"La violencia de una y otra manera, siempre nos ha rondado."

Entrevista exclusiva para OtroLunes

Dossier
Por Amir Valle

francisco-alejandro-mendez-entrevista-dossier-otrolunes33A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Francisco Alejandro Méndez? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Francisco Alejandro Méndez, el ser humano y Francisco Alejandro Méndez, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

El ser humano: 

Me he identificado con la frase de Terencio al respecto de soy humano y nada de lo humano me es ajeno, aunque siempre agrego: soy urbano y nada de lo urbano me es ajeno. Nací en la ciudad de Guatemala un 27 de noviembre. Tuve una infancia muy linda, mis padres muy jóvenes se casaron (con apenas 17), luego vino una lista de cuatro hermanos más. Crecí en la casa de mi abuelo paterno, quien había muerto dos años antes de que yo naciera. La casa estaba repleta de libros. Él era escritor, poeta y periodista. Me pusieron su nombre, pues tras nacer, acercaron los anteojos a mi cara y allí vino el Francisco. Desde joven comencé a practicar deporte. Fui seleccionado nacional de tenis de mesa y campeón centroamericano juvenil de ese deporte. También fui deportista del año. Más adelante practiqué triatlón y un poco de ajedrez. Uno de mis amigos más importantes de la infancia, Alfonso, falleció en un accidente aéreo en el que yo también iba a viajar.

También desde pequeño tuve mucha relación con los animales, pero, en general con los perros. Recuerdo que tuve una colección de tarántulas, que le provocaron alteraciones cardiacas a mi abuela. Más adelante tuve perros como mascotas, que hasta la fecha me han acompañado. Creo que mi relación con los perros es mejor que la que tengo con los seres humanos.

Me casé a los 28, tras muchos años y con un saldo de dos hermosas niñas: Matilde Alejandra (9 años) y Valentina (6). Luego me separé y en la actualidad, mi mujer es Ana María Chavarría, quien tiene una linda chica de 14 años, Mariana, quien también es una de mis hijas.

La vida de padre me cambió la vida, me hizo volver a creer en el ser humano, pues he crecido en un país, que vivió una guerra de 36 años, en el que más de 250 mil personas perdieron la vida.

Mi profesión ha sido la de periodista, para subsistir. Comencé en 1989, en el diario Siglo Veintiuno, en la sección cultural y respondiendo los correos para Querida Lupita, Correo de Parejas y muchas veces, elaborando el horóscopo.

En 1999 emprendí un viaje hacia Costa Rica, que durante 4 o 5 años me dejó un saldo de una maestría y un doctorado en estudios y en literatura de América Central. Más adelante estudié en Estados Unidos, un post en la Universidad de Louisville, donde estudié una especialización en el 2009.

Comencé en Costa Rica a ejercer la docencia, la cual hasta la fecha realizo en tres universidades de Guatemala y una de El Salvador.

También soy Editor de Cultura en la revista Crónica.

Algo que quiero agregar es que las enfermedades raras siempre me han acompañado, como por ejemplo, de pequeño me dio sarampión negro. Tengo gota desde los 15 y un padecimiento cardiaco, que me ha dejado dos trombosis y dos embolias pulmonares.

 

El escritor: 

francisco-alejandro-mendez-entrevista-10-dossier-otrolunes33

En los años 80, cuando también quiso ser deportista.

Comencé a escribir a los 17 años. Como conté anteriormente, me llamo como mi abuelo. En la biblioteca de la casa descubrí libros firmados para él, de autores como Neruda, Ibarboru, Barba Jacob, entre otros. Supe que mi abuelo había muerto de leucemia muy joven (a los 53), por lo que erróneamente comencé a “terminar” su supuesta obra “inconclusa.

Menos mal eso no fue así, pues comencé a escribir cuentos de deportistas, mientras practicaba el tenis de mesa. También inicié a devorar libros, recuerdo la autobiografía de Muhamed Alí, que realmente me impresionó, cuando yo tenía 19 años.

