OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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El viaje de la ficción

 

Luis Mateo Díez

Estoy perdido. Estoy de paso. Hay un personaje de Merino que se nos presenta bajo la densa lluvia, empapado y oscuro, solicitando alguna indicación para ir a la estación del norte, donde a las doce tiene que coger un tren. Desde ese comienzo, en uno de los cuentos arquetípicos del autor, precisamente titulado El viajero perdido, tenemos la impresión de que los elementos que ambientan la aparición del personaje, el extravío, la contingencia de su situación, la lluvia que lo oscurece y una búsqueda angustiada, adensan la atmósfera de una incertidumbre irreal, casi podríamos decir que también metafísica.

¿Quién demonios es este viajero desolado, sin destino predecible, que se perdió estando de paso con su pequeña maleta en la mano derecha y en la otra una bolsa de lona?

Cualquier lector avisado en seguida sospecha del carácter fantasmal de este ser de expresión despavorida que deambula por una ciudad desconocida, un hombre atemorizado que vaga por una ciudad que no conoce. Pero la sospecha no está bien orientada, lo fantasmal no deja de ser un recurso de conveniencia para que el lector alivie su propio desasosiego y pueda desentenderse del asunto, lo que Merino no va a consentir.

Entre el viajero y el lector hay alguien que escribe o quiere escribir un cuento, con impensables resquemores y vicisitudes y al que, según nos percatamos, le suceden y van a suceder cosas imprevistas, en un hilo de extrañas incitaciones y hostilidades, como si el viajero fuese, entre otras cosas impensables, un intermediario que desde alguna orilla oscura desordena lo que que como personaje expande y le compete.

Desordena, por ejemplo, la propia realidad, hasta la doméstica y conyugal, hasta la que pudiera ser el resquicio de lucidez desde donde el escritor, un trasunto del Merino que en lo imaginario asume sus zozobras con inquietante desvelo, cuenta y recuenta, escribe, descubre y administra los estremecimientos.

Son muchas las ocasiones en que Merino nos ha ofrecido textos donde el misterio de la composición imaginaria, lo cierto y lo incierto, lo vivido y lo soñado, lo trivial y lo extraño, procrean los sustratos de una aventura creadora, la de la ficción propiamente dicha. Una aventura que tiene en sí misma cargas de profundidad impregnadas de asechanzas y riesgos, inadvertidos desvelamientos de lo que proviene de lo más umbrío y aflora, en la escritura, como materia de esa fascinante oscuridad.

No en vano es Merino el gran renovador de lo fantástico en nuestra literatura contemporánea, y quien con mayor hondura y asiduidad nos ha dado pistas, desde la invención misma de tantos de sus relatos y novelas, de ese ímpetu de lo misterioso e irracional como resorte de un grado muy importante de la imaginación, como si fuese dueño de una extraordinaria capacidad didáctica para explicar lo inexplicable o, al menos, para iluminar en lo posible el friso de las irrealidades de la realidad.

EL viajero perdido es, además de una pieza maestra, un cuento inquietante. Un fábula sobre las zozobras de la ficción, de quienes en ella se ven apresados por los inesperados restallidos de la imaginación, propensos a que el progresivo desánimo de los imprescindibles descubrimientos les lleven a la consideración implacable de la propia soledad.

Pocas imágenes más simbólicas y patéticas que las del viajero perdido, como trasunto de la propia perdición de quien escribe, de la soledad en que el acto de la creación se suscita, cuando no hay otro amparo que el que encamina las propias decisiones, sabiendo que escribir es descubrir, que la única alternativa de la escritura es la escritura. La soledad de un viaje apasionante. La soledad del viajero. Y como sucede en este maravilloso cuento la sensación extremadamente compartida del escritor y el personaje, de quien se remueve en lo real contaminado por la zozobra de la irrealidad, la materia siempre misteriosa de lo imaginario.


Luis Mateo Díez

(Villablino, León, 21 de septiembre de 1942) es un escritor y académico español. Tras trabajar durante algunos años en el grupo empresarial familiar, obtuvo plaza como funcionario, en 1969, convirtiéndose en jefe del servicio de documentación jurídica del Ayuntamiento de Madrid. Un año después solicitó la excedencia para convertirse en director general de Editorial Anagrama, recién fundada, de la que fue además consejero delegado hasta 1984. Es miembro de la Real Academia Española: elegido el 22 de junio de 2000, tomó posesión el 20 de mayo de 2001. Su primer libro de cuentos, Memorial de hierbas, apareció en 1973. Publicó luego las novelas Las estaciones provinciales (1982), La Fuente de la Edad (1986), con la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica, Apócrifo del clavel y la espina (1988), Las horas completas (1990), El expediente del náufrago (1992), Camino de perdición (1995), La mirada del alma (1997), El paraíso de los mortales (1998), Días del Desván (1999), Fantasmas del invierno (2004) y las fábulas reunidas en El diablo meridiano (2001) y en El eco de las bodas (2003), así como los libros de relatos Brasas de agosto (1989) y Los males menores (1993). Con La ruina del cielo (2000) obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. Es patrono de honor de la Fundación de la Lengua Española.

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José María Merino

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Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

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El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

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Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

Héctor Abad Faciolince

Vivir en otra lengua

Esther Andradi

Los huéspedes

Rubén Sánchez Trigos

Invisible

Paul Auster

De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

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Una mirada diversa

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La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

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Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

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La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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