

La noción de espacio como un constructo cultural y social no se puede diferenciar del contexto discursivo en el que aparece al lado de la categoría del tiempo. Con este contexto las dos categorías modelan la realidad hipotética. Saliendo de la teoría de cronotipos de M.M.Bajtin (donde la relación mutua del espacio y tiempo es primordial) reducimos esta correlación, desde el punto de vista de sistematización intencionada, al espacio. Lo comprendemos como una de las básicas entidades tradicionales y uno de los campos problemáticos no sólo de la poética o la teoría literaria, sino también de la semiótica o la historia de cultura. En la actualidad esta categoría literaria del espacio está concebida como uno de los problemas más centrales de la teoría literaria y poética. La investigación del campo de la estructura temporal de la obra literaria está situada en segundo plano.
El espacio literario como categoría principal no puede ser investigada independientemente sin contexto más amplio: el espacio no existiría sin personajes o acontecimientos, es decir, tiene relación estrecha con todas las partes del texto. Puede ser analizado desde varias perspectivas y en muchos campos de la ciencia de literatura. En la concepción de José María Merino el espacio como componente relevante de la ficción narrativa se convierte en uno de los procedimientos de narración. El autor utiliza la descripción espacial como elemento narrativo en el que el ambiente físico cumple muchas veces función narrativa dirigida a los lectores. El espacio ficticio de la narración en el que se desarrolla la acción fantástica de su narrativa toma forma concreta del ambiente inquietante. Muchas veces se convierte en el lugar de una metamorfosis maravillosa. Este espacio ficticio es el lugar de la cotidianeidad cuyas „trivialidad“ y „banalidad“ están infiltradas por un acontecimiento extraordinario y lo fantástico que nace de esta realidad cotidiana. La reflexividad de la topología cotidiana que provoca la inquietud en el texto es uno de los procedimientos de Merino para expresar la propia percepción del mundo del autor. El espacio de la cotidianeidad con el secreto penetra en la realidad. Según el autor cada lugar puede convertirse en el espacio del descubrimiento de otra dimensión de la realidad. Por eso la realidad palpitante siempre está acompañada de un tipo de la sombra. El espacio instante es la atmósfera secreta. Uno de los rasgos típicos de los cuentos de Merino es la interacción mutua del espacio y el tema. El acento está puesto siempre en la predisposición y la prolepsis de algo extraño y extraordinario. La concepción meriniana no corresponde a la idea racionalista sobre el carácter tridimensional del espacio: describe niveles y esferas de la realidad, lugares paralelos o los que existen en el interior del otro espacio. Durante la lectura el autor y sus lectores se mueven de un espacio narrativo al otro imaginario, a veces están incluidos en el texto como personaje. El espacio de Merino está creado por una red de lugares que tocan a otras obras literarias y de tal manera puede ser comprendido de forma completa en su contexto.
En la narrativa el autor dedica más atención a la descripción del espacio que a la caracterización de los personajes. La descripción más detallada la une con el espacio de un sueño o con la soñación diaria. La simbología espacial de sus cuentos está formada así por la confusión del ambiente real con el ambiente de los sueños, espacios de la imaginación y ficción a través de la semiotización del espacio de la ciudad, la casa, el campo, el viaje, las cosas, el cuerpo y la noche. En su narrativa fantástica el mundo ficcional (a veces híbrido) se compone de espacios locales bien documentados (León, Refugio, Asturia, Galicia, América Latina) y por localidades imaginarias. Vamos a analizar dos arquetipos universales del espacio literario, el de casa y el de laberinto, y no reducimos su contexto filosófico postmodernista en la narrativa del escritor español. Salimos del análisis de un corpus formado por 102 cuentos fantásticos, incluidos en diez libros de cuentos de José María Merino editados entre 1982 y 2006. El conjunto analizado abarca Cuentos del reino secreto (1982), El viajero perdido (1990), Cuentos del barrio del Refugio (1994), Cuatro nocturnos (1999), Días imaginarios (2002), Cuentos de los días raros (2004), 50 cuentos y una fábula (1997), El anillo judío y otros cuentos (2005), Cuentos del libro de la noche (2005) y Tres semanas del mal dormir (2006).
La casa y el laberinto son dos de los temas más atractivos en la literatura del siglo XX como también la biblioteca y su espacio (p.ej. en la obra de U.Eco, J.L.Borges y M.Ajvaz). Son ejemplos de simbolización y homologización de los lugares que se generan en el texto y de los que no hay salida. Como clave de la literatura moderna nos parece el espacio de laberinto; el resto de ejemplos comprendemos como modificación de su tematización moderna. Sentimos que se trata del lugar cerrado y antropomorfista en el que todas las partes están relacionadas estrechamente.
