Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, febrero 2009, año 3, número 06
otrolunes.com >> Sumario >> Este Lunes

Antecedentes de la homofobia cubana contemporánea.

Emilio Bejel

Página 2

El artículo de Martí tiene también otras implicaciones que debemos explorar. Por una parte, afirma que los cubanos, lejos de ser afeminados son extremadamente viriles, ya que tanto los mestizos (“halfbreeds”) como los jóvenes citadinos (“city-bred young men”) hacen sacrificios extraordinarios en la lucha por la libertad, y además, otros cubanos (quizás Martí aquí se refiera a los campesinos) realizan grandes esfuerzos físicos típicos de hombres fuertes y viriles. Pero podemos preguntarnos qué quiere decir Martí con esa expresión de que “our half-breeds and city-bred young men are generally of delicate physique, or suave courtesy, and ready words, hiding under the glove that polishes the poem the hand that fells the foe”. Para el lector poco avisado en cuanto a la ideología martiana, esta parte de su texto puede parecerle sumamente desconcertante.

En su respuesta, Martí usa un contraste casi inconcebible: los cubanos son de físico delicado, cortesía amable y facilidad de palabras, pero también capaces de derrotar al enemigo con la misma mano con la que pulen sus poemas. En otras palabras, estos cubanos, además de ser guerreros viriles y valientes, son también poetas delicados. Como de costumbre, Martí construye una especie de “nuevo cubano” que se distancia tanto de la llamada decadencia de fin de siglo diecinueve (con sus implicaciones homoeróticas) como del utilitarismo y expansionismo norteamericano; tanto de la sensualidad de la supuesta decadencia urbana que puede llevar a una fragmentación social como del materialismo que rechaza la cultura de la poesía.6 La cultura poética está representada por Martí como el único discurso capaz de proveer unidad a la fragmentación y la inestabilidad que la modernización aceleraba a pasos agigantados en esos momentos.7 Esta concepción poética es central en la visión que proponía Martí en el momento de su respuesta al artículo del Manufacturer.

También conviene aclarar que las ideas de Martí en esa época proponían un nacionalismo que implicaba una dicotomía del afuera y el adentro para los roles sociales de los géneros: el espacio interior se asociaba con lo femenino y casero, mientras que el espacio exterior era el dominio de lo masculino, lo político y lo público.8 Para Martí, tanto el “hombre afeminado” como la “mujer hombruna” transgredían las fronteras de lo que correspondía a cada género de acuerdo a la dicotomía del afuera y el adentro del discurso nacionalista.

En mi lectura de Amistad funesta arguyo que el rechazo de la “mujer masculina” forma parte integral del concepto de nación propuesto por Martí. Para él, la nacionalidad se basa en una familia idealizada en la cual la mujer debe ser femenina, sin pasiones extremas que no sean la maternidad y la devoción por la patria. Baso mi lectura de Amistad funesta en la idea de que Lucía, la protagonista de la novela, representa una suerte de lesbianismo espectral, altamente amenazante en relación con la idea de nación propuesta por Martí. Aquí también propongo que la posición de Martí surge de una visión nacionalista que percibe las transgresiones genéricas como parte de la fragmentación causada por la modernidad rampante. Para Martí, esta fragmentación sólo puede ser contrarrestada por medio de la homogeneidad que una visión poética puede proveer. En la opinión de Martí, el homoerotismo se asocia con todo lo prosaico y fragmentario, en contraste con lo que él considera poético.9

Es necesario subrayar aquí la compleja posición de Martí al tratar de construir, por una parte, una imagen del ciudadano cubano en medio de las luchas contra el colonialismo español y la amenaza del neocolonialismo norteamericano, y a la vez relacionar tal concepto con su idea de modernidad.10 Su respuesta a esta compleja encrucijada ideológica es una suerte de “poeta viril” como modelo de comportamiento para todos los hombres cubanos. El concepto de Martí incluye una imagen negativa tanto del “hombre afeminado” como de la “mujer hombruna”. Debe aclararse que, aunque es indiscutible que prácticamente todos los nacionalismos de la época eran homofóbicos, la visión de Martí tiene aspectos sui generis que merecen destacarse, especialmente en el contraste entre su visión y la del modelo positivista del nacionalismo de Enrique José Varona y del Dr. Benjamín de Céspedes y otros nacionalistas de la época.

