OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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José María Merino y la puntita del iceberg

 

Fernando Iwasaki

CADA VEZ QUE alguien repite aquella muletilla que asegura contumaz que en España los relatos no le interesan ni a los lectores ni a los editores, pienso que José María Merino es el ejemplo vivo de que sí se puede disfrutar de prestigio y reconocimiento literario, gracias a una obra construida sobre la perseverancia en la narrativa breve. No quiero ser injusto con la memoria de Ignacio Aldecoa, Juan García Hortelano y Fernando Quiñones. No deseo ignorar ni a Delibes, ni a Medardo Fraile, ni a Esteban Padrós de Palacios, pero sinceramente pienso que José María Merino es la piedra angular de tres generaciones de cuentistas españoles. La de los mayores que cité al comienzo; la de Hipólito G. Navarro, Juan Bonilla, Félix Palma, Care Santos o Sergi Pàmies; y la suya propia, es decir, la de Luis Mateo Díez, Juan José Millás y Enrique Vila-Matas. Y es que sin dejar de ser él mismo, en los relatos de José María Merino uno reconoce los latidos de Gabriel Miró y Wenceslao Fernández Flórez, el magisterio de Poe y Kafka o las lecturas de Borges y Cortázar, por no hablar de Chéjov, Carver, Calvino y Denevi. Si del cuento pudiera extraerse una célula madre, José María Merino sería el padre y viceversa.

La obra que hoy presentamos –La glorieta de los fugitivos- es un libro singular, pues se trata de la «minificción» completa de Merino. Relatos de diez o quince líneas donde hallamos tramas, personajes, historias, atmósferas y complejos mecanismos narrativos, como en cualquier novela de más de 500 páginas. Pero hablamos de microrrelatos, minicuentos, hiperbreves o como querramos llamar a estas brevísimas narraciones que sin ser poemas, chistes, fábulas o aforismos, participan de todos ellos y además son otra cosa.

En realidad, siempre hemos leído microrrelatos, sólo que en formato necrológica, curriculum vitae o anuncio por palabras. La diferencia está en la elección del tema, el tono de la narración y la voluntad de crear una historia, tres requisitos esenciales que impiden que ciertos atestados policiales se conviertan en obras maestras del género, porque el microcuento es una mezcla de haiku, horóscopo y vídeoclip. ¿Qué cosa es la «minificción» entonces?

En una entrevista reciente, José María Merino reflexionó sobre los microrrelatos y descartó que sólo se les pudiera definir en función del tamaño y de la rapidez con que se leen, porque «pequeños y rapiditos» son dos aspectos tan deplorables en lo literario como en lo sexual; aunque si fueran lentos y descomunales tampoco serían más gustosos. Los minicuentos, claro está. Por lo tanto, si para Hemingway lo esencial del cuento era la base del iceberg, para Merino lo esencial del minicuento sería la puntita del iceberg.

Así, uno de los microrrelatos más extraordinarios que se han escrito no es el del dinosaurio, sino esta línea memorable de Hemingway:

SE VENDEN ZAPATOS DE NIÑO. SIN ESTRENAR

Este microrrelato de Hemingway es un iceberg que posee una terrible carga de profundidad, mientras que este minicuento de Merino es una puntita que también se percibe como un iceberg, aunque no diré dónde:

EN UN LUGAR DE LA MANCHA VIVIÓ UN INGENIOSO HIDALGO Y CABALLERO QUE ESTUVO A PUNTO DE DERROTAR A LA REALIDAD.

¿Dónde radica el placer que supone disfrutar de lo breve, lo efímero o –como sugiere Merino- lo fugitivo? En la vivencia, el conocimiento y la lectura. Por eso los minicuentos de Merino gustan en general, pero maravillan en particular cuando hay vivencias, conocimientos y lecturas.

