Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, febrero 2009, año 3, número 06
otrolunes.com >> Sumario >> Unos Escriben

No pretendo enseñar cómo se vive

Lorenzo Silva y la literatura juvenil

 

por Javier Fornieles e Inmaculada Urán

Página 2

Mi elección en el territorio de la literatura juvenil surge a partir de la realidad que observo, una realidad que, debo decirlo, a mí no me satisface. Ahora bien, a mí no me agrada la literatura juvenil que es sociológica, documental, que plantea unos problemas abordados con una finalidad didáctica. Me parece que ese es un modelo profundamente decepcionante para el lector, pues no le brinda un mensaje muy distinto de lo que le da ya el sistema educativo. Ahí no le estamos ofreciendo la aventura, la posible frontera con la vida cotidiana, y lo vamos a decepcionar como lector.

Por otra parte a mí tampoco me satisface el extremo que ocupa lo fantástico, que en muchas ocasiones se convierte en una evasión, una simplificación, una manipulación, y que, en el fondo, genera una esquematización cómoda de la realidad. Toda esa fantasía suele girar en torno a paradigmas de bien y mal, que tienen muy poco que ver con la realidad.

Ni me gusta quedarme en la realidad inmediata ni me gusta salir de ella, porque fuera de la realidad no se puede hacer nada. Lo que hago entonces es partir con un enfoque primariamente realista. Mis personajes son normales y el contexto también lo es: una ciudad periférica, un suburbio, una ciudad dormitorio, un entorno corriente, sin glamour.

A partir de ahí intento contar que allí donde exista un ser humano, hay siempre capacidad de imaginar, de vivir la realidad superándola. Por este motivo, todos los personajes, trascienden su realidad inmediata. Pero no por medio de la fantasía, elucubrando, sino por medio de una construcción del propio ser humano, de su experiencia.

No me salgo por tanto fuera de la realidad, sino que intento más bien construir realidades alternativas. En estas novelas no encontramos aventuras irreales, aunque sí pueden aparecer peripecias extraordinarias como el secuestro del barco en la primera novela o el que una chica, Silvia, trabaje en una película, una situación que no es irreal, sino excepcional. Y lo importante es que los personajes incorporan esa experiencia a sus vivencias: uno de ellos, Silvia, directamente; y los otros dos, Laura e Irene, a través del relato, de la imaginación.

Para ser más precisos, yo creo que no utilizo tanto la fantasía como la imaginación. La fantasía es una alternativa a la realidad, crea una realidad paralela que me resarce de lo que hay. En cambio, la imaginación es, para mí, una manera de enriquecer la realidad. No consiste en abandonar tu realidad, sino en darle una consistencia mejor.

En todas estas novelas el ambiente escolar en que se mueven los personajes principales ocupa un lugar privilegiado y parece haber también una serie de reflexiones pedagógicas sobre cómo y por qué nos interesan el cine, la música o la literatura.

Sí que la hay. Me planteé unas novelas que me permitieran hablar de todo aquello que me interesaba, al igual que ocurre en mis novelas para adultos. Quería explorar la posibilidad de que mis novelas sirvieran como puerta abierta a otras realidades culturales y pensé cómo podía hacerlo, cómo podía lograr que mis libros acercasen a otros lectores a determinadas realidades culturales.

Me pareció que el único camino es que haya un vínculo emocional entre el receptor y la realidad cultural que quieres transmitir. Ese vínculo debía ser además concreto, no podía ser abstracto. Surge a partir de una vivencia, de un deslumbramiento o de una zona de sombra. En estas novelas, en las que se habla de Conrad, de Lawrence, de las leyendas de Arturo, no hay una sola ocasión en que esa aparición no irrumpa en la historia a través de una vivencia. A veces, incluso, lo que hago es insinuarla, señalar que existe tal libro, y mi experiencia, seis años después de haber publicado y de ver cómo evoluciona la respuesta del público, es que se puede conseguir que un chaval de quince años, de hoy, lea a Conrad, que se interese por las leyendas de Arturo o que busque unas películas determinadas.

Ahora bien, ese objetivo se puede lograr si no se establece sólo un vínculo abstracto, normativo, si no nos limitamos a decir que la cultura es buena y que se debe acceder a ella. Se puede alcanzar si se crea una curiosidad concreta, si ese libro, esa música, esa película se ha incorporado a una historia y es capaz de generar una emoción concreta para un personaje, que a su vez le interesa al lector. Estoy convencido de que por ese camino se llega más a la cultura que con explicaciones o con disertaciones abstractas. Sobre todo con los chavales que tenemos ahora, con una formación audiovisual, acostumbrados a que todo entre a partir de unas sensaciones, de unos estímulos muy concretos.

