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Todo parece indicar que la insistencia de las feministas cubanas por debatir sus ideas públicamente durante las décadas de los veinte y los treinta (aun en revistas de alta circulación como Carteles y Bohemia), afectó o fue parte de las nuevas interpretaciones y representaciones de la homosexualidad y su relación con las distintas versiones del nacionalismo en esa sociedad. Durante esos años, a pesar de que varios sectores de la población continuaron repudiando la homosexualidad, también surgieron debates que en ocasiones presentaban la homosexualidad de manera positiva o al menos desde puntos de vista alternativos. Por ejemplo, en una carta pública que respondía a la homofobia expresada por Mariblanca Sabas Alomá, la doctora Flora Díaz Parrado escribe que el lesbianismo es “un tipo justo dentro de la incongruencia humana” (cit. en Sabas Alomá 113), y que la garzona “no tiene tanta banalidad espiritual como la mujer del tipo sierva” (cit. en Sabas Alomá, 113).17 La Dra. Díaz Parrado añade, “creo que la garzona es un tipo de transición entre la mujer de 1914 y la mujer del porvenir” (cit. en Sabas Alomá 115). Díaz Parrado afirma que todas las ideas de la sociedad cambian, y así como en otras épocas se creyó que la epilepsia era el resultado de una desviación moral, de la misma manera, “quien sabe si las ideas más comunes sobre el lesbianismo resulten igualmente ridículas en el futuro” (cit. en Sabas Alomá, 114). La implicación en muchas de estas opiniones es que la nación cubana debe de ampliar o cambiar sus miras y aceptar dentro del marco nacional a todas estas subjetividades rechazadas anteriormente. Díaz Parrado basó sus ideas en argumentos históricos, económicos y culturales para explicar la cuestión homosexual y su relación con lo que ella consideraba que debía ser la nación cubana moderna. Aun la literatura, que hasta el momento se había mantenido prácticamente en silencio en cuanto a la representación de la homosexualidad, ahora se unía al periodismo y a los tratados sociales para abrir un espacio donde se representaban estos asuntos (Menéndez 2-3). Debe aclararse, sin embargo, que a menudo se expresaban estas nuevas opiniones y representaciones de manera contradictoria, pero el solo hecho del debate público sobre asuntos tan reprimidos constituía un adelanto que implicaba una nueva definición de los límites de lo que se consideraba que caía dentro de los parámetros nacionales.
Se debe insistir, no obstante, que la mayoría de las feministas de esos años no vieron la homosexualidad de manera positiva ni siquiera aceptable. Solamente una minoría de las feministas se expresó positivamente en esta cuestión. En cuanto a la discusión sobre el lesbianismo, nos podemos volver a referir a las opiniones negativas de Mariblanca Sabas Alomá, una de las feministas de izquierda de mayor importancia de la época, expresadas en un artículo publicado en la revista Carteles en abril de 1928 (102-107). Sabas Alomá, a pesar de ser considerada muy progresista en asuntos sociales, especialmente en lo que se refiere a los derechos de las mujeres, insiste en distanciar por completo el feminismo del lesbianismo. Ella acusa al lesbianismo de ser un crimen contra la naturaleza y un comportamiento que refleja un exceso de pasión sexual y una desviación en términos de los roles de géneros sexuales (la autora no distingue entre sexo en el sentido cromosomático y género en el sentido de roles sociales, lo cual otras feministas cubanas de la época, Ofelia Rodríguez Acosta sobre todo, articulan de manera bastante clara en sus textos).18 En su artículo, Sabas Alomá mezcla argumentos de diversos discursos que se contradicen mutuamente. Por ejemplo, su concepto de que el lesbianismo es un crimen contra el “mandato imperativo de la naturaleza” (105) y un producto de “las desviaciones sexuales” (105) parece mezclar las ideas provenientes de la moralidad religiosa tradicional del pecado contra natura y los argumentos seudo-científicos que perciben la homosexualidad como una desviación del deseo sexual de los instintos. Lo que es aún más paradójico en Sabas Alomá es su acusación de que el lesbianismo proviene de la “lujuria” y el “desenfreno” sexual (105), lo cual es muy parecido al argumento tradicional usado contra las mujeres que no siguen el comportamiento prescrito por la sociedad patriarcal.
