Duchy Man Valderá

Duchy Man Valderá en palabras de la periodista Ana Maura Carbó, dejó de ser conocida sólo por quienes compraban libros de la editorial Gente Nueva donde ella era ilustradora gracias a que “recorre galerías de museos con sus cuadros y la crítica se hace eco de su trabajo que abarca además, el diseño de vestuario escenográfico”.

“Quienes conocen a esta joven de pelo largo, negro, ojos rasgados, hablar bajo y una sonrisa perenne, no imaginan que el camino  recorrido  tuvo lágrimas en abundancia. No fue aceptada en la Academia San Alejandro donde aspiraba aprender a pintar. Decidió estudiar y pintar por su cuenta. Un día le enseñó a un amigo lo que guardaba en una vieja gaveta. El visitante le sugirió que se presentara en una editorial. Decidió por Gente Nueva y no se equivocó de esa entrevista saldría contratada para ilustrar libros infantiles”.

“Sería el inicio de un camino de mucho estudio, investigaciones y austeridad porque no fue fácil. Con el salario que devengaría debía comprar todo lo necesario para ilustrar. Pero como su máxima es trabajar decidió además pintar con formato mayor y fue apoyándose en la literatura, las artes decorativas, la música, la moda y la publicidad”.

Hoy es, sin dudas, uno de los nombres mencionados con más recurrencia en Cuba cuando de arte joven se trata. Por esa razón, para que nuestros lectores conozcan al menos un botón de muestra de la obra de esta creadora, quisimos invitarla a OtroLunes.

 

Juan Pedro Aparicio

Juan Pedro Aparicio es una de las voces esenciales de la actual literatura escrita en España y uno de los más singulares representantes en lengua española de esa modalidad cuentística que algunos llaman microrrelatos, minificción y que él prefiere denominar “cuento cuántico”.

Es novelista que, en palabras de la ensayista, Asunción Castro Díez, “habitualmente se reconoce asociado a León y a lo leonés. Nada tiene de extraño esto, cuando una mayoría de sus obras transcurre en este territorio, o cuando ha dedicado varios ensayos y artículos a su tierra“, considerando erróneo, sin embargo, circunscribir su obra sólo a un espacio regional, a unas circunstancias territoriales y temáticas que lo colocarían al centro mismo del realismo, e incluso del costumbrismo, porque: “Aparicio no se limita a levantar acta documental de la sociedad de su tiempo, sino que partiendo de unas vivencias, un tiempo y un espacio concretos, crea unos personajes y unos conflictos imaginarios mediante los que indaga sobre las conflictivas relaciones del individuo con su medio. En sus novelas y cuentos hallamos un argumento que, si en buena parte reconocemos como realista, esto es, como cotejable con la realidad externa conocida, encontramos también otros ingredientes no menos relevantes, como el humor que extiende una mirada corrosiva y distorsionadora sobre el mundo narrado, la caricatura, lo grotesco, lo simbólico y mítico, lo fantástico y extraordinario. (…) pero lo que nos interesa es cómo el autor los combina para lograr el efecto o intención deseados, y cómo el resultado es un realidad ya distinta, no copia de la real, sino otra cosa que pertenece a lo imaginario o ficcional y donde el parecido con la realidad, o la lógica de las situaciones ya no son valores pertinentes para enjuiciar lo literario“.

A su singularidad como narrador, entre otros muchos estudiosos y colegas que aquí hemos reunido, también se refiere Álvaro del Amo cuando asegura que “De estilo clásico, entre un casticismo refinado y una elegancia anglosajona, su español es diáfano y grave, donde el sentido del humor se alterna con una preocupación con categoría filosófica”. Entretanto su amigo Luis Mateo Díez nos cuenta que: “Es una experiencia verdaderamente reveladora, leer los microrrelatos de Aparicio sintiendo hasta qué límite intensifican su universo, las manías y obsesiones de quien es dueño de una mirada inefable sobre la condición a la que pertenecemos y del paisaje moral que nos contiene”; y su también amigo José María Merino dice que “ha jugado en bastantes ocasiones con elementos distorsionadores del tiempo, a veces con eficaces connotaciones esperpénticas, interrelacionando en muchas ocasiones niveles temporales diferentes y mundos paralelos. Esa perspectiva de desdoblamiento temporal le permite relativizar la realidad y hacernos reflexionar sobre nuestra condición con una agudeza difícil de encontrar en la ficción que se escribe actualmente entre nosotros“.

Agradecemos especialmente al escritor Lorenzo Rodríguez Garrido la preparación de este Dossier sobre la obra de Juan Pedro Aparicio, que honra con su presencia las páginas de OtroLunes.