Siendo burócrata me dediqué a escribir mi primer libro de cuentos, que publiqué en 1991. De allí en adelante no he dejado de escribir nunca. Sentí mucha pasión por los cuentos, hasta que en mi primer viaje por Europa, en España, cuando uno de mis cuentos fue incluido en la antología de Líneas Aéreas, conocí autores a lo que comprendí a partir de sus novelas. Por eso, tras regresar de ese viaje, comencé a escribir la que es mi primera novela Completamente Inmaculada.

Más adelante, cuando estudiaba en Costa Rica y tras leer las obras completas de Henning Mankell decidí crear a mi comisario Wenceslao Pérez Chanán quien me acompaña diariamente en las madrugadas y me hace el favor de resolver casos protagonizados por él.

 

Guatemala como bendición y condena. ¿Qué ha significado para el escritor que eres vivir en un país que está, según aseguran algunos estudiosos, en uno de los agujeros negros del mundo, es decir, esos sitios que existen pero que suelen tener poco impacto en el resto del mundo, a pesar de la fuerte tradición histórica y cultural de esa región antiguamente tan importante en América? ¿En qué sentidos te alimenta o te asfixia el simple hecho de haber nacido en Guatemala?

Como dice Luis Cardoza y Aragón: nací guatemalteco… Para muchos es una maldición haber nacido en este país en el que los ateos creen en dios. Es un país, como dijo el poeta Otto René Castillo: Hermoso y horrendo. Pues siempre estamos viviendo en el filo de la navaja. Contrariamente, me parece, para un escritor, vivir o sobrevivir en un país en el que asesinan y descuartizan de 27 a 30 personas diarias, es un insumo para su arte. Un país en el que matan a 1000 mujeres al año y muchos niños se mueren de hambre. Creo que el ser escritor en un país como este, es parte de que la realidad te dicte mucho de lo que se produce. Tenemos una de las cifras más altas de analfabetismo y un Premio Nobel de Literatura; uno de los países donde más se violan los derechos humanos y un Premio Nobel de la Paz. Es un país de contrastes, que, al final de cuentas te alimenta.

Sin embargo, también te encasilla, pues muchos consideran que con el hecho de nacer en Guatemala, tenías que escribir de la guerra y de la temática indígena, por ser un país con mayoría de indígenas. Eso ha hecho que mi literatura, que no trata directamente esos temas,  muchas veces sea rechazada o ignorada, debido a que no forma parte de lo que se produce tradicionalmente.

 

Se impone una pregunta socorrida, pero siempre necesaria en el caso de los creadores: ¿cuándo, dónde y en qué circunstancias de tu vida fuiste picado por, como se dice allá en nuestras tierras, “el bichito de la creación”?
Francisco Méndez (El Quiché, 1907 - Ciudad de Guatemala, 1962)

Francisco Méndez (El Quiché, 1907 – Ciudad de Guatemala, 1962)

La influencia de mi abuelo fue fundamental. Llamarme como él y ejercer el periodismo al principio fue como básico. Menos mal me fui alejando de ello. Por otro lado, descubrir libros tan hermosos y considerar que esos autores han creado obras de esos calibres, también me provocó que se me pararan las antenas de la creación.

 

Se dice que la lengua española es, literariamente y sobre todo, una lengua de cuentistas: ¿qué maestros te formaron en aquellos tiempos iniciales, vivos o de lecturas, y, también, a quiénes hoy lees con ese placer de saber que uno se está enriqueciendo otra vez con la obra de un maestro?

En el caso de los autores nacionales, pues Augusto Monterroso, José María López Valdizón, Luis Cardoza y Aragón, pero, también autores coloniales como Fray Bartolomé de las Casas.

De fuera, pues el boom, especialmente Cortázar, Bryce Echenique, Ribeyro.

Con el tiempo, mis escritores de cabecera son Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Gorge Simenon. De Cuba siento un profundo respeto y me he leído su obra completa, por Alejo Carpentier y por supuesto Reynaldo Arenas.

