OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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José María Merino. Escritor múltiple

 

por Elena F. Vispo

Cambia de género literario como quien cambia de camisa: novela, cuento, poesía, ensayo... al fin y al cabo, todo es literatura. Quizá sea el síntoma de esa complejidad que conforma a todos los humanos. Entre la realidad y la ficción, el escritor leonés José María Merino reivindica la fantasía como camino para moverse por el mundo.

 

Recientemente ha participado en las Jornadas Literarias de Castilla y León. ¿Por qué ésta es una tierra literaria?

En Castilla siempre ha habido escritores. En toda España llevamos cerca de ochocientos años publicando ficciones en lengua castellana, por lo tanto hay una vieja tradición, que está en la lengua y en la cultura. Y yo creo que esa tradición sigue vigente.

 

Personalmente, ¿en qué ha influido León en su obra?

Pues me ha estimulado mucho, desde el punto de vista no sólo de las historias que oí y leí, sino también por la propia estructura física: los paisajes rurales, el mundo urbano... Tal vez la antigüedad, eso también es muy español, aquí en cuanto das un paso te encuentras una piedra milenaria o un monumento extraño. En fin, yo creo que la antigüedad es memoria, y la memoria es un estímulo para la ficción.

 

Ha cultivado prácticamente todos los géneros: literatura infantil, juvenil, libros de viajes, novelas... ¿existe algo en lo que no se sienta cómodo?

No. Yo he aprendido con los años que para olvidar el libro que acabas de escribir, que para mí es siempre un poco obsesivo, lo mejor es cambiar de registro y pasar a una cosa completamente diferente. Y en ese sentido, a veces he empezado cosas por tantear algo que no había hecho antes o me he atrevido a escribir libros para primeros lectores, que creo que es un reto. Pero cuando uno se dedica a la literatura lo bueno es también afrontar retos nuevos. Y no es que me sienta cómodo, es que al cambiar de registro recupero aspectos de la imaginación que a lo mejor tenía un poco dormidos.

 

En alguna ocasión ha hablado de la literatura como vacuna, para no creer todo lo que nos cuentan los telediarios. ¿Es que nos cuentan muchas mentiras?

Bueno, yo que he trabajado en un libro de leyendas españolas, pienso que a veces hay un menosprecio hacia la leyenda, por pensar que es mentira. Y lo que muchas veces es mentira es la historia; la leyenda no engaña a nadie, todos sabemos que es ficción. Y la literatura tiene ese aspecto de ficción que no pretende enfrentarse a la realidad, sino hablar de cosas que a lo mejor la realidad no nos muestra, o nos muestra de manera deformada. En ese sentido sí creo que es mucho más sano leer novelas, cuentos y poemas, que creerse todo lo que nos cuenta el telediario o la publicidad.

 

¿Por eso la fantasía es una constante en su obra, como vía para entender todo esto?

Es que la literatura es el instrumento que nos permite no sólo viajar por la realidad de la vigilia, sino también por la realidad de los sueños. Y no se puede viajar por esos dos sitios a la vez sin utilizar lo fantástico, la fantasía, la imaginación.

 

Dice Juan José Millás que quien controla las palabras controla la realidad. ¿Está de acuerdo?

Hombre, es un poco osado pensar que controlamos las palabras. Tal vez sea al contrario, debemos ser humildes y dejar que las palabras nos controlen a nosotros, sobre todo en el caso de los escritores: somos un instrumento al servicio de las palabras. Pero las palabras tienen más fuerza y más vida que nosotros, han nacido hace muchos millones de años y nosotros lo que hacemos es intentar verles una forma nueva, un sentido nuevo. No me atrevo a pensar que las controlamos.

 

Como comentaba antes, ha publicado en género infantil. ¿Esos primeros lectores son un público más exigente que el adulto?

Pues cuando de verdad te relacionas con ellos, sí. Lo que pasa es que son un público cautivo, es decir, que tanto los niños como los jóvenes se ven obligados a leer lo que les damos, y normalmente les damos cosas que si fuesen para adultos no pasarían un control de calidad. Pero cuando tú te acercas a un niño con un libro que le ha gustado te das cuenta de que probablemente no es un lector exigente desde el punto de vista estético, porque tiene todavía poca formación; pero desde el aspecto de la trama y la verosimilitud es un juez implacable. Yo he escrito un libro para niños pequeñitos y en una edición posterior lo he modificado, porque al oírles me he dado cuenta de que habían visto cosas que yo no había visto.

 

¿Qué temas le preocupan respecto a los jóvenes para los que escribe? ¿Cuál sería el mensaje?

Creo que el mensaje, aunque parezca una perogrullada, es que las palabras escritas siguen siendo un estupendo viaje para la imaginación. Que efectivamente, la realidad virtual de los medios audiovisuales o la informática abre nuevos espacios, pero que sigue habiendo un viaje secreto, que sólo puede hacer cada uno, y que se hace a través de las palabras escritas. Y es un viaje maravilloso, estimulante, no necesita pilas ni software sofisticado. Luego hay otros aspectos, como el gusto por la aventura o el valor de la amistad; pero sobre todo es que los libros en sí mismos son un gran placer, si sabemos encontrar el camino de entrada, que es un poco de generosidad por nuestra parte y un poco de paciencia. Lo demás se dará por añadidura.

 

Y quizás también que si los niños se acostumbran a leer se van vacunando, como decíamos antes.

Bueno, yo siempre pienso que a veces queremos que todos los niños sean lectores y no creo que vaya a ser así. Lo que sí creo es que si fomentamos el gusto por la lectura crearemos unos cuantos lectores sólidos y los demás tendrán la idea de que los libros sirven para algo. Si no, llegaremos a que los niños que lean lo hagan en secreto, porque van a ser perseguidos por los compañeros. Con poner la vacuna de que unos cuantos sean grandes lectores y los demás lo respeten porque sepan que es un valor, sería suficiente.

 

Otro de los temas recurrentes en su literatura es la dualidad. ¿Cómo es esto?

Ayer di una charla sobre La vida es sueño, de Calderón, y yo pertenezco a esa estirpe, que es muy de la cultura española, de pensar que la vida es sueño y el sueño es vida. Es decir, que el doble, la duplicidad de todo, está dentro de nosotros. Somos sueño y somos vigilia, no estamos hechos de una pieza. Por eso todos los abertzalismos y los fundamentalismos me parecen una necedad, porque el ser humano está hecho de fragmentos, siempre es un mestizaje.

 

Entre el sueño y la vigilia, ¿con qué sueña José Mª Merino?

A estas alturas de la vida uno ya no tiene los sueños utópicos que seguramente tenía cuando era joven, pero tengo bastantes. Yo creo que, en principio, el mundo es un lugar hermoso, pero vivimos en una civilización cada vez más bárbara, que desaprovecha la belleza del mundo, a veces por derroche, a veces por egoísmo, a veces por pura crueldad. Mi sueño sería que cada vez más sepamos apreciar la belleza del mundo y de la vida.

 

En cierto modo, ésa es la labor del escritor.

Creo que sí, que el escritor está al servicio de descubrir cosas, de ir abriendo senderos e iluminando zonas para hacérselas ver a los demás, para que disfruten y reflexionen sobre ello.

 

Publicada en Revista Fusión.com (Suplemento Castilla y León) en: http://www.revistafusion.com/cyl/2000/diciembre/centrev87.htm

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