A lo mejor nos incomoda que no sea posible funcionar con la abstracción pura, pero eso es lo que tenemos y antes que añorar lo que no existe, me parece mejor esforzarnos por encontrar un camino. Quizás para algunos esto sea una abdicación, rebajarse, algo impropio de un artista. Personalmente, debo decir que he encontrado un placer especial en estos mecanismos, en preguntarme qué lectura les voy a proponer, qué libro los adolescentes no van a leer nunca.

En Los amores lunáticos se habla, por ejemplo, de un autor raro, Raimon Radiguet, al que no conocerán, de un libro que, ahora mismo, ni siquiera es fácil encontrar (de hecho, me han escrito chavales preguntándome por él). En esta novela yo no hago una loa de las enormes calidades literarias del libro de Radiguet; no utilizo ningún adjetivo de los que están en los manuales de literatura. Me limito a procurar que un chaval de quince años se acerque a ese libro porque sienta un cierto interés y confío en que a partir de ahí venga todo lo demás.

Me parece entender por sus respuestas que a esas edades el contenido es, quizás, el camino más rápido para aficionarlos a la lectura.

A mí me parece que a todas las edades es difícil establecer una relación con la lectura si no es por medio de una vivencia. Yo leo libros porque con trece años me puse a leer Sinuhé el egipcio y me encontré con ese pasaje en el que muere la mujer que ama, y me quedé conmocionado. Todos los que leemos nos hemos conectado por vivencias concretas, y sólo luego, a posteriori, hemos desarrollado un discurso intelectual. El vínculo surge por un hecho concreto que no tiene que ver con el ‘cómo’, el ‘porqué’ o el ‘para qué’, sino con el ‘qué’, con lo que te están contando.

Sin embargo, muchas veces la práctica en las clases de literatura sigue un camino muy diferente. Al leer estas novelas me da la impresión de que usted sugiere otra forma de afrontar la lectura.

En principio, hay que tener en cuenta que la aproximación pedagógica es una aproximación formalista, pero creo que la pedagogía de la literatura debía depurar esos elementos. Es cierto que debe trasmitir unos esquemas, unos moldes, pero para tener éxito, para conseguir unos objetivos, hay primero que poner la cabeza de puente, hay que desembarcar en la playa e identificar cuáles son las historias más adecuadas. Para mí el problema grave lo presenta un chaval de quince años, al que hay que convencer de que un libro no es un latazo, una pérdida de tiempo. Es así de simple: si consigues ponerle un libro en la mano, tenerlo tres horas sentado y que diga, al final, que se ha entretenido, que ese libro le ha aportado algo y que quiere leer más, hemos cumplido con el objetivo real de la literatura juvenil.

Lógicamente, hay que hacerlo, además, de una manera mínimamente decente: sería muy fácil convencer de eso a un chaval con cualquier tipo de subliteratura que halagara de manera directa sus instintos.

¿Por qué eligió usted que el narrador fuera en estas novelas, al mismo tiempo, un personaje?

Si le digo la verdad, no racionalizo demasiado la cuestión de la voz narradora. Escribo en primera y en tercera persona, pero empiezo espontáneamente, y luego, a posteriori soy capaz de analizar, por ejemplo, que las novelas policiacas están en primera persona. En cierto modo, en estas novelas juveniles puede haber bastante de la policiaca. Son también novelas de búsqueda, de indagación, de autoindagación, de aprendizaje, de maduración. El hecho de que lo cuente el que sufre esa experiencia de transformación le proporciona al lector un correlato. Y le ofrece también algo que puede parecer simple, pero yo veo y considero muy eficaz en la literatura juvenil, la identificación. Cuando los chavales se identifican no sólo con lo que hacen sino con lo que dicen y piensan los personajes, la posibilidad de que la lectura prenda en el corazón del lector es muy alta. Ofreces muchos asideros en la personalidad del personaje para que el lector se identifique y, si esto se produce, ya tienes mucho ganado.

¿Y por qué escoger a unas chicas como protagonistas? ¿No perjudica esa opción la posibilidad de lograr que los lectores masculinos se identifiquen?

