OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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Ciencia ficción de un futuro nada lejano: Las puertas de lo posible

 

Eduardo-Martín Larequi García

La literatura de ciencia ficción tiene una presencia constante, aunque por lo general un tanto difusa, en la obra de José María Merino. Si bien no abundan los textos del escritor leonés que puedan ser adscritos sin discusión al género, hay muchos elementos temáticos, e incluso personajes característicos de la narrativa de ficción científica que pueden rastrearse a lo largo de toda su producción literaria, desde su inicial Novela de Andrés Choz (1976): cuentos como “Buscador de prodigios” y “El niño lobo del Cine Mari” (Cuentos del reino secreto, 1982),“Para general conocimiento” (Cuentos del Barrio del Refugio, 1994), “Mundo Baldería” y “Papilio Síderum” (Cuentos de los días raros, 2004);la fábula “Artrópodos y hadanes”, uno de los primeros relatos de Merino y probablemente también el de más indiscutible parentesco con la ciencia ficción, recogido en 50 cuentos y una fábula (1997); algunos microrrelatos, como por ejemplo “Sorpresas astrales” y “El agente secreto”, ambos publicados en el volumen misceláneo Días imaginarios (2002) y luego en la recopilación La glorieta de los fugitivos. Minificción completa (2007); novelas como El heredero (2003); y hasta algún ensayo revestido con los ropajes de la anticipación futurista, que se presenta ante los lectores a modo de un documento rescatado de entre las ruinas de nuestra propia civilización1.

No obstante esa presencia, y las frecuentes incursiones de Merino en la poética de ese vasto ámbito que suele denominarse como “las literaturas de lo imaginario”2, del que forma parte la ciencia ficción junto a territorios conexos como lo fantástico, lo maravilloso o el realismo mágico, la publicación en mayo de 2008 de Las puertas de lo posible3 constituyó para muchos lectores de José María Merino, entre los que humildemente me cuento, una sorpresa indiscutible, no sólo por lo compacto y definido de la propuesta genérica frente a sus últimos libros de microrrelatos, más bien misceláneos (Días imaginarios, 2002, Cuentos del libro de la noche, 2004 y La glorieta de los fugitivos, 2007), sino por un hecho realmente novedoso en el panorama de la literatura española contemporánea: la incursión deliberada de un escritor de prestigio, de un representante del mainstream literario (y académico, por aquel entonces electo, para más señas), en un género como la ciencia ficción, que para muchos lectores y críticos todavía es reo de sospecha, cuando no de hostilidad o desprecio más o menos confesables.

Seguramente el propio Merino ha sido muy consciente de tales prevenciones, pues el subtítulo del volumen, “Cuentos de pasado mañana”, sugiere el propósito de acercar la realidad futura al horizonte de expectativas de los lectores, y por tanto de afianzar la verosimilitud de los textos, orientándolos en un sentido prospectivo, anticipatorio, que corresponde a la vertiente más especulativa y “seria” del género de la ciencia ficción. No obstante, no convendría tomarse tales cautelas totalmente en serio, pues la circunstancia de que el prólogo vaya firmado por el ficticio “Prof. Dr. Eduardo Souto”, de la totalmente ficticia “Miscatonic University”, revela inmediatamente a cualquier buen conocedor de la obra meriniana (y lovecraftiana) el hecho indiscutible de que tras las aseveraciones del prologuista se esconde uno de esos juegos metaficcionales de estirpe cervantina tan característicos de la narrativa de Merino.