Para Merino la casa tiene una gran atracción porque se trata de un espacio cerrado que separa el mundo interior del exterior. Es una memoria del tiempo que integra ideas humanas, recuerdos y sueños. La casa se convierte en el lugar en el que está cifrada la relación de personaje y su existencia y conciencia. El espacio de casa es uno de los temas espaciales más frecuentes y preferidos de la literatura que aparece como el tema privilegiado desde el Romanticismo ya. La edición de la obra Poétique de l´espace (1957; Poética del espacio, FCE, 2000) de Gaston Bachelard incluyó en la topología literaria nuevos análisis de construcción y valor de la casa. La casa en la concepción de Bachelard conserva muchos aspectos de su antigua simbólica y se acerca a la imagen del mundo y del cosmos humano como el primero "nuestro" universo. También en la narrativa fantástica de Merino la casa es una de las fuerzas más potentes de la integración de ideas humanas, recuerdos y sueños. El tipo primordial representa la casa natal, casa de la niñez o casa de recuerdos. El espacio de esta casa crea la imagen del pequeño mundo interior en el que las habitaciones y cosas tienen su valor. Se convierte en el punto inicial porque los personajes salen de este centro del mundo y pueden volver a él. Del espacio de la casa se nutre la narración, es decir, la casa puede ser descrita detalladamente, puede "narrar" y la historia gira en torno a ella. En el cuento "La casa de los dos portales" (Cuentos del reino secreto) los protagonistas-niños describen lo que sienten al pasear por una casa antigua y abandonada y el jardín cercano:
"… sintiendo siempre cómo aquel lugar despertaba en nosotros la misma nostalgia de selvas vírgenes, de ruinas de fantásticos templos o fortalezas, de algún reino secreto". (Cuentos del reino secreto, CRS, 1994: 109)
Esta casa secreta es una antiguo edificio solitario en la esquina de dos calles de la ciudad León. Los hombres maduros vuelven en sus recuerdos a su niñez y narran sus experiencias. Para ellos la casa abandonada simboliza el reino secreto, el terreno desconocido y determinado al descubrirlo completamente con el jardín:
"Tenía dos portales pero ninguno de ellos estaba orientado hacia la calle: en esa dirección quedaba uno de los muros laterales, con dos grandes ventanales rodeados de hiedra. Los portales daban, cada uno por opuesto lado, al espacio de terreno que rodeaba la casa: una pequeña finca cerrada por un alto muro de ladrillo que tenía esquirlas de cristal embustidas en su cresta. Al fondo de uno de los lados se veía un trozo de jardín enmarañado y la puerta de un cobertizo. El muro de ladrillo aislaba la finca de las construcciones aledañas. En la parte que daba a Padre Isla tenía una sólida y oxidada portalada de reja". (CRS, 1994: 108)
Los niños encuentran una pequeña puerta escondida debajo de la escalera interior de la casa y así por ella entran en "otra ciudad", la ciudad de los fantasmas y muertos. Los mundos paralelos de las "dos" ciudades reflejan la relación entre la vida y la muerte. Se sienten huérfanos, entran en sus casas y con el pavor en los ojos descubren la verdad amarga:
"Creí al principio que no había nadie, pero cuando me acerqué a mi alcoba oí el ruido de una respiración ronca. Era mi habitación, sin duda alguna… Pero en la cama estaba tumbado un hombre desconocido, de pelo gris, con los ojos cerrados… En sus rasgos había unos signos vagamente familiares que incrementaron mi temeroso desasosiego". (CRS, 1994: 118-119)
Los niños huyen de la ciudad de los viejos pasando otra vez por la puerta secreta y felizmente vuelven a "su" ciudad viva. La idea de la existencia omnipotente de otra cara del mundo en el que cada ser y cosa tiene su propia sombra, la sombra de la muerte, es una de las obsesiones eternas del autor. Una cara de la realidad es patente, se trata de la realidad cotidiana y la otra es la que queda escondida pero nunca se pierde. Está presente siempre y los protagonistas la conocen como segunda faz típica de la vida. Este conocimiento de la impresión de iniciación acompañará a los protagonistas infantiles por toda la vida. El cuento termina con la explicación de los niños que menciona una amenaza para todos los seres humanos (que nos pueden recordar las palabras finales del cuento "El almohadón de plumas" de Horacio Quiroga):