Mientras la posición de Martí en cuanto al homoerotismo es paradójica y basada en una visión poética, la de los positivistas como Benjamín de Céspedes y Enrique José Varona es tajantemente cientifista y hace hincapié en lo que se ha llamado la homosexualización del enemigo. Típico del higienismo social, su discurso atribuye los “vicios” sociales a otras razas, clases y naciones. En su retórica, el cuerpo homosexual se percibe como peligroso, como una contaminación del cuerpo nacional, y como algo que debe ser eliminado de manera radical y tajante. Aquí la representación del “pederasta” comparte varias características del “homosexual” tal como lo definían en esa época los sexólogos de otros países.11

Como Oscar Montero ha estudiado muy bien, la reacción ante algunos eventos sucedidos en La Habana en los años de 1888 y 1889 muestra con especial claridad cómo para entonces la construcción de la homosexualidad en Cuba había sido definida de manera muy marcadamente negativa en tratados de sociólogos y médicos de la época y en los comentarios de intelectuales positivistas cubanos. Fue en esos dos años que sucedió un evento muy revelador llamado el “escándalo del Centro de Dependientes de la Habana”. Basado parcialmente en este suceso, el Dr. Benjamín de Céspedes publicó un estudio en 1888 titulado La prostitución en la Ciudad de La Habana. En la sección sobre la “prostitución masculina”, el médico e intelectual cubano presentó lo que él consideraba que eran los resultados de su investigación sobre la homosexualidad en ciertos barrios habaneros, y en los Centros de Dependientes. En estos centros residían jóvenes españoles recientemente llegados de España que casi siempre estaban desempleados y en situaciones económicas desesperadas. Céspedes concluye que esos jóvenes españoles estaban corrompiendo la nación cubana debido a que vivían de vender sus cuerpos a otros hombres (supuestamente cubanos adinerados). En su representación de la homosexualidad, Céspedes mezcla comentarios positivistas con un moralismo estridentemente homofóbico que paradójicamente incluye elementos de la retórica religiosa:

Y aquí en la Habana, desgraciadamente, subsisten con más extensión de lo creíble y con mayor impunidad que en lugar alguno, tamañas degradaciones de la naturaleza humana; tipos de hombres que han invertidos su sexo para traficar con estos gustos bestiales, abortos de la infamia que pululan libremente, asqueando a una sociedad que se pregunta indignada, ante la invasión creciente de la plaga asquerosa; si abundando tanto pederasta, habrán también aumentado los clientes de tan horrendos vicios; si habremos retrogradado hasta los bochornosos días de la Roma decadente, revolcados en el lodo de esas ciudades sodomíticas que nos describen los archivos bíblicos, alcanzados por la cólera y el fuego celestes (190-95).

Como se sabe, la retórica seudo-científica a menudo trata de adquirir autoridad a base de clasificar sus objetos de estudio. En otras palabras, su lógica implica que con el uso de clasificaciones su discurso sonará científico y por tanto verdadero. El Dr. Céspedes clasifica “científicamente” a los “pederastas” y los asocia con las “razas”: “Abundan tres clases de pederastas: el negro, el mulato, el blanco, viviendo indistintamente juntos a casas u accesorias, repartidos en todos los barrios de la Habana, donde pernoctan y dan cita a sus clientes” (198). Además de asociar a las personas marcadas racialmente con las marcas de género, Céspedes clasifica a los “pederastas” con los chinos, a los cuales llama “miserable raza que vegeta, como una plaga vegetante de hongos en un organismo podrido” (198). Céspedes se deleita en estereotipar a todos los chinos de drogadictos y personas débiles, y propone que se les expulse a todos a China, y a los africanos a África, para que los cubanos puedan liberarse de ese mal. Céspedes también dice que los chinos “se oprimieron como hembras” (202).

Céspedes además afirma que los “pederastas” carecen de todo sentido de ética, e ignoran que su aberración es genética (191). Como un higienista social típico del periodo, Céspedes insiste en que esos individuos acarrean todo tipo de enfermedades venéreas, lo cual él asocia con la enfermedad moral de la ciudad de La Habana, y por extensión la de todo el país. Como buen positivista, asocia a los “pederastas” con la superstición y dice que “varios vecinos colindantes con una de esas casas se quejan de la desaparición de los gatos, que ellos exterminan por creer que ahuyentan a sus parroquianos” (192). El tratado de Céspedes nos provee una información relevante en varios aspectos de la vida gay de La Habana de esa época: ofrece pruebas irrefutables de que existía para entonces una subcultura gay en la capital cubana, y que esa actividad era vista por varios de los nacionalistas de esos años como una abominación que afectaba la nación. Céspedes, en su activismo de nacionalista e higienista social, propone varios “remedios” para controlar lo que él llama “homosexualidad masculina,” que él percibe como una epidemia física y moral del país.

