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El ataque es brutal por lo directo y, desgraciadamente, por lo justo. Bastantes intelectuales españoles, falsamente progresistas, se venden a los medios de comunicación conservadores, sean éstos periódicos, radios o televisión. La única misión de estos nombres prestigiosos es legitimar la supuesta democracia interna de la publicación; teniendo un par de supuestas firmas progresistas, asociadas a la izquierda, el periódico adquiere una patina de liberalidad que no se corresponde con la línea dura de la editorial.
Zaldívar es un hombre de negocios más genérico, pero su rival en los negocios, Críspulo Ochaita está más claro. Recuerda muchísimo a Jesús Gil. Por ejemplo:
—[Bevilacqua] queremos hacerle unas preguntas si no le incomoda demasiado.
—Joder, claro que me incomoda-respondió--¿Tú qué te has creído, que se puede llamar a la casa de la gente y amenazarla con que la vas a detener como si nada? ¿En qué tómbola te ha tocado el tricornio, pringao? (…) Uno de los principales problemas de este país es que está lleno de incompetentes que no tienen ni puta idea de nada, pero como ahora todos somos simpáticos y láit no queremos dar mala imagen, no hay quien tenga huevos de llamar inútil a quien lo es. Así vamos, cada vez peor, con todo lleno de sinvergüenzas y de chupones y de niños de papá. Todos viviendo como obispos, tocándose los cojones y lo que es peor, tocándoselos a los demás. Así que ya lo habéis oído: a asustar os vais a la guardería, y ahora largo de aquí, soplagaitas (208-09).
Por supuesto, nada de lo que se relaciona con Gil se menciona en las novelas, excepto el lenguaje, no se nombra al fútbol, aunque sí Marbella y la Costa del Sol. Ochaita responde al tipo folklórico de empresario corrupto que ha popularizado Jesús Gil y que le ha valido el apoyo de cierta parte de la población, por ejemplo, el hecho de haber ganado dos veces la alcaldía de Marbella.
Produce tranquilidad en la sociedad y en el público lector el saber que tanto en la realidad como en la ficción existen funcionarios que luchan con tesón contra la corrupción, y que a pesar de la desigualdad de medios consiguen triunfos, algunos de ellos significativos. En la legalidad democrática vigente, funcionarios de la clase media, tienen que luchar contra empresarios de la clase alta. La lucha pequeño-burguesa del folletín decimonónico contra el aristócrata, se ha convertido en la sociedad de entresiglos en la lucha contra el capitalista sin escrúpulos. No se trata de un ataque al capitalismo como algunos conservadores extremos se temen, sino contra aquellos que abusan el capitalismo y lo desvirtuan al llevarlo al monopolio.
Uno de los éxitos de las novelas es lo bien que se trenzan la trama principal y episodios domésticos de los guardias que sirven de explicación y comentario de la trama principal. Narra Vila:
El martes llegué a la oficina tarde, mareado por el calor y furioso por la inmoderada reducción estival del servicio del metro, sin duda decidida por gente que no lo cogía nunca. (96)
En un trabajo mío sobre Antonio Muñoz Molina y en que comentaba la influencia de las novelas de John LeCarré en el escritor jiennese comentaba sobre este asunto. Lo que LeCarré nos enseñó a muchísimos lectores fue la existencia de unos servicios de espionaje eficientes, peligrosísimos, y con unos problemas presupuestarios gravísimos, y muchos lectores, tanto trabajadores de empresas públicas como privadas nos pudimos ver en ese espejo, no en el de hacer una labor titánica contra potencias extranjeras, sino en el hecho de tener que desarrollar una labor diaria, tan titánica como la de los espías, aunque tal vez menos espectacular, con unos presupuestos exiguos y que llevan a una agudización del ingenio para sacar el máximo partido posible a los exiguos presupuestos. Por supuesto, la fantasía de los neoliberales es que la empresa, sobre todo la pública, es manirrota derrochando unos supuestos interminables presupuestos que pagan los contribuyentes. En este lugar se encuentra la antítesis de Smiley, que es el antipático James Bond, un personaje carente de todo mérito ya que sus hazañas se consiguen gracias a que dispone de un presupuesto que no tiene límite y de un equipo que le proporciona unas herramientas infalibles para desarrollar su trabajo. Esto queda muy claro en la metáfora erótica, los funcionarios de presupuesto exiguo tienen una vida sexual pobre por no decir nula, mientras que Bond tiene acceso a las modelos internacionales más espectaculares. Al igual que Smiley o Plinio, Vila es consciente de la clase social desde la que se desarrolla su trabajo:
El del polo amarillo se había quedado paralizado, incapaz quizá de asimilar que el aparato policial naturalmente destinado al azote de yonquis, okupas y chorizos acabara de colocarlo a él en el punto de mira. (106)
Esto viene a cuenta cuando Vila intimida a un tipo rico que está molestando a una trabajadora de Iberia que está lidiando como puede un grupo de pasajeros que protesta por un atraso. En otro contexto Vila reconoce que lleva ropa de supermercado (118) porque ésa es la que se puede costear con su sueldo de sargento.
