Como en todo, hubo un inicio: el nombre de resonancias judías que llega a través de mensajes de conocidos y amigos en Internet, los chateos ya usuales en estas eras de las tecnologías, el descubrimiento de intereses y objetivos comunes y, poco después, algunos gustos compartidos (por ejemplo, el del amor por los animales, de ahí la elección de elegir como portada de esta entrevista a dos de sus amores: Grey y Kleine), el intercambio de imágenes de unas muy genuinas obras en vidrio para ilustrar la portada de un amigo común cuyo nombre se nombrará más adelante. Luego, las complicidades, las discusiones, los acuerdos conseguidos sobre temas muy complejos de esa llamada “cubanidad política”, las desavenencias… en fin, el ying y el yang como debe ser en toda relación de amistad que respete esa otredad que nos escucha y escuchamos… el equilibrio.
De eso, y por eso, esta entrevista.

¿Cuándo descubres el mundo del arte? Me refiero a ese momento primero en que ese universo te tocó.
Muy pequeña, no recuerdo cuántos años tenía ni sé cómo fue, pero un día estaba pidiendo desesperadamente que me apuntaran a un taller de cerámica. Eran épocas difíciles y cuando logré mi objetivo, creo que tenía once años, a las pocas clases me quitaron del taller por un problema muy grave que tuve en la escuela. No pude superarlo fácilmente porque era mi pasión y me la arrebataron. Recién a los catorce comencé “oficialmente” mis estudios en la Escuela Nacional de Cerámica mientras cursaba la secundaria en un bachillerato con especialización en letras. En esa época ya tenía el corazón partido, porque soñaba tanto ser artista como ser arqueóloga. Lo de la arqueología sí lo tengo más claro. En la manzana de mi casa estaba la librería Santa Fe, el primer local, y me pasaba horas y horas allí curioseando los libros de la sección infanto-juvenil y no podía despegarme de los de arqueología e historia. Y como no pude decidirme, continué en la Escuela de Cerámica hasta finalizar el ciclo superior, simultaneando ese aprendizaje con la Facultad de Filosofía y Letras donde me apunté para ser arqueóloga, pero en las materias introductorias me fascinó la antropología, fue culpa de Claude Lévi-Strauss… Y aquí estoy, antropóloga y artista plástica.
¿Cuándo decides que tú misma puedes contar tus mundos a través del color? En otras palabras, ¿recuerdas cuál fue tu primer acto creativo consciente, ese instante que podríamos llamar “la primera obra seria”?
Creo que es un acto de humildad reconocer que ese momento lo viví hace muy poco, cuando recién regresada de Barcelona, donde viví 14 años y alejada del “arte”, y viendo que aquí sería imposible continuar mi trayectoria como antropóloga, por el difícil momento político que transitamos, me vi un poco “forzada” a retomar el arte.

Camila
Comencé con unas clases de joyería porque era una deuda que tenía conmigo misma: había hecho en Barcelona diseño de joyas –muy buenos, creo yo- pero sin fuego, y yo soy artista del fuego esencialmente. Fui a esas clases muy poco tiempo porque mi perra –que era mi vida y mi pasión- enfermó muy gravemente hasta quedar paralítica, y me dediqué a ella por completo los dos años y medio que duró ese trance. Mientras, hacía las joyas en casa con ella en mis pies. Fue una etapa muy creativa porque –liberada de los profesores a los que solo les importaba la técnica y me coartaban completamente, pude dar rienda suelta a mi estilo, que no tardó nada en definirse. Encaminada ya en ello, y con el enorme bagaje que traía de Catalunya y de Antoni Gaudí en la sesera, me llamó la atención el mosaico y el trencadís y allí me lancé. Inconscientemente estaba haciendo mi reinterpretación del modernismo catalán y eso me dio mucha fuerza porque empezaba a perfilarse mi estilo en el mosaico también. Yo soy un espíritu muy libre y enseguida me aparto de la “academia”, que hoy es el mercado, lamentablemente. Estaba como loca tratando de recuperar tantos años perdidos, y me apunté al seminario de escultura a la cera perdida… ¿qué paradoja, verdad? Entonces hice el seminario con el maestro Antonio Pujía. Pero cuando llegó el momento de pasar la obra de cera al metal, no me sentía cómoda con el resultado que podía esperar; además, la etapa posterior -la fundición- es ajena al artista, la hace íntegramente el fundidor y eso no me gustaba, sentía que ya no sería mía.
