OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

Entrevista a Manuel García Verdecia

 

por Rafael Vilches Proenza

Página 2

¿Escribir te ha cambiado como ser humano?

Me ha hecho más humano. Siempre vi como un singular misterio el hecho de que, según los Evangelios, Cristo escribiera en la arena solo una vez y lo borrara. Algo muy grande necesitó entender para ponerlo por escrito. Escribir es una posibilidad de ser más analítico, más profundo, más sistemático, más responsable, porque lo del plomo de lo escrito pesa y queda. Además porque no termina en lo que expones en el papel sino en lo que traduce el que lee. Entonces circulan ideas y eso me hace pensar que debo exponer lo que es sustancial y significativo para mí y los otros, para mi espacio y otros espacios, así como para mi tiempo y la posteridad. Todo esto te hace más humano, o sea, más racional y sensible.

 

¿Cuál es tu antología personal de autores o de libros?

Imposible decir. Son muchos autores y libros. Incluso entre autores que no han hecho una gran obra suele haber un libro interesante y aún entre los malos una idea deslumbrante por el azar. Sería un directorio telefónico de Nueva York, con muertos y todos: La Biblia, el Bagavad Ghita, Homero, Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Dante… el poema del joven que va al Café Literario y me conmovió con ese texto escrito a la sombra de un cerezo y animado por una tisana hecha por la amorosa abuela…

 

¿Consejos a los jóvenes escritores?

Dos: primero, verificar si de verdad necesitan, no pueden vivir sin, escribir (no por ganar premios o hacerse de “quince minutos de fama”). Segundo, si lo primero es afirmativo, pues hallar la voz que le dicta qué decir y que solo pueden decir ellos porque lo han sentido y vivido ellos, lo cual es irrepetible. Todo lo demás es paja.

 

¿De quién fuiste discípulo?

De todos los grandes conversadores (Samuel que hacía todos las palabras de duelo en Marcané, mi abuela Julia con sus cuentos de aparecidos y ciguapas, mi madrina Carmucha que le viraba el forro a todo lo que decía la gente, el barbero que se sabía más chismes que los que hay en la Biblia…) y todos los autores: los grandes con sus alcances, los malos con sus limitaciones que dieron la oportunidad para percatarme y salvarlas. No puedes imaginar cuánto he aprendido de los escritores incipientes que me traen sus textos para que les eche un vistazo y les de una opinión. Enseguida mi mente se dispara a pensar en cómo lo hubiera hecho yo y eso es un gran ejercicio de aprendizaje.

 

¿Crees que con labor que realizas como traductor haces una labor de promoción de los escritores holguineros?

En primer lugar lo hago como un ejercicio de lectura y apropiación. Por la traducción entro en la mente de los escritores a quienes traduzco y aprendo sus algoritmos de escritura y sus obsesiones. Además, les abro una oportunidad que quisiera que otros hicieran por mí. Mientras a más lenguas se vierte un texto hay más probabilidades de que alguien te lea. Creo que he ampliando las probabilidades de lectura para los escritores holguineros y eso me da alegría.

 

¿Qué es para ti la escritura juego y placer o un compromiso?

Es todo eso. Tienes que escribir con el compromiso de ser verdadero, honrado en lo que dices y en cómo lo dices, pero con el placer de que hacer algo que te gusta y que disfrutas. Es, pienso, como el dolor del parto: un sufrimiento disfrutable por el fruto que rinde.

 

¿Crees que para el escritor como para el artista un deber de honestidad es disentir, o somos unos perturbadores por oficio?

Disentir es como todo, un acto y un derecho humano. No hay que disentir por disentir, pero sí tiene que haber la posibilidad de disentir cuando no se opina igual. De las grandes disensiones surgen los mejores consensos. No me interesa andar buscándole la pulga al perro. Mi interés es de mayor horizonte, la vida, el hombre, el tiempo, las relaciones de aquel con este… Pero si hay algo que entorpece mis empeños y posibilidades o los de mis prójimos pues debo disentir. Es mi deber y mi derecho.

 

¿Qué criterio tienes de los críticos y la crítica literaria escrita en Cuba hoy?

