

Cuando uno es joven tiene que leer a los muertos y dejar que ellos le ayuden. Porque vamos a hablar de José María Merino quizá el escritor vivo que más admiro, el que yo hubiera querido ser, al que quisiera parecerme, la influencia que quiero tener. Por eso llamo en mi ayuda a los maestros muertos para que me ayuden a aclarar algo del resplandor que Merino arroja sobre nuestras letras. William Butler Yeats afirmaba que la disyuntiva de un hombre siempre es “O la vida perfecta o la perfecta obra” Y Somerset Maugham aseveró:
“Uno no es el escritor que quiere ser sino el escritor que es” Pues bien José María Merino contradice a sus dos ilustres precedecesores. Por una parte la vida y la obra de Merino no son parte de una disyuntiva sino de un único camino. Todos los que le conocen, es decir los que le han leído, saben que la pasión por la literatura es para él un modo de vida y la vida un medio para el descubrimiento literario. No hay contradicción: su vida es su obra perfecta y su obra su estilo de vida. No habrá quizá en España defensor más puro de la ficción. En su discurso de ingreso a la Academia afirmaba Merino que “No fue el ser humano quien inventó la ficción, sino la ficción la que inventó al ser humano”.
Una aseveración que sitúa a nuestro hombre como el filosofo que es, aunque ya sea reconocido como poeta, crítico literario, cuentista, novelista y el mejor cultivador del microrelato en nuestro país.
Merino sitúa a la ficción por encima de la vida porque para él sin ficción no hay vida.
Tal y como dice Somerset Maugham todos somos no el escritor que queremos ser sino el que la suma de nuestras cualidades y gustos nos obligan a ser, de este modo yo querría ser José María Merino pero estoy encerrada en el reducido a cuyas paredes llaman Eugenia Rico, y sin embargo estoy segura de que José María Merino es el escritor que siempre quiso ser, el escritor que es, en el sentido pleno del ser que tiene la palabra en boca de Yahvé en medio de la zarza ardiente y en boca de José María Merino en su discurso de ingreso a la Real Academia Española de la Lengua: estilista feroz, místico del lenguaje, creador y recreador de mitos. Palabra necesaria y palabra justa. Ornato modernista y mesura conceptista. Escritor de nuestro nuevo siglo de Oro Leones que traza el puente entre la rica tradición oral del Filandón y el tesoro de la erudición literaria. Gracias a Merino he descubierto no pocos textos ocultos de nuestras letras. Y muchos de los más hermosos eran suyos. Merino fue cuentista cuando no se llevaba, novelista cuándo se llevaba más ser cuentista, buscador siempre y descubridor de tesoros escondidos en los diccionarios. En él no hay divorcio entre palabra y verdad. La palabra merinense es palabra porque es verdad. Y palabra y verdad necesarias porque en estos tiempos de culto a la basura literaria, de literatura “light”, de literatura “de usar y tirar”, la de Merino es palabra en el tiempo y es capaz de detenerlo, de amaestrarlo y de devolvernos la fe en la ficción y en su poder para transformar quizá no el mundo pero sí nuestro mundo. Necesitamos a José María Merino para que la experimentación no cese y nuestra literatura recupere ese papel de líder artístico de las vanguardias que siempre tuvo y que ahora intentan disputarle en nombre de un falso concepto de modernidad. Escritores necesarios no hay tantos: Merino lo es y su ficción de verdad es indispensable para cualquier escritor del S.XXI. Adéntrense en el Territorio Merino donde la literatura fantástica por fin haya la armonía con el realismo castellano, donde los verbos tienen los ojos azules y el final de una frase es el comienzo de una historia. La vida es más fácil en el Territorio Merino: en esa aventura de los sustantivos en la que me gustaría que me encuentren si me pierdo.
![]() |
Ha sido escogida por la Revista Leer, El cultural y el Periódico de Catalunya como la novelista fundamental de su generación. Ángel Basanta la ha consagrado como la creadora en España de un nuevo género de novela. Colaboradora de El País y la Revista de Occidente y ganadora de importantes Premios Literarioscomo el Azorín con La muerte blanca o el Ateneo de Sevilla con El otoño alemán. Su última novela es Aunque seamos malditas.