OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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La poética de José María Merino

 

Germán Gullón

Pocos autores de ficción se atreven a enunciar  su propia poética. La mayoría suelen seguir la costumbre bien arraigada entre nosotros de dejar que la crítica adivine sus ideas al respecto. José María Merino ha sido una excepción, tanto en sus escritos como en sus conferencias, donde siempre deja claro qué es para él la literatura, y la importancia que desempeña la imaginación, por poner un ejemplo, en sus creaciones. Es un acto de valentía y además uno de importancia simbólica para los críticos y narradores contemporáneos, pues indica con enorme convicción sus propósitos, que nunca coinciden con los señalados por la crítica aficionada a hacer de aduanera del gusto. En las páginas que siguen tomaré el discurso pronunciado por Merino con motivo de su entrada en la Real Academia española, Ficción de verdad,1 al que intentaré poner en el contexto de la narrativa española actual.

Para quienes nos iniciamos en el estudio de la literatura guiados por profesores como Fernando Lázaro Carreter y Ricardo Senabre, hay una crítica literaria de novela, de hecho la predominante en el panorama español, que nos ha sido totalmente ajena, la que ha llevado a cabo una defensa a ultranza del texto como una realidad puramente inventada. Sus paladines  recurren con frecuencia a frases como ‘aquí encontramos  literatura pura y dura’, pronunciamiento que blanden a modo de enseña para enfrentarse a la literatura de corte realista del presente, de la que, según tales aduaneros,  emana un fuerte olor a garbanzos, y que cuando se trata de degradar aún más se la denomina costumbrista. Curiosamente, Merino, al igual que sus íntimos amigos, Luis Mateo Díez y Juan Pedro Aparicio, son clasificados desde esa perspectiva de  humanismo radical dentro de la corriente de literatos idealistas que situamos dentro del modernismo, no el del color azul y los cisnes, sino el modernismo europeo del primer cuarto del siglo XX, de Proust, por citar un autor, es decir, los colocan junto a quienes  postergan la realidad palpable, cotidiana, como fuente de inspiración creativa. Como si tal cosa fuera posible. Quienes hemos leído y escuchado conferencias de Merino sabemos de su sempiterna defensa del carácter mítico de la literatura, pero que tampoco deja de mencionar entre sus maestros literarios a nuestros Benito Pérez Galdós o Leopoldo Alas Clarín, lo que en principio parece disonar de otras ideas suyas. A deshacer este entuerto o supuesta disonancia, y valiéndome de lo dicho por Merino en su discurso, dedico las siguientes páginas.

El discurso de Merino es iluminador por diversas razones, y no es la menor el que la explicación de sus ideas sobre la ficción vienen acompañadas de un ejemplo, de cómo se crea un cuento. Paso a paso, Merino nos va relatando el proceso creador de una sugerente historia. Lo que en el título denomino poética bien podría pensarse como modernista, por diferentes aspectos de la misma que vienen enunciados, y que son 100% modernistas en el sentido más puro. Pero como digo hay algo más.

 

El territorio Merino

Una conversación con el autor  trasmite enseguida la riqueza de una mente curiosa por todo lo humano, de una persona que posee un verdadero arsenal de experiencias, adquiridas por una infinita curiosidad y dotadas de significado por una potente inteligencia. Su verbo las envuelve de un calor y entusiasmo muy Merino. Por ello, a nadie sorprenderá que el discurso comience aludiendo a las connotaciones que la palabra M, la del sillón que le corresponde en docta casa, siendo la principal que coincide con la de su apellido y de palabras tan significativas como “madre y música, pasando por madurez, magia, manantial, mar, melancolía, memoria, mestizaje, metamorfosis, montaña, mito o muerte, hacen resonar para mí un eco singular en la literatura y en la vida. ¿Puedo decir más en el campo de lo simbólico? (p. 10) Así sabe acotar Merino su territorio, uno en que las palabras ocultan su verdad anudada por un símbolo.

Unas pocas páginas después leemos esta frase que viene en letra bastardilla: No fue el ser humano quien inventó la ficción, sino la ficción lo que inventó al ser humano” (p. 16). Aquí claramente vemos que se revela heredero, partícipe de una de las premisas del modernismo literario, y que a los españoles no deja de recordarnos a Miguel de Unamuno, quizás incluso a su novela Niebla (1914), donde una frase similar no desdeciría de otras que allí  encontramos. Esta aparente paradoja tiene mucho que ver con la lectura, pues viene a decir que el hombre al leerse en la ficción aprendió a conocerse, a descubrir los lados en sombra de su persona, de su personalidad.

