Cine Latino de Humor Negro (I):
Esperando la carroza

Alfredo Antonio Fernández

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La comedia ha hecho reír a los públicos más diversos del Oriente y del Occidente, de la Antigüedad y de la Modernidad. Es una forma artística de gran eficacia comunicativa entre los creadores y el público.  La comedia, por así decirlo,  es un “juego de todo o nada” en el que se apuesta mucho, y al final, se pierda o se gane, el humor “todo lo puede”.

Un subgénero subsidiario de la comedia que tiene que ver con elementos controvertidos de la realidad -verdaderos tabúes o tótems morales de las sociedades antiguas y modernas-, y que goza de amplia popularidad, es el de la comedia de “humor negro”, de  tan antigua existencia como las Artes (1).

El “humor negro” encontró pronto acomodo en la literatura y el teatro, pero igual se desplazó con celeridad de la letra impresa y el escenario a las representaciones visuales del cinematógrafo.

En particular, las cinematografías de Inglaterra y Estados Unidos, se han disputado durante décadas el liderazgo de la “comedia de humor negro” en las producciones millonarias de los grandes estudios y en las de restringido presupuesto del “cine de autor”.

Las cinematografías anglo-americanas han producido verdaderas “joyas” del cine de “humor negro” como “The ladykillers”, con Alec Guiness y Peter Shellers en los roles protagónicos, o la célebre “Dr. Strangelove”, de  Stanley Kubrick, en la que se mezcla el “humor negro” y la “guerra fría” para producir un inminente conflicto atómico entre las dos grandes potencias rivales de 1960’s, los Estados Unidos y la Unión Soviética.

La cultura hispanoamericana, resultado del entrecruzamiento de variadas tradiciones (romana, árabe,  judía, negra e  india entre otras), no ha sido ajena ni ha estado exenta de la huella del “humor negro”.

El “humor negro”, entre otras virtudes, ha servido de catalizador de las emociones reprimidas en épocas en las cuales las dictaduras militares, caudillistas o religiosas, han impuesto la censura como método disciplinario y auto disciplinario en los “mass media”, los cenáculos literarios y el cine.

A modo de ejemplo, vale la pena citar a dos directores españoles que han hecho del “humor negro” un icono cinematográfico: Luis C. Berlanga  (“Bienvenido,  Mister  Marshall”(1953)  y “El verdugo” (1963)  y Álex de la Iglesia (“El día de la bestia” (1995), “Crimen  ferpecto” (2004) y “Balada  triste de trompeta” (2010).

En los filmes de ambos, abundan las referencias testimoniales e históricas al franquismo (2) durante los años en los que los “ismos” de  la derecha política fueron “letra viva” (dictadura franquista 1936-1976) o en los que devinieron “letra muerta” (democracia  bipartidista 1976-2015).

Los autores latinoamericanos, que como los de España se han debatido entre largos períodos de oscuridad dictatorial y breves fulgores de libertades democráticas republicanas, igualmente han “echado mano” del humor negro con su carga de ambigüedades, absurdos y juegos macabros, para hacer llegar su mensaje subversivo al gran público (3).

Particularmente, la cinematografía de Argentina, con los directores Alejandro Doria y Héctor Olivera, la de México, con Rogelio A. González,  y la de Cuba, con Tomás Gutiérrez Alea, han aportado algunas de las mejores variaciones al tema dominante del “humor negro” en América Latina.

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El filme argentino “Esperando la carroza” (1985), del director Alejandro Doria, inicialmente, no fue aceptado favorablemente por la crítica ni por el público. Pero, con el tiempo, ha ido “in crescendo” el interés por esta obra del “grotesco rioplatense” (4).

Un par de décadas han bastado para que deviniera un “filme de culto”, merecedor de adaptaciones para la televisión, nuevas versiones de cine, conversión al formato DVD,  y que la casa que sirvió de  locación original a la filmación, en la calle Echenagucía, fuera declarada Patrimonio Cultural de la Ciudad  de Buenos Aires.

¿Qué factores concurrieron para que un filme al parecer destinado al olvido “sobreviviera” y “resucitara” con fuerza inusitada?

Como en otras oportunidades, vale la pena examinar la información disponible y realizar algunas conjeturas.

