La metáfora de la búsqueda en Completamente Inmaculada

Sobre la novela homónima

Por Ana Margarita Polaczyk

Su primera novela.

Francisco Alejandro Méndez – Dossier, 31

Esperanza dentro de la desesperanza; ternura y compasión dentro de la destrucción; amor dentro de la soledad e incomunicación; el fracaso; pero sobre todo la metáfora de la búsqueda son algunas frases claves para describir la novela Completamente Inmaculada (2002) escrita por el escritor y académico centroamericano Francisco Alejandro Méndez (1964).

¿Encontraría Ezequiel a Inmaculada? ¿Encontraría Oliveira a La Maga?  Ezequiel es  el Oliveira guatemalteco e Inmaculada es La Maga de la Rayuela de Julio Cortázar. La Maga es la mujer que infructuosamente busca Oliveira tanto en París como en Buenos Aires.  Inmaculada es la mujer que Ezequiel busca infructuosamente en París, Madrid y Granada. La búsqueda es el gran generador de la trama de ambas obras.

¿Pero qué nos devela la búsqueda de Inmaculada? Su búsqueda, el recorrido de Ezquiel por Europa nos revela -a través de la fusión del pasado y presente de su vida, y  del recuerdo y su memoria- una sociedad que vive inmersa en un ambiente hostil.

Con Ezequiel recorremos y nos reconocemos como pertenecientes a una sociedad sumida en una guerra que continúa a pesar que en la historia oficial ya está dada por terminada; examinamos una ciudad-selva habitada por una contracultura representada por los jóvenes amigos llamados Ezequiel, Alfonso, Horacio, Andrés Bocanegra, entre otros compañeros, que rompen con las normas y los valores sociales tradicionales para la sociedad Guatemalteca, especialmente en lo referente a las prácticas sexuales y consumo de drogas.  O más bien Completamente Inmaculada da voz a lo que ya se sabe de la sociedad guatemalteca, pero que la doble moral impide que salga a flote.

El paseo de Ezquiel por las grandes urbes –paseo rememorador  del dandy de finales del siglo XIX- es también un paseo por la  memoria de este joven periodista que nos hace concientes sobre   la condición de la ciudad: ya no como un elemento civilizador para eliminar, contrarrestar o civilizar al bárbaro sino un lugar salvaje, una jungla de concreto, un lugar violento en donde se puede evadir la realidad de una vida marcada por el  fracaso, por el vacío existencial del hombre por medio del sexo, alcohol y drogas.

Ezequiel plasma una urbe centroamericana en donde aprende a drogarse y donde los narcóticos forman parte de la cotidianidad: son consumidos por jóvenes guatemaltecos, por jóvenes extranjeros los cuales tienen posibilidad de agenciarse productos de mejor calidad. También pinta una ciudad donde homosexuales y heterosexuales conviven sin mayores conflictos morales, más bien donde se toleran las prácticas sexuales diferentes.

Pero sobre todo esta ciudad-selva deja al descubierto el secreto a voces sobre la conducta extrema de los jóvenes. Las fiestas de Ezequiel y sus amigos quizás sean las antecesoras, en el ámbito guatemalteco, de las famosas rave parties que se sabe que existen. Los padres y los maestros saben de ellas pero es rara la persona que habla abiertamente sobre las mismas.

Y es que Ezequiel y sus amigos son los raros, los extraños que al ritmo de Jimmy Hendrix, las Spice Girls, Gary Moore, Kiko Veneno, los Gipsy Kings entre otros íconos de la cultura popular, pasan por ritos iniciáticos sexuales –como los de Ezequiel en su habitación, exdormitorio de la servidumbre de su casa- de consumo de alcohol, drogas y hongos alucinógenos.