"Y cuando salgo a la calle tras abrir la única puerta de mi casa, me asalta a menudo el temor de encontrarme en esa ciudad inmóvil, corroída, infinitivamente triste, que acompaña a la otra como una sombra invisible". (CRS, 1994: 122)
Otra variante del tema espacial es la casa con memoria; la casa antigua y tradicional que subraya la simbolización. Esta casa se convierte en el espacio ideal para el desarrollo de soñar y esconde secreto o secretos de generación a generación. La casa puede tener carácter maldito y ruinoso. Las "raíces" tradicionales de edificios influyen en la imagen de casa, creando de ella el espacio de la "luz, calor y calma". De las paredes de este tipo de casa irradia la fuerza positiva que puede hacer de él la tierra "prometida" y el espacio del paraíso, unido con el mito primitivo del jardín celestial. La casa con memoria de tipo del paraíso y de aspecto bizarro que está situada en el centro de jardín pequeñísimo figura en el cuento "Materia silenciosa" (Cuentos del barrio del Refugio). Se trata del hogar triste de la tía Isabel y su marido perdido. El espacio que está lleno de inmobilidad domina la casa que se convierte en el protagonista verdadero de la historia, el personaje silencioso y lleno de olores de madera. El edificio tiene su arquitectura específica que responde a la estructura de la vida de sus habitantes. En ella encontramos un cuarto central del que se bifurcan dos paseos independientes que dan a muchas habitaciones. Una de ellas es la tridécima habitación del tío. La atmósfera de la casa muerta cambia por las noches solamente cuando la tía toca el piano. En esta historia el topos de la casa secreta crea la relación sintagmática del argumento con el topos de cárcel y tumba. El tío, uno de los compositores de música clásica, pierde lentamente la capacidad de componer y un día desaparece misteriosamente. El secreto de la metamorfosis esconde el arbusto solitario del jardín.
En el cuento "Fiesta" (Cuentos del barrio del Refugio) Merino usa el motivo de ventana. Por ella el protagonista observa primero la casa de enfrente que espera a la demolición, y luego su propia casa. De este modo es capaz de confrotar la casa abandonada y muerta (ésta da testimonio sobre un hecho criminal pasado) y la casa viva que pulsa formando su historia. Las dos casas se asemejan en su "mortalidad", es decir, su pérdida segura de identidad.
Como objeto-ser figura la casa en el cuento "La casa feliz" (Cuentos de los días raros). Uno de los rasgos más patentes es la tendencia a la función protectora de este espacio. La casa está "arraigada" bien y de la tierra "se nutre", es decir, saca casi la fuerza mítica de esta unión natural y entrega su energía y fuerza. Así se convierte en un ser-miembro de la Naturaleza que balancea en la frontera del mundo humano y natural y al mismo tiempo se comporta como un ser humanizado. El prototipo de la casa idílica es casa "feliz", una casa con el jardín bello, el producto de una faena extraordinaria de una pareja sin hijos:
"Evocaba a su mujer cortando y cosiendo telas para visillos y cortinas, restaurando muebles, perforando los orificios para alcayatas de los cuadros, con la movilidad que parecía milagrosa para quien tenía tan cercanos los penosos días del hospital. Iba y venía cantando, y su placer se reflejaba en cada uno de sus gestos. ´Esta casa está cargada de felicidad´, les decía a los compañeros y amigos que iban a hacerle compañía.". (Cuentos de los días raros, CDR, 2004: 159)
A pesar de perder sus dueños, el edificio atrae a la gente de los alrededores porque en su presencia se sienten felices y contentos:
"La casa, que no estaba habitada por nadie, irradiaba felicidad como una hoguera calor…". (CDR, 2004: 157)
Nada idílico no puede sobrevivir en el mundo actual y así un día la casa termina destruida porque es una víctima del mundo hostil.
