“Sombras de jaguar”, el relato que abre Reinventario de ficciones de Francisco Alejandro Méndez (Guatemala, 1964), trata sobre dos periodistas que se internan en la selva con el propósito de darle caza fotográfica a uno de estos magníficos ejemplares felinos. Los jaguares, se sabe, son rápidos, feroces y precisos. De manera similar a los protagonistas del cuento en mención, pretendo capturar las sombras de una escritura peculiar que deambula en la ancha y poblada jungla narrativa centroamericana, capturar su elusiva imagen en esta breve instantánea, que no podrá más que brindar una fugaz idea de lo que significa enfrentarse en realidad al felino; o, en este caso, a Francisco Alejandro Méndez.
Reinventario de ficciones brinda una amplia exploración de diversos escenarios y personajes centroamericanos e incluso distintos registros narrativos que van del realismo mágico (“Cuarto menguante”) hacia la crónica urbana que retrata tantos situaciones convencionales (“Mal augurio”) como marginales (“Morgan”). Paulatinamente, el enfoque narrativo se va desplazando del intento de aproximación literal de la compleja realidad centroamericana (“Manual para desaparecer”), hacia lo desviado y transgresivo en la intimidad de ciertas vidas particulares (“Trabajo de familia”). Por ejemplo, de “Sombras de jaguar”, un relato periodístico cercano a la denuncia de la depredación ecológica, a “Míster Winston”, el registro sorpresivo de una parafilia.
Por aparte, la amplia colección de cuentos permite una mirada intima hacia el intenso proceso escritural que Francisco Alejandro Méndez ha llevado en el entre-siglos del nuevo milenio, registrando, de manera deliberada o subconsciente, la transición que enfrentan las letras centroamericanas entre la búsqueda obsesiva por la ordenación argumental que propicie una revelación sorpresiva en la modernidad (“Cada vez que me despido de ti”) y el frecuente desplazamiento irónico que pareciera procurar la postmodernidad (“El Gran Fascinador”). Pocos han recorrido con tanta frecuencia la geografía y la literatura del istmo como lo ha hecho Francisco Alejandro Méndez como periodista, como estudiante del doctorado en Cultura Centroamericana y como aventurero. Méndez es el más centroamericano de los escritores guatemaltecos, el más conocido y el más apreciado en la región.
El trazo escritural reunido en esta antología personal comienza en los libros Graga y otros cuentos (publicada en 1991 y 1994), continúa con Manual para desaparecer (1997), Sobrevivir para contarlo (1999), Ruleta Rusa (2001) y culmina con Crónicas suburbanas (2002), además de incluir algunos cuentos publicados en diversas revistas y antologías. Sin embargo, los cuentos aquí reunidos no han sido publicados en orden cronológico, lo cual permitiría al crítico observar la evolución estilística y temática de Méndez, sino que han sido ordenados temáticamente para conveniencia del lector.
Los cuentos, muchos de ellos publicados por vez primera en editoriales extranjeras, revelan una vocación alcanzada, un amplio despliegue de experimentar con las posibilidades del relato. Reinventario de ficciones se coloca entre los mejores libros de cuentos producidos por los inevitables coetáneos de Méndez: el impactante Informe de un suicidio del maestro Carlos Paniagua, el diáfano estilo de Javier Mosquera Saravia en Angélica en la ventana y el enigmático El cuchillo del mendigo de Rodrigo Rey Rosa.
En los cuentos de Méndez, existe la descripción precisa que requiere la crónica, pasando por la difícil pero bien lograda intensificación del suspenso, hasta llegar al giro sorpresivo o al desenlace inevitable (“Míster Winston”). Sin embargo, hay una constante que se impone: la alta calidad descriptiva, lo ameno que resulta la escritura de Méndez. Me gustaría resaltar que a pesar de las experimentaciones y logros estilísticos evidentes a lo largo de su trayectoria, los relatos de Méndez están llenos de una cualidad extra-literaria que muy pocos escritores alcanzan: una vitalidad intensa, que acerca la anécdota al lector, haciéndolo partícipe de la realidad narrada, cómplice en la elaboración de la trama.
Conjeturo que captar y mantener la atención del lector se trata de una lección bien aprendida del oficio del periodista, en el ejercicio en el cual Méndez se destacó de tal manera que se hizo merecedor de una amplia gama de reconocimientos y galardones. Más allá de las virtudes que aprendió como periodista, existe una actitud en la cual Méndez es también un maestro: en mantenerse atento a la pluralidad de experiencias que brinda el contacto diario con los distintos ambientes de una realidad social como la centroamericana.
Aunque Méndez es, sin duda, el escritor más cuentero de su generación (es decir: el que más se ha dedicado al cuento), su novela Completamente Inmaculada augura el inicio de un ciclo de narraciones extensas con posibilidades inquietudes. Aparte de las virtudes estilísticas, resalta el sentido del humor en la narrativa de Francisco Alejandro Méndez. Todo lo anterior se conjuga para brindar al lector una de las más memorables colecciones de cuentos en la tradición literaria guatemalteca.