Cuando Vila conversa con la esposa del ingeniero asesinado ésta dice “tampoco el Estado hizo nunca gran cosa por nosotros” (148), lo cual es falso, porque la riqueza de la pareja venía tanto del puesto en la central nuclear, altamente subvencionada por capital público, como por las comisiones de contratas municipales. Lo que se denuncia aquí es el intento por un gran sector de la burguesía de no querer reconocer que deben su bienestar a la acción del Estado, entidad a quien se le niega toda posibilidad de bien, mucho menos de bien común. Teniendo en cuenta que Díez y su esposo vienen de un periodo en que las universidades privadas casi no existían en España, hay que deducir que ellos vienen del sistema público universitario español, que es muy barato comparado a otros sistemas universitarios tanto públicos como privados. La postura de Vila es inequívoca:
En tanto que es el Estado el que me paga el sueldo que me protege del hambre y de algunas otras adversidades, no me era posible compartir aquella filosofía. (148).
Esta defensa de lo público podrá parecer trivial, pero cuando estamos asfixiados por la falsa defensa de lo privado con la que los medios de comunicación nos atosigan a diario, es un alivio encontrar estos pequeños homenajes literarios a lo público, esta legitimación de lo público desde la literatura. Pero Vila va más allá, recuerda al lector, quien seguramente pertenece a su misma clase social, que tenga cuidado cuando alguien poderoso muestre deferencia hacia él: “los poderosos sólo muestran deferencia hacia los destripaterrones cuando esperan sacarles algo” (176). Estos consejos crean una complicidad entre el personaje y el lector, ya que ambos comparten la misma situación.
La novela no desaprovecha ocasiones para contrastar las diferencias de clase. En una ocasión Vila está haciendo un servicio de escucha en un restaurante de lujo y compara la pequeña fortuna que cuesta la comida y la bebida en ese establecimiento con el bocadillo de tortilla (193) que él se come mientras realiza el servicio. Al final de la novela cuando el millonario Zaldívar es detenido, un guardia civil de Vallecas pone la sirena, sólo por el gusto de hacer ruido en una de las urbanizaciones más exclusivas y caras de España: “Me encanta hacer ruido en un barrio como éste. Aunque sea por una vez, que se jodan. Para que luego digan que la chusma vive en Vallecas” (265). Y la palabra clave en esta oración es chusma, la auténtica chusma es la que no respeta la legalidad democrática vigente, como los empresarios que extorsionan o no pagan sus impuestos.
El turismo.
Se ha señalado que un denominador común de ambas novelas es el turismo, en su totalidad en el caso de El lejano país de los estanques y parcialmente en El alquimista impaciente. En la primera novela la acción es en las Baleares y en la segunda la parte turística es en la Costa del Sol, empezando en Málaga y centrándose en Marbella.