Comencé a buscar alternativas al metal y di con el vidrio. Ya había hecho –de estudiante- una experiencia con el vidrio con un “maestro”-espanta alumnos, y me espantó, no sé cómo me dejé… Había llegado el momento de la revancha con el vidrio -y con el fuego-. Comencé a hacer esos peces enormes de vidrio, luego los pájaros; intentaba en vano hacer piezas comerciales para ganarme la vida pero no me salen, prefiero vender chupetines en la plaza… Y ahí llegó mi momento: descubrí el casting glass, y ya nada me saca de allí. Fue en esta trayectoria -de la joyería al casting glass- donde encontré mi verdadero camino expresivo. Con los materiales que son ideales a mis necesidades expresivas. Y el vidrio necesita un soporte, y allí se me abrió otro nuevo camino: la herrería.

Una pirámide, su primer ejercicio de herrería artística.
Mis primeros pasos en el hierro los hice con un amigo, el herrero Luis Farías, que me enseñó con gran paciencia y al que le estoy muy agradecida porque también me hizo querer el hierro, un elemento normalmente masculino; luego fui a especializarme en herrería artística, una asignatura en la que apenas empecé; pero es otra vez el fuego, son las artes del fuego que me atrapan, y la tensión o contradicción entre el fuego (hierro) y el hielo (vidrio) me permitieron expresar por primera vez mi búsqueda y mi lucha por la libertad y los derechos humanos. Fijate, Amir, que cuando digo fuego y me refiero al hierro, lo hago adrede, el fuego es la técnica para trabajarlo, pero como lo oxido intencionalmente, su aspecto es cálido frente a la “frialdad” del vidrio; luego completo las obras con madera de quebracho. Llevo en la cabeza unas ideas para incorporar agua a mis obras, pero aún no las resolví. Creo que me están atrapando los cuatro elementos, quizá sea –sin proponérmelo- la búsqueda de la “universalización”, de asir todos los elementos en una forma de expresión.
Tabakman, tu apellido judío, y el hecho de saber que sientes en ti esas raíces judías, me hace pensar en algo que podría entenderse como una blasfemia: una de las prohibiciones más fuertes en el Libro de la Ley es la que establece que los judíos no pueden representar “la imagen de Dios de ninguna manera, ni crearán estatuas que representen los símbolos o imágenes de hombre o mujer y aún de animales vivos sobre la tierra” (Deuteronomio 4: 16-18). Todo lo anterior es una provocación para que reflexiones sobre tus raíces familiares, tus raíces judías, tus raíces argentinas y esos espacios de libertad que la creación representa.
Jajaja… Tú sabes que soy una blasfema, pero mucho antes de hacer representaciones “prohibidas”. De todas maneras, respondiendo con una provocación también, mis “seres” no son de la tierra, son del agua y del aire… y casi te diría que de un mundo mágico, no son terrenales en ningún sentido. Y en esto se expresa mi primer mensaje, estoy en el cielo o en el agua pero no en la “tierra”, siempre sentí que nací fuera de lugar y de tiempo. No me siento un espíritu de mi tiempo, y así lo puede expresar. Y –con lo feo que suena, pero no conozco otra manera de decirlo- soy ciudadana del mundo, mi lugar es donde están mis afectos y/o donde me siento feliz. Barcelona es Mi lugar en el mundo, o el que me llamó hasta ahora; no descarto que pueda ser algún otro, de hecho tuve planes, que se frustraron por la enfermedad de mi perra, para ir a vivir a una aldea a 14 km de Santa Marta, al pie de la Sierra Nevada, una aldea de artistas y escritores, lo más parecido al paraíso en la tierra. Mi papá era paraguayo, que emigró a la Argentina, mis bisabuelos eran rumanos y ucranianos y de algún lugar por allí que ni sabemos, judíos askenazis todos. Llegaron a la Argentina entre 1897 y 1912, así que mis raíces “patrias” las tengo bien