OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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Gustavo Acosta: tiene Fundamento

 

Emilio Ichikawa

“...la imagen de las tierras de Arizona, New York, La Habana, Nuevo Méjico, Lisboa y Miami: tierras con ilustre fundamento…"

(Pseudo Anónimo Lusitano).

Las ciudades de la isla flotan desde hace mucho tiempo. Flotan de espera. Flotan de humo. Flotan de la hoja que alucina las siestas y llena de sueños el camino. Flotan de tabaco: vencedor en el afamado contrapunteo con la caña, las flores y las alondras. Rival del sol.  Montadas en fichas de dominó nuestras ciudades van de un lado a otro, huyen de esos destinos cuyos Fundamentos (el cuadro de Gustavo Acosta que me conquistó definitivamente en Praxis Gallery) no son más que naufragios de carabelas, yates y remolcadores.

Solo el artista las detiene. Los trabajos de Gustavo Acosta calman la fuga. El destino elusivo encaja su raíz sobre unas telas profundas, con piedras grecolatinas, reminiscencias de libros raros que le saben a Borges y unas penumbras de Chirico que amenazan con revelar lo que viene: “impending doom”.

La oscuridad fundamental de un tornado habanero y unas farolas gráciles que anuncian la sonrisa en Miami marcan la urbanidad simbólica de Acosta. Herencia y advenimiento se funden en un trabajo amable y sorprendente. Como su propia vida. La vida del artista, digámoslo de una vez, puede ser ajena a la calidad, pero no al destino de la obra. Sobre todo si, víctimas exiliares de la sociología del arte, estamos casi condenados a repetir en estética lo que padecemos en política: pintores del paraíso- pintores del éxodo. En esta identidad henchida Gustavo Acosta es un puente, un viaje que sutura sensibilidades de un lado y de otro. El, como su obra, tiene una credibilidad suficiente como para permitirle vivir sin objeciones. Conozco a nadie que le sea adverso. Pero el viaje es también en Acosta un elemento técnico. Anduvo la isla buscando los signos auténticos de una identidad negociada. Y encontró huellas creíbles de la cubanidad: unas resultaron nuevas por hallazgo, por descubrimiento; a otras, la novedad les vino por rectificación. Desanduvo así, con plena conciencia, los caminos trillados de una “subcultura guajira” inducida al arte desde los centro dadores de sentido político.  Sobre todo en la década del `70, la “middle age” de la revolución cubana.

Como el mismo artista ha confesado, su trabajo es deudor de la literatura. El verso también pinta: es un lema nerudiano que deben tener presente los hijos de los Andes y de la Sierra Maestra. Borges, por ejemplo, es una huella bien visible en Acosta: en los títulos de sus exposiciones, en las visiones y cegueras de sus lienzos, en la configuración de una actitud, de un estilo de confrontación vital que caracteriza al artista  verdadero y que el escritor nos legó como norma: el rechazo al lugar común. Desprecio amable y natural a lo trillado. La creación como delicado gesto de amor, no como heroísmo.

Gustavo Acosta afirma en su arte el lado no-épico de la historia o, si se quiere, una épica de la paz: una “heroicidad” de lo cotidiano. Le gusta la manigua irredenta, pero le sensibiliza la acera del Louvre; tiene noticias de las hazañas de los héroes descomunales, pero opta por el canto de una niña o el manjar que pronostica una receta familiar. Una taza porcelana, una danza ligera, un pastel de chocolate y un beso, le aderezaron el incordial machete al General Maceo. Lo sabe el pintor. Y lo recrea.

Por si fuera poco Acosta anduvo y desanduvo el Caribe, un algo más de mundo y, por supuesto, anduvo y desanduvo Miami. Una ciudad que libera de gentes (como a todos sus espacios) y define, consecuentemente, a partir de signos más discretos de su geocultura: una farola, la popa de un crucero, un rayo verdirrojo.

