OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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El escritor y el hombre

 

Juana Vázquez Marín

No voy a entrar en basura curricular, aludiendo a todos y cada uno de los libros de José María Merino, cuentos, novelas, relatos, ensayos…A cuándo se publicaron,  en qué editorial, si recibieron  o no premios, así como por qué   es un escritor genial, aludiendo a citas eruditas y mencionando lo que otros críticos pusieron en su pluma en largas y sesudas reseñas o estudios. Ni tampoco voy a entrar en  que  es académico de la Real Academia de la Lengua, tratando su discurso de  excelente y original como ninguno de los que he oído, y he oído bastantes, acudiendo para ello a frases de otros… y en fin, no voy a acudir a  decenas de cosas envasadas por los que han estudiado su obra.

No, no voy a irme por lo colateral, y desde el “otrismo (horrorosa palabra señor académico, pero, a veces me gusta el lado oscuro del diccionario). En fin, yo quiero acudir lo menos posible a los ojos de los demás para reconocer a Merino, quiero contar simplemente con mi mirada, y su ayudante, mi errática, loca, y pobre memoria, que está llena de agujeros y pozos, pero aún así el José María que guarda, aunque sea mínimo, es el mío  y no el que pertenece al imaginario colectivo, o peor aún, a una serie de listas sobre su currículo brillante y a todas las cosas que ha hecho, ordenadas y arregladitas como para ir los domingos a misa en los pueblos. A mí me saldrá desarreglado y mínimo por eso de mi pobreza memorística, pero me va a salir el que yo he captado a través de su vida y obras, y conversaciones, y entrevistas… y por qué no también como académico, a través de su discurso de ingreso. Pero lo que salga saldrá de primera mano. Siento mucho dejar cosas en los pozos de la memoria pero no acudiré a libros y menos al odioso y gran hermano internet, para poder hacer un refrito con su obra… muy bonito y lleno de citas, alusiones eruditas y otras mandingas, pero frío e impersonal y con la idea que tienen otros de Merino.  Me niego, eso lo dejo para los que no conozco, admiro y quiero, y no es este el caso.

Yo conozco a Merino hace tiempo, lo hice primero a través de sus cuentos que me han hecho vivir en mundos en los que una está  divertida y asombrada, pasando de realidades de segunda mano o realidades obvias, a realidades inimaginables en las que hay más esquinas que calles largas y desarboladas, en las que existen gente y hechos que nunca habías conocido ni sentido. Deambulé pues por el mundo que había creado Merino muy a gusto, y fascinada de lo que había detrás de la realidad común, y de mucho de lo cual, yo tuve que enterarme gracias a sus originales y excelentes cuentos. Siempre le estaré agradecida por haberme desvelado ese mundo mágico.

De un pozo de mi memoria sale un cuento en el que el muerto, pater familia, de pronto se presentaba todas las tardes en casa a charlar y ¿tomar la magdalena y el café?... se me desdibuja, pero es un cuento  como tantos otros, que guardo en el baúl del asombro, pues creo que al final, la familia estaba de él hasta la coronilla.  Algo paradójico entre el mundo de los vivos y los muertos. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

Luego conocí a Merino entrañable en una entrevista que le hice en su casa. He hecho ciento de entrevistas, siempre he aprendido algo del entrevistado, pero con Merino, no aprendí, viví. Viví en más  de una hora que estuvimos hablando sobre  esos mundos  de sus libros, que se trasladaron a un mundo sonoro de voz, y se hicieron más reales, más atractivos y ricos. Esa tarde fue para mí especial, descubrí muchos agujeros en la realidad donde me colé  de la mano de Merino que me daba pistas y más pistas. Yo no perdía ni una sílaba, me embaucó su charla, no hubiera salido de su despacho hasta la noche, para mí la voz y los ojos de Merino fueron los de una sirena (¿Tengo que decir sireno?...)

Vino su entrada en la Academia y su discurso me supo a cóctel, en donde había sobre todo dos elementos: realidad y ficción, pero también  discurso y novela, acontecimientos  de la vida común y del imaginario colectivo. Me quedé perpleja, tantos elementos juntos y un cóctel delicioso que se apuraba con el placer de algo que pruebas por primer vez y está que… En fin una tarde inolvidable.

He dejado para el final, el último libro de cuentos  que he leído de él: “Las puertas de lo posible”. En estos relatos el escritor da un giro a su cuentística y entra en un mundo futuro que no resulta muy remoto. Lo construye a partir de las nuevas tecnologías, en las que ya estamos instalados, y las consecuencias son una realidad poco alentadora. Fue un libro con el que disfruté un montonazo, pues me abría las puertas a otro universo, que no por  desconocido  ni aún imaginado- y ahí radica la genialidad del autor- podía ser posible. Su lectura  fue algo de alucine, vi con claridad hacia dónde iba la humanidad, y más que cuentos me parecieron realidades objetivas que  le habían sido  desveladas al escritor. En definitiva, en esos cuentos se mezcla lo ameno y la ficción con el ensayo y la reflexión del mundo  que estamos creando, y que si no damos marcha atrás o nos vamos por otros caminos, llegaremos inevitablemente a esa realidad monstruosa.

Mi sabio y agradable amigo Merino es en su escritura diverso, lúcido, brillante y sobre todo fascina.

Espero querido amigo que sigas siendo así. Y disculpa que no hayan aparecido montones de grandes palabras erguidas y altivas para dar lustre a tu persona, sino un puñado de ellas, a modo de  hierba  del campo, con el tallo pequeño y dúctil. De todas formas, eres de los escritores que donde menos se piensa salta el asombro y el misterio, por eso, los estereotipos y textos convencionales  no te van bien, te hacen acartonado y, en definitiva,  no eres tú tal cual, con tu diseño de escritor mágico.


Juana Vázquez Marín

Salvaleón (Badajoz) es doctora en Filología Hispánica y Licenciada en Ciencias de la Información, por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de Lengua y Literatura, ha publicado varios libros, entre ellos, una edición crítica de San Juan de la Cruz, El Madrid de Carlos III, El costumbrismo español del siglo XVIII, Zugazagoitia precursor de la novela social, y La Literatura del siglo XX. Asimismo, ha publicado los siguientes poemarios: Signos de sombra, En el confín del nombre, Nos+otros y Gramática de Luna. Su último libro, la novela Con olor a naftalina (2008).

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José María Merino

Fotografía

Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

Héctor Abad Faciolince

Vivir en otra lengua

Esther Andradi

Los huéspedes

Rubén Sánchez Trigos

Invisible

Paul Auster

De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

Última función

Marcelo Uribe

La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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