Además de la repetición de conceptos tradicionales como parte de su posición feminista, Sabas Alomá mezcla sus ideas con concepciones historicistas y de izquierda en cuanto a la homosexualidad y su relación con la nación cubana. Ella culpa al capitalismo por la opresión de las mujeres en general y las cubanas en particular—en otras palabras, Sabas Alomá sitúa este argumento directamente dentro de un marco marxista-leninista al proponer que el lesbianismo es producto o al menos aumenta en la “sociedad capitalista y burguesa ... pero en la otra [la socialista], en la que ha de sustituirla, será posible exterminar estos tipos de decadencia” (107).
Desde su posición de izquierda ella considera el lesbianismo como producto de la opresión capitalista, y una vez que el capitalismo sea eliminado de Cuba y de otras partes del mundo, las mujeres disfrutarán de sus derechos y de la igualdad total, y el lesbianismo desaparecerá.19 Sin embargo, a pesar de esas opiniones, Sabas Alomá afirma que las mujeres cubanas y sus derechos no pueden subsumirse bajo la sombrilla ideológica del proletariado que no se preocupa de incluir los abusos causados por las diferencias genéricas. Para añadir a la complejidad de sus opiniones al respecto, debemos traer a colación que Sabas Alomá participó de un debate público con el doctor e intelectual positivista Gregorio Marañón, ya que ella consideraba que este médico español daba demasiada importancia a las causas biológicas y fisiológicas de la homosexualidad (110-111). A pesar de o quizás debido a sus contradicciones extremas, complejos discursivos de este tipo han influido enormemente en la formación de la sociedad cubana, y han sido repetidos, aumentados y aun institucionalizados en épocas más recientes, especialmente la que va de mediados de la década del 1960 a la de 1970, pero también en el presente.
La relativa apertura en la Cuba de las décadas de los veinte y los treinta del tema homosexual fue tan solo un oasis en medio de una homofobia generalizada que se ha usado casi siempre en aras de construir una nación más justa. Ya a principios de los cuarenta la situación en cuanto a la homosexualidad se volvió a empeorar, pero ese estudio lo tenemos que dejar para otra ocasión. Todo lo que hemos presentado en este trabajo muestra que la homofobia del periodo revolucionario socialista tiene antecedentes muy marcados que a menudo establecen una relación bastante directa entre las actitudes y opiniones sobre la homosexualidad y las actitudes y opiniones sobre la visión que se tiene de la nación y de la sociedad cubana en un momento dado. Además, espero haber establecido aquí la insistente conexión que el discurso del nacionalismo cubano (parecido pero no idéntico al nacionalismo de otros países) establece entre el homoerotismo y las transgresiones de los roles de género, así como algunas de las complejidades que se desprenden de esta conexión. También creo haber dado aquí ejemplos no sólo de cómo el discurso nacionalista ha definido la homosexualidad desde fines de siglo diecinueve, sino también de cómo el complejo discursivo del nacionalismo del periodo que va desde la década de 1880 hasta la de 1930 se relaciona a veces con los discursos de la religión, el positivismo, el feminismo, el socialismo, y aun con todo lo que se considere extranjero en un momento dado. Además, arguyo en mi estudio que las nociones de homosexualidad y homoerotismo están inscritas, por negación, en los modelos prescritos por las narrativas nacionalistas cubanas. En otras palabras, para definir la nación hay que tomar en cuenta en qué consisten las otredades de la misma, y la homosexualidad surge como una de las principales otredades nacionales sin las cuales los límites de la discursividad tradicional de nación cubana tendrían que reorganizarse de manera radical. A partir de esta situación, podríamos preguntarnos: ¿en qué lugar cabe lo que podríamos llamar la categoría de “lo homosexual” dentro de la cuestión nacional en el presente y el futuro de Cuba? Las posibles respuestas a estas preguntas son verdaderamente complejas, pero esperamos haber contribuido en algo a una reflexión seria sobre esta cuestión con el presente trabajo.
