"El gran corazón de Dante Félix Luis Viera, el rey literario de los campos de Cuba"

Entrevista al escritor cubano Félix Luis Viera

Por Marlene Moleón, Rebeca Esther Ulloa y Baltasar Santiago Martín

 

Rebeca Esther Ulloa, Félix Luis Viera, Baltasar Santiago Martín y Marlene Moleón, en la tertulia de la Fundación Apogeo, Miami, 2015.

Rebeca Esther Ulloa, Félix Luis Viera, Baltasar Santiago Martín y Marlene Moleón, en la tertulia de la Fundación Apogeo, Miami, 2015.

 

Me he tomado la libertad –como matancero atrevido que soy, también “del campo” – de llamar a mi admirado amigo Félix Luis Viera  “el rey literario de los campos de Cuba”, porque los habaneros capitalinos suelen denominar “del campo” a todo aquel que no es de La Habana, y Félix –que también puede ser tan urbano como el que más– ha centrado dos de sus más importantes obras, Un ciervo herido y El corazón del rey, en escenarios alejados de la capital, donde la vida quizás transcurre un poco más lenta pero no por ello con menos drama.

“Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido.
Mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo”.

Félix ha escogido precisamente un verso del Apóstol de nuestras libertades para titular su novela sobre la que quizás ha sido la más antimartiana de las maquiavélicas acciones del secuestrador en jefe de las mismas: la creación de la UMAP –que es como se ha despluralizado dicho engendro en el imaginario colectivo cubano y en su memoria histórica–, que en realidad fueron campos de concentración y de trabajos forzados para los “diferentes”, echando por tierra –literal  y en sentido figurado– el anhelo martiano de una república “con todos y para el bien de todos”, que se trastocaría en una pesadilla de todos y para el mal de todos, pues hasta los niños a partir de los doce años tuvieron que ir a trabajar obligados a la agricultura, dentro del nefasto plan “La Escuela al campo”, y luego, del fatídico  plan “La Escuela en el campo”; al igual que adolescentes, jóvenes, trabajadores, militares y las personas que no simpatizaban con la Revolución, o se apartaban del modelo totalitario impuesto por Fidel –como los Testigos de Jehová y los homosexuales, entre otros–, para formar al llamado  “hombre nuevo”, por encima de la voluntad de la familia y de los propios neoesclavos.

Si en Un ciervo herido Armandito Valdivieso es el alter ego del autor en medio del infierno de las U.M.A.P. en Camagüey, en El corazón del rey es un primo-hermano literario de aquel     –sin lugar a dudas– el personaje sin nombre que “Dante” Luis Viera escogió para recrear a través suyo la vida en los círculos exteriores de ese infierno, donde la ciudad de Santa Clara es la encargada de proporcionar la convincente escenografía.

“Le dices de mi parte a ese lunático amigo tuyo llamado Benito de Palermo que tiene razón: el comunismo es la llave más perfecta que se haya concebido, pero no abre ninguna puerta” (página 93 de El corazón del rey, de Félix Luis Viera).

Félix ha logrado de modo magistral con esta “regia” novela crear un nuevo movimiento literario cubano: el “sorrealismo”, donde el absurdo es real, y el humor, a ratos, rompe la cargada y agobiante atmósfera “sorrealista”, en la mejor tradición de nuestras zarzuelas, que pueden acabar en asesinato, pero donde no falta el cuadro costumbrista de la mulata, el negrito y el gallego.  Y es que si en algo se diferencia el sorrealismo cubano del de los “hermanos” países socialistas de Europa es por  el relajo, el choteo, la conga: “Somos socialistas, palante y palante, y al que no le guste, que tome purgante”.

El corazón del rey en realidad no termina cuando Mercedes le dice a su Autodidactico: “Mira, está lloviendo”, porque, con otros nombres, cualquiera de nosotros podemos ser uno de sus personajes –o una mezcla de ellos–, y, gracias a Dios, seguimos viviendo.