 

***** 

Parte 1

De Guatemala a Guatepeor

 

francisco-alejandro-mendez-entrevista-1-dossier-otrolunes33

 El título de esta parte de la entrevista refiere a un dicho de nuestra lengua que implica, lamentablemente, el reconocimiento de la existencia desde tiempos muy remotos de la violencia. He leído en muchos estudios esa tesis: la  violencia centroamericana de hoy tiene sus raíces en aquellos tiempos en que aún no habíamos sido descubiertos. La violencia como herencia y esencia. ¿Qué crees de esa tesis?

Evidentemente somos una sociedad con una violencia mayor o similar a los países que nos son vecinos, como México, Honduras y El Salvador.

Los pueblos mayas o descendientes de ellos vivían en constantes luchas; la Conquista, pues fue violenta y genocida; la guerra civil que se vivió entre 1960 y 1996, fue de las más cruentas del siglo XX y hoy día, la violencia es tal que, como expliqué matan 30 guatemaltecos diarios por violencia.

Eso ofrece una respuesta de carácter histórico. La violencia de una y otra manera, siempre nos ha rondado.

 

La pregunta anterior tenía un claro objetivo: irte empujando hacia el reflejo de esa violencia en la Cultura, así, con mayúsculas. Me gustaría que respondieras esta pregunta en dos partes, ¿cómo crees que se manifiesta esa violencia como modus vivendi en la literatura guatemalteca primero y, después, en tu propia obra?

francisco-alejandro-mendez-entrevista-7-dossier-otrolunes33Cuando uno lee a autores como Mario Roberto Morales, Marco Antonio Flores, Dante Liano o Arturo Arias, entre otros. Esa violencia se refleja de varias maneras, creo que una de ellas es el humor negro, pues cuando ha existido un ejército que realiza más de 400 masacres en las que matan pueblos enteros, la literatura de ellos, ofrece parte de lo que ocurría, de una manera específica, pues muchos de ellos enfocan su obra en la temática de la guerrilla urbana. Sin embargo, en el testimonio, como pasa en el caso de Rigoberta Menchú, Mario Payeras, Ricardo Falla, entre otros, sí aparece esa violencia.

En mi obra existe la violencia, quizá no esa violencia de la guerra, aunque en una ocasión publiqué un libro que se llama Manual para desaparecer.

Sí existe violencia en mis relatos, muchas veces es dirigida hacia la mujer y en otras es el espacio violento en el que transcurren mis personajes. No es la ideológica, sino el marco de fondo en el que vivimos los guatemaltecos. En un país donde te matan por un celular o te extorsionan con una cabeza humana. Entonces en mis relatos o en mis novelas se ve ese discurso, pero disfrazado, quizá de diferentes maneras.

 

Me gusta preguntarle a los escritores su opinión sobre algo que todos sufrimos y contra lo cual, en mi opinión, no tenemos la mínima posibilidad de ganar: vivimos supuestamente en la “era de la comunicación” y, sin embargo, cada vez los escritores de un país y otro vivimos más aislados en nuestros propios feudos pues puede ser cierto que ahora nos enteramos más rápido de lo que se publica por esos mundos, pero de ahí a leernos, a conocernos, va un trecho muy largo y lleno de riscos. ¿Cuáles crees que son los mayores problemas que impiden esa comunicación?

Que vivimos precisamente en islas en las que, a pesar de la mediatización que existe, no tenemos acceso para comunicarnos. Leemos algunos textos que cruzan el charco, pero hace falta más políticas de publicaciones, de autores, de esta generación, pues hay que ganar un premio para ser publicado en las grandes editoriales o ser excéntrico para llamar la atención, porque eso vende.

A pesar de que ya se puede comprar virtualmente y está el PDF, es muy difícil que exista una comunicación abierta. Creo que espacios como esta revista, algunos congresos, encuentros, antologías pueden lograr ese acercamiento.

Por otro lado, creo que muchos de quienes escribimos desde la América Central no tenemos esas preocupaciones (por ahora) de agentes literarios de estar al día de los cánones de Europa para producir. Todavía existe cierta candidez, que afortunadamente nos salva.

