

Leer una novela como quien remonta un río…
Si un ser humano mira atrás y desanda lo andado recorrerá su biografía y la presencia oral –en forma de ecos- de sus antepasados hasta llegar finalmente a la leyenda, al mito. Si un novelista intenta igualmente dar media vuelta y caminar como recogiendo sus propias huellas, transitará a través de la tradición y el canon hasta llegar también al mito, a esa vieja academia ancestral y romántica en la que el autor individual ya no importa.
La sala de los espejos del yo es el mito.
El escritor, pues, a veces bien pudiera ser definido así, como un heredero que retoma materiales míticos que le vienen dados, los recicla, los dota de un aspecto y una utilidad nuevos y, de ese modo, los reinventa. Sí, quien regresa al punto de partida retorna aquí sin ser el mismo pues volver es acordarse. El futuro no está lejos del inicio.
En su celebrada novela El heredero (Ed. Alfaguara) José María Merino nos propone precisamente eso, un regreso literario y vital en busca de lo ancestral y las raíces; en busca, en suma, de la identidad y de uno mismo. Se trata de una expedición ambiciosa que recorre todo el siglo XX a través de las historias individuales encadenadas de una saga familiar arquetípica –una saga familiar cuyos antepasados lejanos parecen legendarios y cuyos miembros coetáneos se nos muestran tremendamente humanos-.
Como las hojas de los árboles es el tiempo de los seres humanos en las novelas río.
Todo comienza con un indiano –el bisabuelo Pablo Tomás Lamas apodado "el Puertorriqueño"- pues, como escribe el propio José María Merino, "los primeros antepasados que se recuerdan en cada familia, los primeros de los que hay algo que contar, son los que estrenan en lo doméstico la historia del mundo, con ellos nacen también los escenarios y hasta los muebles y los cacharros de la costumbre... Son los primeros antepasados que se cuentan, de quienes se pueden dar datos precisos, los que inauguran el tiempo que sigue corriendo en cada uno de nosotros "…
Mientras esboza así la leyenda del Puertorriqueño, la prosa del autor, imbuida del paisaje, toma el ritmo de las estaciones, ese ritmo que entonces también tenía la vida. Pero además del personaje primigenio, del fundador del mundo, también está antes que todo Isclacerta, la mansión que construye éste en la comarca leonesa de Babia. De hecho la novela empieza allí, en Babia, con el frío y la desgracia descritos como si fueran lo mismo. Y es que el citado bisabuelo lleva aparejada a su nombre una historia sobre lucha, inmigración, dinero, dolor y creatividad que nadie en los alrededores conoce con exactitud, pero de la cual todo el mundo ha oído contar algo.
Al bisabuelo Puertorriqueño le sigue un abuelo socialista, ferroviario, masón y agrio, uno "que leía libros para no comulgar con ruedas de molino", otro verdadero luchador que vivió la crudeza de la Guerra Civil, y la amargura de la posguerra. Ese abuelo escribía alocadas novelas de kiosco con seudónimo, una de las cuales se va colando intertextualmente en el propio texto de José María Merino mientras la voz narradora -el nieto heredero- la lee; a este imaginativo abuelo le sucede el padre, un pintor bohemio que vivió en París el mayo del 68, y el último en la línea genealógica es ya el narrador, una persona mentalmente mestiza y confusa, mitad francés mitad español, que regresa con cierta expectación a la casa y a la leyenda de sus ancestros…
Nada como una historia familiar diacrónica para hacernos ver de que no existen las identidades puras pues todos somos una especie de pastiche.
Finalmente, mientras se aleja de Babia buscando un sitio donde aprender a quedarse, acaba llegando al punto de partida de su bisabuelo: San Juan de Puerto Rico. Allí se topa con nuevas referencias a León, como el despacho universitario donde trabajó don Ricardo Gullón, -aquel que fuera académico de la lengua, jurista e intelectual nómada- y con nuevas coordenadas vitales que sitúan el pasado familiar ya no cerca de la leyenda y el mito, sino ya en terrenos colindantes con el misterio y la magia... ¿Las familias y las generaciones son un círculo en el que, tarde o temprano, todo acaba como empieza?
Algunos críticos sutiles han apuntado que tanto el título como la intencionalidad realista de esta novela –intencionalidad sólo subvertida por las impregnaciones míticas del pasado y por la ciencia ficción intertextual- apuntan a "La desheredada", obra del fecundo autor español Benito Pérez Galdós. Tal vez. Pero, según mi opinión, en el maestro canario el realismo está al servicio de una credibilidad que se procura notarial, mientras que José María Merino, como Cervantes en El Quijote, integra en su misterioso texto muchos más elementos que los creíbles como haciéndonos ver que sólo estamos a este lado del más allá…
Las impregnaciones fantásticas en la narrativa apuntan a ese misterio del vivir cotidiano al que la realidad no alcanza.