La imagen de la casa que vuela nos presenta Merino en el cuento "Buscador de prodigios" (Cuentos del reino secreto). A través de los ojos de un niño pequeño, que es testigo de la crisis de una joven pareja, observa los acontecimientos sobrenaturales. Comprende que la mujer que cree intuitivamente en el secreto eterno de la vida, entra en la casa-barca cósmica y abandona para siempre este mundo:
"entre la claridad del día naciente, que aún no había conseguido apagar el fulgor de las estrellas". (CRS, 1994: 157)
El topos de casa-hogar aprovechó Merino en el cuento "La costumbre de casa" (Cuentos del barrio del Refugio) como símbolo de seguridad existencial y el lugar de permanencia íntima. Crea también el mundo invariable de los rituales eternos que como muestra el cuento puede ser más "fuerte que la muerte y el amor". El ambiente del hogar se concentra en el subespacio de la cocina, concretamente en el lugar de la mesa central. La costumbre de casa del padre de estar sentado al frente de la casa perdura después de su muerte. La costumbre se convierte en el momento que influye negativamente en los miembros vivos de la familia, provocando en su interior sentimientos de cansancio y disgusto creciente. Todos comprenden que a pesar de su fuerte relación emotiva al padre y al marido, éste tiene que ser desarraigado. El topos de hogar aparece en el cuento "Un ámbito rural" (El viajero perdido) donde se mezcla con el motivo de casa-paraíso. En general, en los cuentos merinianos los protagonistas pierden su hogar ("El derrocado", Cuentos del barrio del Refugio) o el sentimiento del arraigamiento al hogar ("El viajero perdido", El viajero perdido), además sienten que viven en casa "falsa" ("Bifurcaciones", Cuentos; "Los espíritus de doña Paloma", Cuentos del barrio del Refugio). Este sentimiento describe bien el protagonista del cuento "El séptimo viaje" (50 cuentos y una fábula) en las palabras introductivas de la historia en los que constata que todo lo que lo rodea es desconocido:
"…no hay ninguna familiaridad entre mi persona y esta casa en que habito desde hace más de veinte años, como si acabase de ser depositado entre sus paredes, donde cuelgan cachivaches que miro sin agrado, pinturas que parecen elegidas por un gusto opuesto al mío, y anaqueles con libros cuyos títulos descubro con similar extrañeza. Esta casa donde merodea esa mujer, mi mujer, una mujer que a menudo descarga sobre mí sus grandes ojos verdes, haciéndome sospechar que siento por primera vez el agobio de su mirada". (50 cuentos y una fábula, CCF, 2001: 736)
En general, las casas analizadas forman el concepto importante del espacio en la obra literaria de Merino. Unos de los tipos característicos de la narrativa del escritor español son casas antropomorfistas de existencia e iniciación de la propia identidad. La poética de la casa con secreto o casa fantástica es un fruto frecuente de la imaginación del autor. Este tipo de casa conserva su concepción del organismo vivo y solitario con su propia memoria y recuerdos. En la narrativa fantástica del autor no domina la imagen de la casa secreta llena de personajes-fantasmas (almas de los muertos, los vampiros etc.) ni la casa propia se convierte en la casa-fantasma. Además en ninguno de sus cuentos se encuentra la casa sin su función fundamental de lugar-refugio/hogar.
El tema de museo es un espacio especial que forma el mundo y la historia (la misma función se puede notar en el espacio de la biblioteca o laberinto). M.Foucault define los espacios de museo y biblioteca en su ensayo Des espace autres (1967) como las heteropias del tiempo acumulado. En estos lugares se conservan los objetos en los que se concentran los acontecimientos históricos y destinos familiares (como en la narrativa de J.L.Borges, J.M.Merino etc.) que pueden actualizar los dramas pasados. El coleccionador actúa como creador de su propio mundo, está dominado por los objetos y vive como víctima del ambiente y un ser pasivo.
El topos de museo de Merino en el cuento "El museo" (Cuentos del reino secreto) como el ambiente fascinante de la memoria del mundo culmina en la parábola del destino humano. El tío del protagonista, que vive solitario sin familia en una casa antigua empieza a crear el museo bizarro. Este lugar está formado por un mundo lleno de diversas cosas coleccionadas, por el dominio de su gusto e interés: sillas, mesas, cuadros, espejos y alhombras, libros, monedas, vestido etc. El padre del protagonista describe el museo como una "alucinación del viejo maníaco". Las colecciones contienen objetos de diversos tipos y clases, no están seleccionados estrictamente según su campo, y así provocan en el lector la impresión del caos. A pesar de esto sentimos que en el terreno del museo domina cierta harmonía porque las cosas se comportan como personajes vivos. El tío vive en el miedo que su colección será destruida después de su muerte, y así busca a su continuador y lo encuentra en el protagonista del que hace el heredero completo de todos sus bienes. La decisión del protagonista es difícil, tiene que abandonar todos sus planes en el futuro unidos con la afán de los años estudiantiles, es decir, el deseo de viajar e investigar varias culturas. Como el nuevo propietario del museo empieza a dar al espacio su orden, reselecciona todas las colecciones y palpitando reanima los objetos – lee los libros, limpia las armas etc. Mejora el sistema de la evidencia de las cosas en exposición. Esta actividad culmina en forma de un catálogo sistemático en el que no falta nada. Después de unos meses planea una expedición al mar con unos de sus amigos espacialistas pero en este momento entra en la acción la casa y su fuerza secreta como un modo posible de "encadenamiento" sobrenatural que no le deja de abandonar su espacio:
"Era la hora de marchar. Bajé las escaleras y salí al exterior. Recién amanecía sobre los montes. Percibí entonces dentro de mí una inesperada crispación. Contemplando el sendero que serpeaba valle abajo, sentía mi mirada y mi presencia reclamadas desde el museo como por una enorme voluntad que no estuviese dispuesta a dejarme partir. Comprendí que no podía irme y le dije al criado que descargase el equipaje".(CRS, 1994: 201)
Los objetos de la exposición atan al protagonista con sus lazos "invisibles" y no le permiten salir. En cada momento el mundo necesita su protector, creador y continuador. En la textura del texto "luce" el sino del barquero que el protagonista debe buscar a un ser humano que le sustituya. Sin este cambio no podrá irse. Todo en el museo está dominado por el ritmo del remo de Charón que el protagonista entrega a una pareja interesada por la historia y cultura. También en este caso la pareja accede a la oferta del protagonista porque se siente atraída por los bienes ofrecidos: por el edificio y las tierras, la renta y la soledad de este lugar. Después de cuarenta años de vivir y trabajar en este mundo cerrado del museo gracias a los sustituyentes el protagonista sale al otro mundo, al mundo abierto que está dirigido por la mano invisible del Dios. Del espacio seguro e idílico de su propio "fruto" –del museo – entra en el espacio de los contactos con la gente y el mundo vivo.
