Poemas

Distancia de una isla

a Marta Frayde

 Estoy sentado en un puente del Sena. A la derecha el Louvre. A mis espaldas otra isla y el regreso del agua en las miradas.

Frente a mí un nuevo barco con su estela de signos a la de­riva. A unos metros una muchacha fija con piedras sus dibujos a la baranda del puente.

(Ahora el olor a perfume de dos damas roza los bordes de la hoja donde escribo). Leer más…

Bolaños: nueve años

Roberto Bolaño (1953-2003)Sea como sea, no hay ninguna duda de que Roberto Bolaño es el autor de lengua española posterior al boom con más impacto y presencia en la literatura mundial. Prácticamente en todas las culturas y lenguas ha sido una revelación: la última de la que tengo noticia es República Checa.

El primer país en reconocer su talento fue Francia. Recuerdo que Bolaño aún vivía y pudo ver que el suplemento literario del diario Libération le dedicó seis páginas. Leer más…

La venta

— ¿Si no le importa, señora Adelaida, podría sacar el perro a hacer sus cositas?

Allá va Adelaida como un papalote detrás del perro enorme, lanudo, que forcejea con la cuerda como si quisiera desencajarle el hombro y gruñe a los que pasan como si fuera dueño de la acera.

— ¿Qué dice señora Adelaida? Si el niño es una monada, de lo más cariñoso, eso es jugando, no le haría daño a nadie, ¿cómo se le ocurre ponerle un bozal al niño? Ni hablar, esos son juegos, y los que se quejan son gente asustadiza y que no quiere a los animalitos. Leer más…

Extrañas en el Puerto

Enero

Mi cuerpo no me pertenece; supongo que he de recuperarlo cuando me haya comido tu corazón. Y así, con esa hambre de recu­peración, me acosté a dormir, o debería de­cir a soñar. Soñé en sepia. Era un solo ojo, medio labio y una sola mano. Iba corriendo montaña abajo tratando de alcanzar mi mi­tad que era mucho más rápida; ¿Cómo sa­ber si debía alcanzar primero a ese otro ojo maldito, o a la boca de línea más parecida a un papel liso sin imprimir? El aire me faltó para llegar.

Al final, un gran mar de leche en donde mojé mis pies mientras desaparecían la mitad de mi labio, el ojo, y la mano que me faltaba. Parecía que los había perdido para siempre, pero  ninguna pérdida es definitiva. La circularidad determina los matices, hace que  cambien de nombres, de caras, de corazones. El mar de leche se convirtió en un algodón de azúcar y el cielo se tornó gris; cayó la nieve y mi sola mano, mi solo labio y mi ojo quieto quedaron cubiertos por los copos. La música lo embargó todo. Leer más…

Apología sobre la acidez

Después de la guerra entre mi país y Europa por recetas, los periódicos sin dueños, como sólidos fantasmas, arremolinaron por todas las calles. Esa imagen la recuerdo como si fuese hoy; los grandes establecimientos se advirtieron cerrados como mismo anunciaban las caras de los propietarios. Y los niños, al parecer sin familia miraban de una manera dudosa, niños que en los cementerios de los adeptos jugaban sobre lápidas ya sin escrituras, donde antes del 1995, hubo palomas, alpistes, madres, padres, globos, vendedores de algodón agrio, de ingredientes afrodisíacos que realzaban su verdadera naturaleza, la de felicidad y energía para mis iguales que necesitaban la acidez, como mismo precisa un ciego el lazarillo. Leer más…

From heaven to earth and back

No me gustan las playas. Me corrijo: no me gusta ir a la playa a pasar el día, horas, nadar, tomar el sol, lo detesto. Cuando era niña, todos los días de julio y agosto mi madre me llevaba a La Concha. Era una verdadera tortura pues quedaba muy lejos de mi casa y el viaje duraba alrededor de dos horas en tres distintos medios de transporte: el tranvía hasta el Paradero del Vedado, otro tranvía hasta Marianao y un autobús, la guagua cubana, para arribar a nuestro destino. Todo esto implicaba levantarse temprano, cargar con bolsas que contenían bañadores (trusas en nuestro vernáculo), toallas, artículos de arreglo e higiene personal, meriendas, ni recuerdo qué más. Después tenía que sentarme bajo alguna palmera para evitar insolaciones, me molestaba el calor, no soportaba las moscas, me pasaba el tiempo calculando cuánto nos llevaría el mismo recorrido a la inversa. Leer más…

La sangre del Tequila (VIII)

Manolito el Gambao salió al patio del solar de la calle Inquisidor 407 navaja en mano —la misma navaja de siempre—a esperar a Tinita para romperla, dijo primero, gritó luego. Como era habitual sobre todo cuando estaba borracho y sobre todo cuando avisaba del inminente descuartizamiento de Tinita a manos de él, por puta ella, el Gambao se dijo llamar Sir Manolo, a la par que hacía ademanes con la navaja. Serían las seis de la tarde; a punto de oscurecer. Los vecinos del solar habían visto salir a Tinita en la mañana —y la habían olido hasta la inundación de sus narices, tocada ella quizás con todos los perfumes populares que podrían haber en La Habana—, vestida con una falda de combate: corta, roja, que dejaba ver la macicez del comienzo de sus muslos acanaledos, más una blusa color crema escotada hasta la zanja entresenos que —sin duda—desbordaría de saliva la boca del más casto o castrado de los varones. La vieron salir, como era habitual, taconeando fragorosamente, las nalgas como pinchando al aire en su vaivén. Leer más…

La poesía rebasa a Dios mismo

Eliécer Almaguer, poeta cubano.Fuiste de esas pocas personas que se acercaron a mi vida un día donde casi todos me culpaban, y veían a un traidor en mí.

Pero no es de eso que quiero hablar el amigo, es del poeta que eres, de tu vida y tus angustias.

Eres de los poetas más jóvenes de la ciudad. Has publicado dos libros de poesía. Quiero compartir esta conversación con tus posibles lectores. Leer más…

Cuando dos personas consiguen el milagro de entenderse en los silencios

Ana Cabrera Vivanco, escritora cubana.Editada por tercera vez, La Voz del Silencio, biografía novelada de Dulce María Loynaz  (1902 – 1997) nos pone de vuelta a la vida y obra de la hija del general Enrique Loynaz del Castillo  gracias al trabajo de la periodista y escritora Ana Cabrera Vivanco (La Habana, 1950) autora de  Las Horas del Alma, y Las Voces del Diablo, mezcla parte de la realidad, y  de la ficción de quien viviera casi aislada, por decisión propia, en la casona de El Vedado hasta su muerte en abril de 1997, y también casi  ignorada hasta que se le otorga el Premio Cervantes en 1992. Leer más…