

José Maria Merino, no sólo un formidable escritor de ficciones, sino magnífico conocedor de sus secretos. Algunos de ellos los ha explicado en uno de sus mejores libros, el dedicado a hablar de la creación y de los géneros, que publicó con el titulo de Ficción continua (Barcelona, Seix Barral, 2004) Nada hay mas convincente que la propia convicción sobre aquello de lo que se habla, y un entusiasmo como el que en tal libro muestra resulta contagioso, de esos que ganan lectores. Es un acierto que Merino haya conservado el tono de comunicación directa con que nacieron los diferentes ensayos reunidos en el libro, en su mayor parte colecta de conferencias y ponencias en congresos. Porque la primera condición de su estilo es haber concebido lo que dice como si se tratase de convencer a un público que imagina atento e interesado (quienes lo hemos oído en esas circunstancias sabemos que es así). Merino se mete a los oyentes en el bolsillo, porque aquello de lo que habla le importa, le importa de verdad, ha dedicado su vida a los libros, por elección, por vocación y ahora, en estos momentos difíciles para la pervivencia del libro, sabemos que como misión. Uno se imagina a Merino formando parte de las nuevas misiones pedagógicas que algunos escritores cumplen con igual entusiasmo que aquellos viejos institucionistas entregados a propagar el gusto de la lectura y su importancia para una civilización de hombres libres.
Hay una trama que proporciona unidad a los diferentes ensayos aquí reunidos: la convicción de que la literatura es algo más y diferente que simple lenguaje o registro de una lengua. La novela o el cuento comunican mucho más que forma y que lenguaje, comunican un ingrediente imaginario, que conecta con los grandes proyectos del humanismo, pero también con ese universal de las culturas, almendra misma de lo humano, que es el ingrediente fabulador o imaginario, sea en el cuento arcaico de los bosquimanos, en el filandón leonés, sea en la literatura culta de Conrad. No es casual, y a ellos se refiere Merino varias veces a lo largo del libro que el mundo de la imprenta fuera el aliado de la novela y que ésta fuera prohibida por los poderes celosos de una ortodoxia- las novelas no verlas decían- porque en ellas se encuentra agazapada la libertad de imaginación, la capacidad de comunicar civilizaciones lejanas en un modo radical de ser hombres.
José María Merino va en estos ensayos a lugares fundamentales que abrazan por otra parte literaturas y épocas muy diferentes, convencido de que lo que une a Pushkin y Cervantes, a Max Aub y a Melville, a Delibes y a Kermal acaba imponiéndose sobre lo que poco que les separa. Y ese vínculo es siempre el de la construcción de mundos imaginarios que Merino sabe es lugar humano inaccesible salvo para el dispositivo de la ficción, se vierta ésta en novela, en cuento, o como los ensayos que cierran el libro, el cine. El libro tiene dos partes bien definidas, que separan los ensayos de tipo general, nacidos casi todos en forma oral, y publicados luego en actas y libros de conjunto, y los que tratan de algún escritor, novela o conjunto de cuentos, que Merino ha creado en forma escrita y publicado casi siempre en ese estupendo refugio de lectores que es Revista de Libros.
La primera parte tiene como motivos nucleares la imaginación, la oralidad, el género cuento, la novela corta, el Quijote, la literatura fantástica, la aventura de leer, la relación entre espacio y novela, con dos formidables ensayos, dedicados a los parajes de la ficción y a novela y ciudad. La segunda parte trata de muy diferentes obras pertenecientes por mitad a prosa extranjera, de la más variada estirpe, entre la que destaco los dedicados a Yasir Kermal o a la tradición de la novela rusa, con entusiasmo para autores menos conocidos de ella como Goncharov. También atiende a ciertos clásicos de la novela española, como el formidable ensayo dedicado a ese descubrimiento que es para todo lector el encuentro con La desheredada, una novela que entrega al mejor Galdós, o el ensayo minucioso de lector muy atento a cada cuento de Clarín, sin olvidar a contemporáneos como Max Aub, el Delibes de Mi idolatrado hijo Sisí o el Torrente Ballester de la Saga/fuga. Y con no menor atención la genero cuento. El lector sabe que Merino es uno de los tres o cuatro grandes escritores de cuentos de la literatura española, pero su manera de servir y ser fiel a ese género es recorrerlo en los grandes maestros de los que ha aprendido, sean estos un campesino leonés o sea E. A. Poe. Hay un ensayo fundamental, muy lúcido, sobre el concepto y rasgos de la novela corta, y quien podría haber ejemplificado con alguna de las suyas, lo hace con El celoso extremeño, la cervantina que mejor traduce la tensión dramatizada de un asunto, que es el privilegio del género. Hay libros de ensayo nacidos para hacer lectores. Este es uno de ellos.
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(1952) es un teórico y crítico español, Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura comparada en la Universidad de Murcia desde 1983. Además de sus artículos y monografías especializadas (entre las que se incluyen Poética de la ficción, Teoría del canon y literatura española o De la Autobiografía. Teoría y estilos), José María Pozuelo colabora en el Suplemento Cultural del periódico ABC con reseñas de obras de literatura española actual.