
en palabras de otro escritor y amigo, Arnoldo Fernández Verdecia, con su vida y su obra se convirtió en un modelo de ser humano e intelectual, en matices que define como «la encinidad». Agrega que «La fe en Dios, la resistencia ante los derrumbes ideológicos, históricos, culturales, la vocación de fundar y crear, Eduard Encina las construyó en el proceso de relaciones sociales vividas por él durante 44 años; aprendió que los proyectos son posibles si la gente cree en ellos, lucha por conquistarlos; no importan las barreras, las trampas del funcionariado cultural, ni el fatalismo geográfico que ha perseguido como un fardo a casi todos los artistas y escritores de esta región de la isla. La encinidad es una herejía con causa ante el tiempo, un desafío permanente al inmovilismo, un rechazo a todo dogma y beatería que conspire contra el desarrollo de la cultura del ser oriental. Tiene una vigencia extraordinaria en los tiempos actuales y no debemos ignorarla o callarla por espíritus de aldea, feudos ideológicos, mediocridades o vanidades infantiles. La teluricidad de la misma reside en una actitud crítica con causa ante la frivolidad, la desidia, la abulia, la mediocridad, el sin sentido del presente, la cultura«.
Recientemente, recordando otro aniversario de la temprana muerte de este escritor, dije lo siguiente: «la literatura cubana tiene una lección pendiente con la enorme calidad, variedad y amplitud de propuestas de la literatura que se escribe en eso que los habaneros llaman el campo. Aunque a algunos les duela, buena parte de la mejor literatura cubana de los dos últimos siglos, y especialmente de las últimas décadas, la han escrito «palestinos emigrados a La Habana», como demuestran Reinaldo Arenas y Gastón Baquero, por solo citar dos ilustres casos. Y aunque algunos se han negado a dar ese salto, que podría garantizarles una mejor promoción a nivel nacional, no hay que desilusionarse. José Soler Puig jamás quiso irse de Santiago y es un grande de nuestras letras. Guillermo Vidal tampoco emigró de la polvorienta Las Tunas y es otro de los eternos. Y ahí tienen ustedes ahora a Eduard Encina: tampoco se fue a buscar aires habaneros, y no dude nadie que veremos cada vez más crecer su obra, su memoria, su legado«.
OtroLunes, en resumen, agradece la importantísima colaboración de Alfredo Ballesteros Alfonso en la selección de los materiales que aquí presentamos. Gracias a él podemos disfrutar de la honra de poder traer como invitado, aún cuando sea de modo póstumo, a uno de los escritores más singulares del Oriente cubano y, por extensión, de las letras cubanas de las últimas décadas.
Amir Valle
Director General
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- Eduard Encina, a modo de biografía
- Entrevistas
- «Nos ha tocado un tiempo hermoso y terrible», por Frank Castells, Árbol Invertido.
- «La poesía trabaja con lo imposible», por Reinaldo Cedeño, La Jiribilla.
- «A salvo con las palabras», por Luis Orlando Rodríguez Rodríguez, La Jiribilla.
- «El poema es bumerang, no flecha», por Onel Pérez Izaguirre.
- «En Santiago pasan cosas», por Yunier Riquenes.
- «Comunicarme desde y hacia las palabras», por Arnoldo Fernández, Portal Radio Grito de Baire, sábado, 22 de Enero de 2022.
- Comentarios sobre su obra
- Los valores de la encinidad, por Arnoldo Fernández Verdecia
- Eduard, siempre a nuestro lado, por Delis Gamboa Cobiella
- Eduard Encina en el palenque de sucesivas epifanías, por Eduardo Sánchez Montejo
- La espuela y el machete: prólogo al poemario Manigua, de Eduard Encina, por Idiel García.
- De silencios, peces y otras pertenencias, por Jorge Enrique Rodríguez
- Golpes bajos y otras emboscadas, por Jorge Enrique Rodríguez
- Lupus: el lobo y el sistema, por Jorge L. Legrá
- Eduard, el que huye de la muerte y la soledad, por Jorge L. Legrá
- Lecturas de Patmos: Estar en el espíritu, por Jorge L. Legrá
- Santiago vs. industriales: finalísima. play off, por Luis Felipe Rojas Rosabal
- Eduard Encina estructura el silencio, por Roberto Manzano
- Muestrario breve de su obra
- Galería