Descargue el dossier en pdf en:
Juan Pedro Aparicio – Dossier

Steinway & Sons: novela de Arístides Vega Chapú.

Steinway & Sons

Arístides Vega Chapú
Atmósfera Literaria, Madrid, 2012

 

Steinway & Sons, novela de Arístides Vega ChapúLa editorial madrileña Atmósfera Literaria recién acaba de anunciar la salida de una cuidada y atractiva edición de la última novela escrita por Arístides Vega Chapú (Santa Clara, 1962) un cubano que pese a tener un sitio en la lírica de su país en los últimos años se ha reafirmado como un excelente narrador. Leer más…

Emily

Pero no quiero perder ni un sufrimiento, ni soportar una menor tortura;
Más la angustia castiga, más de prisa bendice.
Y perdida en las llantas del infinito o brillando con una luz celeste
Cuando anuncia la muerte, la visión es divina.

 

Emily BrontëLos versos de Emile Brontë me han acompañado estos días mientras escribo.  Existe una misteriosa relación entre los textos que vienen a uno y los estados del alma, una resonancia que responde a extrañas sincronías del espíritu, aun cuando su respuesta quede siempre abierta a lo desconocido.

He estado releyendo toda su poesía, pero vuelvo una y otra vez a este verso, “cuando anuncia la muerte la visión es divina”. Leer más…

El día que perdí mi virginidad

Capilla SixtinaNo lo niego: en mi vida hay tres o cuatro escenas (unas completamente reales, otras imaginadas tal vez y otras que conozco porque me las han contado) que regresan a mí de manera recurrente, como olas de brea que oscurecen esta deportiva, irresponsable forma de vida que llevo (según mi mujer). El recuerdo de mi iniciación en la vida sexual no es algo que me moleste. Fue desagradable o más bien patética o grotesca. La conté en una de mis novelas (se la atribuí al sargento Robustiano, personaje secundario de Breve historia de todas las cosas). Si yo lograra investigar con precisión la fecha, podría eliminar la posibilidad de que X sea en efecto hijo mío. Explorar en Lacan: la estimulación del lado psicótico o suicida y el papel de los cortes como formas de entrar en el problema. Vivir trágicamente. No puedo precisar si fue antes de mi viaje a la locura (Pueblo Nuevo, Efraín persiguiéndome con sus epístolas homosexuales, MT cantando con mis niños sobre el lomo de la cordillera, la niña indígena –en El juego de las seducciones la llamé Itzel, creo–, acercamiento, beber hasta perder el sentido, laguna mental, regreso a casa, año de visiones—o después. Creo firmemente que yo fui virgen durante mi etapa como maestro rural (me era insoportable el peso del misterio de la carne), sé que sufrí por ello y que esa sobrecarga de poder genésico motivó que yo me atreviera a tender la mano hacia la niña indígena Itzel. Porque eso fue lo que hice: tender la mano,  nada más, como esa mano que tiende a Dios Adán en la Capilla Sixtina: Dios no toca al hombre. Así yo no toqué a Itzel y sin embargo sufrí las consecuencias. El lugar sí lo tengo claro: El Bar Tico (sólo había un prostíbulo más infame en San Isidro: El Bar Rojo). Los dos estaban en plena Calle del Comercio, a dos cuadras de la catedral. ¿Quién? Una putica muy joven. No recuerdo su rostro ni su cuerpo. Sí su falda: una falda amplia con chaquiras que tenían motivos mexicanos. De verdad-verdad no puedo decir cómo fue: tengo que recurrir a Breve historia de todas las cosas,  obra que guarda más verdades de las que creo: lo que suponía inventado resultó ser histórico y de eso me enteré en el viaje a San Isidro hace un par de años. Dije que el negro Vladimiro, uno de los personajes fundamentales, era invención mía. Y no, el negro existió. Ella se tendió en la cama después de sacudir las sábanas y espantar las pulgas. Con un movimiento brusco de las piernas y los músculos del atlético y sano vientre hizo que la falda de abundantes pliegues de percalina se le viniera a la cara descubriendo su secreto muchiqui, veterano de tantas batallas. “La muy expedita”, comentaría el sargento, “ni siquiera tuvo la decencia de utilizar sus calzones color orinado. La vil se vino a pelo para facilitar el ajetreo”. Esta escena, en el tono burlesco constante y despiadado de esa primera novela mía, de alguna forma conserva el sedimento de lo que me sucedió con la putica. Fue un acto triste, yo estaba asustado, ella me estaba urgiendo, el cuarto era como una vitrina hecha de tablas, llena de grietas y orificios, donde se fornicaba casi públicamente y a destajo y se escuchaban los gemidos, interjecciones y vulgaridades de los vecinos formicantes. Imaginarlo: yo, 17 años, tembeleque, fingiendo hombría, fui prácticamente forzado por aquella hembra que me succionó con su bajo vientre y del puro terror no experimenté placer alguno. Hablando de este tema con LL ella sugirió: Tal vez esa prosti sea la madre de tu hijo perdido. ¿Cuándo fue? Durante los ocho meses como maestro no pudo ser: yo estaba lejos. Antes, quizás, pero lo dudo: yo estaba bajo el imperio de mi madre y jamás habría osado entrar al Bar Tico (el sólo entrar era una hazaña: era imposible que todo el pueblo no se enterara: en San Isidro todo se sabía… y todo se sabía al instante). Después de mi regreso de Pueblo Nuevo, después de mi año de reclusión, tal vez, tal vez. No lo he dicho: cuando logré escapar del mundo de las alucinaciones y los delirios de persecución, psiquiatras, drogas, comencé a desarrollar un extrañísimo deliro de don Juan. De alguna parte conseguí un sombrero texano y salía, ¡por fin salía!, solo a la calle, caminaba arriba y abajo bajo el sol imaginando que seducía a una y a otra, a todas las mujeres de San Isidro, y en un cuadernito apuntaba la lista completa de mis novias, que podían ser cincuenta o cien. Esa fue mi curación: de loco melancólico a loco eufórico, de minusválido mental a megalómano. A veces mi sufrida esposa ha llegado a verbalizar mi situación actual: Querido Garrik, la verdad es que nunca te curaste, sigues siendo el loco de antes, sólo que ahora has canalizado tus locuras hacia la literatura. ¡Corte! Una de las claves de las curaciones lacanianas es la utilización de cortes súbitos de los parlamentos: ellos permiten, según Jacques Lacan, entrar directamente en la interpretación de los casos.

