OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

Logotipo de la revista OtroLunes
Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
otrolunes.com >> Sumario >> Unos Escriben

La turba oscura

 

Manuel Longares

El afán de notoriedad me condujo al Tíbet en las vacaciones de fin de año y de modo fortuito me rompí una pierna. Regresé a Madrid en una silla de ruedas que me impedía circular por la ciudad dinámica de los constructores de zanjas. Durante un par de meses, viví preso en mi apartamento de sesenta metros cuadrados. En ese periodo de invalidez, en el que la sanidad pública me prestó unas muletas y la solidaridad privada me recomendó exvotos del Santo Niño del Remedio, recordé con cariño al guía de mi excursión, un oriental que me llegaba a la cintura y más delgado que un fideo, pero de corazón grande: sin un mal gesto ni asomo de fatiga, me trasladó en sus brazos por el aeropuerto hasta el interior del avión que me devolvía a España y, tras tumbarme con delicadeza en un asiento de clase turista, sonrió.

Tengo treinta y cinco años, soy diplomado en estética y no he conocido una sonrisa igual a esa. Una sonrisa complacida de mostrar sus dientes exactos, uniformes y radiantes. Como el fulgor del sol en la nieve me deslumbraba su boca rasgada, cuando al mismo tiempo que engordaban sus mofletes, sus ojos se convertían en una ranura y sus diminutas orejas se erguían pizpiretas antes de doblarse en una reverencia. Una maravilla expresiva que ennoblecía su figura raquítica y tras la que se agazapaba un samaritano indestructible. Pues no olvido que en los días posteriores al accidente y para inyectarme optimismo, el asiático empleaba a todas horas una frase que yo le había presentado como típica de Madrid, esa de "no pasa nada", que vertía en mi oído con ostentoso silbido de la fricativa, como si un ratoncito rebanase una plancha de metal.

Por cuanto llevo dicho, no necesité forzar mi memoria aquella mañana en que, a punto de dirigirme al centro de rehabilitación, repicó el teléfono. Esperaba la convocatoria de José María Merino para el almuerzo de la peña, mas no percibí su vozarrón cordial, sino un sibilino deslizarse de fricativas."Coladito", reconocí gozoso. Llamaba con este mote a mi ángel del Tíbet en la imposibilidad de reproducir su nombre, trufado de bilabiales, y me emocionó que desde tan lejanas tierras se interesara por mi mala pata. Pero Coladito no estaba donde yo suponía, sino en la capital de España. Nuestras autoridades le habían traído para que, con vistas a merecer la candidatura olímpica, nos enseñara a movernos entre socavones -¡el gran Madrid del altibajo!-, y se hospedaba en una pensión de la calle del Oso donde me dijo haber probado los mejores salmonetes del mundo. Y aquí sus fricativas, estimuladas por la gratitud gastronómica, atronaron.

Soy madrileño, de ese barrio del Refugio que tan bien conoce Merino, así que me personé donde Coladito para enseñarle a comer. Lo tomé de la mano como a un hijo y en el rincón de mi bar predilecto -donde el hombre difícilmente sacaba la cabeza en el mar de cáscaras de gambas y conchas de mejillones- lo enfrenté a una caña bien tirada y a una tapa de alubias. Se hubiera arrojado al metro si se lo propongo, ya que vació el cuenco de judías y el vaso de cerveza con la fe de un legionario de Cristo. Inmediatamente, se afiló su nariz, oscilaron sus orejas y se redujeron sus ojos. Un seísmo vertebral hizo crujir su osamenta y arqueó su caña pensante. Pero aguantó sin perder la sonrisa la mezcla de lúpulo y pochas y, cuando sus carrillos dejaron de temblar, emitio la fricativa. No pasaba nada, y Coladito estaba dispuesto a agotar las doradas reservas del señor Mahou y su cortejo alimenticio.

Sonó entonces la charanga y nos asomamos a la puerta del establecimiento. Por la calle del Amparo desfilaban los abanderados de la gaviota articulando oclusivas. Como niños con zapatos nuevos lucían sus regalos de trajes y relojes y sus fajos de billetes de cincuenta. Todos amenazaban con un correazo a quien se atreviera a exigirles el reintegro de sus sobornos. "Infame turba de oscuras aves", recité, y mi instinto estético suplicó a Coladito: "Llévatelos". Coladito debio comprender que, contra lo que le había enseñado a decir, algo pasaba en esta ciudad sin ley. Con impecable rechinar de fricativas se puso al frente de aquella tropa de flamencos y con su sabiduría tibetana les orientó por las simas y cordilleras de nuestra ondulación con semáforos. Los perdí de vista cuando se encaminaban al vertedero de Valdemingómez. Nuestro cielo purísimo estaba como manchado y nunca agradeceríamos bastante la contribución de Coladito para despejar la atmósfera.


Manuel Longares

Nació en el mes de agosto de 1943 en Madrid. Estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, se tituló en Periodismo por la Escuela Oficial y cursó estudios de Filología Hispánica. Como periodista trabajó en varias publicaciones, como El Europeo, Nuevo Diario, Diario 16 o Cambio 16. Fue redactor jefe de los suplementos literarios de El Mundo y de El Sol. Durante más de dos años (2001-2003) colaboró semanalmente como articulista en la sección de "Madrid" del diario El País. En 2004 recibió el Premio de Periodismo Mesonero Romanos por sus colaboraciones en El País, y en 2008, ha recibido el Premio de Narrativa Ramón Gómez de la Serna por "Nuestra Epopeya". Ha publicado las novelas: La novela del corsé (1979), Soldaditos de Pavía (1984) y Operación Primavera (1992) –que constituyen el ciclo titulado «La vida de la letra»--, No puedo vivir sin ti (1995), Romanticismo (2001), que fue Premio Nacional de la Crítica y finalista del Premio Nacional de Narrativa, y Nuestra Epopeya (2006). También ha publicado los libros de relatos, Extravíos (1999) y La ciudad sentida (2007). Ha traducido el libro de sonetos de J. V. Foix Sol, i de dol (Solo y dolido, 1993).

Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

José María Merino

Fotografía

Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

Héctor Abad Faciolince

Vivir en otra lengua

Esther Andradi

Los huéspedes

Rubén Sánchez Trigos

Invisible

Paul Auster

De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

Última función

Marcelo Uribe

La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

Skype MeT!
OtroLunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com
  • Icono de XHTML 1.1 Válido
  • Icono de CSS 2.1 Válido
  • Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • Conforme WCAG 1.0 Nivel AA - Revisado con HERA.
  • TAW. Nivel doble A. WCAG 1.0 WAI

Web optimazada para resoluciones de 800 x 600 píxeles o superiores y para los navegadores: Firefox 2, Internet Explorer 6 y 7, Opera 9 y Netscape 8.1 para PC y Firefox para Mac.