


Conseguir un libro de relatos cohesionado y unitario, pero no reiterativo, una obra fluida que posea, además, unas dimensiones adecuadas tanto en su totalidad como en cada una de sus piezas no resulta nada fácil. Muñoz Rengel, además, posee una mirada y una escritura absolutamente propias, alejadas de los cánones actuales, tan próximos, demasiado próximos, a la recreación de clichés estadounidenses. Muñoz Rengel mira hacia atrás sin olvidar nunca que escribe en 2008, combinando referentes actuales con el más vibrante romanticismo. Nos encontramos, por lo tanto, frente a un libro cuidado, coherente y original y, también frente a un autor valiente, capaz de enfrentarse a la omnipresencia de las derivaciones del realismo sucio, que con su apuesta se está asegurando la permanencia: será leído con igual deleite dentro de veinte o de cien años.
Posee una enorme capacidad para sorprender, para trasladar al lector hasta mundos radicalmente distintos del suyo que, sin embargo, el lector sigue reconociendo como propios. Introduce anacronismos pero lo hace con tanta sutileza y convicción que no chirrían. Se percibe, por ejemplo, en la utilización de géneros modernos, como el policiaco que abre el libro.
Su escritura es de gran calidad, independientemente de la mirada y del género que adopta. El estilo y el lenguaje conjugan perfectamente con los espacios elegidos, suntuosos y añejos. Describe con la habilidad, la precisión y la profundidad psicológica de un pintor flamenco: “El cabello le nacía en ángulo pronunciado cerca del entrecejo, permitiendo una frente de apenas un par de arrugas sobre unas abundantes cejas despeinadas. “ No son todo, ni mucho menos, alardes formales, también aparece la denuncia de vicios humanos que, estando presentes siglos atrás, aún permanecen, como el oscurantismo, la tendencia de los poderes fácticos a desvirtuar o esconder los avances más importantes del ser humano.
Si hubiera que destacar una característica diferenciadora, sería sin duda una imaginación desbordante, que no obstaculiza la verosimilitud. Una imaginación sumamente precisa en sus fabulaciones, capaz de describir mundos muy distintos, desde la Toledo medieval al siglo XIX o entornos apocalípticos, situados en un futuro indeterminado. Para cada uno escoge el registro más adecuado y la distancia, también, más correcta. Tal vez la causa del éxito estribe en la perenne universalidad de los sentimientos más básicos, aquellos que pueden aplicarse a un habitante del Toledo morisco, a un romántico alemán o a un farero gallego. Incluso recrea y homenajea a mitos clásicos, como el golem, emplazándolo en un escenario futurista que no desentona con su desarrollo, y a escritores emblema de la metaliteratura, como Italo Calvino, mediante un relato que podría haber firmado sin desdoro el autor de El Barón Rampante. Algunos cuentos casi perfectos, como “El relojero de Praga”, muestra además de que el título no es arbitrario: hay engendros mecánicos –incluso dibujados- y pruebas alquímicas a lo largo de todo el libro.
De mecánica y alquimia inquieta por su desasosegante mezcla de elementos antiguos y contemporáneos y por su acercamiento continuo a lo inexplorado, a aquello que existe en nuestro margen desde que el hombre es hombre, aquello a lo que pocas veces y poco autores se atreven a mirar.
Nacido en Madrid. Licenciado en Derecho. Máster en Edición y en Creación Literaria. Autor del libro de relatos Pendiente y del manual de técnicas de escritura Cómo escribir un relato y publicarlo. Profesor de la Escuela de Letras en cursos de relato, narrativa y lectura profesional. Lector, editor y corrector en numerosas editoriales. Miembro del colectivo La tormenta en un vaso. Colabora con numerosos blogs y publicaciones. Es creador del blog www.lalinearecta.blogspot.com.