El “postcuento” de nunca acabar

Pedro Crenes Castro

Eloy Tizón - Foto: Almudena Sánchez.

Eloy Tizón – Foto: Almudena Sánchez.

 

Eloy Tizón, cuentista mayor, excelente novelista y muy buen observador literario, nos ha puesto a todos a pensar el cuento. Escritores, lectores, editores y críticos, ya estarán familiarizados con el texto que el escritor publicó en su columna mensual de El Cultural: “Postcuento”. Un texto nada largo, apenas 293 palabras (un microrrelato), y al cuento, como era de esperar, le ha llegado su hora: ¡el cuento está desnudo!, le han saltado las costuras de un traje que se la ha quedado chico o, es posible, el género ha ganado peso.

La lectura de cuentos va en aumento. Siempre ha sido el género que mejor se adapta al nomadismo vital del ser humano y más lectores van tomando esa conciencia. A la novela se la va cayendo el cartel de profunda (por extensa), y el cuento, ligero y a veces ligerísimo (sin perjuicio de la profundidad), recupera su vocación de universo abisal a pesar de la concisión. Decía Ángeles Encinar, en un reportaje de Blanca Berasátegui a raíz del texto de Tizón (“Contra las dictaduras del cuento”), que “se trata de provocar sensaciones, de sugerir, de inducir a la propia reflexión. Una frase escueta basta para apuntar a un mundo”.

No sé si el nombre debe ser “postcuento”, pero una de sus características ha de ser definitivamente la búsqueda de un interlocutor, de un buen lector, digamos el lector dos punto cero (2.0), ese que no espera al cuento sino que sale a su encuentro, que se deja impulsar hasta el final, pero no quiere ser llevado. Creo que hay una práctica del cuento que estaba al servicio del lector, complaciéndole en todo, tomándolo de la mano, haciéndolo feliz. Pero eso se ha acabado (y ya se ha hecho en el pasado): el autor encarrila al lector y este ahora camina a tientas, buscando sus laberintos para perderse, un recorrido emocional y lúdico.

Este es el “postcuento”, ese cuento desgarbado, que puede perderse en su propia deriva pero que introduce al que lee en un cuento falsamente fallido. Un cuento que derriba prejuicios entre géneros para transformar las viejas historias junto al fuego en una narración que se muta a cada párrafo. Nada de pirotecnia facilona. Si algo explota y hace ruido, primero que se ajuste bien el silencio previo. Los detalles cuentan.

Sobre todo ha de ser eficaz (de Perogrullo, pero no tanto, allí tienen cuentos ineficaces vendidos como lo último), su economía debe ser precisa o desmesurada, pero ha de dar resultados positivos y en el haber debe contabilizar un saldo emocional. No valen desmesuras ni simplezas (aparentes ambas y pretendidas), que no arrojen un resultado de arrastre hacia la acción y el deleite del lector, soberano y cómplice del autor. El falso “postcuento” es mucho de postureo, de morritos muy pintados, de forma sin fondo.

Y la crítica y los jurados pecan de conservadurismo estético cuando no quieren refrendar una manera de narrarnos que va más allá de lo estrictamente establecido. Lo canonizado da seguridad y, muchas veces, no se quiere soltar lo fijo de la forma para no caer en un fondo que a veces no se sabe explicar muy bien y da “culillo” intelectual dar el paso. Borrar fronteras entre géneros y formas de narrar se hace, pero se reconoce poco, no sea que me tachen de… Un “postcuento”, ya lo decía Carmen Martín Gaite, de nunca acabar.

Resumiendo a Eloy Tizón: Por sus grietas los conoceréis.

Del Autor

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Pedro Crenes Castro
(Panamá, 1972). Desde 1990 vive en Madrid donde publica críticas y reseñas literarias en la revista digital Papel en blanco además de colaborar con el diario digital El Librepensador. Forma parte del equipo docente de los Talleres Literarios en Panamá.  Ha sido incluido en la antología “Los recién llegados” (2013) en Panamá y en Francia, en la antología “Lectures du Panama” de la Universidad de Poitiers (2014). Ha publicado la colección de cuentos “El boxeador catequista” (2013) en la Editorial Foro/taller Sagitario de Panamá. Mantiene una columna semanal, “Desde Madrid”, en el suplemento literario “Día D” del periódico Panamá América. Acaba de publicar el libro de microrrelatos “Microndo” en la editorial Casa de Cartón de Madrid.