Asimismo llama la atención del lector entregado que soy el hecho de que, igual que Galdós, y toda la literatura realista en general, José María Merino otorga gran importancia en su novela a los personajes femeninos, entendiendo acaso que son ellas, en buena medida, las que encarnan y sufren los vicios, exclusiones, arcaísmos y deficiencias de las sociedades rurales, y por eso también son ellas, en su necesidad de encontrar ámbitos y mecanismos de autoliberación, importantes productoras y depositarias de la oralidad y la imaginación.
En este sentido a la hora de abordar los personajes femeninos de la saga familiar el narrador empieza por uno plano pero importante, la primera Soledad (esposa inicial del bisabuelo, muerta junto a su bebe durante el parto) de la cual casi no sabemos nada pero cuya presencia, a través de la leyenda y un peculiar sentido de la trascendencia, impregna casi toda la obra. Esta mujer parece haberse reencarnado en la Buli -la segunda Soledad-, abuela que ya se apaga, gran narradora y alma mater de Isclacerta. A ésta gran mujer la cuida, admira y perpetúa la prima Noelia, y todas las mujeres de la familia -excepto la madre del heredero- tienen algo de la Buli y de ese realismo mítico con el que ella narra; con el que ella vive… ¿La imaginación es el lado femenino del ser humano?
Como una metáfora de la liberación femenina se nos antoja la casa de muñecas, una reproducción en miniatura de Isclacerta, de gran importancia simbólica en la novela y real para casi todas las mujeres de esta historia, pues ellas transitan libremente por la casita mediante la imaginación como si fuera ésa la necesaria habitación propia que toda mujer necesita, como dijera Virginia Wolf: "En realidad es mucho más que un juguete, es un cuento en forma de cosas, es una colección de recuerdos, es un sitio para esconderse sin tener que moverse ni agacharse, es una entrada a sitios que tú mismo puedes descubrir... También decía que quien sabe si en el fondo los humanos no vemos en las miniaturas una réplica de nuestro mundo más tranquilizadora que el verdadero, un empequeñecimiento en que se concentra una solidez que a nuestro tamaño no acabamos de comprender".
La casa de muñecas, como las novelas, resulta un instrumento útil para quien no se conforma con lo real.
Y no quiero dejar de señalar que, en mi opinión, en esta novela la casa de muñecas no es sólo una referencia femenina sino que trasciende el ámbito femenino como símbolo para convertirse también en una metáfora de esa herencia familiar intangible que perdura de generación en generación, y por eso tal tesoro en miniatura acaba liberando también al propio heredero y no sólo a su madre, como cabría esperarse inicialmente.
Se percibe más nítidamente la influencia de El Quijoteen ese modo de mostrarnos la realidad al tiempo que interaccionan dos personajes que responden a dos formas divergentes de ver el mundo, pero que forman parte del mismo. De hecho, en la estela Cervantes, José María Merino hace de El heredero un compendio casi hegeliano de contrastes: primeramente la estructura elaborada de la novela que aloja en si misma una pugna entre la tradición y la innovación; también el carácter cosmopolita y emprendedor del bisabuelo y su amplia cosmovisión frente a la descripción de cómo le veían a él y al mundo el resto de habitantes de la comarca; igualmente el realismo con que narra el narrador enfrentado a la leyenda, a los dioses del ara (altar romano) y los espíritus del agua (celtas); del mismo modo contrasta la conciencia imprecisa que evocan las historias orales narradas con más imaginación que exactitud, la fantasía de las novelas escritas por el abuelo; y la forma de educar e inculcar ideas al narrador que practicaban su padrino católico y conservador, y su padre progresista; y una colisión frontal parecen también los posteriores "líos de familia" donde se contraponen el idealismo con las disputas de herencia; se oponen frontalmente también la abuela de niña y sus fantasías con la casa de muñecas frente a las reprimendas de su madre (que veía el mundo de forma menos amplia y odiaba la imaginación y todo lo que tuviera con ver con el arte -sobretodo las novelas y el teatro); igualmente ese otro concepto del mundo y de la vida que aporta a la novela Marta, la primera novia del heredero, cuando le escribe desde EE.UU. y le pide que vaya allí a vivir allí con ella, se opone al realismo mítico, minucioso, paisajista y mágico que aporta a la vida Isclacerta, y por eso no sorprende el radicalmente diferente sentido que ella tiene de la familia (de hecho Marta no cree que el heredero tenga por qué cuidar a su madre, y no cesa de leer a los clásicos del realismo como Galdós y Clarín, en vez de las novelas fantásticas del abuelo que lee él); luego el contraste viene también de la mano de Patricia, persona arrolladora de quien se enamora en Puerto Rico y que difiere y casi anula a Marta, igualmente está presente en la aparente estabilidad final del heredero con otra mujer, Patty, y otro lugar, True Island, después de tanto viaje y de tanto pasado que sigue presente pero el cual ya no desubica ni confunde sino que cimienta.