 

Esta es una pregunta que me gusta hacer a todos los escritores latinoamericanos que entrevisto: Los movimientos populistas, socialistas o, como se llamen, que se han desatado en esta parte del mundo en las dos últimas décadas, han permitido que renazca un fenómeno que conmovió al mundo cultural universal en los 60s: la lucha de la literatura comprometida (en cualquiera de los bandos del espectro social y político) vs la literatura (lamentablemente llamada en algunos países evasiva, burguesa y hasta contrarrevolucionaria o mercenaria). Es como si cobrara nuevas fuerzas el mítico debate entre Sartre y Camus de si el escritor, el artista, el intelectual debe estar comprometido o no con las luchas de su tiempo. ¿Cómo ves tú este regreso a ese dilema en el caso específico de Guatemala? ¿Con cuál de los dos extremos de ese debate te sientes más identificado?

Como dice Bryce Echenique: a los escritores comprometidos, les recomiendo que se casen…

Me parece que en todo caso, mi literatura ha sido marginada, especialmente por generaciones anteriores, por no poseer un tema “revolucionario” o no formar parte de ese canon. Por eso me encanta Reynaldo Arenas, pues fue un revolucionario dentro de lo que se planteaba en la revolución.

Recuerdo que cuando llegué a España en el 98, mi cuento Morgan, de un gato borracho que vive con un drogadicto, muchos autores de mi generación se identificaron. Me decían “pensé que el guatemalteco iba escribir de indígenas o de la lucha…” No, me parece que yo me siento identificado con un sentimiento de escribir, pues la escritura es una resistencia.

En Guatemala, todas esas generaciones, digamos que en términos literarios, agotaron el tema de la guerra. Como ciudadano y como académico debo enseñárselas a mis hijas o a mis estudiantes. Pero como escritor, quiero tener toda la libertad de hacer lo que me dé la gana. Por ejemplo, en mi país, la policía siempre ha sido enemiga del guatemalteco. Hemos tenido un policía represor, asesino y sin escrúpulos. El hecho que yo salga con Wenceslao, creo que es un reto, pues crear un héroe de ese tipo, en un país que ya de por sí la palabra es ofensiva, es un reto. Allí es donde la novela negra tiene mucho campo en mi país y no, como dicen algunos que no saben absolutamente nada del género, que expresan que como hay policía corrupta o no se resuelve el 80 por ciento de casos judiciales, no puede haber novela policial en Guatemala. La novela policial en mi país, es revolucionaria.

 

Ya que tú y yo fuimos testigos de aquel año en que nos quisieron designar como miembros de esa cosa horrorosa que llamaron “Baby Boom”, allá en Madrid, te hago la pregunta que lanzo mucho a varios colegas escritores: ¿qué opinas sobre esa aseveración que establece que después del boom, en materia literaria, no ha habido nada importante o de esa envergadura en Latinoamérica?
Junto a otros escritores latinoamericanos en Casa de las Américas, Madrid 1999.

Junto a otros escritores latinoamericanos en Casa de las Américas, Madrid 1999.

Me parece tan falso, como que el Boom ha sido lo más importante. Es lo que te decía anteriormente. Lo que pasa es que la crítica o la crítica sesgada pretendía que escribiéramos como lo hicieron ellos. Pero al no hacerlo, pues se desecha. Eso es algo verdaderamente absurdo. Me parece que muchos de estos escritores que participaron en esa antología, ocupan o son parte del canon en sus países y fuera de ellos. O en Estados Unidos, alguno son profesores, en Europa, hay muchos casos.

Si bien es cierto, no es una generación como fue el Boom, sí existen concordancias entre autores. Me parece que McOndo hizo mella en el ambiente literario. Yo no participé, pero, seguro, muchos de mis cuentos podrían haber estado, así como de los otros autores. La literatura fragmenta la realidad y los nacidos en los 60 para adelante, nos ha tocado una realidad distinta a la que vieron los que nacieron a principios del siglo XX.

De tal manera que claro que existen autores que ya son de la talla de estos antecesores o que ya los han rebasado.

 

Hemos hablado varias veces sobre la literatura guatemalteca, de la que eres, además, uno de sus estudiosos más serios (ahí está para demostrarlo tu Diccionario de Autores y Críticos de  Guatemala). Pero, refiriéndome al género que más has cultivado, el cuento, ¿podríamos hablar de un corpus literario del cuento guatemalteco? ¿Qué nombres sugerirías como esenciales para quien quiera buscar un acercamiento al género?