La política es azul

Internet globalIndustriales perdió el campeonato. Y aunque llegó a la final, parece que la inspiración de Leonardo Padura no resultó suficiente. Es una carestía que suele emerger con harta frecuencia entre los intelectuales. No sé si llamarlo falta de inercia. Generalmente, damos por concluido un trabajo justo en el punto donde apenas inicia. Así, también, sucede con algunas amistades que ni siquiera germinan a pesar de que el espacio, las circunstancias y, sobre todo, los deseos, sugirieron lo contrario en algún momento.

Hoy, Internet representa el mejor escenario de demostraciones en este sentido. Y lo digo, a la par, con regocijo y melancolía pues durante esta última serie de campeonato, mientras Ciego de Ávila lidiaba con los azules de la capital, muchos nos dimos espontánea cita en una de las pocas páginas web que transmitía el partido. Claro que no se trataba de un programa elaborado para las Grandes Ligas, así que las deficiencias, demoras y errores pululaban. No obstante, la falta de profesionalismo de los creadores del sitio se equilibraba con nuestro entusiasmo. En ese momento, todos éramos amigos. Después del último out, si te he visto, ni me acuerdo.

Lo efímero de aquella serie de encuentros no debe confundirse con desapego. Del mismo modo en que defiendo la sinceridad de un sentimiento cuando se cultiva cara a cara, lo resguardo si la red de redes representa la única plataforma disponible para fomentarlo. A fin de cuentas, el medio es virtual, pero las emociones son reales.

La sutileza de un blog, por ejemplo, puede mover conciencias más o conciencias menos, ¿qué importa el número de copartícipes? Lo importante no es cuánto influya en la ideología de las personas y su posterior toma de decisiones sociopolíticas, sino que conforma una suerte de ágora digital donde las personas son capaces de expresar sus inquietudes de manera libre y voluntaria ―no como esos trabajos obliguntarios a los que debía(mos) asistir en Cuba, sino como individuos dueños de sus propias convicciones―. Algo impensable en un entorno donde la práctica de una charla conformada por más de diez personas que se dedican a cuestionar una forma de gobierno es tildada de mercenaria y castigada con el hostigamiento o la cárcel.