Félix, bienvenido a la Tertulia de APOGEO del mes de agosto, donde te preguntaremos cosas que no llegué a preguntarte cuando Marlene Moleón, aquí presente, me premíó con la petición de presentar en Artspoken esos dos libros tuyos que considero de lo mejor que se ha escrito en Cuba después de 1959

Baltasar S. Martín


— I —

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Autor al descubierto

Por Marlene Moleón

 

Filme

No me gusta el cine, salvo películas excepcionales a mi entender. Eso de saber que detrás o delante de lo que estoy viendo hay camarógrafos, productores, auxiliares de producción, etc., bebiendo, fumando, etc., me parece que es un engaño, o que me están engañando.  Más rechazo le tengo a este arte cuando veo las declaraciones de las “luminarias” y esas cosas. Es un asco.

Sin embargo, cuando miro alguna película, me centro en la actuación, es lo que más me gusta o quizás lo único que me gusta de los filmes.

A mi entender, digamos, de 5000 películas, hay una que se puede ver, que en realidad tiene “sangre”, que es “seria”.

Sin embargo, millones de personas consumen esa bazofia de cine, lo cual indica que el mundo está muy jodido. De modo que personas como ustedes dos, Marlene, Baltasar, y los que así somos, casi casi casi nos tenemos a nosotros mismos.

Disculpen esta opinión, sé que es un poco “rara”.

Mas, cuando leo una novela, un poemario, un libro de cuentos, sé que es verdad, que me están diciendo una verdad, que estamos solos el ¿pobre? tipo que lo escribió y yo, sin nadie de por medio.

 

Programa de televisión

Los noticieros.

 

Héroe de ficción

Entre otros, Madame Bovary y el personaje central de La conjura de los necios.

 

Villano de ficción

No sabría decirlo.

 

Autores, cinco libros preferidos de todos los tiempos

¡Qué va!, son muchos más de cinco, me resulta imposible reducirlos a esa cifra.

 

¿Cuál es su máxima en la vida?

Escribir, y tratar de ser honesto.

 

¿Cuál es su mayor logro?

Dos o tres libros que he publicado.

 

¿Cuál es su mejor virtud?

La solidaridad, el agradecimiento, el intento de ser justo, rebelarme contra la discriminación de cualquier tipo.

 

¿Cuál es su mayor defecto?

Resultar  a veces demasiado explosivo, y tal vez, a la par, en ocasiones ser demasiado confiado. También soy muy débil ante la carnalidad, la belleza de la mujer, no razono correctamente en un trance que tenga que ver con esto. O mejor dicho, no sé imponer la razón.

 

¿Cuál es su mayor miedo?

Escribir — creación, quiero decir.

 

¿Cómo describiría la felicidad?

No existe completamente ni de forma más o menos permanente. Es un estado de éxtasis, pero ya digo, la armonía total dura muy poco, o es intermitente. Pero así está bien.

 

¿Qué persona (viva)  es la que más admira?

Oh, no podría determinar por una sola persona.

 

¿Hay algo de lo que se arrepiente en la vida?

De mucho. Por ejemplo, de haber visto demasiado tarde lo que era evidente desde antes. También, en lo anecdótico, de un tomeguín que maté a sangre fría con un tirapiedras; esto se halla en un poema, y todavía me duele.

 

¿Cuál es su ocupación favorita cuando no está escribiendo?

Ninguna. Si exceptuamos leer.

 

¿Cuál es la pregunta o comentario más frecuente  de los lectores?

Que si yo soy el protagonista de las historias y los poemas…; que si eso me pasó en realidad… y así, por ahí van las preguntas…

 

¿Personaje histórico con el que más se siente identificado?

José Martí.

 

Si pudiera adquirir un nuevo talento ¿cuál sería?

Decidiría por lo mismo.