En todo caso, el prólogo cumple perfectamente los mencionados propósitos, pues ofrece algunos datos esenciales para comprender las intenciones de José María Merino al publicar esta colección: que los relatos son resultado de un viaje en el tiempo realizado en el cronomóvil Cthulu (otro evidente homenaje a H.P. Lovecraft), el 31 de diciembre de 2001, que su contenido corresponde a “testimonios de la vida cotidiana” grabados por los tripulantes del aparato en diversos momentos correspondientes a los próximos “quinientos o seiscientos años” del futuro, y que Souto encargó a Merino la traducción al “relato literario” de los “datos, cifras e imágenes” recogidos por los viajeros cronoespaciales. Por otro lado, el profesor Souto expone en el prólogo dos ideas fundamentales a la hora de entender el sentido de estos relatos: la primera, que en ellos se puede “barruntar las grandes líneas del clima sentimental y moral dominante, porque lo cierto es que en esos años futuros no habrá grandes cambios, sino una profundización cada vez mayor en aspectos que ya están presentes en nuestro tiempo” (p. 12). Y la segunda, que a pesar de su contenido pesimista, que en opinión de Souto hubiera podido hacer aconsejable un subtítulo como Crónicas distópicas, “Merino piensa que lo que en la mayor parte de este libro se refleja, completamente realizado en ese futuro que espera a los habitantes del planeta Tierra, aún podría ser peor” (p. 13).

Resumiendo, que podemos considerar Las puertas de lo posible como literatura distópica, pero literatura distópica ma non troppo, si se me permite la humorada. Porque, en efecto, el mundo futuro de los próximos cinco o seis siglos que ha recreado Merino, a partir de la extrapolación de ciertos rasgos de nuestro presente histórico, está marcado por la destrucción del medio natural, la desertización y el agotamiento de los recursos naturales (“Audaces”, “Acuático”, “Playa única”, “Terranoé”, “En la isla de Moró”), la superpoblación, el hacinamiento y el abandono de los desposeídos y los ancianos (“De ratones y princesas”, “Audaces”), el poder omnímodo de las grandes corporaciones (“El mejor terro”, “Los invasores”), la presencia abrumadora de medios de comunicación alienantes que han convertido la palabra escrita en un concepto arqueológico (“Tu rostro en la red”, “El viaje inexplicable”), la generalización de todo tipo de artefactos robóticos avanzados (“Ese Efe Can”, “Una leyenda”), y la implantación de un gobierno mundial que utiliza la desinformación, el miedo, la represión, las creencias religiosas, las drogas, el culto a la belleza y la eterna juventud y el sexo como herramientas de control social (“De ratones y princesas”, “La conversión”, “Poca cabeza”, “Tu rostro en la red”). Pero, al mismo tiempo, la sociedad futura imaginada por Merino no es tan rígida ni tan atrozmente eficaz como para impedir que sean concebibles las pequeñas y grandes rebeldías individuales, que exista la pasión amorosa y la calidez de la vida familiar, que se pueda aspirar a la felicidad a través de los sentimientos y sean posibles la redención y la salvación personal (“Audaces”, “De ratones y princesas”, “Acuático”, “Una leyenda”). No es, probablemente, una sociedad mejor, más justa, igualitaria o dichosa que la nuestra, pero tampoco el universo negro, siniestro y macizo imaginado por Orwell en 1984 o Zamiatin en Nosotros, ni tampoco el mundo de deshumanización absoluta y sin fisuras creado por Huxley en Un mundo feliz, por citar tres distopías clásicas.

No se puede descartar que en esa falta de eficacia represiva y en la existencia de esos espacios de libertad personal desempeñe un papel clave la inveterada tradición de la chapuza, a juzgar por uno de los rasgos más llamativos, divertidos e ingeniosos del libro. Me refiero a la hispanización (o quizás sería más apropiado llamar “españolización”) del universo característico de la ficción científica que practica aquí Merino, en un guiño irónico a los presupuestos del género, tan determinados por los referentes anglosajones, y especialmente estadounidenses. En efecto, tanto los escenarios de los cuentos como los nombres de los personajes y hasta ciertos rasgos muy idiosincrásicos de éstos remiten a la realidad geográfica y política de lo que hoy conocemos como España, y que en ese universo futuro se ha desarticulado en unidades tan mínimas y chuscas como el “Estado de Girona” (p. 17), el “Estado de la Mancha” (p. 20), o “el estado alicantino” (p. 90). Es cierto que varios cuentos de Las puertas de lo posible transcurren en espacios perfectamente codificados por la narrativa futurista, como las megalópolis del porvernir (“De ratones y princesas”), una estación subterránea en la Luna (“Solysombra”), el puerto espacial de Puertomarte, tan asimoviano en su denominación (“El viaje inexplicable”), las enormes naves de carga que transportan minerales estratégicos en viaje hacia la Tierra (“El mejor terro”, un cuento con ecos de películas como Alien y Atmósfera cero), los grandes satélites de los planetas del sistema solar situados más allá del cinturón de asteroides (“Terranoé”) o las siempre exóticas islas de los mares del Sur (“Lubines” y “En la isla de Moró”), pero también en escenarios tan insólitos dentro de los presupuestos del género como el divertidor Toledano (“Audaces”), la reserva de Cistierna (“Acuático”), una ciudad de veraneo situada en el litoral mediterráneo que, si no he interpretado mal los indicios, corresponde a la actual Benidorm (“Playa única”), los atracaderos espaciales de Maragatos y Puertomadrid (“El mejor terro”), el divertidor de Loarre y el río Ebro (“Una leyenda”), las calles Gran Vía y Alcalá, y la librería Fuentetaja de Madrid (“La historieta de su vida”)4, etc.