firmes, pero como buena judía, debo tener espíritu errante bien instalado; me encanta viajar y me gusta vivir en otros lugares, imbuirme de otras culturas, y por eso renuncié a la arqueología para ser antropóloga; ese era mi verdadero “vestido”. Con respecto a mi judaísmo puedo decirte que llevo mi herencia judía con total orgullo aunque no soy creyente en absoluto, pero el judaísmo es mucho más que una religión, es una cultura y una forma de vida. La forma de vida no la llevo, para nada, pero la cultura sí, ahí reconozco mis raíces. Curiosamente fueron los graves actos de antisemitismo que sufrí desde niña (uno fue el que te mencioné al principio) que me reforzaron esa identidad; creo que hasta que me dijeron “judía de mierda”, no me había enterado de que era judía. Y eso fue muy chica, cuando no podía ni entender qué me quería decir el maestro cuando me reprobaba todo y me llenaba de notas diciendo que no era mi culpa el ser tan “burra” sino que era culpa de mi “mentalidad rabínica”. Por ahí deben andar esos boletines y esos cuadernos. Esos ataques y esas violentas discriminaciones, reforzaron mi identidad, soy rebelde por naturaleza y si me dices judía de mierda es porque no te gusta que sea judía y entonces lo seré más, para que aprendas, ¡carajo! Aquí volvemos a la antropóloga; creo que cuando en el primer semestre de la universidad leí los discursos que pronuciara Lévi-strauss – “Raza e historia” y “Raza y Cultura”- en la ONU, no podía sino hacerme antropóloga; ahí encontré las respuestas a los desvaríos de los nazis que tuve que enfrentar de muy niña (y hace poco, otra vez). L.Strauss desbarataba por completo las pretensiones científicas del racismo imperante en el mundo desde el siglo XIX. Y lo hacía en un mundo mutilado y desangrado por la barbarie nazi. Desde ese punto de vista, creo que él hizo uno de los aportes más sublimes a la humanidad en el siglo pasado. Y curiosamente, –y para provocarte 😉 – era nieto del gran rabino de Versalles, así que si él fue el gran genio humanista que fue –aún teniendo “mentalidad rabínica”, ¿por qué yo no podía ser como él? Y como desde muy chica me molestaron mucho las injusticias, la antropología primero, y el arte después, me ayudaron a poner mi granito de arena para luchar contra ellas.
Si te pusieras a pensar ahora mismo en quiénes fueron tus maestros, los que te lanzaron a crear, los que más te marcaron en tu formación, ¿a quién mencionarías?
Es una pregunta que tuve que pensar mucho. Y la respuesta me sorprendió a mi misma. Mis “maestros” en ese sentido, no han sido los “artistas”, han sido los profesores de las asignaturas técnicas. Y eso es muy curioso. Entre los profesores de esas asignaturas me encontré siempre personas muy generosas, que no mezquinaban sus conocimientos ni pretendían deformar tu lenguaje expresivo. Ellos se esmeraban para que domináramos las técnicas para que luego las podamos aplicar a nuestro lenguaje. Y creo que es el mejor aporte que he recibido. Y luego, el maestro que me marcó de verdad fue Juan Bayón, mi profesor de dibujo durante varios años de mi carrera. A él le debo, ni más ni menos, que me haya demostrado que yo era “artista”. El dibujo nunca me gustó, ni la pintura, lo mío es la obra en 3 dimensiones. Trabajábamos con modelo vivo, y todo el curso copiaba fielmente al modelo, y mis dibujos no se parecían en absoluto. Yo lo vivía mal, tenía 14 años cuando empecé con él las clases, y esto que me dijo, creo que fue cuando tenía 18 o 19: “todos estos alumnos son excelentes copistas, pero tú eres la única artista del grupo, porque tus dibujos no se parecen en nada al modelo, tienen personalidad, tienen estilo, y esos dibujos hablan de y por ti, y eso es el arte”. Jamás olvidé sus palabras y se las agradezco infinitamente.
