas de todo pelaje y condición habitan estos textos -que invierten moldes de escritura y juegan con el mestizaje- y otros que me dejo en el tintero. Pero todas ellas transitan buscando luz por este laberinto con un hilo de Ariadna común, trenzado en los tejemanejes del poder político, (que se sirve de sus aliados tradicionales: la religión mal entendida para aherrojar voluntades y el poder económico, que alienta “guerras convenientes” y pulveriza derechos fundamentales), en el amor y el erotismo como fuerzas duales que pueden crear o destruir, en la búsqueda de la belleza o en la lucha por la igualdad real entre hombre y mujer y el respeto a todas las opciones sexuales.

OtroLunes se siente honrada de poder publicar este breve dossier dedicado a Lourdes Ortiz, una escritora sin dudas imprescindible en el panorama literario español. Agradecemos la propuesta que nos hiciera el escritor y periodista  Lorenzo Rodríguez Garrido de mostrar a nuestros lectores este acercamiento a la obra de esta creadora  pero, especialmente, la invaluable implicación de Daniel Sarasola en esta locura de honrar a quien honra merece. Sin él, este dossier no existiría.

Amir Valle
Director General Leer más…