Curioso que en Latinoamérica, a inicios del siglo XXI, la democracia se haya instalado en la mayoría de las naciones que la conforman ―con sus pocas virtudes y miles de defectos, pero democracia al fin― y en Cuba, nación-esperanza a mediados de la pasada centuria y vanguardia del proceso antiimperialista al sur del Río Bravo, el propio concepto ni siquiera encuentra asilo en la sapiencia de la gente. Curioso, insisto, y contradictorio porque mi generación, al igual que las generaciones siguientes, recibimos amplias lecciones de corte histórico-filosófico y hasta militares, algo que puedo demostrar con exactitud pues ahora mismo tengo en mis manos, por razones burocráticas que no vienen al caso, mas bastante ayudan para complementar este escuálido texto, mis certificaciones originales de estudios terminados de los tres últimos niveles académicos. Así, soy capaz de referir que, asignatura más o asignatura menos, un universitario cubano al concluir su etapa estudiantil aprendió:

En secundaria:

  • Historia
  • Fundamentos de los Conocimientos Políticos

En preuniversitario (en mi caso, además, se trató del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas “Vladimir Ilich Lenin”, que ya el puro nombre pesa ideológicamente):

  • Historia (esta vez con pretendido carácter universal)
  • Fundamentos de Marxismo-Leninismo
  • Preparación Militar Inicial

En universidad:

  • Filosofía I y II
  • Economía Política
  • Socialismo Científico
  • Preparación para la Defensa

 

Si usted, desocupado lector, es cubano graduado universitario y rebota entre los treinta y cuarenta años de edad, estoy seguro que debe conocer algo de esto y comparte conmigo buena parte de tales materias. Pregunto, entonces, ¿recuerda también qué le explicaron sobre democracia? En aquellos activos amaneceres, para la mayoría de nosotros, el término no dejaba de ser un concepto extraño que emergía a ratos en alguna película extranjera y se volvía a hundir inmediatamente después. Otros vocablos llenaron nuestras cabezas. Comunismo, sin duda, y Revolución (con mayúscula siempre, aunque la palabra no estuviese escrita) bastante más… pero, ¿democracia?

Por eso muchos, de la Punta de Maisí al Cabo de San Antonio, se espantan cuando leen en Internet las opiniones de otros cubanos sobre el régimen y las ventanas de los navegadores se mantienen pequeñitas, en una esquina de la pantalla, mientras clandestinamente se infiltran en la red de redes durante la jornada laboral. Digo… los pocos que, en su trabajo, tienen acceso a una conexión. En casa, ni pensarlo.

Otra vez Internet simboliza una tabla salvadora y Windows nunca fue mejor ventana que en la mayor de las Antillas ―con el perdón de Linus Torvalds y Steve Jobs (desde el más allá)―. En Cuba la tecnología sirve para atisbar la mecánica del mundo al otro lado del charco, adivinar las dimensiones verdaderas de los monstruos que nos pintaron y descubrir las oportunidades que se mantuvieron ocultas. La tecnología es el arma del siglo XXI. Más poderosa que los libros y los manifiestos, acaso porque los recoge, compila y pone a nuestra disposición.

Desafortunadamente, la inmensa mayoría de los cubanos que se encuentran en la red, está conformada por emigrantes. Primero, a causa de una elemental circunstancia de infraestructura técnica; segundo, porque sólo ellos tienen la posibilidad de escribir cualquier comentario en un blog y volver, al día siguiente, tranquilos y campantes a su trabajo.

¿Resultado? Parecen perros que ladran tras las rejas. No importa cuántos giros den sobre sus cuartos traseros o cuán afilados estén sus colmillos. Nunca podrán morder la mano que fustiga. Por si no bastara tamaña barrera, sus compatriotas, los hombres y mujeres que habitan en el archipiélago, criticarán su condición de foráneos, a veces obligados, las menos, voluntarios. Y tienen razón. Si bien no pueden morder, evitan ser apaleados. Citando a Elpidio Valdés, “la candela es aquí”. Y “aquí” es el interior de las fronteras cubanas, no la cómoda habitación de una casa en Miami, Pamplona o Saltillo. Claro que, de cualquier manera, establecen diferencia. No se quede usted con la imagen demeritada del can que esconde la cola entre las patas. Antes advierta que ladran.

La necesidad de impulsar cambios no es una intención (contra)revolucionaria. Se trata, en mejor medida, de una condición natural. La historia demuestra a diario su dinamismo en las páginas de la vida, por más que en Cuba quieran detenerla en las páginas de los libros. El año 1959 está demasiado lejos. Pertenece a otro siglo, a otras urgencias, a otro contexto y ya cumplió su cometido. Es ahí donde los intelectuales debemos tomar partido y aportar un poco de luz. No para publicar textos en revistas que después le mostraremos a nuestros familiares más queridos sino para abrir camino a la gnosis elemental. Aquella que devele las verdades de nuestro tiempo. Que se comprenda, perfectamente, a qué nos referimos al hablar de democracia, emancipación, libertad; que prolifere la contradicción y la discrepancia como semillas del desarrollo; y que se termine de una vez la condición humillante de un país donde es mejor visto gritar “¡pinga!” que susurrar “cambio”.