De hecho, en la última, Los amores lunáticos, el protagonista es ya un varón. Es cierto que en las novelas anteriores se produce una mayor identificación con las chicas y también lo es que he tenido que pagar un cierto coste por ello. A estas edades, las chicas tienen una  madurez suficiente como para hacer un esfuerzo de abstracción, de imaginación, para identificarse con un personaje sea hombre o mujer, al margen de su sexo. Es algo que he comprobado, y, en este sentido, mi elección resulta quizás comercialmente desafortunada. Los chicos tienen más problemas para identificarse con una chica; de hecho, comentarios como “esto es un libro de niñas”, los he oído alguna vez.

Aparte de estas razones, elegí, en principio, para los personajes un sexo opuesto al mío por varios motivos. Me interesaba ese desafío de cambiar de sexo para imponerme más rigor, más distancia. No quería escribir desde mi nostalgia personal, sino efectuar un análisis de lo que es el proceso de maduración, la adolescencia. Para contenerme y no contar mi propia adolescencia, tenía que acercarme con más frialdad. Se podría decir que una de mis obsesiones al escribir esta serie de novelas era que la lectora se olvidase que en la cubierta aparecía el nombre de un varón como autor.

¿Y son tres chicas porque sabía ya, desde el inicio del proyecto, que iba a escribir tres novelas?

No, la primera, como le dije, fue un experimento, no sabía qué futuro podía tener. Que sea una trilogía responde a un estímulo inmediato: acudes a lugares donde han leído el libro y te animan a contar una misma experiencia desde personalidades distintas. En este sentido, las condiciones de partida de los personajes y su forma de aproximarse son diferentes; ofrecen tres experiencias distintas de maduración. Y luego estaba presente también otra posibilidad: desarrollar un personaje que a mí me gustó mucho, con el que me sentí cómodo. Me refiero a la narradora, Laura Gómez, que hace de hilo conductor entre los catorce y los diecisiete años. Poco a poco, ella se convierte en una persona sensible, consciente, sin ser excepcional. Nos permite ver cómo se produce su evolución hasta convertirse en un ser adulto a través de su historia y de la que otros le cuentan.

Al final, la trilogía me ha permitido abordar una gran cantidad de cuestiones. Una de ellas es precisamente apuntar cómo nuestra vida no solo la vivimos con nuestras experiencias, sino que somos capaces también de vivir a través de otros si tenemos la curiosidad y la generosidad suficientes. Esta chica, Laura, la narradora, vive a través de las de sus amigos; es capaz de crecer más allá de lo que le ofrece su experiencia, logra también unos aprendizajes de vida que no estaban a su alcance.

Junto a esos personajes de clase media que usted recrea en unas situaciones tan cotidianas, me parece advertir un cierto elogio de la mediocridad, una advertencia, por ejemplo, sobre los peligros que trae consigo la belleza en La lluvia de París o en alguna de sus novelas policiacas…

No, yo desde luego no diría exactamente eso. Lo que intento mostrar es a personas que buscan sus máximos, pero sin convertir el resultado en una obsesión; a personas que aprenden a vivir en la normalidad. No porque esto sea un ideal, sino porque es lo que casi todos tenemos la mayor parte del tiempo. Lo importante no es llenar tu vida de dioses ajenos, sino saber encontrar los tuyos, saber llegar a donde puedes, sin resignarte a pensar que no tienes nada que contar porque tu cuenco sea pequeño. Eso sería empobrecedor no sólo para la literatura sino también para la vida. Nos limitaría a la literatura heroica, que al final acaba siendo la más hueca y la más falsa de todas.

En sus novelas surgen unos contenidos, una moral, una ideología, ligados a la clase media, a sus inquietudes y ocupaciones. ¿No resulta un marco, quizás, demasiado estrecho?

Los personajes ofrecen un perfil muy deliberado por su origen social, por el lugar que ocupan. Todos ellos pertenecen a la clase trabajadora no muy lucida, que se gana la vida. Este grupo ha sido, en realidad, el gran marginado de la literatura española. Tradicionalmente hemos vivido en un país muy pobre, ignorante, atrasado, en el que sólo las personas pudientes alcanzaban el nivel universitario. Cuando los novelistas se ocupaban de ese mundo, hablaban siempre de los ‘otros’; no ha habido un ‘nosotros’ en relación con esta gente. Precisamente, yo echo en falta una literatura de las clases populares hecha desde el ‘nosotros’. Hay algo de ello en Sender, en Barea, pero ha sido con mi generación cuando se ha producido por vez primera la normalización, cuando una persona del extrarradio ha ido a la universidad, cuando se puede utilizar el ‘nosotros’ y hablar de ellos en primera persona.