Autores ya fallecidos Francisco Méndez Escobar, José María López Valdizón, Ricardo Estrada, Mario Monteforte Toledo, Augusto Monterroso, Virgilio Rodríguez Macal, Marco Augusto Quiroa. En la actualidad, Víctor Muñoz, Estuardo Prado, Arnoldo Gálvez, Rodrigo Rey Rosa, Lorena Flores, Mildred Hernández, Vania Vargas, Carmen Matute, entre otros.

 

En otra entrevista, en video, te hice esta pregunta que quiero repetir: ¿a qué crees responde el hecho de que apenas se mencionen internacionalmente dos o tres nombres de escritores de tu país, si mirando tu Diccionario se nota la existencia de una literatura bastante extensa? Pienso, por ejemplo, que acá en Europa sólo se conoce a Rodrigo Rey Rosa y, más recientemente, a Eduardo Halfon, y da la “casualidad” de que ninguno de ellos reside en Guatemala.

Precisamente eso ocurre. Por un lado, creo que es un error de los propios guatemaltecos. No sé qué tanto han leído de literatura guatemalteca actual Halfon y Rey Rosa y no sé qué tanto ellos puedan dialogar sobre lo que se publica en nuestro país. Creo que tendrían que hacerlo, porque es como en el fútbol, cuando contratan a un jugador de un país, al rato, llaman a otro.

Sin embargo, la crítica literaria, tradicionalmente en Guatemala no se encarga de autores guatemaltecos. Se ha evitado o se estudia, muy poco a los ya muertos. Si revisamos las tesis de literatura, casi nadie se interesa por lo nacional, a menos que sea Asturias.

Por otro lado, la crítica internacional considera que debe ser mejor la literatura argentina, chilena o peruana, que la guatemalteca.

De hecho, si revisamos antologías de América Latina, aparecen 15 escritores sudamericanos y 2 centroamericanos. Es como que tenemos cuotas en el canon. La cuestión es que no se conocen o las editoriales locales, con excepciones no se encargan de circular libros. A pesar de que existe una crítica ya interesada en lo de adentro. Por ejemplo, la prensa europea da un espacio para Centroamérica, pero para autores sudamericanos o caribeños lo hace individual. Entonces eso crea una réplica en los lectores que ya les llega sesgado el canon.

Creo que para ser conocido, lamentablemente te tenés que mover. Entrar al juego de las nacionalizaciones o en todo caso, a las marginalidades. Hay quienes han ido a Europa más como militantes o dirigentes, que como escritores.

Siempre que se estudia la literatura de este país, creo que también pasa en otros países, como Cuba, se hace desde la que se escribe afuera y la que está dentro.

 

 *****

Parte 2

Francisco Alejandro Méndez, el escritor

francisco-alejandro-mendez-entrevista-2-dossier-otrolunes33

Con su esposa Ana María Chavarría.

 

 

Un cuento es un golpe al estómago que te deja sin aire, una novela depurada de ripios, una bofetada que paraliza, la esencia rezumada de un trauma humana, son definiciones de Hemingway, Cortázar, Benedetti y Rulfo . ¿Qué es para ti el cuento?

Es la posibilidad de sorprender brevemente, con una historia de ficción, a un lector dispuesto a no dejarse sorprender.

 

Tu narrativa es, podríamos decirlo, una narrativa de esa marginalidad en la que estamos hundidos, querrámoslo o no, casi todos los habitantes de nuestra América. Es la marginalidad, lo sé por experiencia, el mejor caldo de cultivo para las bajezas, los desgarramientos y las podredumbres humanas de las que nos alimentamos los escritores, pero ¿qué posibilidades consideras te ha ofrecido ese submundo narrado por ti en tus numerosos libros de cuentos?

