

Reciente ganador del Premio Torrente Ballester por El lugar sin culpa, José María Merino es uno de los más destacados cuentistas de la narrativa española actual. Libros como Días imaginarios (2002) o Cuentos de los días raros (2004) se unen en su bibliografía a novelas como La orilla oscura(1985; Premio de la Crítica), Los trenes del verano (1993; Premio Nacional de Literatura Juvenil) y Las visiones de Lucrecia (1996; Premio Miguel Delibes). El pasado martes 28 de noviembre habló de Las ficciones pequeñísimas dentro del ciclo organizado por la revista Fábula de la Universidad de La Rioja.
La leyenda y la fantasía siempre han sido motivo capital en la literatura. ¿Cree que hoy en día se están malempleando en best-sellers para cautivar al público?
Ahora hay un tipo de literatura, "la histórica", que tiene poco que ver con la literatura de fundamento, es más bien de entretenimiento puro y que normalmente falsea la historia de forma radical. Ahora se consume mucha pseudoliteratura, filones comerciales.
Su último libro, El lugar sin culpa, recientemente premiado, ¿usa la leyenda?
Conecta más bien con mis novelas que con mis cuentos por la perspectiva de la experiencia real de una persona, en este caso, una bióloga que trabaja en una isla, junto a otros investigadores, y que tiene una crisis personal. Tiene que ver más con lo delirante y el sueño que con lo fantástico.
En sus libros, más que fantasía, hay magia. ¿Considera diferencia?
Sería una cuestión de matices. Lo fantástico se define como la irrupción de lo imposible en lo cotidiano. En mi caso, a veces uso eso y, a veces, el misterio que hay detrás de lo ordinario. En todo caso son elementos fuera de la rutina, y que la rompen. Por ahí anda.
La fantasía parece ahora sólo reservada o resignada a la literatura juvenil.
Sí y, sin embargo, no puedes acercarte a grandes escritores como Borges o Kafka sin el prisma de lo fantástico. En El Quijote, por ejemplo, hay un pasaje, el de la cueva de Montesinos, que no sabemos si es real o ficticio. Parece que lo fantástico esté ahora en un gueto.
Hablando de El Quijote, en cierta ocasión usted afirmó que lo único que no le gusta de El Quijote es «cierta filosofía un poco beata».
El Quijote es un libro muy ambiguo que, teóricamente, está en contra de la lectura de libros, en él se queman porque enferman. Si realmente se quemaran todos los libros del mundo el único que sobreviviría es, precisamente,El Quijote, porque es el más sorprendente y entretenido. A veces defiende un pensamiento correcto pero en el fondo está lleno de delirio, sueño y transgresion, tiene muchas perspectivas de lectura. El apócrifo de Avellaneda, por ejemplo, es mucho más osado en el tema sexual, pero eso se debería a la prudencia cervantina, al momento en el que se vivía.
Después de algunos años inmerso en los libros de cuentos ha vuelto a la novela. ¿Cuesta alargar un argumento tras haber condensado al máximo otros?
Pensar que un cuento se puede alargar es un error, el texto que trabajamos nos dice si es cuento o novela. El lugar sin culpa, mi último libro, es un caso ejemplar. Empezó siendo una novela, luego, como no funcionaba (por haber varias voces), la guardé en un cajón. Más tarde hice un cuento de quince hojas pero no era su estado natural. Hasta que un día me dijo el texto que no era lo que yo pensaba sino otra cosa, es lo que ha salido, una novela breve. Si intentamos hacer de un cuento una novela fracasamos, cada texto requiere su intensidad.
Publicada en el Blog Ciudad del Hombre en: http://blogs.larioja.com/ciudaddelhombre/2006/11/28/entrevista-jose-maria-merino