Notas del artículo:
1.- Véase Marifeli Pérez-Stable, The Cuban Revolution: Origins, Course, and Legacy (Nueva York: Oxford University Press, 1993).
2.- Véase Ana María Simo, “Interview with Ana María Simo”, entrevista por Ian Daniel, Torch (Nueva York), 15 de diciembre 1984 y 14 de enero 1985. También consúltese el trabajo de Lourdes Argüelles y Ruby Rich, “Homosexuality, Homophobia and Revolution: Notes toward an Understanding of the Cuban Lesbian and Gay experience,” pts.1-2, Signs 9.4 (1984): 68-99; y Signs 11.1 (1985): 120-36.
3.- Desde el punto de vista de la relación entre el discurso del nacionalismo cubano moderno y el afeminamiento de los hombres, el primer texto conocido es de 1791. Ese es el año en que el clérigo proto-nacionalista José Agustín Caballero publicó un artículo titulado “Carta crítica al hombre-muger”. Para esta referencia, véase La literatura del Papel Periódico de La Habana, 1790-1805, introducción y edición de Cintio Vitier, Fina García Marruz y Roberto Friol (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1990), 75-78.
4.- Sommer usa el concepto de “comunidad imaginada” del trabajo clásico de Benedict Anderson, Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, edición revisada (Londres: Verso, 1991); la primera edición es de 1983.
5.- A principios del siglo veinte se encuentran sociólogos y personas de gran autoridad intelectual (Fernando Ortiz, por ejemplo) que expresan la idea de que los asiáticos trajeron la homosexualidad a Cuba, o al menos que ellos fueron una de las “razas” responsables de importar este “vicio excecrable”. Véase Fernando Ortiz sobre estos “vicios excecrables” en su libro Los negros brujos (Miami: Ediciones Universal, 1973; primera edición de 1906). Debe aclararse que las ideas de Ortiz evolucionaron hacia una posición cada vez menos racista.
6.- Véase Enrico Mario Santí, “Ismaelillo, Martí y el modernismo”, en Pensar a José Martí: Notas para un centenario (Boulder: Society of Spanish and Spanish-American Studies, 1996) 19-50. También véase Fina García Marruz y Cintio Vitier, Temas martianos (La Habana: Biblioteca Nacional José Martí, 1969), especialmente las páginas 174-191, 195-214.
7.- Para un estudio penetrante sobre las ideas de Martí en cuanto a la relación entre poesía y modernidad, véase Julio Ramos, Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX (México: Fondo de Cultura Económica, 1989), especialmente 202-243. También véase Julio Ramos, “Trópicos de fundación: poesía y nacionalidad en José Martí,” en su Paradojas de la letra (Caracas: Ediciones eXcultura, 1996) 153-164.
8.- Para un estudio de la dicotomía entre el adentro y el afuera de los roles sociales, véase Partha Chaterjee, “The Nationalist Resolution of the Women Question,” en Kumkum Sangari y Sudesh Vaid, editores, Recasting Women: Essays in Colonial History (Nueva Delhi: Kali for Women, 1989); reimpreso como Recasting Women: Essays in Indian Colonial History (New Brunswick, NJ: Rutgers University Press, 1990), 233. También véase R. Radhakrishnan, “Nationalism, Gender, and the Narrative of Identity,” en Andrew Parker, et al, editores, Nationalisms and Sexualities (Nueva York: Routledge, 1992): 84-85.
9.- He analizado esta novela en “Amistad funesta de Martí: la ‘mujer hombruna’ como amenaza del proyecto nacional,” Confluencia 21.1 (2006): 2-10.
10.- Véase Oscar Montero, “Modernismo and Homophobia: Darío and Rodó,” en Sex and Sexuality in Latin America, editado por Daniel Balderston y Donna J. Guy (Nueva York: New York University Press, 1997) 101-17.
11.- Véase Jeffrey Weeks, Coming Out. Homosexual Politics in Britain from the Turn of the Nineteenth Century to the Present, edición revisada (Londres: Quartet Books Limited, 1983) 5-6.
