La novela urbana producida en Centroamérica al iniciar el siglo XXI no acaba aún de explorar las dimensiones del desequilibrio psicológico y el desencanto existencial que generó la caída de la esperanza a partir de los años ochenta del siglo anterior. Algunos de los estudiosos de la literatura centroamericana simplemente llaman a este fenómeno: “estética del cinismo” y otros lo denominan como“literatura de posguerra”; pero más allá del bautizo académico, esta narrativa se encuentra a sí misma completamente inacabada, paradoja que permite parodiar el título irreverente que Francisco Méndez le ha puesto a su última novela: Completamente Inmaculada. Se trata de una narrativa en proceso que se busca en los callejones del laberinto citadino, pero las calles llevan a más ciudades y el sujeto urbano se da cuenta de que la búsqueda la resulta absurda.
Completamente inmaculada se acaba de publicar en Costa Rica bajo el sello editorial de Perro Azul y aborda el tema de las vicisitudes de un grupo de jóvenes guatemaltecos de clase media que perviven en la ciudad y se enfrentan a un mundo de drogas, enajenaciones y vivencias extremas que los desalienta y los lanza a las drogas y al absurdo.
Francisco Alejandro Méndez, periodista y escritor guatemalteco, ha emprendido la tarea de explorar los complejos linderos de este sujeto perdido en la intersección de cualquier acera del mundo. De ahí títulos como Crónicas suburbanas, Ruleta rusa, Líneas aéreas, sobrevivir para contarlo y Manual para desaparecer; libros ya publicados que muestran la saga de una de las voces literarias que empieza a ser reconocida más allá de las fronteras centroamericanas.
El juego iconoclasta del relato coincide con la estética “underground” que la novela de la onda había propuesto en Guatemala desde los años sesenta. Completamente Inmaculada es la historia de un joven chapín que vive en un ambiente de aventuras nocturnas y experiencias límite con drogas, sexo y violencia. En una de las fiestas conoce a una española que dice ser “completamente inmaculada”. Aventura con ella una corta relación que lo marca fatídicamente, al punto que en un ramalazo de obsesión decide viajar hasta Europa para buscarla. No sabe su dirección ni tiene mayores datos, pero aún así va hasta Madrid y no le basta el absurdo de buscarla ahí, sino que incluso llega a otros sitios como París y Londres, con la esperanza de que tal vez ahí sí pueda hallarla.
La literatura universal está repleta de búsquedas, especialmente la latinoamericana que intentó hallar la causas del origen y puso a un misterioso muchacho a buscar a su padre, un tal Pedro Páramo en la famosa novela de Juan Rulfo, o a un musicólogo que logró hallar el origen edénico en Los pasos perdidos de Carpentier. Pero la búsqueda que emprende el protagonista en la novela de Méndez ya no transita por los linderos de la identidad ni el significado. Es una búsqueda posmoderna donde la estabilidad del signo se ha hecho trizas y solo queda la ambigüedad perenne. Es búsqueda y no es una búsqueda, pero también es una clara subversión del tránsito sagrado que guía a los fieles en busca de la salvación.
El mito mariano se invierte y la Madona, igual que la famosa cantante de Pop estadounidense, se convierte en una mujer contraria al mito de la virginidad y a la idea de ángel sagrado. Se libera así de las ataduras ideológicas de las normas patriarcales. Es la antítesis de la virginidad idolatrada según los imaginarios católicos que perviven en Latinoamérica. Por ello el viaje del protagonista es necesario como consagración invertida: es el peregrinaje como sacrificio merecedor de milagros, es el romero que visita el santuario donde nació la Virgen, el fiel que va en procesión en busca de alivio para su propia culpa.
Como corolario de este discurso erotizante y subversivo, la portada muestra un extracto pictórico de un óleo de Adrián Arguedas que se titula “Según tu punto de vista yo soy la mala”. Palabra e imagen se vuelven cómplices en esta función que trae a cuento La genealogía de lo moral de Nieszche y la resume mediante dos alegorías estratégicas.
La palabra que atraviesa el relato es peregrina del deseo, igual que Francisco Méndez y sus diferentes peregrinajes de Costa Rica a Guatemala, igual que el vocho gris que lo lleva de ciudad en ciudad pregonando la mala nueva de una literatura completamente inacabada.