 

¿Ha consumido drogas alguna vez? ¿Lo han ayudado en el proceso creativo?

No he consumido drogas, Dios me libre. Dicen que EA Poe escribía borracho, pero no se ha comprobado del todo.

 

¿Por qué causa se mostraría al público en cueros vivos?

¿En cueros vivos literalmente? ¿Desnudo? Por ninguna. ¿Para qué herir las pupilas ajenas?

 

Si pudiera ser cualquier otra persona, animal o cosa ¿qué le gustaría ser?

Un gallo.

 

¿Cuál es una pregunta que nunca le han hecho?

Si se sufre al ser escritor.

 

¿Y cuál sería la respuesta a esa pregunta?

Que se sufre mucho, y se goza a veces.

 

¿Piensas que de verdad escribir vale la pena?

No es cuestión de que valga o no la pena, es que este asunto  agridulce lo escogió a uno. Es una obsesión.  ¿Han visto a algún oficinista aferrarse al escritorio a la hora de terminar su trabajo, clamando no, no, quiero seguir, quiero seguir?

Ese oficinista y otras personas realizan un trabajo para vivir, que incluye comer; eso es una humillación

Si a mí me prometieran un millón de dólares mensuales, con la sola condición de que no escribiera más, no lo aceptaría, no puedo. Esa es la diferencia entre la pasión y la obligación.

 

¿Qué consejo daría a los autores noveles?

El mismo que daba mi  amigo Carlos Victoria: “No se detengan nunca”.

 


 

— II —

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Me dedico a la novela, el género más agradecido

Por Rebeca Esther Ulloa

 

¿Consideras que ha influido en tu obra literaria el haber nacido y crecido en un barrio marginal como El Condado?

Bueno, sí. Mis tres primeros libros de narrativa — los de cuentos Las llamas en el cielo y En el nombre del hijo, y la novela Con tu vestido blanco, tienen ese barrio como escenario.

Y en cuanto al estilo, ni hablar: allí tiene sus raíces el lenguaje que utilizo, mi manera de ver el mundo, mis ansias por ser solidario y agradecido y por no discriminar; en fin, de ahí sale mi voz y mi mundo literario.

En cuanto al estilo, digo, el único libro que se aparta de lo antes dicho es el de cuentos Precio del amor; lo cual llevé a cabo con todo propósito.

 

¿Crees que un escritor, si procede de lo marginal, debe escribir sobre lo marginal?

Un escritor debe escribir sobre lo que domina totalmente. Y no solo de la ocurrencia, el entorno, de lo que ha vivido, sino de aquello que domina porque se ha identificado plenamente con ello, que ya es de él, si bien no forme parte de sus vivencias directas.

Mira, mi noveleta  Inglaterra Hernández cuenta la historia, principalmente, de una mujer que al parecer tiene cáncer de seno; y todas las peripecias de ella y demás personajes en medio de lo que Fidel Castro ha llamado “Período Especial”; justo en 1993.

Y como sabes, yo ni soy mujer ni he tenido nunca amenaza de cáncer de seno. Pero sucede que la persona, la mujer en la que me baso para esta historia, me hizo identificarme tanto con su problema, que este pasó a formar parte de mi vida. Sí, porque uno no vive solo lo suyo, sino también lo de otros; o sea, la vida de otros también puede formar parte de tu vida.

Esta noveleta se publicó en México en 1997, por la Editorial de la Universidad Veracruzana, y de algún modo me trae un recuerdo muy triste, una tragedia; algo que supera, como ocurre tantas veces, la ficción

Quisiera contar la anécdota, para que no se pierda.

Una señora que conocí en México compró y leyó la obra, en la cual se narra que el miedo del personaje Inglaterra Hernández  —por más señas enfermera— comienza cuando, al palparse uno de sus portentosos senos, como por casualidad, cree haber hallado un nódulo en ciernes.