Dicho esto, me gustaría indicar que he procurado evitar el tremendismo, la truculencia, el ansia de epatar. He vivido siempre en un barrio y ahora vivo en Getafe. En mi clase había gente que fumaba porros, y gente que no. Algunos de mis compañeros murieron de sida; y otros, en cambio, llegaron a ser arquitectos, ingenieros...

Siempre he procurado huir de cualquier polarización casi darwiniana, de presentar un grupo abocado a tener un destino particular, porque esa postura me ha parecido muy reaccionaria. Mis personajes, por ese motivo, no están sumidos en la delincuencia, en la droga, en ningún proceso autodestructivo, aunque esas realidades existan, estén ahí. Son normales, con las zozobras comunes. A veces se emborrachan o roban cedés; pero no son delincuentes, como no lo son el ochenta por ciento de las personas de mi barrio. Son personas con una mínima responsabilidad, con voluntad de progresar, de salir adelante.

Lo que no pretendo, desde luego, es enseñar cómo se vive. Posteriormente puede haber un mensaje moral, nunca moralizante, en el tipo de historias que se cuentan y en el enfoque. Todos mis personajes fracasan y esa sí es, quizás, una idea que procuro resaltar: la de que éste no es un mundo de triunfadores ni para triunfadores. Es un mundo en el que los seres humanos se proponen cosas, que a veces consiguen y a veces no, en el que hay que saber vivir la contrariedad sin derrumbarse o dejarse abatir. Quizás sea ese un mensaje moral presente en mis tres novelas, porque todos los personajes fracasan en una aventura vital, profesional, y de todo ello no se deduce una desesperación, sino, todo lo contrario, un afán por seguir adelante.

 

(Entrevista realizada en julio de 2003, durante el curso organizado por Antonio Orejudo y la Universidad de Murcia. Las intervenciones de los participantes han sido publicadas recientemente con el título: En cuarentena. Nuevos narradores y críticos a principios del siglo XXI, Universidad de Murcia, 2004.)

Anterior 1 | 2 | índice Siguiente

Otra Opinión

Visiones

Por
Uriel
Quesada

Locas criminales

Con el tiempo y la experiencia he desarrollado cierta habilidad para percibir el momento en que asuntos de género se intersecan con formas de poder, especialmente si en ese cruce saltan chispas de discriminación u homofobia.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Cara a cara con Nuremberg y Ernesto Cardenal

Me mira y me dice que su padre murió creyendo que los tiempos de Hitler fueron mejores. Un disparate, piensa ella, y yo me digo, sin comentárselo, que es mucho más que un disparate, casi como una blasfemia, o un crimen. Su padre, confiesa, es uno de esos muchos alemanes y personas de otras partes del mundo que pretenden desconocer el holocausto nazi.

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

Las muertes de Bolaño

La compañía catalana del Teatro Lliure acaba de estrenar en Chile 2666, basada en la monumental novela póstuma de Roberto Bolaño. ¿Qué hacer con las 1125 páginas del libro? ¿Cómo resumir las cientos de microhistorias contenidas en las cinco partes de la novela? ¿Cómo trasmitir la perfección que a ratos alcanzan los fragmentos [...]

Resistencias

Por
Elidio la torre
lagares

Los muertos de Marta

Esta novela celebra la muerte y los muertos —y un cadáver es un cadáver es un cadáver— como una inevitabilidad de la vida. Aquí todo caduca: los sueños, la realidad, el amor, el sexo, la vida y los actos.

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Clarice Lispector

La filósofa Hélène Cixious intentó capturar la esencia de Lispector a través de comparaciones: "Si Kafka fuera una mujer; si Rilke fuera una escritora brasileña judía nacida en Ucrania; si Rimbaud hubiera sido una madre, y hubiera llegado a cumplir cincuenta años, si Heidegger hubiera sido capaz de dejar de ser alemán… En este ambiente escribe Lispector".