Según la tesis doctoral de Henry Pérez, defendida en la Universidad de Massachusetts en 1982, “La novela del “boom” turístico español” sólo El lejano se podría considerar una novela de turismo, la otra sólo lo sería parcialmente. No nos importa tanto la ortodoxia o heterodoxia de nuestros novelas con respecto a la taxonomía del profesor Pérez, lo que es importante es que las novelas se insertan en una tradición de representación del fenómeno turístico. Entre la aparición del turismo masivo y la muerte de Franco Pérez encuentra diez novelas en este subgénero. Creo que es interesante su enumeración, porque aunque el lector no sea capaz de reconocer la mayoría de los títulos, éstos son los suficientemente significativos como para dar una idea de los parámetros ideológicos y artísticos en los que nos movemos. Las novelas son: Un verano en Mallorca (1959) de Mario Verdaguer, La isla (1961) de Juan Goytisolo, Tormenta de verano (1962) de Juan García Hortelano, Hombres varados (1963) de Gonzalo Torrente Malvido, Oficio de muchachos (1963) de José María Souvirón, Spanish Show (1965) de Julio Manegat, Réquiem por todos nosotros (1968) de José María Sanjuán (ganadora del premio Nadal), Se vende el sol (1969) de Enrique Nácher y Torremolinos Gran Hotel (1971) de Ángel Palomino. De entre estas novelas habría que destacar una obra maestra y que sin ninguna duda se revela como antecedente de las novelas de Silva, Tormenta de verano de Juan García Hortelano en la que se narra la crisis de mediana edad de Javier, un empresario enriquecido tras la Guerra Civil en la que fue alférez provisional. La focalización en Javier es magistral, la novela consigue la objetividad mediante la subjetividad, al presentársenos la realidad mediante la subjetividad de Javier, el lector puede perfectamente distanciarse y observar su caso clínico y corregir el análisis fallido que este protagonista hace de la realidad social española. Esto es un paso de gigante sobre la novela social de corte socialista y tercermundista. El análisis de la clase social de Javier, la alta burguesía, se hace con asepsia, con inteligencia, sin revanchismos innecesarios. Por ejemplo, es interesantísimo observar no el que existan familias disfuncionales, matrimonios rotos, sino que un análisis feminista, sofisticado, contemporáneo, puede ver la realidad social de una alta burguesía de mujeres atrapadas en las trampas de una sociedad patriarcal y el hecho de que su alto poder adquisitivo les esté brindando unas libertades económicas que sólo parcialmente se convierten en libertades políticas. Es interesantísimo observar este fenómeno en la novela, especialmente en la amante de Javier, el personaje de Elena.
Pero tormenta de verano nos interesa porque es una novela tangencialmente detectivesca, como un subtexto que recorre la novela y que le da la unidad a la novela que se articula a partir del cadáver de una mujer desconocida, “una extranjera” que aparece desnuda en la playa. Al final de la novela, con el detective español, franquista, apoyado en la chimenea del salón del chalet de los señores, todos los misterios se van a descubrir. La chica no era extranjera, sino una prostituta española cara, Margot, o si se prefiere Maruja. Nadie la mató, murió por un ataque producido por una intoxicación etílica, y son los niños ricos quienes la desnudaron porque querían saber cómo era una mujer desnuda.
Esta novela (o similares) proporcionan a Silva las herramientas narrativas para que debidamente actualizadas pueda modernizar sus historias casi cuarenta años después.
En las novelas de Silva tenemos dos reacciones frente al turismo, la negativa de Vila y la positiva de Chamorro, presentándose la primera como perdedora, es decir, la realidad es que a la mayoría de la gente le gustan los lugares turísticos junto a la playa y no les preocupa en absoluto que la mayoría del paisaje urbano se componga de simulacros postmodernos tal como los ha teorizado Baudrillard.
Lo que llama la atención de las novelas de Silva es la detallada reconstrucción de los datos (dentro de las convenciones del género que no tienen por qué ser realistas). Son novelas de estructura cerrada y dentro de la ortodoxia del género criminal. La pareja es muy moderna, muy eficiente, realista y utópica y nos divierten con su pericia, nos redescubren nuestra propia realidad, presentan una visión de España desde una postura moderada y nos hacen degustar, deconstruir y reflexionar sobre la modernidad española.