Pero este comportamiento al margen y fuera de la norma de Ezequiel y compañía trata de llenar un vacío existencial. Ezequiel narra que:

“Mientras que los fisiquines bailaban, se divertían y hasta bombeaban con las mujeres, los feos nos emborrachábamos y drogábamos hasta el éxtasis de la locura.” (Méndez 15)

“Lo anterior se repitió durante años. Quienes éramos rechazados por las dulces náyades, que tenían la gentileza de mandarnos al cuerno, nos dirigíamos al baño para fabricar un cigarro de marihuana.” (Méndez 15)

La siguiente descripción realizada por Ezequiel sobre  él y sus amigos es fundamental para comprender su comportamiento:

“Mis amigos y yo pertenecíamos a lo oscuro de las parrandas. Éramos los primeros en comenzar los pleitos, en orinarnos en las fuentes de los jardines interiores o en soltar a los perros guardianes de la casa para que salieran a tirar mordidas a todos aquellos que estuvieran bailando.” (Méndez 78)

Pero el amigo raro por antonomasia, el gran amante y admirador de la extraño es Andrés Bocanegra. Andrés es el más acaudalado de todos. Es un estudiante de sicología de “una de las universidades más costosas y neoliberales del país. Sin embargo, sus gustos sexuales se inclinan más hacia el proletariado”. Andrés en las fiestas invita a bailar a las feas o a la personal del servicio. Él es novio de Conie una prostituta hondureña que labora en el antro Los Faroles, frecuentado por la pandilla.

Este comportamiento extremo, salvaje, parte de la jungla de concreto no es sólo característico del grupo de amigos, pues Conie por una mala broma de Ezquiel y compañía sobre Andrés (pues le dijeron que éste ya no regresaría de un viaje a Alemania) decide abortar al hijo de Andrés que esperaba; y por diversos infortunios que se desencadenan a raíz de esa broma, Conie muere.

Cuando Andrés, a su retorno, se entera del triste paradero de Conie, ¿Cómo se comporta? Por supuesto que un comportamiento extremo: se alcoholiza y consume narcóticos a tal punto que es necesario que sea internado en un centro de rehabilitación, pero recae inmediatamente, al no más salir del  proceso de desintoxicación.

El gusto de Andrés por las mujeres no convencionales  lo lleva a caer en las fauces de una cubana, Yudelquis, y de una rumana, Inga, a quien conoció por Internet. Con ambas se casa, pero  lo que las dos desean es salir del infierno de carencias en que viven en sus propios países, por lo que se aprovechan del acaudalado Bocanegra. La boda con Inga, más su fealdad extrema le causan la muerte a la madre de Andrés:

“Más que sorpresa, quedamos horrorizados cuando conocimos a Inga. Era una rubia de ojos celestes, que rebasaba el metro noventitrés de estatura. Con un peso en frío de un poco más de dos quintales y medio. Tenía el tamaño y el peso exacto para ser jugadora de futbol americano.” (128)

En el viaje de búsqueda de Ezequiel éste rememora los pasajes iniciáticos de él y sus amigos, y son estos ritos los que le dan voz a esos aspectos contraculturales que se sabe que practican  gran cantidad de hombres en sus vidas, como lo es la pérdida de la virginidad en un prostíbulo, acontecimiento que es muy común en nuestro medio: el secreto menos guardado.

Para Ezequiel su iniciación sexual fue, junto con su gran amigo Alfonso, a los doce años, a través de un amigo del vecindario:

“Una tarde, cuando aún teníamos 12 años, tras un partido en la calle, el que derrotamos al equipo en donde jugaban mayores que nosotros, entre 16 y 19 años, nos invitaron a nuestra primera experiencia sexual.” (157)

“Nos preguntó si nos animábamos a ir con unas prostitutas, y nos advirtió que si nos negábamos le contaría a todos los del barrio que lo más seguro era que éramos homosexuales. “(167-157)

En esa misma oportunidad ingieren licor por primera vez lo que confirma que crecer significa corromperse, perder la inocencia, dejar de ser inmaculados.

En esta jungla citadina, entonces, prevalece un hombre instintivo, impulsivo que cuando sufre decepciones de cualquier tipo, como las amorosas, o por grandes acontecimientos que cierran fases en la vida, como una graduación de secundaria, va a llorar o a celebrar  al extremo de  llevar  su cuerpo al  límite de  resistencia.

La vida de Ezequiel está marcada por su entorno,  por la jungla. Nace en un garage donde no existe un ambiente hogareño tradicional; no hay plantas ornamentales sino restos o esqueletos de elementos citadinos:

“Aún recuerdo que de niño viví en un garaje (…) Mi abuela paterna nos brindó a los tres el cuarto donde se guardaba  el auto del abuelo (…) Recuerdo la habitación: era rectangular. El frente estaba dominado por una puerta negra, corrediza y fría que nos separaba del estridente ruido urbano. Cuando mi padre la abría, quedábamos al desnudo de la calle. De las otras dos paredes colgaban llantas, esqueletos de bicicletas, cubetas de metal y naipes.” (31)

Ezequiel es introducido al neo-hombre recolector y cazador por su tío, cuando el primero se muda a vivir a la habitación del segundo debido al nacimiento de su hermanito.