Desgraciadamente en todos estos años se ha estimulado más la exaltación de lo que debe ser que la crítica de lo que en verdad es. Todo está bien. Eso es un aspecto de la vida general que se ha infiltrado en todo. Se dice lo que los demás quieren oír. De modo que también se ha pasado a la crítica. Todo el mundo es bueno o, al menos, solo se habla de lo que se puede alabar. He visto en otros países amigos que se dicen las cosas más duras sobre temas de la vida diaria y luego siguen siendo amigos y compartiendo como si nada hubiera sucedido. Incluso, lo ves en tu familia. A veces te enfadas con tu hijo y lo amonestas con acrimonia, pero ¿lo dejas de amar por eso? Eso en nuestra cultura actual no se entiende así. Si expones un criterio contrario sobre la obra de un amigo, inmediatamente te ponen en el círculo de los enemigos. Entonces no hay una crítica como pensamiento analítico honrado y sustentado que ayude al escritor y al lector a establecer sistemas de valores. Hay alianzas y compromisos, de modo que distinto del aforismo, los exponentes son más amigos de Platón que de la verdad. Realmente tenemos divulgadores, reseñistas, apologistas, pero contados críticos. Además, si los hubiera tendrían que ser orales, pues no hallarían medios que los circulen. Ojalá todo fuera como en la pelota. Es donde único existe critica de verdad en el país.

 

¿Qué es para Manuel García Verdecia el acto de escritura?

Un misterio, una epifanía y una vocación. Para mí es un acto que queda entre lo religioso y lo erótico, pues acudo a él con elevado temblor de entrega y a la vez con esperanzado gozo.

 

¿Alguna vez te has sentido sin nada que decir ante la página en blanco?

No. Muchas veces me he sentido sin nada que decir, pero entonces hago otra cosa. Cuando me enfrento a la página en blanco es porque ya he avanzado mucho en mi mente. Es como la oración, cuando voy a la iglesia ya llevo en mí lo que me empuja a orar. No se puede ir vacío de espíritu al templo. Tampoco a la página en blanco. Es que hay escribidores que todos los días a todas horas se empujan hacia el abismo de la página en blanco. Yo voy por necesidad y con placer.

 

¿Cómo pasaste de la poesía a la narrativa y a las otras formas genéricas que escribes?

No lo sé. La vida me lo impuso. Nunca me hallé diciendo quiero hacer poesía, cuento o novela. Simplemente surgieron asuntos y motivaciones en mi interior que cuando los volqué en papel fueron unas y otras cosas. Es la vida siempre la que dicta. Lo demás no es arte sino artificio.

 

¿Te atreverías a definirme críticamente el momento por el que atraviesa la literatura cubana hoy?

Me atrevería pero no sé si podría. Mucha gente por vanidad habla de la literatura cubana de hoy, la poesía cubana de hoy el cuento… ¿Qué por ciento de la literatura cubana de hoy conozco? ¿Es la literatura cubana de hoy la que se publica, la que se divulga, la que se exalta? ¿Cuánta excelente literatura cubana de hoy no duerme en gavetas o está en las colas de las editoriales? De lo entre lo que se publica y alcanzo a conocer, opino que hay piezas notables. En general los autores se han hecho menos dependientes del padrinazgo y de la autocensura resultante de la censura. Los autores se atreven más. No obstante creo que nos faltan audacias, más profesionalidad, más cultura. El lenguaje se ha vuelto tautología de la conversación de esquina. Pero hay autores y obras notables. En poesía te pondría como ejemplos El tercer libro de la ciudad, de César López, Sinergos, de Roberto Manzano, la obra de Lina de Feria, la obra de Reina María Rodríguez. En narrativa, la obra de Ena Lucía Portela, de Jorge Ángel Pérez, de Leonardo Padura. Ya te digo, solo conozco un fragmento de la literatura cubana actual. Soy un lector, no Dios, ni tan siquiera Eliot.

 

¿Por qué han cedido terreno en el mundo editorial la poesía y el cuento ante la novela?

