


Los últimos días de Michi Panero, tercera novela de Miguel Barrero (Oviedo, 1980) y con la que gana el premio Juan Pablo Forner en su edición de 2008, es la crónica de un desmoronamiento personal y familiar, también de una época y de unas ilusiones.
Conviven en esta novela dos historias que, de algún modo, se entretejen, se alimentan la una de la otra. La de Michi Panero y, por extensión, la de la familia Panero, y la de Ricardo Estrada, el narrador. La primera va tejiendo de un modo casi fantasmal, a veces inexplicado e inexplicable el corpus que suponen los avatares de Ricardo, que parece vagar por la historia, por su vida, imantado, influído por los Panero. E igualmente la segunda va tejiendo el desencanto y la caída de la familia Panero, contando, si es posible, lo sucedido, reviviendo una época, reviviendo unos sueños, un momento (o varios momentos) concreto en base a vivencias de carne y hueso, a las experiencias (a veces apuntadas, a veces dejadas de lado) del narrador. Son dos hilos muy sutiles que navegan por la novela tirando el uno del otro y el otro lo del uno.
Ése es el gran riesgo (y de ahí parte todo lo bueno y malo que se pueda decir de la novela) que asume Miguel Barrero y el reto al que se enfrenta y que ya, de por sí, merece el aplauso. Es notable la dificultad en la empresa de combinar un buen pulso narrativo con las complicaciones propias de recrear un momento no vivido por el autor, mediando la ausencia (elegida) de un poso documental…
No deja de ser cierto que a veces las líneas, los dibujos que tales hilos van formando puedan resultar algo confusos, que los saltos, los azares que hacen que Ricardo (y con él la historia) siga los pasos de Michi queden poco claros, sí, pero los fantasmas se deslizan por entre las páginas con buenas maneras, las maneras de un buen escritor, que crea magníficamente una atmósfera de perdedores, de oprimidos, de desencantos, de brumas y de fríos astorganos, de movidas ya olvidadas. Palabras cuidadas al detalle, reflejo exacto de unos ecos a los que la memoria no llega. El narrador se va destruyendo a medida que avanza la vida (y nada, en el fondo, cambia), avanzan las páginas, y, con él, la familia Panero. ¿O es al revés?
(Orense, 1967). Licenciado en Derecho, abogado y escritor. Profesor de escritura creativa en los talleres Fuentetaja. Colabora con diferentes empresas en la creación y desarrollo de guiones y proyectos editoriales. Director ejecutivo de la Revista Hispanoamericana de Cultura OtroLunes.Responsable literario de la revista Fusión Latina. Ha publicado las novelas Rendijas como ganadora del Premio de Novela Ciudad de Getafe 2005 y Los átomos errantes, IX Premio Internacional de Novela Salvador García Aguilar (Editorial Agua Clara, 2006), así como numerosos relatos y poemas en diferentes revistas y antologías tanto en América Latina como en España. Como poeta ha publicado el libro Casi sin querer (Ediciones Baile del Sol, 2009) y ha ganado el Premio Blas de Otero de Poesía 2009 con el poemario La vida en un día, ya publicado. Ha obtenido varios premios internacionales en narrativa breve y en poesía y, además, ha sido finalista del Premio Ateneo de Valladolid de Novela, y del Premio Calderón de la Barca de Teatro entre otros galardones.