En este dossier mostramos algunas de tus obras en dos campos de creación muy distintos: la joyería y la alfarería (escultura) en vidrio. Sabemos que todo arte conlleva la prueba en la búsqueda de un camino propio, íntimo, para comunicar lo que queremos del modo en que queremos hacerlo. ¿Cómo ha sido en tu caso esa experiencia?
Me fascina la joyería porque es una de las artes del fuego, y la plata es tan noble para trabajarla que es un deleite realmente. Pero la joyería tiene limitaciones para mí, de índole económica –por los precios de la plata y por lo enorme y pesadas de mis joyas—y porque, aunque mis joyas son muy grandes para ser joyas, son muy pequeñas para mí, soy muy ampulosa, necesito “decir” con letra grande, mensajes rotundos, y un colgantito o un anillito no tienen la “voz” suficientemente alta y clara para hablar por mí. Luego, además de la queja de los precios, me dicen: “y eso quién lo carga en el cuello, acabas doblada”… pues respondo: “¡lo cargo yo!”. El vidrio, junto al hierro, me permitió “gritar” que los bienes más valiosos son la libertad y el respeto por los derechos humanos. Y eso intento. Ya hice una serie de obras con el tema de la libertad, y estoy haciendo ahora mismo unas en homenaje a los niños víctimas del nazismo.
Personalmente, lo hemos comentado desde que conocí tu trabajo, creo que el trabajo artístico en vidrio resulta a veces más “sabroso” (así diríamos los cubanos refiriéndonos a lo enigmático de algunas artes), pues más allá de los mensajes que tú quieras incluir en cada pieza, la propia naturaleza del vidrio trasmite otros significados que pueden reforzar e incluso variar la propuesta comunicativa del artista, lo cual, sin dudas, es un reto. Hablemos, entonces, del vidrio y esos enigmas desde tu experiencia.
El vidrio es maravilloso porque, siendo absolutamente frío, puede trasmitir todo lo contrario. Y siendo tan frágil, aparenta fuerza y la trasmite. Luego está el tema de la transparencia o de la traslucidad (no sé si existe esta palabra) que nos permite jugar con las luces y las sombras creando ese discurso paralelo, fantasmagórico si quieres. Es fascinante, porque una misma pieza en un sitio o en otro, de día o de noche con luz artificial, frente a espejos, o ante diferentes fondos, crea múltiples obras. El observador tiene muchos más recursos para leer esa obra que un óleo, por ejemplo. Y ahí encontramos otra disyuntiva: Arte (con mayúscula) vs arte efímero; cada obra nace y muere a cada instante. Cada obra es como una representación teatral. Muere al final de cada función, y renace con la siguiente. Es infinita. Lo único que le podemos reprochar al vidrio es que es muy puñetero para obtener un buen trabajo, hay mucha ciencia y mucha técnica en este arte, aparte de la magia y la alquimia que se opera dentro del horno.
Aunque ya es conocida la riqueza expresiva de las artes plásticas argentinas, me gustaría que intentaras explicarle a nuestros lectores cuáles, desde tu perspectiva, son las principales tendencias en Argentina hoy y, dentro de esas tendencias, dónde podría inscribirse tu obra, aún cuando, como me has dicho, sigues siendo (y prefieres serlo) un eslabón suelto, libre.
Mira, estuve 14 años fuera, y aunque llevo 4 aquí, estoy muy desconectada. Nunca me sentí cómoda en esos ambientes, me parecen sectarios, competitivos. Yo voy por libre, emprendí mi propia búsqueda y me lleno con seminarios de especialización. Hoy por hoy, los seminarios intensivos se han puesto de moda, y no me gusta esa moda. El trabajo artístico y con tan nobles elementos necesita de toda la dedicación y de un verdadero intercambio docente-alumno. Y estoy en ese camino. En este momento estoy haciendo un seminario de especialización en casting glass con una gran maestra del vidrio –Mónica Adler- con la que, además de aprender mucho, me divierto mucho también, y eso es esencial, odio la solemnidad en una clase, y menos si es de arte. Yo soy muy irónica, sarcástica, y ella también y eso crea un clima muy agradable de trabajo. Y considero que ella es una “maestra” porque si observas los resultados de las clases, y ella lo remarcó -con la gracia que solo ella tiene para decirlo- que es increíble ver cómo nos está enseñando a Maru Álvarez Herrero, colega y amiga, y a mí lo mismo, y cómo nuestros trabajos no tienen nada que ver, pero nada de nada. Y si miras su propia obra, menos tiene que ver con los trabajos de Maru y con los míos. Eso es un maestro en mi criterio; ella es una maestra sin dudas, y es generosa con su saber, no se guarda nada – tradición heredada de la Escuela Nacional de Cerámica, de la que también es egresada.
