Homenaje a Juan Pedro Aparicio

Del esperpento al mito, de lo fantástico y fabulístico como elementos subvertidores de la convención realista a la irónica sutileza de las intrigas policíacas, de la tentación mayúscula y “total” de la novela al destello circular del microrrelato principiándose y ultimándose a sí mismo cual gráfica serpiente emplumada de las simbologías ultramarinas, el escritor leonés Juan Pedro Aparicio ha recorrido las ficciones con temperamento de viajero inquieto y deslumbrado. Se ha adentrado en casi todas sus posibilidades, hasta hacerlas inequívocamente suyas con talento, honestidad y valor. Leer más…

Juan Pedro Aparicio, en movimiento

Como el poeta zamorano Claudio Rodríguez, que pensaba, esbozaba, sus poemas en el paseo, en la marcha, Juan Pedro Aparicio (León, 1941) se echa andar junto a su perra y echa a andar así su imaginación, su fina ironía, allí donde su olfato se mantiene alerta ante la brevedad narrativa. Y como diría el poeta, eso es un don. Juan Pedro tiene el don de rescatar lo minúsculo, lo anecdótico para, no sólo agrandarlo con su literatura, sino insertarlo en un todo, en una suerte de cosmología que también camina, que avanza, que configura el breviario, el libro de microcuentos. Y como creador no elude la responsabilidad de esta proyección de su obra. Leer más…

Mi padre

¿Quiere el lector saber lo que fue el franquismo? El año del francés lo cuenta. No es una novela fácil, tardas en entrar, tiene un lejano parentesco con el Ulises de James Joyce, pero una vez has pasado la frontera del recelo aquella ficción cobra más vida que la vida y promueve una adicción hecha de la misma fiebre con que fue escrita. Junto con La forma de la noche, es la mejor novela de mi padre y una de las mejores novelas españolas de los últimos cien años, además de reflejo de su personalidad imaginativa y crítica. Leer más…

Muchos años de fraternidad

Cuando ambos éramos estudiantes, Juan Pedro Aparicio y yo, que sentíamos intensamente la conciencia de no vivir en el mejor de los países ni en el más satisfactorio de los mundos, bromeábamos a veces  a propósito de lo que sería de nosotros cuando pasasen los años. La distancia temporal es tan vertiginosa, que no sé si nos imaginábamos en la edad que hemos llegado a alcanzar, pero desde aquella mocedad nuestra nos trasladábamos a un tiempo futuro, nos investíamos de una supuesta y acaso vetusta madurez y adoptábamos burlonamente, en un simulacro teatral, las actitudes de los contemporáneos que nos parecían más rancios y que nos suscitaban entonces más rechazo, Leer más…

El juego de los cuánticos

Si el cultivo del microrrelato en cuanto tal puede remontarse entre nosotros a los inicios del siglo XX, con Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna, lo cierto es que en las tres últimas décadas hemos asistido al auge del microrrelato, tanto en Hispanoamérica –con nombre universales, como Juan José Arreola, Luisa Valenzuela o Augusto Monterroso, acaso el más conocido-, como en España, donde Ana María Matute, Javier Tomeo, José Jiménez Lozano, Rafael Pérez Estrada, Julia Otxoa, José María Merino, Juan Pedro Aparicio y Luis Mateo Díez le han dado carta de naturaleza literaria. Leer más…

Mi vecino en Londres

A Juan Pedro Aparicio le asociaré siempre con nuestras conversaciones peripatéticas por uno de los parques más hermosos y, al mismo tiempo, más íntimos de Londres, el Holland Park. Él estaba entonces al frente del Instituto Cervantes, de esa capital, y yo era director de la oficina de la Agencia EFE. Londres es, como se sabe, una ciudad inmensa donde es muy difícil a  veces frecuentar a los amigos, pero por fortuna éramos vecinos.

Los fines de semana solía yo desayunar en un pequeño café de nombre francés que había cerca de mi casa del barrio de Kensington, donde aprovechaba para leer los periódicos británicos allí disponibles, y allí nos dábamos cita para iniciar nuestro paseo matutino. Leer más…

La literatura cuántica de Juan Pedro Aparicio

Pese a que su indagación en los más diversos moldes narrativos -la novela1, el cuento2, el libro de viajes3– se remonta a los orígenes de su producción, su interés por el cuento brevísimo es reciente, como él mismo declara en el prólogo de La mitad del diablo (2006)4, primer libro suyo compuesto exclusivamente de microtextos, y digo microtextos porque no todos los que lo integran responden a las exigencias del microrrelato: Leer más…

Juan Pedro Aparicio y el poder de la imagen

Teniendo en cuenta la gran solvencia de Juan Pedro Aparicio como crítico de cine ─ y, por tanto, como descifrador de imágenes ─, tal como la misma se manifiesta en sus crónicas cinematográficas de “La mirada del narrador”, de la interrumpida  Revista de Libros,  espacio que compartía con José María Guelbenzu y José María Merino, se me ha ocurrido la idea de abordar la escritura del novelista desde la perspectiva de la imagen. Entiéndase, no obstante, que mi intento no consiste en establecer homología alguna entre cine y literatura, sino tan sólo inspirarme en el hecho de que el admirable “mirador” de imágenes es al propio tiempo un memorable creador de imágenes literarias visuales o, en todo caso, traducibles como visualidad en la mente receptora. En fin de cuentas, ahora me doy cuenta de ello, mi interés por Aparicio se generó en la fuerza y riqueza insólitas de la imagen en El año del francés (1986), para luego proseguir en el estudio de Retrato de ambigú (1989), La forma de la noche (1994) y El viajero de Leicester (1998). Leer más…

Sobre los cuentos de La vida en blanco, de Juan Pedro Aparicio

Como tantos otros autores de su generación, Juan Pedro Aparicio se inició en la escritura cultivando el cuento. La vida en blanco (Menoscuarto, Palencia, 2005) es el segundo y hasta ahora último de los libros dedicados por su autor al género, tras El origen del mono y otros relatos (Akal, Madrid, 1975), reeditado como Cuentos del origen del mono (Destino, Barcelona, 1989). Alrededor de esa fecha emblemática de 1975 publican también libros de narraciones autores tan distintos, en edad y concepción estética, como puedan ser Vicente Soto (Casi cuentos de Londres, 1973; y Cuentos del tiempo de nunca acabar, 1977), Gonzalo Fortea (Corazón frío, 1974), Antonio Pereira (El ingeniero Balboa y otras historias civiles, 1976) y Álvaro Pombo (Relatos sobre la falta de sustancia, 1977). Y junto a ellos, aparecen dos antologías notables: las de Gonzalo Sobejano y Gary D. Keller (Cuentos españoles concertados. Leer más…

Depreciación

A Juan Aparicio

 

Fue en los años felices de la Transición cuando yo recordaba haber visto a menudo aquel anuncio:

COMPRO ALMAS. PAGO AL CONTADO. CONDICIONES A CONVENIR

Entonces no me pareció de ningún interés. Era sólo, quizá, una broma graciosa, o acaso un reclamo publicitario en clave, de intenciones oscuras.

Ahora, el anuncio había desaparecido; pero, cuando las cosas me fueron tan mal en la vida que mi nombre se convirtió ya casi en uno de los sinónimos de la nada, un conocido moralista de El Pensamiento Cantábrico aludió cierto día a aquel comprador de almas como a alguien que, ya sin publicidad, mantenía su infame negocio ante nuestra narices, en los términos más fructíferos. Leer más…