

José María Merino parece un antiguo caballero español y él lo sabe, lo cultiva y se divierte. Podríamos quedarnos con su apostura y su cortesía, con sus exquisitas maneras dignas de la corte de León (¿no son puños de encaje los que asoman bajo las mangas de su chaqueta?)y nos estaríamos perdiendo un elemento esencial de su personalidad. Esa estampa elegante y anticuada disimula apenas su humor, su sensibilidad, su arte, su inteligencia del tercer milenio.Que se exhiben, desembozados, en su obra.
Por razones de afinidad personal, paseando por su vasto jardín literario, elijo el mágico sector que se llama La glorieta de los fugitivos, donde encuentran refugio esos textos que huyen de las convenciones, a los que jamás podremos atrapar con las redes de la lógica: los microrrelatos.
En La Glorieta, Merino no se priva de nada. Cumple todas las reglas de lo fantástico y también las trastoca. Es fácil suponer que el género ha alcanzado ya sus propios límites y que todo es reiteración de tópicos. Basta un paseo por esta región del jardín para descubrir que esos límites no existen. Si un mar súbito puede apoderarse de un turista en la Mezquita de Córdoba, todo es posible, incluso lo que jamás imaginamos.
Y como lo fantástico no quita lo realista, y como Merino se complace en ofrecernos el más variado de los banquetes, allí están esos otros textos, tan simples y directos, dispuestos casi como trampas para atrapar lectores distraídos. Historias de pareja, cotidianas como la vida, que develan, como toda buena literatura, esa sombra de angustia y de misterio que los humanos apenas alcanzamos a vislumbrar tras las supuestas certezas de la rutina.
Pero aquí hay también opinión, una mirada sobre el ser humano atrapado por la sociedad que él mismo ha creado y que lo encierra ahora entre sus garras, sus reglamentos, su brutal insensatez disfrazada de razonamiento. El mundo es disparatado, la realidad es inasible, y las convenciones están allí para ser desafiadas, nos dicen, jadeantes, la voz entrecortada, los fugitivos de la glorieta.
Con aguda conciencia, con infinito goce de la lengua, Merino paladea y nos hace paladear cada palabra, elegida por su peso, su sabor, su color, su consistencia. No están allí por casualidad. Están, como en la poesía, porque son las únicas, las imprescindibles.
Y la brevedad de estos textos no es obstáculo para que toda España pase por las páginas de la glorieta, porque Merino, como lo exige para el género del microrrelato, es maestro en el curioso arte de moverse con rapidez mientras permanece inmóvil.
Para José María Merino, para su glorieta, para sus fugitivos, mi más sincera admiración.
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(Buenos Aires, 1951). Desde sus primeros poemas, reunidos en El sol y yo, ha publicado más de cuarenta libros. En 1980 ganó con su novela Soy Paciente el premio de la editorial Losada. Sus otras novelas son Los amores de Laurita, (llevada al cine), El libro de los recuerdos (Beca Guggenheim) y La muerte como efecto secundario (Premio Club de los XIII y Premio Municipal en novela) y la última, El peso de la tentación (2007). Cuatro de sus libros abordan el microrrelato, un género en el que ha obtenido el máximo reconocimiento en el ámbito iberoamericano: La sueñera, Casa de Geishas, Botánica del caos y Temporada de fantasmas. También ha escrito libros de cuentos: Los días de pesca, Viajando se conoce gente y Como una buena madre. Con Miedo en el sur obtuvo el Premio Municipal en el género cuento. Recibió varios premios nacionales e internacionales por su producción infantil-juvenil. Sus cuentos figuran en antologías editadas en diversos países del mundo. Algunas de sus libros han sido publicados en Brasil, España, Italia, Alemania y los Estados Unidos. En el año 2009 ha publicado en Madrid Cazadores de Letras, que reúne sus cuatro libros de minificción, y en Buenos Aires, Que tengas una vida interesante, sus cuentos completos.