12.- Véase Louis A. Pérez, Jr., “Between Baseball and Bullfighting: The Quest for Nationality in Cuba, 1868-1898”, The Journal of American History 81.2 (septiembre 1994) 493-517. Véase también el extraordinario estudio sobre el béisbol y su significado para la sociedad cubana de Roberto González Echevarría, The Pride of Havana: A History of Cuban Baseball (Oxford: Oxford University Press, 1999).
13.- Debo aclarar aquí que en 1914 Miguel de Marcos, escritor y periodista cubano, publicó una colección de cuentos titulada Lujuria: Cuentos nefandos (La Habana: Jesús Montero, 1914) que incluye “Sodoma in excelsis,” un cuento que trata abiertamente el tema gay. A pesar de la brevedad, el haber escrito y publicado este cuento en Cuba es significativo. Le agradezco al profesor Carlos Espinosa Domínguez el haberme facilitado este dato.
14.- Véase Lynn K. Stoner, From House to the Streets: The Cuban Women’s Movement for Legal Reform, 1898-1940 (Durham, N.C.: Duke University Press, 1991). Véase también Catherine Davies, A Place in the Sun? Women Writers in Twentieth-Century Cuba (Londres: Zed Books Ltd., 1998).
15.- Véase Nina Menéndez, No Woman Is an Island: Cuban Women’s Fiction in the 1920s and 1930s (Tesis doctoral, Stanford University Press, 1993. Ann Arbor: UMI, 1993), y “Garzonas y Feministas in Cuban Women’s Writing on the 1920s: La vida manda de Ofelia Rodríguez Acosta,” en Daniel Balderston, y Donna J. Guy, eds., Sex and Sexuality in Latin America (Nueva York: New York University Press, 1997) 174-189.
16.- He estudiado estos asuntos en mis artículos “Positivist Contradictions in Hernández Catá´s El ángel de Sodoma,” Anales de la literatura española contemporánea 25.1 (2000): 63-76; y “Sexualidad carcelaria en Hombres sin mujer de Carlos Montenegro,” Anales de la literatura española contemporánea 31.1 (2006): 236-286.
17.- La primera edición del libro de Mariblanca Sabas Alomá en el que se recogen estos artículos es de 1930: Feminismo: cuestiones sociales, crítica literaria (La Habana: Editorial Hermes, 1930).
18.- Véase Susana A. Montero, La narrativa femenina cubana, 1928-1958 (La Habana: Editorial Academia, 1989), 39-57. Véase también Elena M. DeJong, “Feminismo y periodismo en la Cuba republicana: Ofelia Rodríguez Acosta y la campaña feminista de Bohemia (1930-1932),” Confluencia, 11.1 (1995): 3-12; y “Gender and Controversy: Cuban Novelist Ofelia Rodríguez Acosta,” Journal of the Southeastern Council on Latin American Studies 23 (marzo 1992): 23-35.
19.- Para una discusión de este tema, véase Brad Epps, “Proper Conduct: Reinaldo Arenas, Fidel Castro and the Politics of Homosexuality,” Journal of the History of Sexuality, 6.2 (1995): 231-83, especialmente las páginas 237-39. Para un estudio de la homofobia del Che Guevara, véase José Quiroga, “Fleshing Out Virgilio Piñera from the Cuban Closet,” en ¿Entiendes?, 168-80.
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(Manzanillo, Cuba) Poeta, crítico y narrador, nació en Mazanillo, Cuba, y reside en los Estados Unidos desde 1962. Se graduó de Licenciado de la Universidad de Miami y recibió los títulos de Maestría y Doctorado en literatura española e hispanoamericana de la Universidad del Estado de la Florida (Tallahassee). Ha publicado varios libros de crítica, entre los cuales se encuentran Literatura de Nuestra América, José Lezama Lima, Poet of the Image y Gay Cuban Nation; así como algunos poemarios, de los cuales los dos últimos se titulan Casas deshabitadas y El libro regalado. También ha publicado dos versiones de una novela autobiográfica: The Write Way Home. A Cuban-American Story (traducida al inglés por el profesor Stephen Clark) y El horizonte de mi piel (en español). En la actualidad es profesor de estudios latinoamericanos y director del departamento de español de la Universidad de California en Davis.