A mi modo de ver, el fenómeno de la hispanización de los escenarios, tramas y personajes de Las puertas de lo posible ofrece una interesante ambigüedad, pues por una parte es un procedimiento de naturalización semejante al que Merino ha empleado con acierto en otros libros de narrativa breve, especialmente en Cuentos del reino secreto, El viajero perdido (1990) y Cuentos del Barrio del Refugio5, y además constituye un elemento que refuerza la coherencia y el sentido unitario del volumen, pero por otro lado produce un efecto de distanciamiento con respecto al género de la ciencia ficción sobre el que merece la pena detenerse brevemente. A este respecto, conviene traer a colación la ya citada conversación entre José María Merino, Santiago Eximeno y Javier Esteban Gayo, en la que el escritor leonés señala: “Yo que fui muy a?cionado a la ciencia ?cción, a mis 64 años, siempre he tenido la impresión de que la ciencia ?cción ha sido una utopía del siglo XX que murió” (p. 7), y más adelante: “yo me he distanciado de la ciencia ?cción porque tal vez cayó en eso, en la espada y brujería, en el irracionalismo” (p. 8). Que Merino haya publicado un libro de cuentos de ciencia ficción algo menos de un año después de ver la luz esta entrevista (el número 4 de Hélice se publicó en junio de 2007 y la primera edición de Las puertas de lo posible está fechada en mayo de 2008), no es, en absoluto, una muestra de incoherencia, sino justamente al contrario, de fidelidad a sus propias raíces literarias, a su educación y a sus gustos como lector, y responde al propósito de recuperar una literatura de anticipación madura, adulta, crítica con el presente –no es casualidad que los protagonistas de casi todos los cuentos sean hombres y mujeres comunes y corrientes, totalmente alejados de los estereotipos heroicos, a menudo con empleos y situaciones personales más bien mezquinos y hasta sórdidos–, pero al mismo tiempo un tanto desengañada, y por tanto también inevitablemente irónica.

La ironía y la mirada escéptica no están reñidas, antes al contrario, con el homenaje a los clásicos del género. De hecho, para un lector aficionado a la ciencia ficción Los cuentos de lo posible constituyen una estupenda oportunidad para deleitarse en la siempre sabrosa tarea de identificar las numerosas referencias, guiños y citas transparentes o encubiertas a sus autores favoritos. Entre ellos, H.G. Wells, a quienes Souto nombra en el prólogo, a propósito del viaje en el tiempo realizado por el cronomóvil Time Machine (en un guiño localista, el profesor menciona a otro escritor, esta vez mucho menos conocido, el español Enrique Gaspar y Rimbau, a quien también presenta como viajero en el tiempo a bordo de su Anacronópete); Isaac Asimov, inventor de las tres leyes de la robótica, a las que se alude varias veces a lo largo del volumen, y que en el mundo futuro imaginado por Merino en “En la isla de Moró” (otro título de raíces wellsianas) han quedado arrumbadas en nombre de la eficiencia productiva; Ray Bradbury, de cuyo característico tono elegíaco, en obras como Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas, se perciben ciertos ecos en narraciones tan hermosas como “El viaje inexplicable” y “Solysombra”; el Aldous Huxley de Un mundo feliz, creador de la más famosa de todas las drogas ficticias, el soma, que se menciona en relatos como “Efe Ese Can”, “Audaces” y “El mejor terro” y, finalmente, Arthur C. Clarke, cuyos paisajes extraterrestres, lunares o jovianos, sin duda han servido como inspiración para “Solysombra” o “Terranoé”.