A la señora lectora, que por esos días hace amistad conmigo, cuando está leyendo el capítulo del posible nódulo, se le ocurre realizarse la misma palpación que el personaje Inglaterra Hernández,  y cree, me dice, que al igual que el personaje de ficción, ella posiblemente tenga un nódulo en el seno.

Lo anterior me hizo reír.

A los dos meses más o menos ella recurrió al médico especialista. Quizás unos ocho meses después le hicieron una cirugía para extirpar el nódulo. Tal vez seis u ocho meses luego le realizaron lo que llaman “radical de mama”. Murió, calculo, un año y medio después: ya tenía demasiadas metástasis.

Fue terrible.

 

Eres un escritor bendecido por los dioses: poeta, narrador y periodista, ¿cómo haces para ser tan bueno en tan diferentes géneros?

Bien, eso de “tan bueno” lo dices tú, no yo.

Poder trabajar en varios géneros es un regalo de la vida, pero se llega a convertir en una agonía. Con el tiempo, al menos a mí no me resultó posible llevar tanta carga. De este modo, cuando a finales de la década de 1980 entregué a la editorial mi libro de cuentos Precio del amor, cerré mi trabajo en este género, puesto que estaba seguro que la vida no me alcanzaría para crear los poemas y las novelas que me rondaban. Del mismo modo, a finales de la primera década de este siglo, cuando concluí mi poemario La patria es una naranja, publicado por primera vez en 2010, decidí que me apartaría de la poesía, a ver si lograba escribir las novelas que tenía en mente, y alma.

Claro, tanto los poemas como los cuentos me llegan a veces, pero los descarto; lo cual también resulta un doloroso acto de renuncia, pero así debe ser, mentalmente me destruiría, lo sé. Así que desde 2009 aproximadamente, solo me dedico a la novela, el género más agradecido, dicen, pero también el más demoledor  para el autor.

Bueno, lo que se dice periodista no soy. Solo sé escribir artículos, de manera que acaso soy articulista. Así, si lo que yo escribo en esta modalidad, se publicara en una pared, pues yo sería “paredista”. Vaya, lo que quiero decir es que para ser periodista hay que saber escribir reportajes in situ, calcular buenas entrevistas, proyectar el perfil de un periódico o revista, tener olfato editorial de acuerdo con determinadas circunstancias; etc. Y yo no sé hacer nada de eso

 

¿Ha marcado tu vida el tiempo que estuviste en las U.M.A.P.?; ¿supiste por qué te llevaron?

No, nadie me dijo por qué me llevaron. Debo suponer que algo de mí no cuadraba con el Hombre Nuevo que estaban “construyendo” (como si a los hombres los hicieran los albañiles) en la patria.

Me marcó como todo lo excepcional, bueno o malo que ocurre en una vida; en este caso, lo malo.

 

Tu  literatura –o parte de ella–, tu periodismo, tu vida misma,  están comprometidos con la lucha por una Cuba democrática, ¿crees que un escritor, un intelectual, debe comprometerse con  una causa política, patriótica, o debe vivir al margen de los acontecimientos?

Quien viva al margen de la política, finalmente será víctima de la política. Sea en el momento y bajo el régimen que fuere, un escritor debe tomar partido en la política de su país. No quiere decir esto que se dedique a la “Política”, sino que debe sumar su talento, de algún modo, para que la sociedad funcione mejor. Es su deber opinar, denunciar, aportar por la vía que más posible le resulte.

Mira, hay un segmento de la vida de un escritor que él no podrá incluir en su obra de ficción. Observaciones, experiencias, conclusiones, puntos de vista, etcétera, que no deben quedar inéditos. Así, él, o ella, tienen el deber, en mi opinión, de hacer que estos lleguen al público mediante “campañas” de “agitación” cultural, política o social, de la manera que le sea más factible; lo cual incluye la labor de escribir prosa periodística, entre otros modos.