La libertad en muchas de sus connotaciones aparece como subtexto en la mayoría de tus obras. En algunos casos, sobre todo en tus pinturas (murales) también un espíritu de rebeldía ante la opresión de un entorno siempre enemigo, siempre acechante. Pero, sobre todo, hay paz, como esa luz que todos buscan al final de un túnel. Crear, lo sabemos, no es sólo juntar palabras (en literatura), o como en tu caso, no es sólo trabajar el vidrio, el hierro, la piedra y hacer figuras: hablemos de la libertad, la opresión, la búsqueda de una luz al final del túnel y la paz en tu obra.
La libertad es la premisa básica del artista; sin libertad no se puede crear, me refiero a la libertad del espíritu. Tú puedes estar encerrado y privado de tu libertad, pero si tu espíritu es libre, si no doblegaron tu alma, seguirás creando de cualquier forma y en cualquier circunstancia. Yo creo, honestamente, que el mundo es horrible, que la realidad es espantosa; no puedo, no me da la moral para medir la “felicidad del mundo” a partir de mi propio huerto, que de idílico tampoco tiene nada… pero en la comparación, sería muy miserable quejarme. Y allí nace mi compromiso por la libertad y la dignidad humana. Y en esto asoma otra vez la raíz más sólida que ancló en mí del judaísmo, del Talmud más precisamente: quien salva una vida, salva a la humanidad entera. Y como creo que no solo de palabras o esculturas se trata, sino de actuar, es que acompaño mis obras con mi aporte en el mundo real, donde hago falta. Y aunque este mundo me repugna, soy optimista- quizá a mi pesar- y mis obras muestran de esa manera lo malo, trasmutado en bueno, el pájaro encarcelado logra abrir las rejas y volar, el pájaro es rojo, rozagante, pletórico de vida, enérgico, emprende el vuelo aunque lo encerraron y pretendieron cortarle las alas. La realidad ya es muy fea y los finales felices son pocos; mostrando el lado positivo, podemos contagiar esa actitud. Me niego a creer que nada se puede lograr. Creo que eso es lo que dicen mis obras.
A todas tus labores como creadora podemos sumar también la gran responsabilidad de asumir la gestión, edición y actualización regular del blog “Los hijos que nadie quiso” del escritor cubano Ángel Santiesteban-Prats. ¿Qué te hizo asumir como tuya una causa que podría considerarse “ajena”? ¿Podías resumir a los lectores de OtroLunes qué esfuerzo adicional presupone para tu vida asumir algo tan complicado y fatigoso como un blog de un escritor que, además, está preso en Cuba y por ello la comunicación entre ustedes jamás es “normal”?
Hace muchos años viajé –engañada como todos- a conocer “La isla de la felicidad”, y por suerte y por desgracia, la dictadura se confundió conmigo y me envió a un hotel para cubanos; allí no solo me confundieron con rusa (se alojaba también la tripulación de Aeroflot) y me trataron muy pero que muy mal. Era el año 92… ¿Comprensible, verdad? Pasé verdadero pánico en el hotel, hasta que un mexicano que visitaba al hijo que había tenido con una cubana y que también se alojaba en el hotel, explicó que yo no era rusa sino argentina. Ahí comenzaron a “amarme” pero no dejé que se me acerque nadie, desconfiaba de todos. Y lo peor y que fue lo primero que me abrió los ojos, fue que descubrí que en la habitación había micrófonos. Parecía estar viviendo un capítulo del Super Agente 86 pero en versión terror.