El sargento Bevilacqua no es un maestro del tema empírico, sino que está más en la línea de Sherlock Holmes en el sentido de que es un gran lector de los fragmentos y pistas de la escena del crimen y también es un gran lector e intérprete de la realidad española. Estas novelas también están emparentadas con “el cozy”, más en la línea de Agatha Christie, en el que un lugar arcádico es interrumpido por un crimen. La primera novela se desarrolla en una apartada colonia veraniega en Mallorca y el segundo en Guadalajara. Aunque parte de la acción pueda ser en la gran ciudad o los sospechosos vuelvan a la gran ciudad, al situar a la novela en estas zonas de contacto entre el pasado rural español y la urbanización de la más reciente modernidad permiten a Silva a través de su pareja de la Guardia Civil el retratarnos a esta España a medio camino entre nuestro muy reciente pasado rural y la modernidad urbana. En este sentido como ya se apuntó anteriormente el parentesco es con el personaje Plinio. El sargento Vila es un nuevo Plinio, pero ya moderno, democrático y constitucional. Las novelas de Silva se apartan de la tradición de Vázquez Montalbán y Eduardo Mendoza.
La aparición de la agente Chamorro, parte activa e imprescindible en la investigación, emparenta a las novelas de Silva con la nueva novela (o película o serie de televisión) criminal o detectivesca de corte feminista en las que la detective, oficial o privada, es una mujer. Piense se en la agente Dana Scully del FBI en The X Files [Los expedientes X].
El primer punto que hay que tocar y que es muy importante es el hecho de que Vila y Chamorro sean miembros de la Guardia Civil, lo que los convierte en militares, hecho que se le recuerda al lector continuamente. Las novelas de Vázquez Montalbán con el detective Carvalho representan una relación problemática entre lo público y lo privado, pero en este caso, nuestros protagonistas representan al estado, son el estado. Como su lema indica “Todo por la patria”.
De las novelas hard boiled de Dashiell Hammett y Raymond Chandler, estas novelas de Silva poseen tipos duros, un cierto sensacionalismo en los asesinatos y sobre todo el realismo social para denunciar, analizar, representar y mostrar los males tanto endémicos como nuevos de la sociedad española.
En resumen, con sólo dos novelas Silva ha sido capaz de escribir un capítulo importante en la novela policial española y contribuir a una mejor comprensión del significado de la modernidad española y de la función del espacio público en una sociedad neoliberal en la que se celebra un culto a lo privado.
Notas del artículo:
1.- Estas novelas según Colmeiro son: El reinado de Witiza (1968), El rapto de las Sabinas (1969), Las hermanas coloradas (1970), Una semana de lluvia (1971), Vendimiario de Plinio (1972), Voces en ruina (1973), Otra vez domingo (1978) y El hospital de los dormidos (1981).
Obras citadas
A.C. “Lorenzo Silva narra el desastre de annual en su novela El nombre de los muertos”. El País Cultura 31 de marzo de 2001.
Buckley, Ramón. La doble transición. Política y literatura en la España de los años setenta. Madrid: siglo XXI, 1996.
Colmeiro, José F. Introducción. Las hermanas coloradas. Por Francisco García Pavón. Barcelona: Destino, 1999. iii-c.
——. La novela policiaca española: teoría e historia crítica. Barcelona: Anthropos, 1994.
Conte, Rafael. “La novela española actual, o los mercaderes en el templo”. Una cultura portátil. Cultura y sociedad en la España de hoy. Ed. Rafael Conte. Madrid: Temas de Hoy, 1990. 101-56.
García Pavón, Francisco. El rapto de las Sabinas. Barcelona: Destino, 1969.
——. Una semana de lluvia. Barcelona: Destino, 1971.
——. Vendimiario de Plinio. Barcelona: Destino, 1972.
Martín Gaite, Carmen. Usos amorosos de la postguerra española. Barcelona: Anagrama, 1998. [1987]
Oropesa, Salvador A. La novelística de Antonio Muñoz Molina. Jaén: Universidad de Jaén, 1999.
Pérez, Henry. “La novela del “boom” turístico español”. Ph.D. diss, U of Massachusetts, 1982.
Silva, Lorenzo. Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia. Madrid: Anaya, 1997.
——. El lejano país de los estanques. Barcelona: Destino, 2000. [1998]
Valles Calatrava, José R. La novela criminal española. Granada: U de Granada, 1991.
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