francisco-alejandro-mendez-entrevista-4-dossier-otrolunes33Una posibilidad maravillosa para relatar el absurdo por el que atravesamos los centroamericanos. Más que lo maravilloso y mágico, es el absurdo en sí. Imaginate que hace un año, en Guatemala hubo en tres meses, 17 suicidas en un puente. Y sabés qué hizo el Gobierno: puso soldados para espantar a los suicidad. Escribí una columna en la que decía ficticiamente que si un suicida en potencia no hacía caso al soldado y salí corriendo a saltar al vacío, el soldado le disparaba por desobedecer…

El humor negro que sale de las tragedias cotidianas. Hace unos años hubo una tragedia en el Estadio Nacional Mateo Flores (que en realidad debería de llamarse Doroteo Guamuch). Murieron 80 personas. Al día siguiente propusieron cambiar el nombre del estadio por el de Maté ochenta. Es decir que el humor como resistencia, como un mecanismo de defensa.

 

 

Aunque algunos ilusos piensen lo contrario, la literatura está tan mal pagada que los escritores nos vemos obligados a buscarnos la vida con oficios tan asfixiantes como el periodismo y el magisterio. También es ése tu caso: eres periodista y profesor. ¿Se contraponen, se retroalimentan esos oficios y la literatura? ¿Cómo sería un día normal de trabajo de Francisco Alejandro Méndez?

También soy criador de perros.

Mi jornada comienza a las 7 de la mañana, de esa hora a las 10, soy profesor. Luego soy editor en la revista, hasta las 6 de la tarde. De las 7 a las 9 de la noche, vuelvo a ponerme el traje de catedrático. Y por la noche a conversar con mis perros. Escribo, generalmente entre 1 y 3 de la mañana, al menos cinco veces por semana. Los fines de semana, una vez al mes voy a dar clases a El Salvador y escribo mis columnas para Nuestro Diario. Entre tiempos leo, pues es una de mis pasiones.

 

La novela negra, ese género que ya se considera el cronista de nuestras sociedades decadentes, te ha seducido. Si ya tocabas esos temas tan propios de la novela negra en tus cuentos, ¿qué posibilidades expresivas nuevas viste en este género para lanzarte a cultivarlo?

francisco-alejandro-mendez-entrevista-5-dossier-otrolunes33Muchísimas. La verdad es que es un género casi virgen en mi tierra. Por lo que te conté en otra de las respuestas. Este género da para mucho y para tomarle el pulso a la sociedad. Precisamente, cuando asesinaron a monseñor Gerardi, un obispo que encabezó una investigación sobre violaciones durante la guerra, salieron varias novelas. Yo pensé ficcionalizar esa historia, pero a partir de otra metáfora y una investigación de mi detective. También sobre el narcotráfico, la corrupción en las altas esferas. La verdad es que hay mucho campo para hacerlo y como no es un país con esa tradición, creo que la estoy comenzando, junto a un par de autores más, en buena lid.

 

Otra pregunta que me gusta hacerle a los escritores que entrevisto: Cuando Flaubert dijo aquello de “Madame Bovary soy yo” hacía una clara referencia a que hay obras con las que uno se identifica tanto que llegan a ser parte de uno mismo. ¿Cuáles crees serían esas obras que podrían definirte como escritor?

Las de Rubem Fonseca, me encanta Antes que anochezca. Las novelas de Maigret, que tratado de leerlas todas. Me identifico con Arnaldur Indridason, el escritor islandés. Me encanta el creador de Kostas Jaritos, es decir Petros Márkaris. Son tanto los autores, cada vez que leo una novela que me apasione, me vuelvo yo también protagonista.

Finalmente, pregunta socorrida, pero siempre necesaria: ¿qué escribes actualmente?

Estoy puliendo 8 novelas que tengo terminadas de mi comisario. Este año, L’atinoir va a publicar el primer libro del comisario en francés y estoy muy entusiasmado con ello. Tengo varias novelas ya terminadas que quisiera poderlas publicar en editoriales de novela negra. Seguramente les va a encantar mi comisario. Tengo un libro de cuentos de Wenceslao y además, hay una novela histórica que estoy avanzando poco a poco. Quiero hacer una segunda edición de mi diccionario y publicar mi tesis de doctorado, que es sobre las primeras novelas o las novelas fundacionales de cada país de América Central.