Sería muy largo de explicar todo lo que viví esos 8 días en Cuba, pero conocí la Cuba real, no la ficción que inmoralmente pretenden vendernos. Me fui de allí dejando amigos entrañables a los que prometí que si podía hacer algo, lo haría. Lamentablemente, perdí contacto con ellos y llevo años preocupada, pero no encontré la manera de encontrarlos aún. Viví el terror del cubano dentro de su propia casa, cerrando las ventanas con un calor insoportable para que no nos escuche la chivata de la manzana, entrando y saliendo a escondidas de la casa cuando ya era de noche, viendo la porquería que les daban –con una libreta de racionamiento- para comer, viendo la foto del Ché presidiendo la mesa mientras me contaban que tenían que tener una foto de algunos de esos malditos que habían sometido al país, para no ganarse problemas, y que preferían la del Ché, el menos malo porque ya estaba muerto, y el que ya no les podía hacer más daño. Les compré de todo en las “diplotiendas”, les regalé casi toda la ropa que llevaba conmigo, nueva, para el viaje; me dejé solo un par de prendas porque me quedaban días para volver a mi país, y una falda que me fascinaba. Cuando llegué a México, la falda no estaba, me la había robado la mucama del hotel, que siempre me trató mal y nunca limpió el baño ni la habitación, solo estiraba la cama de mala manera: una cucaracha enorme, patas para arriba me recibió, y me despidió una semana más tarde, no la quité para ver si se dignaba quitarla ella. Y fue así que descubrí que eso de paraíso no tenía nada, era lo más parecido al infierno que había visto. No me refiero a la miseria, que también vi en muchos países; me refiero a la dictadura y el pánico de la gente; yo era muy niña cuando la dictadura de Videla, así que Cuba fue mi primer gran compromiso real.

“El verano en que Dios dormía”, obra dedicada al escritor cubano Ángel Santiesteban-Prats.
Parece muy simple la explicación, y lo es. No puedo tampoco contar todo aquí porque sería muy largo y porque no quiero referir detalles que delaten quiénes fueron los que me abrieron los ojos, por protegerlos. Hace cuatro años llegó el momento de cumplir mi promesa cuando me pude sumar al proyecto de unos amigos cubanos; luego creé otros proyectos con otros amigos cubanos y me vi atrapada hasta 16 horas por día trabajando por la libertad de Cuba. En ese momento, una persona conocida me pidió si podía ayudar a Ángel. Yo había escuchado hablar de él sólo desde poco tiempo antes, cuando publicó la primera carta abierta a Raúl Castro y aluciné por el hecho de que un cubano, viviendo en la Cuba que yo conocí, pudiera hablar de esa manera. No sabía entonces las acusaciones que pesaban sobre él. Cuando me pidieron que lo ayudara con el blog, no lo dudé: conocía demasiado bien cómo actúa la policía política como para no saber que todo era una patraña contra Ángel. Acepté ayudarlo si podíamos conversar y que él supiera quién era yo y porqué estaba entregada a esa “causa ajena”. Le dije que nada humano me es ajeno y que si él me aceptaba sabiendo quién era y cómo era, emprendíamos el camino juntos. Y así fue, hicimos un gran equipo porque nos entendemos muy bien, defendemos los mismos valores y con la misma convicción aunque no siempre pensamos igual, pero esa es justamente la esencia de la libertad: el respeto por el otro y el diálogo.