Cuando su tío entraba tarde en la noche, Ezequiel ansioso le preguntaba cómo le había ido. Su tío le “contestaba que había cazado un par de leones, dos cebras, un orangután y una jirafa”. El niño a continuación le preguntaba:

“Donde están las pieles. Enseguida me incorporaba y me imaginaba a mi tío rebanando la melena de un león. En su hombro como cargando un leño, traía el cuello de una jirafa”.

Entonces, este nuevo bárbaro citadino recolecta drogas, alcohol y hongos alucinógenos; y caza mujeres. Es memorable el episodio en que Ezquiel y compañía recolectan hongos alucinógenos llamados también pajaritos o San Isidro. El grupo en San José Pinula:

“Como Hansel y Gretel  (fueron) fuimos dejando envases vacíos de cerveza en todo el trayecto para no perdernos en el retorno.El lodo cubrió nuestros zapatos pero la cacería surtió efecto. Mario cubrió nuestros zapatos, pero la cacería surtió efecto. Mario encontró uno. Tenía un color café desteñido. Su sombrero era de un color café desteñido. Su sombrero era de un tamaño proporcional a su delgado cuerpo. Nuestro amigo lo echó a la bolsa y nos dijo que nos pusiéramos las pilas porque de seguro cerca habría más.” (187)

Pero también por la narración de dolor de Ezequiel tras la pérdida y búsqueda de Inmaculada, una española a quien ama desesperadamente, conocemos una crítica a la situación de Guatemala, como el episodio donde hombres encapuchados -tal vez miembros de la guerrilla o del ejército- asaltan e intentan matar a Ezequiel y compañía cuando se dirigen al puerto. O la crítica que se hace hacia la situación del transporte urbano y extraurbano del país.

Por medio de  este recuento de la vida de Ezequiel viajamos a lugares como la Antigua Guatemala y Quetzaltenango. La descripción del viaje a Xela realizada por Méndez es tan real con el cambio de clima brusco –del calor al frío, con los camiones cañeros conducidos muchas veces irresponsablemente. El recibimiento hecho por el león y por la marimba en la ciudad Altense y descrita por Méndez es muy vívido.

Pero más allá de la desesperanza y de la destrucción y de la lucha por la sobre vivencia del hombre en esta jungla de concreto y hierro; y de los viajes al interior de Guatemala; del viaje de la memoria; del viaje por las ciudades europeas;  la novela es   una metáfora de búsqueda interna. Es decir, es viaje de humanización y de esperanza para Ezequiel.

Inmaculada es el primer amor verdadero de Ezequiel. Completamente Inmaculada es la primera mujer que se fija en él y la primera que lo saca a bailar. Ella es una compañera fiel en aventuras de sexo y drogas. Es la mujer que Ezequiel quiere para esposa; la que lo hace soñar en una boda en catedral y con una familia tradicional. Es por Inmaculada que presenciamos uno de los momentos más conmovedores de la novela que cuando Ezequiel viaja en bus hacia Granada, y contagiado por el llanto de una pasajera llora desconsoladamente no sabiendo exactamente por qué lo hace. Es tras ese incidente que los habitantes europeos notan por primera vez la presencia de este centroamericano.

Entonces, Ezequiel se muestra ante los ojos del lector, ya no como un joven adicto al sexo y a la drogas, sino como un joven tierno que es transformado por el amor; que quiere ofrecerle lo mejor de él a Inmaculada; que es capaz de una gran bondad como es el hecho de llevar en su viaje un anillo de compromiso, la última joya de su abuela, y dos argollas matrimoniales.

Inmaculada es su fortaleza es por ella quien lucha hasta lo imposible por alcanzar su amor. Al no encontrarla su vida se vuelve a tornar solitaria. Y es que la soledad es propia del hombre de ciudad.

En conclusión, la metáfora de la búsqueda en Completamente Inmaculada es, entonces, la búsqueda fracasada del amor, pero más importante que eso es el encuentro de Ezequiel consigo mismo, es el descubrimiento de su lado humano.