La gélida vida

Sobre el libro Vivo en Suecia. Antología poética, de Sonja Âkesson

Jorge de Arco

Vivo en Suecia. Antología poética
Sonja Âkesson
Traducción y prólogo de Francisco J. Uriz
Vaso Roto Poesía. Madrid, 2015

 

6a-Sonja-Akesson-librario-poesia-OtroLunes39La aparición de Vivo en Suecia, de Sonja Åkesson, supone una grata oportunidad para adentrarse en el universo lírico de una de las poetisas más relevantes de la poesía sueca del siglo XX.

Nacida en la isla de Gotland en 1926, la biografía de Åkesson está íntimamente ligada al devenir de su obra. Se casó en cuatro ocasiones y tuvo seis hijos. Uno de ellos, murió con apenas dos años a causa de la  leucemia. “Nunca supo muy bien qué la movió a escribir. Probablemente fue la traumática vivencia de la muerte de su hijo”, anota Francisco J. Uriz en su prefacio.

En 1957, dio a la luz su primer poemario, Situaciones, y dos años después, Veranda de cristal. Ambas entregas, tuvieron buena acogida y revelaban ya a una autora con atractivos mimbres. Por entonces, su decir pretendía retratar los estrechos límites a los que estaba sometida la mujer sueca y ahondaba con ironía en la crítica al modelo social que pretendía el Estado: “Mujeres pálidas se envuelven en chales negros/ para ocultar el calor que ellas con un gesto torpe/ tratan de mantener preso (…) ¿Tiempo roto que nunca se petrificó en olvido?/ ¿Vive algo todavía?/ Palabras que han sido clavadas en su propia jaula/ por ecos hace mucho tiempo enmudecidos?”.

Tras, Vivir la vida (1961), Åkesson publica, Paz hogareña, “el libro que la lanzó a la fama”. En él, se integra uno de esos poemas que marcan el antes y el después de cualquier escritor, “Autobiografía”, un himno que narra el cotidiano acontecer de un ama de casa. Pero tras él, había más; el intento de transmitir la desidia, el desconsuelo y la falta de motivaciones de toda una generación.  “Vivo una vida tranquila/ en Drottninggatan 83 A por el día./ Sueno a los críos y friego el suelo/ y saco brillo a las ollas de cobre/ y cuezo un puré de nabos y frío morcillas”, reza el inicio del poema. Su lenguaje directo, analiza en profundidad su situación vital, sus anhelos, sus derrotas, sus inquietudes…:“Yo siempre he viajado de polizón/ Yo he descansado en la brizna del dolor (…) Soy sueca./ Tengo tarjeta sanitaria./ Lloro en mi cuarto./ Moriré de cáncer./ Me han formado las circunstancias./ Combato una guerra de posiciones conmigo misma/ en el mapa sobrante./ ¡Y tengo ciertos planes!/ Tengo una hija/ que tendría que tener el futuro por delante./ Tal vez me compre en una tumba/ Yo soy sólo ocasionalmente/ un utilizable enser doméstico”.

Afirma Francisco J.Uriz en su citado prefacio, que el tema que recorre con más intensidad el conjunto de su decir es “la dificultad o imposibilidad del amor y de la comunicación entre las personas encasilladas en la jaula de su subjetividad y de su sufrimiento”. Y en los versos de su espléndida autobiografía, -en su corazón quebrado-, resuenan, sólidas y desoladoras tales dudas y tristezas: “Soy un zapato sucio/ en una calle abarrotada./ Soy un perro sin dueño/ lleno de amor pegajoso/ entre indiferentes zapatos sucios (…) Yo era el patito feo/ que nunca se transformó en cisne./ Busco mi cuchillito/ corroído hace tiempo por el óxido/ y destrozado a pisotones en la hierba amarilla”.

En 1965, ve la luz Fuera brilla el sol, poemario de descarnada sinceridad, donde Åkesson busca mediante la palabra un bálsamo, un remedio aunque fugaz, a su vital desconfianza, a su corazón vacío: “¡Qué asco me doy/ cuando me paso el día pegando recetas de cocina/ y me pongo tibia de bocadillos de queso y salchichón”.

Sus siguientes poemarios, Precios (1968), Dulces años 60 (1970), El corazón martillea, los pulmones se derriten (1972), La historia de Siv (1974) al igual que su última entrega, El ojo del caballo, -publicado en 1977, pocos meses después de su muerte-, remiten a un tipo de quehacer donde predominan las letras de canciones, los textos para representar en escena, las imágenes e instantáneas diversas…

Coinciden estos volúmenes, con el agravamiento de su salud y su internamiento en un psiquiátrico. A sus problemas mentales y a su acentuado alcoholismo, se le sumaría después un irreversible cáncer de hígado.

En su poema, “Sí, gracias”, escrito pocos días antes de su fallecimiento, dejó como testimonio conmovedor lo que hubiese querido y necesitado para sí, en lugar de su atormentada  y compleja existencia: “Una vida cálida./ Una vivienda cálida./ Una rebeca cálida/ que ponerle a los gélidos pensamientos./ Un cuerpo cálido/ que ponerle al cuerpo./ Un alma cálida/ que ponerle al alma/. Una vida cálida/ que ponerle a la gélida vida”.