Propongo un ejercicio final, apenas para desentumecer el intelecto. ¿Conoció aquellos viejos atlas escolares con mapamundi político bicolor? De tanto rojo que nos saturaron, sería bueno comenzar a pintar la política de azul. No importa si Industriales perdió los playoff de esta última serie nacional de beisbol. Con el cambio de colores ya todos los cubanos salimos ganando. Y no por estar lejos vamos a bajar la cabeza, al contrario, seguiremos atisbando el horizonte porque, como lo demostró José Martí, a menudo desde afuera las cosas se ven mejor.

Botón de muestra

Arístides Vega Chapú

Arístides Vega Chapú, escritor cubano - Foto: Nela Álvarez.Santa Clara, Cuba, 1962.

Reconocido poeta, su amplia producción literaria está compuesta, por sólo citar sus últimos textos, por Después del puente sobre las aguas (Ediciones MATANZAS, 2007), Que el gesto de mis manos no alcance (Antología personal con prólogo de Lina de Feria, Ediciones UNION, La Habana, 2008) y Noche cálida en Santa Clara (Editorial Capiro, Santa Clara, 2010).

Como escritor de novelas ha publicado Un día más allá (Editorial Bluebird Editions, Miami, 2008 y Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010), Soñar el mar (Editorial Capiro, Santa Clara, 2002 y su redición en Letras Cubanas, La Habana 2009) y Te regalo el cielo (Editorial Cauce, 2007). Leer más…

Galería: Ojeada al Catálogo

Esa tan anhelada Atmósfera Literaria

Una nueva editorial cubana

Atmósfera Literaria va avanzando lentamente pero, como dirían por esos espacios de la sabiduría popular, “lento como el elefante, lento pero aplastante”. Y es que basta con echar una ojeada al catálogo que va presentando para darse cuenta de que apunta, por encima de otra cosa, a la promoción de la calidad: todos los autores que hasta ahora mismo ha publicado esta editorial “emergente” (para usar un término muy sonado en estos días) son de primerísima calidad en las letras cubanas.

Luis Felipe Galeano, escritor cubano y director general de Atmósfera Literaria.Por esa razón, como ya ha hecho con otras editoriales cubanas (Betania, El barco ebrio), Otrolunes abre esta breve ventana para que nuestros lectores se asomen y descubran este nuevo espacio de propuestas literarias que, según nos dice su director, el también escritor Luis Felipe Galeano quiere convertirse en un sitio referencial de nuestras letras:

Queremos dar a conocer y promocionar a escritores para que —como decía Vargas Llosa en su discurso ante la Academia Sueca— destaquen y abandonen “ese limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios ni lectores cuyo talento acaso, triste consuelo, descubrirá algún día la posteridad”.

La editorial tiene como objetivo el seleccionar autores de habla hispana con proyección literaria, que bien comienzan su andadura literaria  o que ya han publicado algunos textos si bien no logran la difusión necesaria.

Por consiguiente, estamos buscando escritores de habla hispana capaces de producir textos potentes y valientes que ofrezcan temas nuevos con un aporte literario moderno y de altura. Buscamos propuestas interesantes con las que podamos involucrarnos en su promoción y distribución a nivel mundial tanto en libro impreso como electrónico.

En ese sentido, se han fijado unos exigentes estándares de calidad literaria que supongan un engrandecimiento del lenguaje y los valores humanos capaces de luchar contra la ignorancia y las intransigencias que nos empobrecen y con ello garantizar la publicación de textos de calidad que ayuden a engrandecer nuestra cultura hispana.

En una de nuestras conversaciones “emilianas” Luis Felipe Galeano me aclara también algo que me parece importante destacar:

Aparte de nuestro objetivo de relanzar las letras hispanas, en general muy olvidadas en los últimos años, como cubanos que somos queremos que la literatura nuestra se conozca. Estamos publicando a autores como Lorenzo Lunar o Teresa Dovalpage o Ana Cabrera Vivanco que ya tienen una trayectoria importante a sus espaldas y que nos están ayudando a que podamos publicar a gente nueva para que los lectores, sobre todo aquellos que están buscando nuevas propuestas y temas, sepan que existen nuevos talentos muy buenos y que hay gente que está apareciendo en el panorama literario que merece la pena promocionar. Pero no queremos quedarnos ahí. Entre los cubanos de dentro y de fuera existe un gran desconocimiento de las cosas que se están haciendo; qué temas están proponiendo en sus escritos; qué planteamientos. Nosotros creemos que estos escritores deben compartir las preocupaciones a ambos lados de las, llamémoslo así, ‘noventa millas’ que tan cerca nos parecen y que tan lejos nos resultan.