Cada microcuento de Merino –por separado- es una cifra de su mundo, pero cada una de las secciones de su micronarrativa completa es una cifra del mundo. ¿Qué cosa sería entonces La glorieta de los fugitivos? Un mundo paralelo, con sus propias leyes y continentes, con sus propios mitos y habitantes. Lo diré de otra manera: como autor de minificción, considero que lo ideal sería que nadie se administrara más de tres microrrelatos diarios, porque leídos de manera suelta e independiente, cada minicuento alumbra u oscurece una parte de la realidad. Sin embargo, leídos de manera torrente, uno detrás de otro, lo que emerge al final de la lectura siempre será una realidad nueva, oscura o luminosa (según). Si el cuento es el laboratorio de la novela, los microrrelatos son  experimentos con vida propia que se han escapado del laboratorio.

Pienso en los bestiarios medievales, en los evangelios apócrifos, en los procesos inquisitoriales, en las declaraciones de los testigos de santidad, en las historias de aparecidos, en las leyendas urbanas, en los catecismos pre-conciliares y en todas esas narraciones que alguna vez formaron parte de la «verdad» y que ahora forman parte de eso que los modernos historiadores de las mentalidades denominan «el imaginario». Por ejemplo, según ciertos evangelistas apócrifos como el Pseudo Mateo, Santiago III o el Pseudo Tomás, el Niño Jesús moldeaba pajarillos de barro que salían volando de sus manos apenas los soplaba. Los microrrelatos de José María Merino son precisamente como esos pájaros, que acaso vuelan todavía por los tejados de la imaginación religiosa. Son –nunca mejor dicho- los «fugitivos» de la «glorieta» de Merino. «Minifundios», pues.

Autor de una espléndida novela histórica –Las visiones de Lucrecia (1996)- que me gustaría reivindicar en estos días más bien pazguatos de reliquias y templarios de folletín, José María Merino ya había trabajado con materiales narrativos que nacieron como verdades reveladas y terminaron como microficciones, pasando por pactos satánicos y disparates heterodoxos. Así, el mundo paralelo que José María Merino conjura en La glorieta de los fugitivos, es un mundo en el que las «visiones» de Lucrecia conviven con monovolúmenes caníbales, cartografías delirantes, animales inverosímiles y hasta trampas para cazar filólogos («Diez cuentines congresistas»).

No es posible reseñar la minificción completa de José María Merino sin traicionarla. No quiero destripar sus enrevesados mecanismos. No se puede explicar la magia menor de su persuasión. Si el hipócrita y bucólico lector desea disfrutar de los microrrelatos de Merino, le recuerdo que debe consumirlos de uno en uno, como las drogas caras, y le aseguro que cada uno de esos «minifundios» tendrá efectos secundarios más perdurables y satisfactorios. Mismamente, como sentarse sobre la puntita de un iceberg.

 

Sevilla, 18 de Septiembre de 2007


Fernando Iwasaki

(Lima, 1961)Es narrador, ensayista, crítico e historiador. Entre otros libros es autor de  las novelas Neguijón(Alfaguara, 2005) y Libro de mal amor (RBA, 2001), y de los libros de cuentos España, aparta de mí estos premios (Páginas de Espuma, 2009), Helarte de amar (Páginas de Espuma, 2006), Ajuar funerario (Páginas de Espuma, 2004), Un milagro informal (Alfaguara, 2003), Inquisiciones Peruanas (Páginas de Espuma, 2007), A Troya, Helena (Los Libros de Hermes, 1993) y Tres noches de corbata (AVE, 1987). Como ensayista es autor de rePUBLICANOS (Premio Algaba de Ensayo, 2008), Mi poncho es un kimono flamenco (Sarita Cartonera, 2005) y El Descubrimiento de España (Nobel, 1996), y sus crónicas han sido reunidas en La caja de pan duro (Signatura, 2000) y El sentimiento trágico de la Liga (Premio Fundación del Fútbol Profesional, 1995).  Ha sido columnista de Diario 16 (1989-1996), El País (1997-1998) y La Razón (1999-2000). Desde 1989 reside en Sevilla, donde es columnista del diario ABC, director de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco y director de la revista literaria Renacimiento..

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José María Merino

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Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

Héctor Abad Faciolince

Vivir en otra lengua

Esther Andradi

Los huéspedes

Rubén Sánchez Trigos

Invisible

Paul Auster

De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

Última función

Marcelo Uribe

La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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