En otro de sus trabajos, Céspedes propone que el béisbol es uno de esos “remedios” para virilizar a los hombres cubanos. Este deporte, importado de los Estados Unidos en la década de 1860, se convirtió en el símbolo de la modernidad al estilo norteamericano en Cuba, ya que se veía como la antítesis de la corrida de toros española, que ahora los nacionalistas cubanos consideraban como algo atrasado y bárbaro. Se trataba de presentar al béisbol como un deporte que distanciaba a los jóvenes cubanos de los malos hábitos y vicios, así como una manera de superar la pobreza y la ignorancia. El béisbol, a pesar de su reciente introducción desde los Estados Unidos, se consideraba como una afirmación de la conciencia anticolonial nacionalista, y también como un modo de virilizar a los hombres cubanos.12

Es importante señalar que el texto de La prostitución en la Ciudad de La Habana de Céspedes, se publicó con un prefacio de Enrique José Varona, uno de los intelectuales e independentistas cubanos más distinguidos de esos años y tal vez el intelectual positivista más importante de la historia de Cuba. El prefacio de Varona se expresa muy en contra de los que él considera que son los vicios traídos a Cuba de Europa, y dice que la sociedad cubana ha recibido “el virus de su corrupción pestilente” (X). Varona considera que el problema de la homosexualidad se relaciona con las razas “decrépitas” y la situación desmoralizante de la economía cubana:

... El autor de este libro [Céspedes] ha querido estudiar uno de los más pavorosos problemas sociales de la hora actual, mas no solamente para acumular datos y preparar conclusiones, sino para proceder científicamente, es decir, para hacer obra de higienista social.... [E]l que lea estas páginas se convencerá pronto de que, si Cuba participa imperfectamente de la cultura europea, en cambio ha recibido sin tasa el virus de su corrupción pestilente. A los ojos del lector atónito se descubre una nueva faz de la colonización europea; y penetra en el fondo sombrío de estas sentinas donde la codicia y la concupiscencia humanas han amontonado los detritus de las viejas civilizaciones, revueltos y mezclados con los elementos étnicos más disímiles. Allí verá lo que han dejado las piaras de ganado negro, transportadas del Africa salvaje, los cargamentos de chinos decrépitos en el vicio, arrancados á su hormiguero asiático, y los cardúmenes de inmigrantes europeos sin familia, desmoralizados por la pobreza y la ignorancia, dispuestos á vivir como en aduar ó campamento, regido todo por el burócrata soberbio y licencioso, hinchado de desdén por la tierra cuyos despojos se reparte, dispuesto á ser pregonero de su atraso y de su inmoralidad, que él mismo en primer término fomenta, y de que él exclusivamente es responsable.

Así la corrupción, que señala con tan terribles caracteres el estado de podredumbre de las sociedades del Viejo Mundo, toma nueva forma entre nosotros, sin perder su gravedad, antes bien, aumentándola, por cuanto, socialmente, es más grave encontrar corroído por el cáncer un organismo nuevo y en vías de crecimiento.... (X)

Es obvio que la intención de Varona en este prólogo es insistir en la acusación de que este vicio viene a Cuba tanto como producto del colonialismo español como de la corrupción moderna que impera en el resto de Europa. Con esta aseveración, Varona apoya la construcción de la homosexualidad y otros males como algo importado y no como producto original de la sociedad cubana. También él sugiere aquí que aunque en Cuba se han adoptado modelos europeos de manera incompleta, la importación de los elementos negativos de esas culturas continúa aumentando en la sociedad cubana. Ahora les queda a los cubanos la responsabilidad de limpiar esas características negativas de los aspectos positivos de la cultura europea. Varona adopta una posición sumamente negativa en cuanto a los cuerpos que considera extraños en relación con el cuerpo nacional. Además, Varona implica que la homosexualidad no es sólo una condición importada del extranjero, sino un producto de las clases pobres.