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

Polvo en el viento

Mi país no existe. Existe, eso sí, una isla llamada Cuba y avecindada en las aguas poco clementes del Mar Caribe. Por lo demás, cualquier trámite no pasa de ser un asunto más entre la geografía y yo.

leche cortá

Por
León
de la Hoz

El mundo de cabeza

Sí, el mundo está de cabeza y en tiempos de crisis —¡santa palabra!— los gobiernos, ya sean de izquierda o derecha, amparan su incapacidad en lo políticamente correcto y demagógico que es "lo social". Sin ir más lejos y salvando las distancias Franco lo hizo en España. En Cuba eso es un dogma y también todo está de cabeza, sólo que desde hace tiempo...

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"Caricatura"

Hernán Vidal - HERVI

Sumario

Este Lunes

Antecedentes de la homofobia cubana contemporánea

Emilio Bejel

Doscientos años de Argentina

Guillermo Orsi

Ni tan pocos, ni tan tontos

Ernesto Morales

Cuba-1959: el castrador espejismo de la nada

Manuel Gayol Mecías

Crónica de una muerte anunciada: Roque Dalton frente a la Historia

Luis Pérez-Simón

El socialismo en cuestión: anti-utopía en Otra vez el mar y El asalto de Reinaldo Arenas

Jesús J. Barquet

Vasto y golpeado abanico de la «gaycidad»

Eduardo Monteverde

Otro lunes Conversa

Con Iván Thays

Un escritor peruano llamado Iván Thays

Con Alberto Salcedo

Más allá de las verdades oficiales

Con Ángel Santiesteban PRATS

Somos el vehículo, la mano, el nombre que representa una lucha cultural

Punto de mira

Las pequeñas editoriales alternativas en el mercado del libro en lengua hispana

RICARDO ORTEGA

ROBERTO AMPUERO

RAÚL TÁPANES

ESTHER ANDRADI

TERESA DOVALPAGE

ALVARO CASTILLO GRANADA

YANITZIA CANETTI

CARLOS SALEM

ÁNGEL ALONSO DOLZ

NAHUM MONTT

SINDO PACHECO

DANILO MANERA

ALEJANDRO AGUILAR

FRANCISCO ALEJANDRO MÉNDEZ

LUIS FAYAD

JUAN RAMÓN BIEDMA

ARTURO GARCÍA ABRAJÁN

SEBASTIEN RUTES

EDUARDO PARRA RAMÍREZ

PABLO MAZO

Cuarto de visita

Poesía Inglesa

Carlos López Beltrán y Pedro Serrano

I’r Hen Iaith A’i Chaneuon

Ian Duhig

Matrushka

Elizabeth Garrett

Recuerdos desde una ciudad extranjera

Lavinia Greenlaw

Desconocidos

Alan Jenkins

La llamada del apóstol Mateo

James Lasdun

Táctica

Sarah Maguire

Unos escriben

Lorenzo Silva

Otros miran

Hernán Vidal - HERVI

En la misma orilla

De mis memorias

José Lorenzo Fuentes

Escenas del paraíso

Relato

David Torres

Queso y ron

Relato

Esther Andradi

Poemas

Frank Castell

Bosquejos de El Emperador

José Gabriel Ceballos

Poemas

Raúl Tápanes López

CUBA PERFORMANCES me recuerda al mundo: Sobre el documental Cuba Performances, de Elvira Rodríguez Puerto

Mares Marrero

Recycle

Notas sobre (hacia) el boom II: los maestros de la nueva novela

Emir Rodríguez Monegal

El fascismo eterno

Umberto Eco

De lunes a lunes

Nuevo libro de nuestro columnista Uriel Quesada

Escritor mexicano Eduardo Parra Ramírez gana el Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2008

Hacia el Centenario de José Lezama Lima

Una nueva lista de excelencias editoriales en la editorial Terranova

Propuesta para una Sociedad Participativa

Biblioteca de Otro lunes

Otras voces Hispanas

A CARGO DE LUIS RAFAEL

Jesús Díaz y sus "años duros"

José Gabriel Ceballos: Variaciones argentinas

Cintio Vitier y Lo cubano en la poesía

Juan Ramón Biedma: Voyeur de la miseria humana

Librario

De cuando Pablo Neruda plagió a Miguel Ángel Macau

Álvaro Castillo Granada

La Tabla (Reseña II)

Armando de Armas

Ladrón de sueños

Bernardo Fernández - BEF

Matar y guardar la ropa

Carlos Salem

Cuba: contrapuntos de cultura, historia y sociedad

Francisco A. Scarano y Margarita Zamora

La ventana doméstica

Juan Carlos Valls

Horror al vacío

Osvaldo Navarro

 

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com