Aunque los escenarios y algunos de los temas que aparecen en Las puertas de lo posible –por ejemplo, la relación entre humanos y robots, las innovaciones tecnológicas, o la preocupación por el deterioro del medio ambiente6– supongan una indiscutible novedad con respecto al resto de los libros de cuentos del escritor leonés, hay un rasgo que emparenta este libro con volúmenes anteriores, y en especial con Cuentos del reino secreto, El viajero perdido y Cuentos del Barrio del Refugio. Me refiero a lo que Merino ha llamado la “unidad de criterio”7, es decir, la preocupación por dotar de un sentido unitario a sus colecciones de relatos breves mediante diversos procedimientos, el más visible de los cuales es justamente la ubicación temporal de las narraciones, que a pesar de lo difuso de sus límites resulta bastante coherente, pues como el propio profesor Souto señala en el prólogo, “ese futuro, visto desde nuestro pasado, no puede dejar de ofrecer una maciza simultaneidad temporal” (p. 12). Otro de los recursos destinados a conceder unidad al volumen es la preferencia del autor por situaciones de la vida cotidiana y personajes humildes dedicados a diversos oficios más o menos futuristas, pero del todo verosímiles, pues en gran medida constituyen proyecciones de labores que ya existen en nuestro presente. Esta predilección obedece a una exigencia artística de refuerzo de la verosimilitud que siempre es bienvenida en el ámbito de los géneros de la imaginación, pero al mismo tiempo presenta una dimensión moral que tiene mucho que ver con la intención prospectiva y con la mirada crítica que orienta casi todos los cuentos de la colección. Por último, José María Merino utiliza en Las puertas de lo posible una técnica unificadora que ya había empleado con gran acierto en Cuentos del Barrio del Refugio, como es el entrelazamiento de los cuentos mediante la presencia en ellos de personajes y motivos temáticos que se repiten y se relacionan mutuamente. No puedo agotar el análisis de su puesta en práctica en el breve espacio de este ensayo, pero, por ejemplo, el episodio de la voladura de una nave espacial que transporta mineral de ferrulio, contado en “El mejor terro”, se retoma en “En la isla de Moró”, donde quedan aclaradas las especulaciones sobre la verdadera motivación del atentado. Por su parte, el personaje de la polinizadora Liliana Bolaños, protagonista del relato ambientado en un atolón del Pacífico, aparece también como personaje secundario en “Audaces” y “Poca cabeza”. Algunos escenarios figuran en varias narraciones: es el caso del llamado “Planeta Reserva”, motivo central del cuento titulado “Terranoé”, y también mencionado en “Acuático”; por su parte, la colonia lunar de Solysombra constituye el escenario del cuento homónimo y se menciona en otros relatos del volumen, como “El viaje inexplicable”8.

Por novedosa que sea la ambientación futurista de Las puertas de lo posible e inesperadas algunas de sus líneas temáticas con respecto al resto de la narrativa de José María Merino, hay que insistir en que esta colección no es ajena a los temas predilectos del escritor leonés. Bastaría para demostrarlo con invocar de nuevo los complejos juegos metaficcionales que aparecen en el prólogo o en “El viaje inexplicable”, el otro cuento del volumen que incluye entre sus personajes al profesor Eduardo Souto y su ayudante Celina Vallejo. Se podría destacar también cómo Merino retoma, adaptándolo a las asombrosas invenciones tecnológicas del futuro, el motivo de las transformaciones de la identidad, en relatos como “De ratones y princesas”, tan cruel como emotivo, y “Solysombra”, uno de los más delicados y hermosos de entre los que ha escrito en los últimos años. Y finalmente podríamos recordar que otra de las constantes temáticas de Merino, la necesidad del ser humano –homo narrans, al fin y al cabo– de expresarse a través de mitos, leyendas y ficciones, se muestra en varios cuentos de la colección, como “Ese Efe Can”, “El viaje inexplicable” o “Tu nombre en la red”, en todos los cuales late la siniestra certidumbre de que la evolución de nuestra sociedad y sus medios de expresión y comunicación conduce, de manera casi inevitable, a una desaparición de la palabra escrita, al empobrecimiento del lenguaje y a la manipulación social a gran escala.

