

No voy a entrar en basura curricular, aludiendo a todos y cada uno de los libros de José María Merino, cuentos, novelas, relatos, ensayos…A cuándo se publicaron, en qué editorial, si recibieron o no premios, así como por qué es un escritor genial, aludiendo a citas eruditas y mencionando lo que otros críticos pusieron en su pluma en largas y sesudas reseñas o estudios. Ni tampoco voy a entrar en que es académico de la Real Academia de la Lengua, tratando su discurso de excelente y original como ninguno de los que he oído, y he oído bastantes, acudiendo para ello a frases de otros… y en fin, no voy a acudir a decenas de cosas envasadas por los que han estudiado su obra.
No, no voy a irme por lo colateral, y desde el “otrismo (horrorosa palabra señor académico, pero, a veces me gusta el lado oscuro del diccionario). En fin, yo quiero acudir lo menos posible a los ojos de los demás para reconocer a Merino, quiero contar simplemente con mi mirada, y su ayudante, mi errática, loca, y pobre memoria, que está llena de agujeros y pozos, pero aún así el José María que guarda, aunque sea mínimo, es el mío y no el que pertenece al imaginario colectivo, o peor aún, a una serie de listas sobre su currículo brillante y a todas las cosas que ha hecho, ordenadas y arregladitas como para ir los domingos a misa en los pueblos. A mí me saldrá desarreglado y mínimo por eso de mi pobreza memorística, pero me va a salir el que yo he captado a través de su vida y obras, y conversaciones, y entrevistas… y por qué no también como académico, a través de su discurso de ingreso. Pero lo que salga saldrá de primera mano. Siento mucho dejar cosas en los pozos de la memoria pero no acudiré a libros y menos al odioso y gran hermano internet, para poder hacer un refrito con su obra… muy bonito y lleno de citas, alusiones eruditas y otras mandingas, pero frío e impersonal y con la idea que tienen otros de Merino. Me niego, eso lo dejo para los que no conozco, admiro y quiero, y no es este el caso.
Yo conozco a Merino hace tiempo, lo hice primero a través de sus cuentos que me han hecho vivir en mundos en los que una está divertida y asombrada, pasando de realidades de segunda mano o realidades obvias, a realidades inimaginables en las que hay más esquinas que calles largas y desarboladas, en las que existen gente y hechos que nunca habías conocido ni sentido. Deambulé pues por el mundo que había creado Merino muy a gusto, y fascinada de lo que había detrás de la realidad común, y de mucho de lo cual, yo tuve que enterarme gracias a sus originales y excelentes cuentos. Siempre le estaré agradecida por haberme desvelado ese mundo mágico.
De un pozo de mi memoria sale un cuento en el que el muerto, pater familia, de pronto se presentaba todas las tardes en casa a charlar y ¿tomar la magdalena y el café?... se me desdibuja, pero es un cuento como tantos otros, que guardo en el baúl del asombro, pues creo que al final, la familia estaba de él hasta la coronilla. Algo paradójico entre el mundo de los vivos y los muertos. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.
Luego conocí a Merino entrañable en una entrevista que le hice en su casa. He hecho ciento de entrevistas, siempre he aprendido algo del entrevistado, pero con Merino, no aprendí, viví. Viví en más de una hora que estuvimos hablando sobre esos mundos de sus libros, que se trasladaron a un mundo sonoro de voz, y se hicieron más reales, más atractivos y ricos. Esa tarde fue para mí especial, descubrí muchos agujeros en la realidad donde me colé de la mano de Merino que me daba pistas y más pistas. Yo no perdía ni una sílaba, me embaucó su charla, no hubiera salido de su despacho hasta la noche, para mí la voz y los ojos de Merino fueron los de una sirena (¿Tengo que decir sireno?...)
Vino su entrada en la Academia y su discurso me supo a cóctel, en donde había sobre todo dos elementos: realidad y ficción, pero también discurso y novela, acontecimientos de la vida común y del imaginario colectivo. Me quedé perpleja, tantos elementos juntos y un cóctel delicioso que se apuraba con el placer de algo que pruebas por primer vez y está que… En fin una tarde inolvidable.
He dejado para el final, el último libro de cuentos que he leído de él: “Las puertas de lo posible”. En estos relatos el escritor da un giro a su cuentística y entra en un mundo futuro que no resulta muy remoto. Lo construye a partir de las nuevas tecnologías, en las que ya estamos instalados, y las consecuencias son una realidad poco alentadora. Fue un libro con el que disfruté un montonazo, pues me abría las puertas a otro universo, que no por desconocido ni aún imaginado- y ahí radica la genialidad del autor- podía ser posible. Su lectura fue algo de alucine, vi con claridad hacia dónde iba la humanidad, y más que cuentos me parecieron realidades objetivas que le habían sido desveladas al escritor. En definitiva, en esos cuentos se mezcla lo ameno y la ficción con el ensayo y la reflexión del mundo que estamos creando, y que si no damos marcha atrás o nos vamos por otros caminos, llegaremos inevitablemente a esa realidad monstruosa.
Mi sabio y agradable amigo Merino es en su escritura diverso, lúcido, brillante y sobre todo fascina.
Espero querido amigo que sigas siendo así. Y disculpa que no hayan aparecido montones de grandes palabras erguidas y altivas para dar lustre a tu persona, sino un puñado de ellas, a modo de hierba del campo, con el tallo pequeño y dúctil. De todas formas, eres de los escritores que donde menos se piensa salta el asombro y el misterio, por eso, los estereotipos y textos convencionales no te van bien, te hacen acartonado y, en definitiva, no eres tú tal cual, con tu diseño de escritor mágico.
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Salvaleón (Badajoz) es doctora en Filología Hispánica y Licenciada en Ciencias de la Información, por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de Lengua y Literatura, ha publicado varios libros, entre ellos, una edición crítica de San Juan de la Cruz, El Madrid de Carlos III, El costumbrismo español del siglo XVIII, Zugazagoitia precursor de la novela social, y La Literatura del siglo XX. Asimismo, ha publicado los siguientes poemarios: Signos de sombra, En el confín del nombre, Nos+otros y Gramática de Luna. Su último libro, la novela Con olor a naftalina (2008).