Alfredo-A-Fernandez-Humor-Negro-7-OtroLunes39“Esperando la carroza”, es un filme en el que el tiempo deviene un factor principal. La acción transcurre en un “accidentado” domingo en el que una familia argentina –como millones, probablemente- , de tres hermanos, esposas e hijos, se reúnen para compartir alegrías y tristezas  durante el almuerzo familiar.

La figura dominante –no siempre presente, pero si como referente en los diálogos-, es la de la singular Mamá Cora (actor Antonio Gasalla), una “mater familia” de más de ochenta años con tres hijos y una hija (5) que vive con la pareja que forman su hijo Jorge (actorJulio De Grazia) y su esposa Susana (actriz Mónica Villa).

De los tres hermanos, es Jorge, precisamente, el de peor situación económica. La vida de pobre que lleva le permite al director Doria mostrar uno de los rasgos que caracterizan a la comedia de “humor negro”: los personajes carecen de poder sobre sus vidas.  El interior de la vivienda de Jorge y Susana es un verdadero caos de pañales que cuelgan del techo, llantos de niños y arrebatos histéricos al ver que Mama Cora “se caga” y luego mete la  mano en la olla en la que se cuece la comida.

La falta de dinero, de espacio dentro de la vivienda, los conflictos entre la nuera (Susana) y Mamá Cora, y la amnesia de esta última, vienen a agravar una situación familiar de por sí precaria.

La pareja de Jorge y Susana se aprovecha de la reunión familiar dominical en torno a la olla de raviolis para pedirle al matrimonio de su hermano Sergio (actor Juan Manuel Tenuta) y su cuñada Elvira (actriz China Zorrilla), que se hagan cargo de Mamá Cora.  Del pedido de urgencia, será testigo la tercera pareja matrimonial: Antonio (actor Luis Brandoni) y Nora (actriz Betiana  Blum).

Un ranking económico de las parejas, ubicaría a la de Antonio y Nora –la clase media de éxito- en el vértice del triángulo, a Sergio y Elvira –los pequeños burgueses- en los costados, y a Jorge y Susana- los proles arruinados-, en la base.

Alfredo-A-Fernandez-Humor-Negro-2-OtroLunes39A la pareja de Antonio y Nora, se les considera como a los ricos o  los “nuevos ricos de la familia, son los únicos que viven en una barriada de lujo y tienen auto de último modelo. La relación entre los cónyuges está gobernada por el cálculo y las convenciones sociales más que por el amor. La hipocresía social llegará al clímax cuando Susana le revela a Nora que sabe que ella mantiene relaciones extramaritales con Sergio, el hermano de Antonio y Jorge.

En la discusión familiar acerca de quién se responsabilizará en el futuro del cuidado de Mamá Cora, “la voz cantante” la llevan las esposas, mientras que los maridos-hermanos, se limitan a pedir respeto para el nombre de la madre.

Y mientras el destino de Mamá Cora se decide entre pucheros de tucos y raviolis, ¿qué es de la sin par ancianita?

Mama Cora, al ver que nadie le hace caso, se ha ido a la casa de una vecina, que le pide de favor que cuide de su pequeño hijo por un rato. Cuando los tres hermanos y sus esposas se dan cuenta que ha desaparecido, la situación, de absurda, deviene trágica; antes, nadie quería hacerse cargo de ella, ahora, todas la buscan en medio de gritos y llantos mientras Mama Cora, desde una azotea situada justo enfrente de la casa de Sergio y Elvira, se pregunta el por qué de tanto alboroto y de las idas y venidas de familiares  y amigos (6).

Con la supuesta desaparición de la anciana, el filme da un vuelco de contenido, se acabaron las peleas domésticas entre los hermanos y sus cónyuges, las tres familias, actúan unidas y tienen una causa en común: encontrar a Mama Cora (7).

Solo la pericia de los guionistas -el dramaturgo  Langsner y el director Doria-, permitirá que en las casi dos terceras partes que faltan para que el filme concluya, se mantenga la risa interminable del público con las situaciones que irán creando para que no decaiga el interés. Entre los mejores recursos de los cuales se valdrán para mantener la tensión y las risas, estarán algunos de los rasgos que tipifican a la comedia de “humor negro”: la burla a las instituciones y a las costumbres respetables como son la familia, la religión y la muerte.

Antonio Gasalla.

Antonio Gasalla.