Esta sospecha sería suficiente para considerar que la sociedad imaginada en Las puertas de lo posible constituye un escenario particularmente siniestro, si no fuera porque varios de los cuentos más hermosos y logrados del volumen (“De ratones y princesas”, “Acuático”, “Solysombra”, “Ese Efe Can”, “Audaces” y “Una leyenda“), son en realidad historias esperanzadoras de amor y amistad –que sea entre humanos, como en los tres primeros cuentos, o entre humanos y máquinas, en los otros tres, poco importa para lo que quiero decir aquí–, con protagonistas capaces de seguir amando y creyendo en el amor, por muy difíciles y ásperas que sean sus circunstancias. El hecho de que el volumen se cierre con “Una leyenda”, relato de estirpe mítica, preñado de resonancias literarias y cinematográficas, es decir, con una bellísima historia de amor entre un hombre y una robot indistinguible de un ser humano a no ser por su belleza y longevidad, quizás sea la forma en que Merino, acaso contra sus propias convicciones y certezas racionales, sugiere que incluso en su antiutopía futurista caben motivos para la esperanza.

 

Notas del artículo:

1.- La mezcla genérica que Merino practica en este texto es muy llamativa, porque sus secuencias “futuristas” anticipan muchos de los rasgos característicos de la sociedad imaginada en Las puertas de lo posible. El ensayo, originalmente escrito para el Encuentro Internacional sobre la Novela en Europa organizado en 1993 por la revista El Urogallo, se ha publicado también, con el título “Papeles perdidos de la novela europea”, en Ficción continua, Barcelona, Seix Barral, 2004, pp. 163-171.

2.- Véanse el prólogo a 50 cuentos y una fábula. Obra breve 1982-1997, Barcelona, Suma de Letras, 2001, pp. 11-23; los ensayos “La impregnación fantástica: una cuestión de límites” y “Literatura española y misterio”, ambos recogidos en Ficción continua, Barcelona, Seix Barral, 2004, pp. 85-95 y 96-101; el artículo “Los límites de la ficción”, Revista Anthropos. Huellas del Conocimiento, 208. Metaliteratura y metaficción. Balance crítico y perspectivas comparadas, pp. 82-91, también publicado en Arturo Villarrubia y Alberto García-Teresa (dirs.), Jabberwock, 2. Anuario de ensayo fantástico, Madrid, Bibliópolis, 2007, pp. 37-51; la conversación entre Merino, Santiago Eximeno y Javier Esteban Gayo, con el título “De fantasmas, cuentos y ultracortos”, publicada en la revista digital Hélice. Reflexiones críticas sobre ficción especulativa, 4, junio 2007, pp. 6-17, <http://www.revistahelice.com/revista/Helice_04.pdf> (consultado el 5-I-2010); y las “Reflexiones sobre la literatura fantástica en España”, en Teresa López Pellisa y Fernando Ángel Moreno (eds.), Ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica, Madrid, Asociación Cultural Xatafi y Universidad Carlos III de Madrid, 2009, pp. 55-64. <http://www.congresoliteraturafantastica.com/pdf/EnsayosCFyLF.pdf> (consultado el 5-I-2010).

3.- Las puertas de lo posible. Cuentos de pasado mañana, Madrid, Editorial Páginas de Espuma, 2008. El volumen contiene diecisiete cuentos, “Ese Efe Can”, “Audaces”, “Lubines”, “De ratones y princesas”, “Acuático”, “Playa única”, “La conversión”, “Terranoé”, “El mejor terro”, “El viaje inexplicable”, “La historieta de su vida”, “En la isla de Moró”, “Poca cabeza”, “Solysombra”, “Tu rostro en la red”, “Los invasores” y “Una leyenda”, precedidos por un prólogo firmado por un viejo conocido de los lectores de Merino, el Prof. Dr. Eduardo Souto, y acompañados por un glosario final en el que el prologuista aclara el significado de alguno de los términos del léxico futurista que se utiliza a lo largo del volumen.