Creo que aquí hay dos factores. Uno subjetivo, el ser humano necesita adentrarse por ese bosque misterioso que es la experiencia humana, le encanta meterse por las vidas de otras personas y eso lo proporciona la novela con sus historias. Esto lo corrobora el triunfo de las telenovelas. El otro es objetivo, las editoriales sabedoras de esta avidez de historias, pues dedican campañas de marketing muy bien aceitadas a promover novelas y autores. De aquí la bonanza del género.

 

¿De tus libros publicados cuál fue el de aprendizaje?

Todos, pues el aprendizaje no cesa, solo cambia de materia. Si uno pensara que ya aprendió pues muere el explorador y con él el escritor.

 

¿Háblame de tu experiencia como traductor y crítico?

La crítica no la he cumplido mucho. Como soy cubano y no escapo a lo que sucede en este campo, pues me limito a hacer reseñas de aquellos libros que me gustan. Sobre todo para entenderlos y disfrutarlos yo mismo y luego compartir mi aventura o ventura con otros. La traducción es otro mundo fascinante. Empecé a hacer traducciones para compartir lo que leía con los amigos. Pero quedé enganchado al percatarme de cómo el acto de descubrir lo que intentó decir un escritor en otra lengua y verterlo a la propia se vuelve también un acto de adentrarse en los mecanismos mentales y estéticos del autor. Uno aprende enormemente sobre la lengua propia y sobre los mecanismos de la creación traduciendo. Eso es impagable. Además, al traducir, eres también autor de ese texto pero en una nueva lengua. Es como los músicos: cada uno está ante una partitura de Bach o Beethoven pero la obra resultante depende de la particular sensibilidad, inteligencia y dominio técnico del intérprete. Este es el traductor. Lástima que en nuestro país no se le dé el mérito que merece.

 

¿Qué otras pasiones tienes aparte de la literatura?

Tengo muchas pasiones, menores y mayores, porque creo que todo lo hago con mucha pasión, desde escribir hasta fregar (esto último lo haga diaria y gozosamente). Está la pasión por contemplar la naturaleza y sus enigmas, la pasión por develar la magia de la belleza femenina. En cuanto a pasiones intelectuales, pues me gusta en primer lugar la música, la música clásica porque me sugiere mil mundos. Creo que hubiera preferido ser músico, pero uno es lo que es. Disfruto de las artes plásticas, me ayudan a ver de otro modo. Uno mira muy convencionalmente. También me gusta el cine, sobre todo el que cuenta historias sustanciales con mano diestra. Me brindan ideas de cómo estructurar tiempo y espacio para situar una anécdota.

 

¿Por qué Holguín como el destino de tu vida cuando pudiste radicarte en otros lugares del mundo?

No lo sé, pero soy muy fiel a mi memoria y mis amigos. En otros países he hallado muchas cosas y posibilidades. Pero los lugares y las cosas no me hablan ni dicen estos que ya están habitados por el alma de mis antecesores, mis amigos, mi familia y la mía propia. Tal vez soy un animal de costumbres.

 

¿Qué significado tiene para ti la familia, los amigos y el país?

Empiezo de revés: el país es un espacio físico. Adquiere sentido en la medida que allí has transitado y has tenido amigos y familia lo que le insufla una significación peculiar. No soy patriotero. Como Martí, para mí, patria es humanidad. Creo que todos los países son iguales, pero en el tuyo has dejado sudor, sangre, saliva, semen y llanto. Te has segregado en él y ya él lleva una parte tuya. ¿Cómo abandonarlo sin abandonarte? Los amigos, los sinceros y honrados, que no te abandonan ni te juzgan ni te miden por otra cosa que por tus sentimientos y la familia son la verdadera patria. Una patria de los afectos y el espíritu.

 

¿Crees en los grupos y las generaciones?

No. Me siento más cerca de Shakespeare que de otros escritores de mi grupo erario. Antes surgían grupos con manifiestos, pero era más bien un intento de romper con lo que venía haciéndose, quebrar una tradición para imponer otra. Cuando ahondas en ellos ves más diferencias que similitudes. La verdadera creación es una voz en solitario. Muchas de esas agrupaciones son obras de profesores y académicos para tratar de entender mejor un fenómeno que los sobrepasa.

 

¿Es la nostalgia una conducta para poder escribir?