Otra frase igualmente reveladora es: “la ficción siempre es un camino distinto del de la pura crónica y no pretende adscribirse a la mentira o a la verdad, porque la buena ficción siempre resulta una revelación, mediante lo simbólico, de lo que la realidad esconde.” (p. 19) De nuevo, la coherencia de su pensamiento se muestra en que no habla de vedad o invención, sino de encontrar lo simbólico de la realidad allá donde se esconda. Vemos, pues, que Merino toma la ficción y como si fuera un reloj de arena lo da la vuelta. No es el hombre el que crea la ficción, sino al revés. Y el autor es un buscador de sentidos allí donde se hallan agazapados.  Y añade inmediatamente algo especialmente significativo, “la ficción narrativa  como la poesía, hay que sentirla” (p. 19), que viene a situarlo en la órbita del modernismo, la de relacionar la ficción con la poesía, a aceptar ese legado de la novela modernista, que en efecto absorbió a la poesía en un texto de prosa, como magistralmente muestran las prosas de José Martí, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez (Platero y yo) y Ramón María del Valle-Inclán (las Sonatas).

Por eso, en “la ficción, desde aquellas primitivas historias orales hasta las sujetas a los diversos requerimientos de la Literatura, está la historia más segura de nuestros sueños. (p. 25). El sueño y la poesía, nos confirma, vienen a ayudar a mostrar esa cara oscura de la realidad creada por Merino.

Ahora, hay un elemento esencial de su poética (de Luis Mateo Díez, de Juan Pedro Aparicio2) que complementa esta vertiente que a falta de mor denominación llamo modernista, que es la realista. Demasiados críticos, como ya apunté no han entendido que la evolución del género no ha prescindido en ningún momento de los grandes hitos de la narrativa, como puede ser Galdós o Clarín, y no prescinde porque no hace falta. Defender una manera de escribir novelas, que prefiere, como en el caso de Merino, desvelarnos lo que el mito, el sueño, la poesía, la sensibilidad, puede descubrí en la realidad no significa que el componente realista desaparezca. Cito al autor leonés: “las hermanas Brontë, Dickens y Thomas Hardy; Pushkin, Chéjov y Tolstói; Balzac, Stendhal y Zola; Emilia Pardo Bazán, Clarín y Galdós nos muestran, a través de sus ficciones, unos panoramas sociales y familiares, urbanos y rurales, inmediatamente accesibles, más allá de las estadísticas y de las reseñas puramente históricas, con las claves certera de la urdimbre social  y del componente moral. Porque la novela, la ficción, la verdad poética de la literatura desentraña la realidad de una forma que, por muy imperfecta que pueda ser, jamás podrá llevar a cabo el estudio más refinado de los puros datos y de los meros hechos, (p, 28). ¿Cómo se explica esto?

Muy sencillo, y Thomas Pavel acude en nuestra ayuda.3 Los destacados escritores realistas saben presentar la realidad desfamiliarizada. Cuando leemos un texto de Galdós no encontramos allí la realidad tal cual es, sino que los verdaderos autores le saben dar un giro, hacerlas extrañas, para podamos hallar los recovecos en sombra, donde yacen. Así, como hace Merino, el realismo viene a sumarse al modernismo, y la ficción a adquirir ese carácter que tan bien describe, “una forma exclusiva de verdad” (p. 47).

La novela, que cada día se revela más difícil de definir, cuando se manifiesta en las páginas de un buen narrador siempre sabe sumar, aprovecharse la excelsa trayectoria del género, aunque, por supuesto, siguiendo la propia preferencia, como hace Merino.

 

Notas del artículo:

1.- Madrid: Imprenta T.G.Vigor, 2009.

2.- Los tres son admiradores de la narrativa española del XIX. Juan Pedro Aparicio ha dejado recientemente  testimonio de aprecio en un excelente artículo, “Benito Pérez  Galdós, Un voluntario realista. Episodios nacionales”, en Revista de Libros, 139-140, julio-agosto, 2008.

3.- Me refiero al libro de Thomas Pavel, Representar la existencia, Barcelona, Crítica, 2005.


Germán Gullón

Es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Amsterdam e investigador en el Amsterdam School for Cultural Analysis. Ha sido Presidente de la Asociación Internacional de Galdosistas. Ejerce además como crítico literario en El cultural del diario El mundo, y como miembro y secretario del jurado del premio Nadal (2000-2009). Sus tres últimos libros de ensayo son Los mercaderes en templo de la literatura (2004), La modernidad silenciada: La cultura española en torno a 1900 (2006), y Una venus mutilada: La crítica literaria en la España actual (2008). Ha publicado también numerosas ediciones de Galdós , entre otras,  Miau, Tristana, Doña Perfecta, La desheredada, y Cuentos de Galdós . Las dos últimas ediciones han sido El 19 de marzo y el 2 de mayo (Biblioteca Nueva, 2008) y Fortunata y Jacinta (Espasa Calpe, 2008). Ha prologado asimismo textos galdosianos como La Fontana de Oro y Torquemada en la hoguera. Completa su perfil crítico y académico su faceta  como creador, pues es autor de una novela Querida hija (Destino, 2000) y dos libros de cuentos Adios, Helena de Troya (Destino, 1997) y Azulete (Destino(2000).

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Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

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Volar y Casting

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Relatos

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Fragmento de Novela

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Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

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Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

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Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

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Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

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Vivir en otra lengua

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De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

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Última función

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La casa que habitaste

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A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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