

José María Merino (La Coruña, 1941) fue poeta antes de convertirse definitivamente en narrador. Como tal, publicó tres libros: Sitio de Tarifa (1972), Cumpleaños lejos de casa (1973) y Mírame Medusa y otros poemas (1984), escritos entre 1969 y 1973 y recopilados, por primera vez, en 1987, bajo el título del segundo de ellos –del que toma también la estructura general– y el rótulo de Obra poética completa. En ella, reorganiza y redistribuye las diferentes partes de sus tres poemarios en ocho secciones o «Libros», en función de una especie de hilo argumental. El resultado es una obra realmente orgánica y unitaria, un ciclo poético cerrado y completo.
La nueva edición de Cumpleaños lejos de casa. Poesía reunida (Seix Barral, 2006), con prólogo del autor y frontispicio de Antonio Gamoneda, presenta algunas diferencias y novedades con respecto a la anterior. La más notable es la inclusión de algunos textos perdidos u olvidados, entre ellos un largo poema inédito, titulado «Los poetas y el ectópago», que aquí aparece como un «Interludio» entre la quinta y la sexta sección. En él se hace eco, en clave alegórica, del efecto causado en su momento por la publicación de la antología Nueve novísimos poetas españoles (1970), preparada por José María Castellet, al tiempo que se burla de algunos de los rasgos que en ella se plantean y de las circunstancias que rodearon su gestación. Paradójicamente, la propia poesía de Merino no es ajena a algunos de los aspectos de la famosa antología, como la incorporación al poema de elementos tomados de la cultura de masas.
En cuanto a los ocho “Libros” o secciones que conforman esta obra, cabe decir que siguen una estructura muy meditada. Tras un «Preludio» en el que el poeta expone las intenciones de su canto («Al cabo sólo vengo a cantar a mí mismo / sin suspiros armónicos…»), el «Libro primero» nos habla de los «Orígenes» o «prehistoria» del yo lírico: la condición de sus antepasados, la llegada del padre («Mi prehistoria es Mambrú volviendo a casa / sin mirar para atrás») o el trágico momento histórico en el que nació («El panorama general: tiempo mortuorio / descoyuntando gentes a lo largo / de los caminos»). En el segundo, «Los cuadernos azules», recuerda su infancia, el mundo de las criadas, los cuentos y leyendas infantiles, los terrores y las crueldades de la niñez… En «Sitios de Tarifa», evoca, por un lado, la importancia de las primeras lecturas, y, por otro, la inutilidad de los saberes escolares, mientras que, en «Una pertinaz sequía», nos muestra el paso a la pubertad y a la adolescencia, a través de una serie de referencias míticas y correlatos históricos, con la posguerra al fondo.
El «Libro quinto», «Simbad Merino», se ocupa ya del período de la juventud, los primeros viajes y «naufragios», la vida literaria y el progresivo desencanto. Y el titulado «Los lugares y los días» es un repaso de algunos escenarios del pasado, esos lugares que, de alguna forma, nos constituyen («Ocupamos lugares, pero los lugares / nos ocupan también/ y por fin los lugares y nosotros / formamos un aliento simultáneo / de espacios y de esperas. // Eres esa ciudad…»). En «Mírame Medusa», el yo lírico se ha convertido ya en un mero superviviente del continuo naufragio de la vida («Qué fue de aquel que fui, de qué manera / germinó soledad sobre las brasas»; «Una vez fui Simbad, / pero este día / mi nombre es Robinson»). Por último, en «Isla de Pasmos», nos hallamos ante un final de resonancias apocalípticas. La obra se cierra con un poema epílogo titulado «Posdata», a modo de «despedida» (así se llamaba en la edición de 1987), que «está hecho de retales de tangos clásicos».
Cumpleaños lejos de casa es, en realidad, un canto único, un «canto general» en el que el poeta se canta a sí mismo y a su generación, a través de «las pequeñas peripecias de lo cotidiano». A lo largo de sus diferentes baladas, el autor va ensayando diferentes tonos, desde el exaltado de las primeras secciones hasta el visionario y elegíaco de las últimas. En muchos de ellos, se da, además, un contraste o desajuste –de carácter irónico– entre la realidad cotidiana y el mundo ficticio, imaginario o mítico. Desde el punto de vista expresivo, nos encontramos con un verso de ritmo fluido, vigoroso y lleno de hallazgos y procedimientos de todo tipo: aliteraciones («con sus filas de afilados filos»), juegos de palabras, neologismos («primavero»), deslexicalizaciones («la caza de burbujas»), parodias y alusiones intertextuales («Para volver a casa es necesario / desorientarse muchas veces mucho…»; «En ese áspero mundo donde sin esperanza, con convencimiento»)... También destaca, claro está, su evidente «proclividad a la narrativa» y su tremenda capacidad para crear atmósferas. He aquí, pues, la recuperación de una parte importante de la obra de José María Merino, un poeta que, tras completar su intenso periplo lírico, abandonó a Calíope y Erato para embarcarse rumbo a la novela y el cuento.
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(Zamora, 1960) es Profesor Titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca. Es Doctor en Filología Hispánica y Experto en Guión de Ficción para Televisión y Cine. Ha publicado numerosos artículos y varios libros de ensayo sobre literatura y preparado antologías y ediciones de grandes poetas españoles. Entre otros, ha recibido el Premio Fray Luis de León de Ensayo en 1999. Es crítico de poesía del suplemento ABCD las Artes y las Letras. Es autor de los libros de relatos Oposiciones a la Morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S.A. (2005). Sus cuentos han sido traducidos a varias lenguas y figuran en diversas antologías. Acaba de publicar, con gran éxito de público y crítica, su primera novela, El manuscrito de piedra (Alfaguara, 2008), protagonizada por Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, y situada en Salamanca a finales del siglo XV. De esta novela han aparecido ya cuatro ediciones, y ha sido finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León.