Francisco Alejandro Méndez, Guatemala y la voz

Sobre la obra cuentística y novelística.

Por Amir Valle

Antología de sus cuentos.

Francisco Alejandro Méndez – Dossier, 36

El arte de contar historias le viene por herencia familiar al escritor guatemalteco Francisco Alejandro Méndez: desde que su abuelo Francisco Méndez murió de leucemia a los 52 años, algo mágico, quizás un mensaje, se quedó en la atmósfera familiar y ese algo mágico fue recogido, o tomo posesión del cuerpo y el espíritu del nieto de aquel hombre que es considerado uno de los nombres imprescindibles del cuento en Guatemala.

De esa raíz bebió Francisco Alejandro Méndez desde muy joven, pues confiesa que sus primero años transcurrieron en espacios llenos de libros dedicados a su abuelo por grandes escritores del siglo XX: Neruda, Vallejo… Y un día se descubrió él mismo un contador de historias, un narrador, de modo que no ha vuelto a hacer otra cosa desde entonces.

Confiesa Francisco Alejandro Méndez que en su formación hay una amalgama de sentimientos, vivencias, influencias, que van desde esa mítica historia ancestral de pertenecer a una cultura que inventó el cero y llega hasta las más recientes oleadas de violencia en las calles de su país; que van desde la magia de una exuberante naturaleza hasta la magia triste de la pobreza que se lleva cada año miles de personas a la tumba simplemente por hambre; que van desde la presencia de su abuelo en la historia literaria de Guatemala hasta la labor titánica que él mismo ha desempeñado al publicar recientemente el primer Diccionario de Autores Guatemaltecos.

Hay un cuento de este escritor, “Sombras de jaguar”, que de muchos modos es un compendio de sus intereses como cuentista. Dos periodistas deciden internarse en la selva tras la caza de un jaguar, ese hermoso y fiero animal que es, de muchos modos, una presencia típica (y exótica y folclorista) de la fauna latinoamericana. Y en esa búsqueda nos enfrentaremos a situaciones características del realismo mágico, veremos escenas propias de eso que los críticos llaman “urbanidad literaria o crónicas urbanas”, asistiremos a reflexiones sólo existentes en la más pura literatura sociológica, nos enfrentaremos a momentos de alto erotismo y profundo sentimentalismo amoroso, igual que nos daremos de cara con el dolor, la desesperanza, el poder militar, la pobreza, el hambre… una literatura que hurga en las profundidades de la dura realidad de esa nación centroamericana.

Bajo esa pátina nacen los cuentos de Francisco Alejandro Méndez. Y es una pátina que habla muy bien de la alta calidad de sus propuestas, que van acompañadas de una madurez estilística asombrosa. No engañamos a nadie si decimos que en América Latina hay pocos cuentistas de la calidad de este narrador. Creador de inolvidables personajes, poseedor de un poder de utilización del diálogo que le sirve para definir psicológicamente a sus personajes y apartarlos de esas marionetas que hablan igual unas a otras tan común en buena parte de la literatura que hoy se publica en lengua hispana, y dueño de una prosa fluida, musical, colorida y exuberante, Francisco Alejandro Méndez sabe, además, seleccionar de la realidad esas historias que son el perfecto material para una perfecta y vívida historia literaria.

Por si fuera poco, este narrador nos habla desde la esencia misma de su nación, de su país, de su naturaleza y de su cultura: cuatro términos que, al ser utilizados en sus historias contadas o noveladas, le confieren a su obra el poder de ser una voz única, personal y, al mismo tiempo, ser también la voz de ese país centroamericano de tanta cultura y tanta historia que es Guatemala.