Y a la pregunta de cuáles novedades podemos esperar en los próximos meses, contesta, satisfecho:

Acabamos en estos momentos de sacar al mercado la novela Steinway & Sons del escritor cubano Arístides Vega Chapú cuya promoción comenzará ahora en septiembre y que se presenta como una bocanada de aire fresco en el ámbito literario actual. Y para finales de 2012 vamos a sacar la novela La isla de Príapo del escritor peruano Oswaldo de Rivero que trata sobre el advenimiento de una pandemia de disfunción eréctil en el mundo y las vicisitudes para vencerla.

En 2013 repetirán con nosotros varios autores como los cubanos Lorenzo Lunar (Proyecto en negro), Teresa Dovalpage (Orfeo en el Caribe) y Mario Brito (Fuegos fatuos) así como nuevos autores tanto cubanos como Marcial Gala (Monasterio) y Armando de Armas (Caballeros en el tiempo) como los españoles José María Ruilópez (Todo fue en La Habana) y Víctor Claudín y Oscar Plasencia con su novela Cosecha negra de la que también se espera su próxima aparición en cine. Y otros autores sobre los que estamos trabajando los acuerdos de cesión y de los que informaremos próximamente.

Los dejamos entonces con un breve recorrido por esta Atmósfera Literaria, que parece recordarnos a través de sus libros que aún existen esos espacios de culto cargados de esa anhelada, real y seductora atmósfera literaria, íntima, cómplice, que sólo ofrece la gran literatura y que, por desgracia, cada día sobrevive menos en el metalizado y turbio mundo editorial contemporáneo.

Historias recobradas

Francisco Méndez  Escobar (Guatemala 1907-1962)

Francisco Méndez Escobar (Guatemala 1907-1962)

Nacido en Joyabaj, municipio del departamento de El Quiché, Francisco Méndez Escobar es reconocido como uno de los más importantes narradores de Guatemala. Sus cuentos, publicados al principio en diarios nacionales, como El Imparcial, fueron escritos con una técnica narrativa innovadora, durante su producción. Por estas narraciones criollistas, una de las vanguardias latinoamericanas y en definitiva antecesoras del realismo mágico, deambula con personajes fantásticos, de las leyendas populares, campesinos, indígenas, originarios, algunos, de Xoy, nombre como se le conoce a Joyabaj. Su producción cuentística, hasta antes de estas Historias recobradas, fue reunida en Cuentos de Joyabaj, el cual, desde los años 80 hasta la fecha lleva cuatro ediciones.

La importancia de esta publicación radica en varios aspectos. El primero es en relación al “el descubrimiento” por parte de uno de sus hijos, de estos textos, ocultados en una caja, la cual pasó casi medio siglo sin que nadie supiera que contenía una valiosa producción de este narrador, pero también poeta y periodista guatemalteco.

Por otro lado, otra valiosa noticia para las letras guatemaltecas es que se encontró una novela, la cual, a diferencia de su obra anterior, es un texto urbano, en el cual dos protagonistas, una mujer y un hombre, son los ejes centrales de la acción. Una novela que contiene reflexiones sobre el matrimonio, la vida cotidiana a la que se enfrentan los dos recién casados y aspectos laborales y domésticos de cada quien. Un aspecto más es el descubrimiento de una colección de relatos cortos, algunos de ellos publicados en El Imparcial, extraviados entre papeles y los cuales no fueron incluidos para Cuentos de Joyabaj, debido a que no se conocía de ellos.

En estos relatos Méndez Escobar confirma su extraordinaria forma de narrar, de describir ciertos aspectos del ser humano, algunos producto de la magia del conocimiento popular, otros, reflexivos sobre la difícil condición humana del alma. El segundo relato sigue tras la novela, nos ofrece la fusión entre ficción y realidad. Es un reportaje con discursos ficticios o una ficción con rasgos periodísticos, pero siempre incluyendo el humor fino, la carcajada, como una forma de máscara que cubre un rostro lastimero. Su técnica narrativa, el juego del tiempo, las descripciones demuestran un oficio y un conocimiento, no solamente de las principales estrategias narrativas, sino del conocimiento de la tierra donde vivió. Destacaré también el uso del lenguaje coloquial, los parlamentos y las otras intervenciones de personajes, ofrecen una maravilla oral y lingüística. Podemos escuchar a los personajes. Con estos relatos podemos tener un registro del habla y los discursos de varias décadas del pasado siglo XX. Con esta obra en general, Méndez Escobar se confirma como uno de los grandes de la narrativa, no solamente guatemalteca, sino del área. Sus relatos están a la par de las narraciones de Juan Rulfo (México) y Sarrué (El Salvador) dos grandes cuentistas, reconocidos dentro del canon.