En un encuentro gentil, frente al laboratorio que Grotowsky tenía en la Universidad de Iowa, Wilfredo Cancio ensayó una definición que debía defender una hora después. Estoy casi seguro que a las cinco, a las cinco en punto de la tarde: “Miami: la ciudad posible”. Días después, en el alto de una Bahía, Liz Baussell comprendía con sutileza: “Te gusta San Juan porque es una posibilidad de La Habana”. Nuestras ciudades, lo acepto, son como los reinos posibles. Utopías. Balsas. Globos que lloran poemas encima de los palacios.

Ciudades sin mapas son las nuestras. Loci apenas sostenidos por la memoria y la obstinación del arte. Gustavo Acosta estabiliza el peregrinaje con un ancla bicéfala: la columna y el árbol: dos de sus  emblemas fundamentales. La fuente de la vida y la forma eternizante. Natura naturans y natura naturata, como diría el sabio que surtía brillos entre Flandes y Graná.

Sao Pablo cada dos años genial, Santo Domingo insólito, San Juan más íntimo que provinciano, Santa Marta ventosa, San Pedro musical; entre tantas santidades, Gustavo Acosta rescata una Habana y una Miami fundadas en la posibilidad. Las retuerce, les prohíbe la roca, pero al fin las apresa entre una férrea arquitectura floral. Marisol Martell lo ha descubierto: Gustavo Acosta es un revisionista, un gran “regresador”. Acatamos las ciudades vividas y rompemos el muro de la patria para encontrar un arca superior: el fundamento originario. El cosmos.

El trabajo de Acosta sabe a historia, a familia, a gremio y memoria. Lleva imagen y carga literatura. En sus telas está su dilecto Borges, y están además sus personajes: Funes, claro, por aquello de la memoria; Menard, es obvio, porque Acosta sabe jugar a lo postmoderno y anotar sobre anotadas notas notarizadas; pero también Bill Harrigan, quien nació ingenuo y sembró cuerpos sin interés alguno. Jardines de árboles y columnatas. Cementerios.

El 17 de febrero de 1860, día de inauguración del salón del Liceo Artístico y Literario de Matanzas, fundado un año antes (13 de febrero de 1859), el ilustre lugareño Rafael del Villar Guereca hacía prevalecer, sobre otras alternativas, un nombre y una idea: “Matanzas es la Atenas de Cuba”. El resto de las ciudades cubanas, lo sabe Acosta, tienen también equivalencias helénicas. Cuba quiere desmarcarse de la latinidad: Roma es, ha sido, la perdición de la isla grácil. Perdón ciudad de Santiago: Ud. no es la culpable, Ud. no es la cuna de tanta desolación. Cuna de lentejuelas es la Facultad de Derecho: la embajada cultural de Nerón y Tertuliano, del excesivo fuego y el eterno discurso.

Alguien ha bromeado diciendo que, si Matanzas es la Atenas de Cuba, Atenas sería entonces la Matanzas de Grecia. Juegos, nombramientos, ritos bautismales que resuenan en los graves trazos de Acosta. Ecos de un Corinto habanizado y una Santiago espartana que se suman a un Miami exigente y demasiado expuesto en las negociaciones del prestigio global. Pero siempre ahí: con Fundamento.

 

Mayo, 2004.


Emilio Ichikawa

(Bauta, La Habana, 1962) Desde el año 2000 reside en los Estados Unidos. Graduado en Filosofía por la Universidad de La Habana (1980-1985). Entre 1985 y 1996 enseña Historia de la Filosofía en esa misma Universidad. Entre 1996 y 2000 Colabora con el Centro Cultural Español y tabaja en la Bilbioteca Nacional de Cuba. Hace estudios en España, México y los Estados Unidos, donde visita varias universidades: Iowa, Tulane Georgetown, SUNY, NYU, Brown, Rutgers, FIU, UM. Entre sus libros se encuentran los títulos El pensamiento agónico, La escritura y el límite, La heroicidad revolucionaria y Contra el sacrificio. Actualmente prepara la edición de los títulos "Everglades" y "Diario del Arlequín". Es colaborador de "El Nuevo Herald" de Miami.

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Imagen de portada:

José María Merino

Fotografía

Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

Héctor Abad Faciolince

Vivir en otra lengua

Esther Andradi

Los huéspedes

Rubén Sánchez Trigos

Invisible

Paul Auster

De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

Última función

Marcelo Uribe

La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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