Muy pronto la desaparición de la viejita dejará de ser el “leit motif” principal,  su lugar lo ocupará la muerte de Mama Cora, que no será una presumible muerte por accidente sino un premeditado suicidio arrojándose a las vías al paso de un tren: una muerte divertida y subida de tono como corresponde a los estereotipos de la muerte en la comedia de “humor negro”.

El pandemónium se desata cuando la familia acude a la morgue a identificar a Mama Cora, al verla tan desfigurada e irreconocible, solo les queda el recurso de identificarla por medio de las prendas que viste: el viejo par de zapatos negros que calzaba.

De nuevo es el pandemónium, en las acciones que se sucederán en la pantalla, tan pronto se mezclan las características de la comedia tradicional, como son las incongruencias y disparates de los diálogos intercambiados entre los personajes, con el empleo de los propios personajes no ya como entes dialogantes sino como caricaturas de sí mismos que contravienen en absoluto las normas de convivencia familiares y sociales.

Luis Brandoni.

Luis Brandoni.

Por ejemplo, los hermanos Sergio y Jorge, rompen con el canon de la fraternidad entre hermanos y  se pelean por llevar el féretro a sus respectivas casas para velar el cadáver. Se suceden las entradas y salidas de los vecinos, los abrazos y las lágrimas, la ingestión de comidas y bebidas en torno al féretro. Y, de repente, la gran sorpresa, se recibe una llamada en la que se reporta que se ha producido una equivocación en la identificación del cadáver: la muerta no es Mama Cora, es una húngara a la que Elvira, la esposa de Sergio, no vacila un segundo en calificar de “muerta de hambre y comunista que vino a morirse a la Argentina”.

Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz, conocida popularmente como China Zorrilla (Montevideo, 14 de marzo de 1922 - ibídem, 17 de septiembre de 2014).

Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz, conocida popularmente como China Zorrilla (Montevideo, 14 de marzo de 1922 – ibídem, 17 de septiembre de 2014).

Los gritos de dolor quedan en suspenso mientras digieren la noticia, al rato llega otra noticia que contradice a la primera, la policía asegura no tener conocimiento de ninguna húngara muerta por accidente o suicidio. Alguien grita: ¡Aquí no ha pasado nada!, y vuelven los rezos y los lamentos hasta que, por sorpresa, Mama Cora irrumpe en medio del velorio.  La besan y la abrazan, le dan las flores destinadas a la húngara muerta y se produce otro hilarante equívoco: Mama Cora está feliz, cree se trata de su  cumpleaños.

Finalmente, vuelven los agencieros de la funeraria, se llevan a la húngara muerta, y detrás, cargando flores y caminando por el medio de la calle,  va Mama Cora con sus hijos, suegras, nietos y vecinos hacia el velorio de la húngara mientras la banda sonora repite el festivo texto surrealista de una popular canción:

Tengo una vaca lechera,
No es una vaca cualquiera.
Me da leche desmerengada.
¡Ay que vaca tan salada!
Tolón – Tolón, Tolón – Tolón

 