 

Aspectos de la vida de Méndez Escobar

Desde pequeño debió de trabajar para ayudar a la manutención de familia. Tomando en cuenta las condiciones en las que se encontraba la educación en ese entonces, cursó únicamente hasta sexto primaria. Increíblemente, años después se fundó en su pueblo el instituto que lleva su nombre. También la USAC le otorgaría el Emeritísimun1 en 1961, como reconocimiento a su aporte a la cultura nacional.

Su aporte en diversos aspectos de su producción, que va desde la literatura, especialmente lo preciso y puntual de su narrativa breve, su erudición poética y la pluma periodística, que dejó plasmada en el desaparecido diario El Imparcial. Pero sobre todo, también, su aporte humanístico, humildad y su consecuencia para los suyos y los demás.

Entre los oficios que realizó durante su vida fueron diversos, tanto del lado burocrático, como pragmático, ya que se desempeñó dentro de una oficina o conduciendo un camión, en contabilidad y en el periodismo. De allí en adelante y tomando en cuenta su interés y disciplina por la lectura, se convirtió en los siguientes años en un destacado escritor, de referencia necesaria para comprender el cuento y su evolución en Guatemala. Aunque se le conoció como un hombre sumamente trabajador, comenzó de contador en dos diarios de Quetzaltenango, donde luego publicó. Me refiero a La Tarde y La Idea; también lo hizo posteriormente en El Imparcial, hasta que llegó a ser Jefe de Redacción de dicho diario. Lamentablemente una temible enfermedad cortó de tajo su vida, pues a los apenas 52 años, elevó anclas de este mundo, el 11 de abril de 1962, tras padecer durante dos años de leucemia.

Entre otros aspectos de su vida, su bondad para con muchas personas, artistas y escritores lo acompañó siempre.  Se supo que mensualmente entregaba cierta cantidad de dinero a unas ancianas que vivían en el barrio. Ellas nunca supieron quién les dejaba el dinero, hasta que Méndez falleció. También de su falta de pericia para manejar, en casa relataban que le costaba darle vuelta al timón. Siempre decía la siguiente frase “Yo no soy de la era de la máquina”. Como provenía de un lejano municipio, siempre se maravillaba con los medios grandes de transporte. La primera vez que vio el tren en Quetzaltenango se le paró el pelo y definió al Caballo de Acero como “una bestia negra”. En cuanto a su vida social, una vez cuando, con traje y corbata se subió a bailar sobre una mesa, durante una fiesta y cantaba a pesar de no tener oído y descender de una familia de músicos. Ocurre que su abuelo, Pedro Méndez, pertenecía a una familia de músicos provenientes de Vigo, España y que se asentaron en tierras joyabatecas. Por otro lado, también conocí del “temor” que sentía por su esposa, Elvira Dávila Posadas. Con esa mujer de pequeña estatura, lunares precisos y un garbo colonial, quien padecía del corazón y del ácido úrico vivió el mayor tiempo de su vida. Ella falleció en 1982, todavía recordando con una sonrisa la presencia de su compañero en casa.

Hace muchos años visité a Leonor Paz y Paz, quien postrada en su silla de ruedas y recordando su amistad con Paco Méndez, me relató muchas de las anécdotas de un viaje de casi un año que realizó con otros siete guatemaltecos, entre ellos Francisco Méndez, Julio Valladares Castillo, abogado; el político Francisco Villagrán Kramer, el escultor Dagoberto Vásquez Sánchez, José Méndez Zebadúa, el primer ingeniero químico de Guatemala. Ese viaje se realizó a principio de los 60 y tuvo como destino la Unión Soviética, China y otros países de la entonces conocida Cortina de Hierro, lugar que, debido a la campaña negra, se decía que allí se comían a los niños2

El recordado y desaparecido maestro Marco Augusto Quiroa un discípulo de Paco Méndez, traía siempre a colación lo generoso que había sido Méndez cuando él le mostró algunos de sus relatos.

Más adelante también supe de las actividades sociales y periodísticas en las que se involucró mi abuelo, especialmente en su empeño por que se creara la Asociación de Periodistas de Guatemala, APG, de la que fue presindente. También fundó el Círculo Literario de Guatemala, entre otras instituciones.

 

Producción literaria

Además de ganar algunos premios en los Juegos Florales de Quetzaltenango3 y ver publicados sus cuentos y poemas en varias revistas y en libros con un modesto tiraje4, Méndez nunca tuvo la oportunidad de ver sus cuentos o su poesía en un libro completo. La primera edición de Cuentos de Joyabaj se hizo realidad en los talleres de la Tipografía Nacional, en 1984. Durante esa época el también fallecido, Juan Fernando Cifuentes, dirigió la edición que tiene una Introducción de René Leiva, un Prólogo de Francisco Morales Santos; la carátula estuvo a cargo de Quiroa.