El museo de Merino no sólo destaca por atributos de casa con secreto, sino también representa el espacio de laberinto como imagen de la delimitación en el terreno estrecho del que no hay salida. El topos del laberinto está unido con el motivo de la aceptación voluntaria de la delimitación, se trata de una variante del laberinto de Minotauro en forma de la cárcel y el palacio paralelos. En el tiempo del fundador del museo el espacio consuma los objetos y los esconde en su interior. Para el protagonista del cuento los objetos de exposición representan los símbolos del mundo que lo sustituyen. Estos símbolos tienen que ser descubiertos y analizados porque en el conjunto representan el Museo-Mundo. La actividad del protagonista de concentra no sólo en la cumulación de los objetos, sino también en su selección y conservación (en este sentido el cuento puede ser interpretado también como una alegoría al "peso" de la tradición). El espacio del museo parece un caos sistematizado, como la introducción del orden en el laberinto del mundo. Es un testimonio de las imagenes pasadas del mundo y simultáneamente se trata del recuerdo de su temporalidad e inconclusión. Para este espacio cerrado es típico que las cosas como actantes están en el estado de "medio despiertas", pasan por la personificación y se convierten en seres independientes y tratan como sucede, por ejemplo, en el cuento "Los valedores" (Cuentos del reino secreto).
Vemos que los espacios literarios son en el caso de la narrativa fantástica de José María Merino un ambiente reducido y concéntrico, que puede ofrecer metamorfosis, personificaciones o alternaciones de los acontecimientos actuales y pasados y de los dos mundos, el natural y el sobrenatural. En su narrativa los espacios de casa y laberinto dominan desde el punto de vista del sujeto y su mecanismo y dinámina (lo mismo sucede p.ej. en "La biblioteca de Babel" de J.L.Borges). Lo principal en la obra de Merino es la imagen del espacio como lugar fascinante de la propia memoria y soñación. El escritor español como el "narrador narrado" borra la frontera entre la fantasía y la realidad, aprovechando hábilmente los elementos fantásticos y las situaciones oníricas como "máscaras" del discurso.
En el mundo de la narrativa de Merino domina la lógica fantástica basada en la idea de que el elemento fantástico existe si su existencia sentimos como posible. El escritor describe la verticalidad de lo humano. Su espacio literario, el lugar descrito y construido por las palabras, se convierte en el elemento de la comprensión y percepción de su "sistema" literario. La literatura en su interpretación conserva en su interior la memoria indestructible de toda la civilización como "Casa/Laberinto-Mundo". El trotamundos Gundo, protagonista de su cuento "La noche más larga" (Cuentos del reino secreto), lo explica así:
"… resultaba que el mundo venía a ser una habitación un poco más grande, con más adornos y más mesas y más gente, pero donde se repetían los mismos gestos de siempre, las mismas miserias, donde nada era sustancialmente distinto". (CRS, 1994: 45)
Es Doctora en literatura románica por la Universidad Carolina de Praga. Trabajó quince años como profesora de literatura española e hispanoamericana en la Facultad de Pedagogía y Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bohemia del Sur en Ceské Budejovice (República Checa). Es miembra de la AIH, AH, APE, Sociedad Iberoamericana; fundadora y coeditora de la revista especializada Lingua Viva. En los últimos años se dedica a la investigación del campo de la literatura fantástica española e hispanoamericana.