No siempre es posible encontrarse con libros buenos, que enseñen, y que a la vez su lectura no sea una tortura china. Los escritores de ensayo (como los de obras que son producto de investigación en general) a menudo son seres extraterrestres en los que el sentido del humor o la simple expresión agradable está ausente de sus vidas absolutamente. Luego los textos son arduos, aburridos, extensísimos, con un vocabulario sacado de lo más arcano de un diccionario para iniciados y totalmente complicados. Eso no sucede con este libro. Afortunadamente.
“América Central en el ojo de sus propios críticos. Una visión desde adentro hacia una literatura desde adentro” es una obra que logra el equilibrio entre el libro académico, formal, sistemático y riguroso; y el tipo de escrito claro, breve y ameno. Esto es una maravilla porque entonces tenemos una colección de ensayos (nueve en total) que pueden leerse casi de manera inmediata y rápida, sin mayor fatiga ni complicación, con la ventaja de obtener un producto fascinante que consiste en conocer el estado actual de la literatura centroamericana.
El mérito, hay que decirlo desde ya, es de Francisco Méndez quien al conjugar los dotes naturales del buen escritor, la rigurosidad del investigador y el espíritu jovial y ameno del narrador, ha logrado una obra digna de estudio y provechosa para quien se acerque a ella. Lo suyo en este libro ha sido la selección de ensayos, el cuidado de la edición y la promoción de la publicación, una tarea aparentemente fácil pero que exige seguimiento, constancia y mucha paciencia.
Los ensayos han sido escritos por académicos especializados de los diferentes países de Centroamérica. Estos son: Adriano Corrales Arias, Iris Mayela Chávez Alfaro y Carlos Manuel Villalobos de Costa Rica; José Luis Escamilla de El Salvador; Héctor Miguel Leyva Carías de Honduras y el mismo Francisco Alejandro Méndez, de Guatemala.
Cada uno de los ensayos intenta explicar el estado actual de la literatura centroamericana, sus principales exponentes, el pasado reciente y el futuro que se vislumbra. No hay elogios gratuitos ni crítica amarga, sino la exposición explicativa del carácter de cada obra. Sólo hay un texto en el que no se habla de autores específicos ni de la literatura como tal en el istmo y es el llamado “La zorra y el gallina: variantes de género en el insulto costarricense”, que por lo demás es interesantísimo porque expone las formas de insulto que prefieren los ciudadanos y la literatura de ese país del sur.
Entre los nombres de escritores que según los estudiosos son los más representativos de la literatura centroamericana actual están: Horacio Castellanos Moya, Jacinta Escudos, Ana Cristina Rossi, Carlos Cortés, Rodrigo Soto, Alexander Obando, Julio Valle Castillo, Rafael Murillo Selva, Rodrigo Rey Rosa y Franz Galich. Estos son representantes, aseguran, de un tipo de literatura nueva que deja atrás una sensibilidad estética diferente marcada por los efectos del período posbélico.
En el ensayo “El más violento paraíso: Del hipertexto al Minotauro-Lector”, Francisco Méndez expone los atributos de la obra de Alexander Obando, afirmando que es un escritor importante, con una propuesta nueva y valiosa, pero que sin embargo ha sido muy poco estudiado. “El más violento paraíso”, dice, es una novela en donde se expresa fundamentalmente los rasgos de una literatura “posmoderna”.
Lo posmoderno le viene de diversas partes: del zapping que hace el escritor en las historias “típica de la lógica de la fractación que impone la posmodernidad”; de la deconstrucción que se hace al posible héroe de la novela clásica; del efecto lúdico que busca el interlector “que procura fundamentalmente entretenerse a sí mismo” y del “ofertorio de autonomía” que significa la oferta plural de opciones.
En “la nueva novela costarricense”, Adriano Corrales Arias, se acerca al origen de la literatura de su país, explica la evolución que ha tenido y las características e importancia que tiene la literatura en el presente inicio de siglo. Afirma que la literatura nacional se originó como una mezcla de periodismo, costumbrismo, crítica, crónica e histografía. En realidad, dice, el primer novelista concebido como tal, va a ser Jenaro Cardona con “El Primo” en 1905.
Entre los nuevos narradores citados por Corrales, “quienes aparecen al lado de algunos que siguen publicando activamente como José León Sánchez, Carmen Naranjo y Alfonso Chase” están: Rafael Ángel Herra, Virgilio “Polo” Mora Rodríguez, Rodrigo Soto, Carlos Cortés, Ana Cristina Rossi, Julieta Pinto, Fernando Durán Ayanegui, Tatiana Lobo, Alexander Obando, Mario Zaldívar, Rodolfo Arias, Fernando Contreras, Sergio Muñoz y Dorelia Barahona.
“La novela contemporánea costarricense transita diversos caminos, múltiples visiones, espacios inéditos y variados códigos estéticos. La producción y edición novelística han crecido y son ya bastantes los nuevos escritores que se han asumido como tales reivindicando la tarea de narrar y, por supuesto, haciendo valer el oficio”, afirma el estudioso.
El ensayo “La zorra y el gallina: variantes de género en el insulto costarricense”, como ya se ha dicho tiene un carácter diferente a los demás textos. En éste se intenta explicitar aquellos insultos en la que los “ticos” se sienten más proclives y utilizan más, no sólo en su diario vivir, sino incluso a nivel literario.
Dicho texto, escrito conjuntamente por Carlos Villalobos y Francisco Méndez, comienza definiendo el verbo insultar que significa “ofender a uno provocándolo e irritándolo con palabras o acciones”. Es curioso, dicen los autores, mientras otros verbos tienen facultad preformativa como “jurar” y “prohibir”, el verbo insultar no sirve para insultar. “Sería ridículo, insultar a otra persona diciéndole: Te insulto”. Partiendo de estas ideas preliminares el ensayo expresa los principales mecanismos de construcción de la agresión verbal.
“El más común es la metáfora, pues precisamente la comparación odiosa, escatológica o denigrante es lo que más molesta (.). El insulto suele ser disfemístico, es decir que busca la manera más grotesca de enunciar la comparación. Ejemplo (de esto es) ‘saco de mierda'”.
Igualmente, el insulto suele ser irónico o con matices de humor como cuando se le dice a alguien “carepicha”. La metonimia también puede formar parte de dichos mecanismos, sobre todo cuando se enuncia como “pedazo de idiota, de mierda o de rata”.
Puede advertirse, entonces, que el conjunto de la obra ahora presentada es de suyo interesante y enriquecedora. Constituye el tipo de lectura en el que se aprende, se disfruta y se entretiene. Ojalá lo puedan leer.