Llevaba oyéndolo apenas diez minutos y ya mi pensamiento buscaba la manera de aplicar aquellas enseñanzas y ser digno de ellas. He aquí un genuino Magister, me dije, y me entregué de lleno al regocijo que me invade cuando aprendo algo nuevo, cuando estoy en contacto con uno de estos seres magníficos ante los cuales la inteligencia vibra y se desata, pues han hecho del acto de enseñar un arte inimitable. Leer más…