Es uno de los sentimientos que mueven a las personas. Para escribir no es, a mi manera de ver, ni mejor ni peor que otros. No son los sentimientos lo más importante sino lo que puedes sacar de ellos. Con nostalgia puedes hacer una pieza lacrimógena o un poema revelador y luminoso. La creación es más una cuestión de percepción y manera que del sentimiento que te arrastra a ella.

 

¿Existe algo que lesione la palabra y la amistad?

La mentira y la traición. Nunca hubiera podido ser espía. Me costaría un enorme sufrimiento denunciar a alguien a quien he mirado a los ojos, con quien he compartido palabras o un vaso de agua. Para mi la honradez es una categoría vital suprema.

 

¿Qué sentiste cuándo te enteraste que ganaste el Premio UNEAC de poesía en el 2007, y qué significó asistir al Festival de poesía de Medellín?

Cuando recibí el primero me eché a llorar. ¿Por qué? Porque siendo como he sido, nada gregario ni dócil, y teniendo tantas dificultades para escribir, me daba un poco de lástima por el que hubiera podido ser en otras condiciones. Pero pensándolo a la serena sombra del tiempo, quizá entonces no hubiera hecho una obra con cierto interés humano, que es a lo único que aspiro. Con el segundo, honestamente, siempre pensé que lo iba a ganar. Cuando terminé el cuaderno “del tránsito de las almas” sabía que había logrado algo notable y me dije, Lo voy a manda para ganarme ese viaje. Toda la vida había oído hablar de las lecturas en Medellín y del fervor de la gente… La realidad, como siempre sobrepasa la imaginación, es la experiencia más hermosa de mi vida como escritor. Cuando leí en el cerro Nutibara, ante unas cinco mil personas que aplaudían con delirio, pude saborear lo que saborean las estrellas de rock. Es una inyección de fe y optimismo en tu obra y tu elección como poeta.

 

¿Háblame de tu situación actual?

Es de lo que menos me gustaría hablar. Se reduce a sobrevivir y tener algunos momentos gratos en esa “conversación con los difuntos” según Eliseo Diego que es leer o escribiendo cuando me lo permiten las preocupaciones, los temores por el futuro de mi familia y los ruidos atómicos del vecindario.

 

¿Has dejado de escribir en algún momento?

Te decía que no escribo todos los días, como esa persona que se sienta sin nada en mente ante una página y se pone a armar algo. Pero sí, he tenido momentos en que no he podido escribir porque no tengo el ánimo. Esto me ha pasado sobre todo cuando las penurias económicas no me dejan la tranquilidad necesaria para concentrarme. Siempre trato de rebasarlas, pero son cíclicas como las pesadillas.

 

¿Te ha dado alguna satisfacción la literatura?

¡Muchas! En primer lugar, sentirme dueño de un mundo donde nadie puede decidir más que yo. En segundo lugar, gente que me reconoce y me aprecia por lo que hago. En tercer lugar, me ha dado el dominio de la palabra y la imaginación, ¡eso es impagable!

 

¿Te sientes un intelectual todo el tiempo?

Si intelectual es el que obra con el intelecto y, sobre todo, en función de su tiempo, su espacio y su prójimo, pues sí. Hay gente que le dan un cierto sesgo esnob a esta palabra, lo cual es falso. El intelectual es alguien que sufre, precisamente, por su imposibilidad de dejar de pensar en cuanto acontece a su alrededor. Me gusta involucrarme, tener criterio, hacer ver mi punto de vista, rebatir lo que no creo adecuado. Sí, soy un intelectual todo el tiempo.

 

¿De dónde salen  las historias que has recreado en tus cuentos y tus novelas?

Como todo, creo, salen un poco de lo vivido, que no es únicamente lo que yo he vivido, sino también lo que he oído y visto. Además de las múltiples vidas en que participo a través de las lecturas (¿quién no ha sido D’Artagnan o Robinson o Maqroll o Florentino Ariza?) y siempre con un mucho de esa retorta milagrosa que es la imaginación. Me encanta imaginar personajes, situaciones, sucesos… sobre todo historias que no he podido leer.

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Sumario

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Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

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