 

Tu más reciente obra, el libro Precio del amor, es como una reivindicación de la mujer moderna, ¿cuánto hay de Félix Luis Viera en el personaje masculino de los cuentos?; ¿se corresponde con la visión de la mujer de los ochenta y noventa en Cuba y en el mundo?

Primero, el libro de cuentos Precio del amor se publicó en 1990; y se ha reeditado recientemente, como dices.

No creo que sea una “reivindicación” propiamente, ex profeso. Más bien yo siempre he visto a la mujer de esa forma; como un ser enigmático, poderoso; factores que, entre otros, dan cuenta de su belleza. El hombre no, el hombre es un pobre infeliz que, aunque se crea que es el “tipo duro” y a veces actúe como tal, aun crueldad mediante, no es más que, en muchos casos, un adicto, y con razón, a la belleza femenina (física o no, o ambas). La que manda, por ejemplo, en la entrega carnal, es la mujer; ningún hombre tiene tanta fuerza física en el interior de sus muslos como una mujer. Ella, si quiere abre el telón; si no quiere, no.

Mira, pongamos por caso que yo, o digamos un hombre hermoso, se pasee desnudo por la calle; no debemos dudar que alguna de las mujeres que lo vean pasar llame a la Policía.

Lo contrario. Si una mujer, digamos que hermosa, se pasea desnuda por la calle, puedes estar segura de que ningún hombre va a llamar a la Policía —sino que se dedicará a mirarla, saborearla con la vista lo más y mejor que pueda—; quizás ni el propio policía que está mirando llame a la Policía. He ahí una diferencia.

Otro ejemplo. ¿Cuántos casos de violación sexual a mujeres se producen en el mundo diariamente? Aun sin datos, podríamos afirmar que decenas de miles.

¿Sabes de algún caso de un hombre violado sexualmente por una mujer?  Yo no conozco ninguno.

Aunque no estaría mal que a las mujeres les diera por violarlo a uno. Sería fantástico. Los varones no opondríamos resistencia; como sí hacen las mujeres.

 


— III — 

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La realidad vista por el ojo de la distorsión

Por Baltasar Santiago Martín

 

Félix, ¿en qué hospital de Cuba te cortaron el cordón umbilical?

No, en ningún hospital, sino en la casa donde nací, en Síndico 405, entre Virtudes y Amparo, en el barrio El Condado, en Santa Clara. Fue el domingo 19 de agosto de 1945.

Ese cordón me lo cortó la comadrona Emilitina, que cobraba 7 pesos por este trabajo. Me aplicó una especie de fórceps que se utilizaban entonces y, según mi mamá, resbalé de las manos de Emilitina y caí en la palangana. Ese fue el primer toletazo —que luego serían tantos—que recibí en mi vida. Según la misma fuente, mi madre, estuve más de cinco días llorando casi sin parar; de modo que una familiar que ayudaba a mi mamá cuidándome, se rajó: “esto no hay quien lo aguante”, le dijo a mis padres. Luego se rotaron varios familiares  y amigos de mis padres para cuidarme durante esos primeros días.

 

¿Qué recuerdos tienes del Primero de Enero de 1959?

Se podría decir que fue un pueblo en pleno celebrando la victoria del Ejército Rebelde. Multitudes aquí y allá, eufóricas. Muchas mujeres de mi barrio se vistieron con faldas negras y blusas rojas, para aludir a la bandera del Movimiento 26 de Julio, capitaneado por Fidel Castro, que se representaba con esos colores.

 

Algunos lectores de Cubaencuentro te han reprochado haber apoyado y formado parte en un tiempo del “sistema” –por así decirlo–, ¿cuándo, cómo y por qué te decidiste a cortar esa especie de segundo cordón umbilical?