En realidad, el trabajo con el blog, es una mínima parte de mi trabajo, porque yo gestiono su caso antes los organismos y organizaciones internacionales, me ocupo de difundirlo y denunciarla la injusticia ante el mundo. No es una tarea fácil porque es mucha, necesita una entrega total y así la asumí. Y luego, el otro lado oscuro, los ataques, ofensas y amenazas que he recibido y cada tanto recibo; eso, sumado a que van por ahí hablando mal de mí a escondidas y cada dos por tres me entero porque alguien me lo cuenta; pero honestamente, me tiene sin cuidado, me lo tomo como de quienes viene, me apena que haya gente tan pequeña de espíritu. Cuando uno decide asumir un compromiso real con una causa de esta magnitud siempre estará expuesto a este tipo de ataques. El objetivo es vencer por cansancio para que uno abandone, pero conmigo se equivocan de plano: más me atacan, más me fortalecen, igual que Ángel: nada ha podido contra él, ni podrán conmigo. También gente que me quiere bien, que no es cubana, me ha dicho muchas veces porqué hago esto si me atacan así por una lucha que no es “mía”. Yo no soy una militante política; soy una activista por los derechos humanos “Freelance”, si cabe el término, aunque a veces me siento como una Dama de Blanco alienígena, porque no soy del planeta Cuba y me cuesta demasiado comprender sus circunstancias, sobre todo las referidas al comportamiento del cubano ante el dilema político que atraviesa el país. Pero es mi reto humano; conocer a Ángel y ayudarlo en este durísimo trance me enriqueció muchísimo como persona, pasamos juntos pruebas muy duras y siempre las superamos con éxito, y además, ayudando a Ángel, lucho por todos los presos políticos y por la libertad de Cuba; esta lucha es por todo. Eso es algo que los cubanos no comprenden, porque caló demasiado profundo el objetivo de los hermanos dictadores, de dividirlos para vencerlos. Como no soy cubana, no tengo compromisos ni deudas con nadie; me importa un comino que hablen mal de mí y sigo con mi compromiso firme como el primer instante. Para mí, además, es un orgullo ayudar a un auténtico héroe como lo es Ángel.
Y ya que estamos hablando de Ángel, te adelanto que estamos trabajando juntos en un proyecto artístico; hace mucho que queríamos hacer algo juntos y ya es un hecho. Yo quería hacer una obra homenaje a los niños de Terezín, del gueto que está a 60 km de Praga. Los nazis montaron un circo en dicho gueto para engañar a los observadores de la Cruz Roja, mostraron un asentamiento para judíos, ideal, el lugar perfecto para que vivan felices y crearan arte; pero ni bien se dieron vuelta los inspectores, enviaron a casi todos a Auschwitz. Quedaron todas las obras que allí se crearon, y son particularmente perturbadoras las de los niños. A ellos dedico mi obra; Ángel escribió el relato que transcurre justamente allí. Es un cuento maravilloso que publicaremos cuando esté lista mi obra. Nadie mejor que Ángel para escribirlo, pues él fue llevado a un campo de concentración: la prisión 1580, justamente cuando los periodistas visitaron las cárceles, tuneadas como centros turísticos para mostrar a la prensa una farsa. Para cerrar el tema de lo “ajeno”, Ángel me dijo que me agradecía que le haya propuesto hacer este trabajo juntos porque sentía que ahora ya había cumplido con la humanidad.
De alumna has pasado a maestra, a partir de esos cursos que ofreces desde tu taller. ¿Qué nuevas experiencias ha traído para la artista que ya eres esa asunción del magisterio, la responsabilidad de trasmitir lo aprendido a otros creadores?

Obras en vidrio vitrofusionado de los niños a quienes Elisa Tabakman enseña este arte.
En realidad yo fui docente mucho antes que artista; comencé a enseñar cerámica muy joven, antes de cumplir 17, a niños; hice una carrera docente hermosa que me la truncaron cuando me dejaron sin taller; luego fui docente en la universidad, tenía dos asignaturas: Introducción a la antropología y Métodos de investigación social, lo dejé cuando me fui a Barcelona. Me gustaría alguna vez volver a dar clases en la universidad. La docencia es esencial para el propio crecimiento, enseñando se aprende más que estudiando si uno es un docente humilde y honesto. La docencia es un desafío constante, te oblga a actualizarte, a estar en movimiento, a no dejarte estar, además te va poniendo a prueba sin cesar. El feedback con los alumnos es muy enriquecedor. Hace muchos años que no daba clases y me estoy poniendo al día. Tengo alumnos adultos y niños, dos universos, dos desafíos, preciosos ambos.
Una pregunta final: ¿en qué proyecto andas ahora de cara al futuro?
Estoy trabajando en la obra de los niños de Terezín, y para dos muestras, una individual, y otra colectiva. Quizá una tercera, pero no sé si será este año o si quedará para el próximo. Sigo con el seminario de especialización de casting glass, y luego de las vacaciones de invierno quiero retomar las clases de herrería; pero no sé, la primera muestra es a fines de agosto y tengo mucho trabajo aún por hacer para ella. Y por supuesto, todo este trabajo a la par del trabajo para el blog de Ángel y de su causa.