


Este breve poemario de la mexicana Lydia Zárate se fundamenta en la descripción de sentimientos que componen el “yo”, construido éste en base a relación con el otro así como también en la experiencia trascendente del amor. Lo hace de una manera extraordinariamente rica en expresión, lenguaje y sensibilidad.
Ese otro aparece como receptor de la mayor parte de los poemas, que se apoyan en experiencias de pareja para articular una búsqueda del misterio (“quien te ha enjugado el llanto aprehende de un golpe los designios del agua”). De hecho, integra a ese otro (“eres mi parte de ausencia irredenta”) hasta hacerlo parte indisoluble de sí.
En ese sentido, se aprecia una constante presencia del cuerpo, que es la base de esas metáforas. A través de él, de su reconfiguración lírica, se relaciona el “yo poético” con el mundo. También aparece el cuerpo agredido (“depongo el armisticio”) por la intensidad del amor.
Semilla insólita (finalista del XXV Premio Carmen Conde) es una obra de poesía elaborada, sensorialista, de versos largos, que juega con las anáforas y los paralelismos.
La potenciación de los sentimientos es el objetivo de sus metáforas e imágenes. Algunas de ellas, de hecho, están dotadas de una gran potencia lírica, y se basan en la naturaleza (“yo duermo donde de día se fraguan se estrellas”, o “naces de la derrota de las luces”). De hecho, la lluvia y la nube son sus motivos más recurrentes.
Se trata, por tanto, de un poemario interesante, intenso y sugestivo, que demuestra la enorme capacidad expresiva de su autora.