Leiva señala algunos aspectos relacionados con las características de los cuentos. Lo ubica como un escritor que combina, cito: lo “tradicional-costumbrista con las corrientes surgidas desde principios de siglo. Con Méndez, el cuento criollo llega a un grado de eminencia sólo comparable a episodios clásicos de Asturias, Monteforte Toledo o Samayoa Chinchilla5”.

Por su parte, Morales Santos realiza un recorrido de la vida de Méndez y destaca que: “Francisco Méndez, hombre con plena conciencia de su tarea intelectual, ha sido uno de los valores cuyo aporte a la cultura nacional merece amplios estudios”.

Años después han surgido dos ediciones más de Cuentos de Joyabaj, ambas publicadas por el Ministerio de Cultura y Deportes, la segunda, en 1988 y la tercera, en  2007, la cuale lleva está ilustrada en su portada por un cuadro de Osaye. La cuarta edición es de la Tipografía Nacional, publicada en el 2010.

En 1975, la Editorial Universitaria de la USAC publicó Poesía de Francisco Méndez. Para esa edición fue César Brañas, quien escribió un texto de introducción titulado “Retorno y perduración de Francisco Méndez”, en el que profundiza en su poesía. Ubica la poesía entre el posmodernismo y la llegada de las vanguardias. En cuanto a la temática, señala que:

“En su objetividad, que no se rompe con el estallido rotundo del yo ni por la presencia, hoy repudiada, del corazón y el ensueño, se asienta con el señorío la naturaleza americana, cruza el indio —mineral, vegetal, sonámbulo— que en manos de la generación siguiente se convertirá en mito, en tópico, trascendido el folclor y explotado en su útil calidad de bandera de la rebelión social que sacudirá a América6”.

 

Existen algunas tesis, estudios y publicaciones sobre la obra de Francisco Méndez, algunas no se han dado a conocer, pero otras, ya son objeto de estudio y de debate, como la de Marco Antonio Flores, Dante Liano, Francisco Albizúrez Palma y Catalina Barrios y Barrios y la que fue estudiada generacionalmente por Juan Fernando Cifuentes: Los Tepeus, Generación d 1930.

Precisamente, destacados autores pertenecieron a Los Tepeus, entre ellos: Angelina Acuña, Manuel José Arce, Alaíde Foppa, Manuel Galich, Pepe Hernández Cobos, Augusto Meneses, Mario Monteforte Toledo, Virgilio Rodríguez Macal, entre otros.

La narrativa de Méndez Escobar irrumpió con una nueva fuerza literaria en varios aspectos: un discurso indigenista y muy local, específicamente con el área quiché; sus textos también poseen una fuerte carga de la oralidad: las leyendas, los mitos, el saber popular, son algunas de las fuentes de sus relatos. Los distintos narradores que utiliza y su capacidad para combinarlos.


[1] Recuerdo haber visto colgado de la pared, enmarcado y escrito a máquina el discurso que escribió cuando recibió el reconocimiento. Entre las palabras hermosas que Méndez dice, destaco: Yo soy de un lugar en el que el lema Id y enseñar a todos llegue a los que, como yo nos quedamos a extramuros de la Universidad (…) Todo el mundo intenta trascender, hasta el barrendero hace de su escoba un asidero en el cosmos.

[2] Cuando regresó del viaje, vía Panamá, el entonces ministro de Gobernación ordenó que le recogieran el pasaporte. Luego fue interrogado en esa sede y cuestionado de si se había trasformado en comunista debido a tanto tiempo que estuvo por esos lugares. Las respuestas de Paco Méndez a la estupidez burocrática fueron una serie de columnas de sus viajes a las que tituló “Cabeza de viento” y que publicó en El Imparcial.

[3] Obtuvo el primer premio en los Juegos Nacionales de Noviembre y primero y segundo lugar en el Certamen de ciencias, artes y letras “15 de Septiembre”.

[4] En 1935 publicó su primer poemario Los dedos en el barro. Al año siguiente, su novela corta Vida de Artemio Lorenzo, en 1938, en coautoría con Antonio Morales Nadler Romances de tierra verde y en 1951, también en poesía Seis nocturnos.

[5] Francisco Méndez. Cuentos de Joyabaj. (Guatemala: Tipografía Nacional): 1984.

[6] Francisco Méndez. Poesía de Francisco Méndez. (Guatemala: Editorial Universitaria): 1975.