Necesitamos ese ejercicio de inmersión en la ficción que es el encuentro con la historia de nuestros antepasados para entender quienes somos.
Además todas las bipolaridades de esta novela se funden en el bilingüismo esquizofrénico del heredero, personaje frágil que va rodando de país en país y de mujer en mujer con su legado a cuestas buscando su lugar en el mundo.
Así, mediante este elaborado argumento trabado con estrategias narrativas confesadamente posmodernas ("...A tu bisabuelo el Puertorriqueño, hay que verlo a la luz del romanticismo, y a tu abuelo desde el naturalismo y el realismo socialista. Tu padre ya está metido de lleno en lo metalitarario, en la metaficción... Tú eres pura posmodernidad, como yo", le dice Marta al heredero;) el autor nos habla principalmente de la identidad individual y la explica destacando como un valor el relativismo, uniendo a la presencia de lo imaginario y fantástico como parte de lo real (por eso aquí igualmente lo oral, las historias familiares que cuentan la vieja abuela -la Buli- la prima Noelia e incluso Chon Ibáñez, otro personaje misterioso y cosmopolita, aparecen aquí en forma de sustrato como parte importante de la novela y del yo).
Como agudamente señala Germán Gullón en su artículo Galdós, un clásico moderno" (publicado en la Revista Ínsula en septiembre de 1993), cuando este autor realista comienza "La desheredada" con un capítulo titulado "El final de otra novela", ese otro texto al que parece referirse dicho capítulo "es, naturalmente, la España anterior". Y es que esa novela galdosiana, según señala también Teresa M. Villarós en Duelo y suicidio de Isadora de Aransis (Cuadernos Hispanoamericanos, abril de 1977), "forma parte de ese proyecto realista que se define sobre todo por su voluntad de entrada en la modernidad, expresando precisamente con sus páginas la tragicómica resistencia que España opuso a esta entrada".
Esta gran novela de José María Merino, por el contrario, más que desde el prisma galdosiano yo la he leído siempre como un canto enraizado y universal al origen particular y a sus valores –ésos que la sociedad globalizada actual está diluyendo o simplemente perdiendo-. Aporta igualmente cierto enfoque moderno y constructivo sobre la inmigración, y un alegato indirecto en pro de la dispersa, impura, heterodoxa y rica identidad humana. Puede entonarse El heredero pues como una revolución sensata y constructiva contra imperialismos foráneos, como un certero viaje hacia lo nuestro, y del mismo modo el mismo modo entenderse como el inconformista reflejo narrativo de una España y un mundo moderno desapegado, individualista y aparentemente espontáneo, el cual nunca encontrará asidero dando la espalda a las raíces, al punto de partida umbilical, a la pequeña Ítaca.
Ahora que estamos tan necesitados de puntos de referencia, de coordenadas que nos identifiquen y nos individualicen dentro de la manada global o el contexto único, esta novela impuramente realista -¿existe en literatura el realismo puro?- recupera para nuestras vidas la individualizadota vigencia del mito personal y la leyenda buscada y elegida.
No se la pierdan.
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(León, 1974) debutó en la ficción con EL VIAJERO SE HA IDO, COMO ES LÓGICO, donde recreó el mundo de la bohemia femenina del París de los locos años 20. “Una novela brillante que introduce con habilidad al lector en un mundo repleto de sugerencias” (José María Merino).“Empezando por el título en estas páginas abundan las frases con vocación de cita literaria” (Juan Pedro Aparicio). “Una historia contada con originalidad, elegancia y fina mano literaria… Un autor al que conviene seguir” (Luis Mateo Díez). “Personalmente al terminar de leer esta novela tuve ganas de releerla y eso es lo mejor que se puede decir de cualquier lectura” (Carmen Gómez Ojea, La Nueva España). Su obra poética, por la cual ha obtenido el Premio Ojo Crítico de RNE, está reunida en el volumen EMPEZAR POR NÚMERO TRES (poesía 1995-2005), y los poemarios EL HOMBRE DE CRISTAL Y OTROS POEMAS y LOS LUGARES INTACTOS. Ha obtenido el Premio de Novela Fundación UCM por LAS PERLAS DEL LOCO VENTURA: “Obra imaginativa habilidosamente trazada” (Ricardo Senabre, El Cultural de EL MUNDO). “Un autor en posesión de una rara madurez literaria” (Juan Angel Juristo, ABC de las letras). "Luis Artigue se ha revelado como un novelista muy original" (Nicolás Miñambres, DIARIO DE LEÓN). Posteriormente ha publicado LA MUJER DE NADIE, una historia sobre el donjuanismo femenino en el México surrealista. “Arriesgada, controvertida y fascinante igual que su .protagonista: Remedios Varo” (Inmaculada de la Fuente, Babelia de EL PAÍS). “Estupendísima novela… Un escritor de raza” (Ana María Moix). Su página web es www.luisartigue.es