Para fines del siglo diecinueve, la “homosexualidad masculina” había comenzado a tener ciertas voces alternativas en los países europeos, con Oscar Wilde como el ejemplo más notable. En Cuba, sin embargo, no parece que éste haya sido el caso. A pesar de la gran preocupación que ya se mostraba en esta época con el comportamiento “desviado,” no había voces ni en la literatura ni en el periodismo que se ocuparan claramente de estos asuntos desde posiciones alternativas. En esos años, en Cuba los que dominaban progresivamente el campo del discurso sobre la sexualidad eran los positivistas, los cuales denunciaban y definían negativamente este comportamiento y a menudo lo relacionaban con la cuestión nacional. Las representaciones alternativas no parecen surgir de manera sistemática en Cuba hasta las décadas de 1920 y 1930.13

Debemos aclarar que desde principios del siglo veinte se desarrolló un movimiento feminista impresionante en el país, lo cual mostraba una relativa modernidad en la sociedad cubana a pesar de la pobreza imperante. Las mujeres de estos movimientos luchaban por reformas legales como el derecho al voto, y la mejora en las leyes concernientes al matrimonio, la propiedad, el divorcio, y los derechos laborales.14 Aunque varias activistas feministas trataron de evitar que el movimiento fuera tildado de fomentar garzonas o lesbianas, cierto sector del feminismo cubano de los veinte y los treinta discutió y debatió públicamente asuntos relacionados con el lesbianismo (o garzonismo, como era llamado en esa época) en los medios de difusión masiva y en la literatura.15 En lugar del negativismo absoluto de las nociones de fines del siglo diecinueve sobre la homosexualidad, en esos años se encuentran representaciones alternativas de la “identidad homosexual” tanto por mujeres como por hombres. Estas opiniones y representaciones casi siempre iban unidas a definiciones de qué era un verdadero ciudadano cubano y qué no lo era.

En este periodo de la historia, además del resurgimiento del nacionalismo antiimperialista, el feminismo se erige como un discurso de resistencia contra el patriarcado. La resistencia del feminismo ante los modelos de conducta establecidos anteriormente logró formar nuevos espacios desde donde cuestionar los mecanismos de poder. Como resultado, se dieron en esos años nuevas maneras de representación de la homosexualidad que se diferenciaron substancialmente de lo que existía hasta ese momento en la sociedad cubana. Además de los cuestionamientos que presentó el feminismo, se discutieron abiertamente ideas sobre la homosexualidad basadas en el naturalismo y algunas transformaciones del positivismo.16 Como ejemplos de estas nuevas representaciones se pueden traer a colación las novelas La vida manda (1929) y En la noche del mundo (1940) de Ofelia Rodríguez Acosta, El ángel de Sodoma (1928) de Alfonso Hernández-Catá, y Hombres sin mujer (1938) de Carlos Montenegro (Menéndez 2-3). Pero se debe aclarar que los debates sobre la familia, las relaciones maritales, y el rol de las mujeres en la sociedad cubana comenzó a tomar cuerpo a principios del siglo veinte en ensayos y narraciones de Miguel de Carrión (1875-1929), José Antonio Ramos (1885-1946), Carlos Lobeira (1881-1928), y otros. Estos hombres fueron en cierto sentido los predecesores de algunas de las posiciones que luego el movimiento feminista de los veinte y los treinta logró llevar a su cumbre con escritoras y activistas como Ofelia Rodríguez Acosta, Irma Pedroso, Dulce María Loynaz, Lesbia Soravilla y Flora Díaz Parrado, entre otras.

En el periodo que va desde 1920 a 1940 la República de Cuba pasó por cambios sociales y económicos enormes. A este periodo se le conoce en la historia de Cuba como La revolución del 30, con la cual se termina la relativa estabilidad de los primeros años de la república. Además, el capitalismo nacional no logró afianzarse, y la isla dependió cada vez más de la producción del azúcar como el producto de exportación casi exclusivo del país, lo cual obstaculizaba el control nacional de la economía (Pérez, Cuba 189-228). Los que controlaban progresivamente la economía cubana en esos momentos fueron los Estados Unidos. Por lo tanto, no es de sorprender que la vida política cubana de los veinte y los treinta se concentrara en la cuestión de la dependencia y la honestidad (o falta de ella) gubernamental, y el discurso nacionalista resurgió con fuerzas renovadas. También en la década del veinte el mercado del azúcar disminuyó y finalmente se complicó con la Gran Depresión, que llevó a todo el país a una enorme crisis generalizada. La lucha contra la dictadura de Gerardo Machado galvanizó muchas de las fuerzas nacionalistas del país durante la década de los treinta. La lucha de los grupos liberales y de izquierda se centró en la protesta contra el dominio imperialista de los Estados Unidos, la desnacionalización del país, y la deshonestidad política. Pero también surgieron organizaciones de las llamadas clases económicas, especialmente los industrialistas, que se preocuparon de la cuestión nacional. También la clase media, relativamente grande (más o menos una tercera parte de la población), representó otra fuerza importante contra el status quo (Pérez-Stable 17-35).

Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"Caricatura"

Hernán Vidal - HERVI

Sumario

Este Lunes

Antecedentes de la homofobia cubana contemporánea

Emilio Bejel

Doscientos años de Argentina

Guillermo Orsi

Ni tan pocos, ni tan tontos

Ernesto Morales

Cuba-1959: el castrador espejismo de la nada

Manuel Gayol Mecías

Crónica de una muerte anunciada: Roque Dalton frente a la Historia

Luis Pérez-Simón

El socialismo en cuestión: anti-utopía en Otra vez el mar y El asalto de Reinaldo Arenas

Jesús J. Barquet

Vasto y golpeado abanico de la «gaycidad»

Eduardo Monteverde

Otro lunes Conversa

Con Iván Thays

Un escritor peruano llamado Iván Thays

Con Alberto Salcedo

Más allá de las verdades oficiales

Con Ángel Santiesteban PRATS

Somos el vehículo, la mano, el nombre que representa una lucha cultural

Punto de mira

Las pequeñas editoriales alternativas en el mercado del libro en lengua hispana

RICARDO ORTEGA

ROBERTO AMPUERO

RAÚL TÁPANES

ESTHER ANDRADI

TERESA DOVALPAGE

ALVARO CASTILLO GRANADA

YANITZIA CANETTI

CARLOS SALEM

ÁNGEL ALONSO DOLZ

NAHUM MONTT

SINDO PACHECO

DANILO MANERA

ALEJANDRO AGUILAR

FRANCISCO ALEJANDRO MÉNDEZ

LUIS FAYAD

JUAN RAMÓN BIEDMA

ARTURO GARCÍA ABRAJÁN

SEBASTIEN RUTES

EDUARDO PARRA RAMÍREZ

PABLO MAZO

Cuarto de visita

Poesía Inglesa

Carlos López Beltrán y Pedro Serrano

I’r Hen Iaith A’i Chaneuon

Ian Duhig

Matrushka

Elizabeth Garrett

Recuerdos desde una ciudad extranjera

Lavinia Greenlaw

Desconocidos

Alan Jenkins

La llamada del apóstol Mateo

James Lasdun

Táctica

Sarah Maguire

Unos escriben

Lorenzo Silva

Otros miran

Hernán Vidal - HERVI

En la misma orilla

De mis memorias

José Lorenzo Fuentes

Escenas del paraíso

Relato

David Torres

Queso y ron

Relato

Esther Andradi

Poemas

Frank Castell

Bosquejos de El Emperador

José Gabriel Ceballos

Poemas

Raúl Tápanes López

CUBA PERFORMANCES me recuerda al mundo: Sobre el documental Cuba Performances, de Elvira Rodríguez Puerto

Mares Marrero

Recycle

Notas sobre (hacia) el boom II: los maestros de la nueva novela

Emir Rodríguez Monegal

El fascismo eterno

Umberto Eco

De lunes a lunes

Nuevo libro de nuestro columnista Uriel Quesada

Escritor mexicano Eduardo Parra Ramírez gana el Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2008

Hacia el Centenario de José Lezama Lima

Una nueva lista de excelencias editoriales en la editorial Terranova

Propuesta para una Sociedad Participativa

Biblioteca de Otro lunes

Otras voces Hispanas

A CARGO DE LUIS RAFAEL

Jesús Díaz y sus "años duros"

José Gabriel Ceballos: Variaciones argentinas

Cintio Vitier y Lo cubano en la poesía

Juan Ramón Biedma: Voyeur de la miseria humana

Librario

De cuando Pablo Neruda plagió a Miguel Ángel Macau

Álvaro Castillo Granada

La Tabla (Reseña II)

Armando de Armas

Ladrón de sueños

Bernardo Fernández - BEF

Matar y guardar la ropa

Carlos Salem

Cuba: contrapuntos de cultura, historia y sociedad

Francisco A. Scarano y Margarita Zamora

La ventana doméstica

Juan Carlos Valls

Horror al vacío

Osvaldo Navarro

 

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com