Yo no formé parte del sistema. Nunca fui jefe, o ideólogo o algo parecido. Nunca recibí un privilegio o una ventaja o como quieran llamarle. Formé parte del Consejo Nacional de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), por elección de mis colegas. Pero siempre resulté “conflictivo”, como suele calificar el régimen a quienes no acatan el dogma al ciento por ciento. Ahora bien, yo sí creí en el socialismo, en la Revolución Cubana o como se nombre lo que existe en Cuba. La apoyé, a veces con mis versos, a veces cortando caña los domingos. ¿Si me arrepiento? Sí, claro. Si no me hubiera arrepentido estaría allá todavía.

 

¿Qué ha significado México en tu vida?

Una escala larga, de 20 años.

 

¿Cuánto de ti tiene el Armandito Valdivieso de Un ciervo herido?

Demoré más de 20 años en concebir al narrador para Un ciervo herido. Era lo más difícil, un narrador capaz de entrarle a la obra con verdadera singularidad. ¿Debía ser un narrador protagonista solamente? ¿O en tercera persona, omnisciente o no? Y muchas más posibilidades; como sabes, pueden existir tantos puntos de vistas que llegarían a lo infinito.

No debía escribir una novela que fuese una cadena de hechos tremebundos, porque eso sería cansón, agotador para el lector… y en fin, ni siquiera sería una novela.

Es decir, el problema estaba en el cómo, igual que en toda narración literaria, pero en este caso, para mis posibilidades, resultaba un cómo muy especial, y difícil.

Tuvieron que pasar dos novelas, una noveleta, tres libros de cuentos y cinco poemarios para, cuando llegué a México, en 1995, se me ocurriera, me “viniera” el narrador.

Debía ser un narrador muy subjetivo, con mucho de lenguaje poético y a la vez descarnado. Alguien que moviera aquella terrible realidad pasándola por el ojo de la distorsión en ocasiones,  de su distorsión.

Claro, ya entonces yo tenía, digamos, oficio, como para llegar a ciertas conclusiones y llevarlas a cabo.

Luego decidí sumar lo que ocurría fuera de las alambradas, o sea, en la cuadra donde vivía Armandito y otros lugares “allá fuera”; y agregué al personaje de la Madre, que mucho me resolvió literariamente hablando.

Armandito Valdivieso tiene de mí algunos aspectos, que pueden ser la subjetividad en ocasiones, la “aspirantura” a la Ética, el miedo-valor y esa manera de expresarse con el lenguaje, tantas veces figurado aunque esté hablando de una piedra.

 

Me encantó la cambiante adjetivización del “culo inmenso, avasallante, descomunal, abismal, estepario”, de la compañera que redactó el informe preliminar sobre Armandito, rejuego que me evocó de cierta manera al autor de Tres tristes tigres, ¿reconoces que Guillermo Cabrera Infante ha tenido alguna influencia en tu manera de escribir o es una conjetura infundada mía?

Es una conjetura tuya, pienso; yo he utilizado esas maneras desde antes, pero creo que son coincidencias.

 

¿Quién eres tú en El corazón del Rey, Autodidactico o Robertón? 

Autodidactico

 

¿La tragicómica escena en que los dos “compañeros” norcoreanos sorprenden a Robertón templándose a Carlota B. en la habitación de ellos, del hotel Santa Clara Libre te ocurrió de verdad a ti?

Algo parecido

 

¿La Samaritana, Cosme/Fifita y Napoleona La Rusa son personajes de ficción o existieron en la realidad?

Cada uno son personajes “hechos” de varios personajes o personas “reales” por mí conocidas, claro. Mira, a la Samaritana, en cuanto a su temperamento, su manera de proyectarse le puse no poco de mi mamá, quien allá, en la Muerte, Descansa en Guerra.

 

¿De quiénes te confiesas deudor como escritor?

En realidad de nadie o de todos los que he leído, no sabría decirte quién me ha influido manifiestamente en la narrativa.

En la poesía, sí: César Vallejo.

Muchas gracias a Caritate por darme esta oportunidad.

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