Notas del artículo

  1. André Breton, poeta y jefe de fila del movimiento surrealista, se ha encargado de establecer los nexos que unen la liberación del inconsciente en los autores surrealistas y el desvelamiento por la vía del humor de las más oscuras pasiones y temores que encuentran acomodo en la psiquis humana, como el sexo, la locura y la muerte. En su Antología del humor negro (1940), realizó una compilación de 45 textos literarios que incluyen a la “crême de la crême” de autores europeos que van de Sade a Kafka pasando por Baudelaire y Rimbaud.
  2. Refiero a los lectores una “joyita” poco conocida de la comedia de “humor negro” y sátira política, el filme del director español Antonio Mercero, Espérame en el cielo (1988). Es la historia de un anodino ortopedista, gordito y fanfarrón que, gracias a su parecido al Generalísimo Franco, es secuestrado por la policía política para ser educado en las maneras y costumbre del dictador y en el proceso deviene su “doble” en la vida pública y privada. El ortopedista trata de comunicarse vía cinematográfica con su esposa que le cree desaparecido o muerto. Mientras “dobla” a Franco en los noticieros oficialistas No-Do que dan cuenta del quehacer del dictador en sesiones de gabinete, revistas militares o inauguraciones de obras públicas, realiza ciertos “gags” siempre que aparece en pantalla para que sean decodificados desde la luneta por su esposa, como señas de identidad que ponen en evidencia que aún vive. Al final, por casualidad o premeditadamente, el séquito de subalternos que rodea a Franco, al saberlo o creerlo muerto, disponen que el ortopedista doble de Franco sea enterrado con honores en el Valle de los Caídos junto a miles de leales servidores del Caudillo de España.
  3. Uno de los rasgos distintivos de la estética del “humor negro” en la literatura, el teatro o el cine, es la falta de poder de sus personajes. Son sujetos “a la deriva”, en permanente crisis de identidad. Las situaciones en las cuales se ven envueltos exceden sobrepasan sus voluntades. En las comedias de “humor negro”, los personajes no tienen control sobre sus vidas, su trabajo, o la vida en común con sus parejas o su familia. Y este estado de indefensión permanente, los convierte en las víctimas ideales cada vez que en América Latina se producen, casi con carácter cíclico, los tsunamis de dictadura-revolución-dictadura que quiebran a las naciones y arrastran hacia el fondo a sus pobladores.
  4. El filme tuvo su origen en una obra de teatro del autor rumano-uruguayo Jacobo Langsner, estrenada por primera vez en 1962. A Langsner se le considera uno de los autores prototípicos del llamado “grotesco rioplatense”.
  5. Desde el inicio del filme, la figura de Mama Cora se destaca en medio de los créditos, se le ve caminar despistada en eses por el medio de la calle, como una amnésica, o una paciente de Alzheimer escapada de un asilo de ancianos.
  6. El filme Esperando la carroza, se estrenó en 1985, el primer año después de la dictadura de la Junta Militar (1974-1984), durante la cual se produjeron detenciones y asesinatos extra judiciales, existieron cárceles y cementerios clandestinos, hubo secuestros y torturas a detenidos políticos que arrojaron un saldo final de 30, 000 desaparecidos. Para el público argentino, recién salido de una experiencia tan traumatizante, la desaparición de Mama Cora – a solo unos metros de distancia de su familia- no debió parecerle del todo ilógica y absurda teniendo en mente el cercano referente de las miles de víctimas desaparecidas y de las familias rotas forzosamente. Más de un espectador, al ver las cómicas peripecias de Mama Cora en la pantalla, debió pensar para sí, o tal vez exclamar: “En Argentina, hasta las viejas se desaparecen”.
  7. Durante uno de los viajes que Antonio -el nuevo rico de la familia- realiza a la comisaría de policía acompañado de sus hermanos en busca de información sobre Mama Cora, se produce un corto pero significativo diálogo de los “nuevos tiempos” que corren en la Argentina recién finalizada la dictadura de la Junta Militar. Cada vez que Antonio le pregunta al jefe de policía qué ha sido de los antiguos oficiales conocidos de él, la respuesta es la misma: cumple condena por tráfico de drogas, o salió de la cárcel tras cumplir condena por tráfico de drogas.

Del Autor

Alfredo Antonio Fernández
(La Habana, Cuba) Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, Master en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, México y Doctorado en Español de la University of Houston, Estados Unidos. Ha publicado: El Candidato (Premio de la Unión de Escritores de Cuba, 1978), Crónicas de medio mundo (relatos, 1982), La última frontera, 1898 (novela, primera finalista Premio de la Crítica, Cuba, 1985), Del otro lado del recuerdo (novela, 1988), Los profetas de Estelí (novela, Feria Internacional del Libro, Guadalajara,1990), Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso (Premio Razon de Ser de novela, 1989 y Premio Alejo Carpentier de Novela 1993, de la Fundación Alejo Carpentier), Amor de mis amores ( novela, Planeta, México, 1996) y Adrift: The Cuban raft people (Rockfeller Foundation Grant, 1996; Arte Publico Press, Estados Unidos, 2001), Bye, camaradas (novela, 1era finalista Premio Internacional Novela Marcio Veloz Maggiolo, New York, 2002 y finalista Premio Novela La ciudad y los perros, Madrid, 2003, publicada en la Editorial El barco Ebrio, España, 2012) y A traves del espejo. El cine hispanoamericano contemporaneo. Volumen I (ensayo, Editorial El Barco Ebrio, España, 2013). Sus libros más recientes son la novela Aló, marciano y Buñuel In memoriam (ambos por la Editorial El Barco Ebrio, España, 2015). Reside en los Estados Unidos.