4.- La consideración de este último cuento como perteneciente al género de la ciencia ficción resulta cuando menos problemática, como el propio profesor Souto advierte en el prólogo, ya que no narra un episodio del futuro, sino la elaboración de una serie de historias gráficas de aventuras interplanetarias (space opera), claramente emparentada con la serie de Flash Gordon, por parte de un dibujante que vive en un presente sustancialmente similar al nuestro. De hecho, me parece un cuento mucho más cercano al universo narrativo de Cuentos del Barrio del Refugio que a los demás relatos incluidos en Las puertas de lo posible.

5.- En el ya citado prólogo a 50 cuentos y una fábula, señala el autor: “yo me propuse, a mi aire, naturalizar lo fantástico en ciertos espacios de mi experiencia vital y literaria” (p. 17). Y en otra ocasión: “Nunca he sentido la necesidad de inventarme territorios imaginarios, replicantes o fantásticos, porque los lugares más cercanos adquieren para mí esas características desde el mismo momento en que los inserto en mis ficciones”, “El narrador narrado”, en Irene Andrés Suárez, Ana Casas e Inés D’Ors (eds), José María Merino. Grand Séminaire. Universidad De Neuchâtel, 14-16 de mayo de 2001, Universidad de Neucha^tel, Ministerio de Educacio?n y Cultura, 2002, pp. 9-24 (la cita es de la p. 20). Este ensayo está recogido en Ficción continua, pp. 11-31.

6.- Algún crítico ha señalado que en Las puertas de lo posible José María Merino cuestiona el “fundamentalismo ecologista” (Fernando Valls, “El microrrelato hoy: clásicos contemporáneos y nuevos nombres”, en Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español, Madrid, Páginas de Espuma, 2008, pp. 251-298; la observación aparece en las pp. 263-264). La afirmación de Valls no me parece del todo descartable, pero en cualquier caso convendría precisarla. Por ejemplo, en el cuento “Acuático”, que es uno de los que guardan una relación más estrecha con el tema del deterioro del medio ambiente en el mundo del futuro, Merino plantea la preocupación ecologista en términos más que razonables y sensatos, si bien la voz narrativa que transmite las opiniones del personaje protagonista critica a los “ecoterros, fanáticos que predican el retorno inmediato a la vida primitiva” (p. 75). Hasta qué punto esta crítica coincide con las propias posiciones del autor real es un punto que no puede dilucidarse aquí.

7.- Prólogo a 50 cuentos y una fábula, p. 21.

8.- No cabe descartar que en la composición de Las puertas de lo posible haya ejercido cierta influencia la técnica del fix-up, habitualmente asociada a la narrativa de ciencia ficción. Véase, a este respecto, el artículo “Fix-up” de la Wikipedia en su edición en inglés, <http://en.wikipedia.org/wiki/Fix-up> (consulta del 5-I-2010). Sobre los procedimientos destinados a lograr un efecto unificador en los libros de cuentos de Merino, véanse también Kathleen M. Glenn, “Cartografía de Cuentos del Barrio del Refugio”, en Ángeles Encinar y Kathleen M. Glenn (eds.), Aproximaciones críticas al mundo narrativo de José María Merino, León, Edilesa, 2000, pp. 143-158, así como Fernando Valls, “Misterios y di?as del Barrio del Refugio (Sobre un libro de cuentos de José María Merino)”, en Irene Andrés Suárez, Ana Casas e Inés D’Ors (eds), op. cit., pp. 105-120.


Eduardo-Martín Larequi García

(1961), Catedrático de Enseñanza Secundaria por la especialidad de Lengua Castellana y Literatura, es autor de diversos libros y artículos sobre literatura, cine (con especial atención a lo fantástico, la ciencia ficción y la obra de José María Merino), y uso educativo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. También es autor del portal Lengua en Secundaria, http://www.lenguaensecundaria.com, y del blog La Bitácora del Tigre, http://www.labitacoradeltigre.com. En la actualidad trabaja como asesor docente en el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra". Email: elarequi@gmail.com

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