Completamente Inmaculada es una novela de ritmo trepidante en la que los personajes viven una vorágine de la que participan pero no dominan. Inmerso en las drogas, el alcohol y el sexo el principal protagonista, guatemalteco, emprende la búsqueda de su amante perdida en Europa en un viaje que más parece un naufragio. No solamente él, sino todos, son náufragos y huérfanos en esa historia en la que no hay asideros que les permitan salir a respirar aunque sea por un instante. Ahogándose en sus propias heces, con vocación de suicidas, se aferran a amores sin futuro, truncos y desesperados a los que se entregan con pasión inefable. Puede ser que intuyan que éstos podrían ser una ventana, un resquicio para salir a flote, aunque no para salvarse. Aquí nadie pretende salvarse. Todos están desamparados, dejados a la deriva, pero nadie parece ver otras opciones: están abandonados y ofuscados y a nadie le interesa lo que pueda sucederles. Así, solitarios, desnudos y ciegos, se agrupan en el círculo mínimo de los amigos que comparten entre sí la náusea. Ese es el único refugio aunque, también, el espacio donde se multiplica la ofuscación y la marginalidad.
Completamente Inmaculada puede inscribirse en la saga de la novela de la onda, que ha hecho camino en cierta literatura guatemalteca desde los años setenta y que, con esta novela, muestra que tiene aún vitalidad suficiente para ser expresión de grupos de jóvenes urbanos de clase media que han tenido que vivir en una Guatemala convulsa y ensangrentada que parece no ofrecerles ninguna alternativa.. En otros campos, alguno de los protagonistas terminaba jugando de guerrillero, no por convicciones políticas, éticas o morales, sino por las mismas razones que lo podrían haber llevado a hundirse en el estercolero que lo rodeaba: la desesperación y la marginalidad. Ellos tendrían, después la oportunidad de apostar a su salvación personal echando las culpas de sus desgracias personales a los movimientos revolucionarios en los cuales habrían participado. No es este, sin embargo, el caso de los personajes de Francisco Alejandro Méndez. A ellos les toca vivir una época en la que no se avisora ninguna salida, en la que todas las puertas parecen estar cerradas, en la que prevalece la desesperanza.
Entre el lector a este universo laberíntico en el que prevalece la alucinación trepidante, que no lo dejará hasta el final de la novela. Afinquese bien en donde esté leyendo, asegúrese y prepárese. Abra, después, la primera página“.
