Por hablar más de la cuenta

Sobre la novela Bitácora del silencio de Luis Manuel García Méndez

Rafael E. Saumell
Sam Houston State University

 

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Con la novela Bitácora del silencio (2012), Luis Manuel García Méndez (La Habana, 1954), ganó el premio Ciudad de Palma Camilo José Cela (2011). Es uno de los escritores más prolíficos de la “generación de los ochenta”, galardonado en numerosos concursos, entre ellos el Premio Casa de las Américas (1990) por su libro Habanecer (1992, 2005).1

Bitácora es la crónica novelística realizada en formato de diario, de un hombre condenado al silencio y al ostracismo. El narrador es un individuo irónico, muy proclive a hacer parodias, a mezclar textos disímiles con el suyo para comentar y narrar sobre cuanto humano y divino le pasa por la mente. Sus compañeros de trabajo y estudiantes tienen prohibido dirigirle la palabra, no están en libertad de reunirse con él, ni siquiera de compartir la mesa en el comedor.  Al mismo tiempo, la dirigencia le comunica que le han pedido al rector que lo separe de su puesto. Estos sucesos ocurren durante una etapa bien significativa -26 de marzo al 31 de julio de 1980- en la reciente historia de Cuba: el asilo de un alto número de ciudadanos en la  Embajada del Perú y el consiguiente éxodo de cientos de miles que zarparon del puerto de El Mariel para llegar a la Florida.

Rafael-Saumel-Luis-M-Garcia-Mendez-1-OtroLunes39Bajo las circunstancias relatadas, Álvaro Cué, el protagonista, decide que, a falta de interlocutores voluntarios, la única opción disponible consiste en comunicarse con las páginas en blanco de un cuaderno. Allí no llegarían ni la condena al ostracismo ni el silencio impuesto a través de las medidas que han dictado contra él. De ese modo, puede anotar sus actos privados sin temor a que un oído desleal lo delate, consignar las meditaciones que irá haciendo a propósito de su grave circunstancia y evaluar los acontecimientos que surjan en el lapso de espera por la resolución del rector. En suma, mantendría sana una mínima condición humana: podrá conversar consigo mismo, mantener su equilibrio psicológico y mediante actos de palabras defenderse en el papel de los acusadores y, fuera del texto,  mediante agencias extra verbales: reunirse con el rector y el decano, mandarle una carta a los jóvenes comunistas, dirigirse al Ministerio del Interior para alertar sobre la malversación y los robos cometidos por la administración, etc.2

Cué emplea otra forma de narración concurrente. Reproduce letras de canciones, la mayoría en inglés, con la excepción de una estrofa tomada de “Canción del elegido” de Silvio Rodríguez3. Las reproduce porque calzan bien con su estado de ánimo o debido a que retratan situaciones y experiencias que observa y juzga. Cuando se entera de la sanción propuesta por sus censores, dice: “Aquello fue “Smoke on the water, the fire in the sky, como dice Deep Purple” (21). En cada oportunidad, funcionan como correlatos de sus meditaciones, a la manera de reafirmación y banda sonora de lo que acaba de apuntar con sus propias palabras.

Además de servir como técnica narrativa para enfatizar y darles acompañamiento musical a sus expresiones,  llama la atención que casi todas provienen del repertorio anglosajón, lo cual les confiere a las citas una cualidad disidente, por el simple hecho del lugar de procedencia, casi siempre de los Estados Unidos y por tratarse de la lengua del “enemigo”.

Tan importantes son en la comunicación silente de Cué que al final del libro hay una lista de agradecimientos musicales llena dos páginas llenas donde se agregan piezas del repertorio clásico (329-330). Por último, debe señalarse que estamos ante una música no escuchada en vivo en el momento original de la escritura sino recordada y transcripta, por lo tanto muda.

No sobra puntualizar que esos contenidos acarrean riesgos. Por ejemplo, que a la Bitácora tenga acceso otra persona, digamos un colega y que éste, por oportunismo y rivalidad la entregue a las autoridades. En ese caso, lo privado dejaría de serlo para convertirse en documento público y por tanto en prueba material suficiente como para que un tribunal condene  al autor con una sentencia más severa que la expulsión laboral. De suceder, el ostracismo se haría más punitivo. Podría parar en la cárcel no solo por lo que dicho oralmente, sino también por su grafía misma.

Ése es el pavor que siempre persigue a quien se dedica a la escritura subversiva en una sociedad cerrada. Para 1980 ya existían tres precedentes ominosos que obligan al protagonista a pensar y a actuar con mucha cautela: el arresto y confesión del poeta Heberto Padilla, las conclusiones del I Congreso de Educación y Cultura, el discurso de clausura dado por Fidel Castro en dicho congreso (1971).

En retrospectiva, Cué llega a esta conclusión: “Comentando ciertos sucesos de actualidad en el aula, quizás había aventurado opiniones un tanto heterodoxas. Con frecuencia tengo muy claro lo que debo decir y no atino con lo que debo callar” (31). En cuanto a la frágil ventaja que tiene escribir un diario anota: “…escogí, Álvaro, este cuaderno, porque es lo suficientemente pequeño como para llevarlo siempre encima, dormir con él, colocarlo en el murito del baño cuando me ducho y guardarlo en un bolsillo bajo estricta vigilancia del botón…Escribir como quien habla a un amigo de toda la vida, inmune a la traición. Si también sobre ti, diario, tengo que decir las cosas a tropezones de eufemismos y silencios, estoy jodido” (32). [Mi énfasis]

Rafael-Saumel-Luis-M-Garcia-Mendez-4-OtroLunes39Queda bien claro que siente recelo y no confía en nadie, absolutamente. Por esa experiencia acumulada, toma las precauciones necesarias y reafirma una vez más que en esas líneas hay un lector interno que ejerce una doble función: a) la del autor que descarga sus cuestiones íntimas; y b) el policía o fiscal que sabe cómo interpretar los textos desde el punto de vista de la doctrina ideológica y del código penal en vigor.

Cué sabe cuáles serían las consecuencias de conocerse sus confidencias: “Si lo cogen [el diario], entonces sí dispondrían de pruebas documentales…Pero tengo que hacerlo. No sé por qué. Y me da miedo averiguarlo” (32).

¿Qué más nos cuenta? Tiene veintiséis años de edad, se graduó de geólogo en septiembre de 1977 y trabaja como profesor de la Facultad de Tecnología de la Universidad de Pinar del Río, específicamente en Minas de Matahambre. En su diario escribe: “Nací en La Habana Vieja y vivo agregado en casa de mi suegra, al sur de la ciudad, en un barrio de cuyo nombre no quiero ni acordarme. Estoy más o menos casado [con Helena] y, hasta donde sé, no tengo hijos ni, de momento, instinto reproductor” (11).4

Luego de establecer su identidad personal nos presenta la tribulación que más le duele, la cual constituye el leitmotiv y el tema fundamental de Bitácora: “Desde aquel 14 de marzo de 1980, a las ocho y treinta y cinco de la tarde, cuando salí de la reunión, soy huérfano de oído” (11).5 No se trata de que haya sufrido un descalabro físico que lo convirtió en sordomudo. Nada de eso. Se refiere a algo malo y tristemente común en el contexto de Cuba. Le han aplicado el ninguneo, lo han transformado en una cifra que no cuenta, se le ha dado el valor del cero a la izquierda, ha caído en desgracia, lo han tronado. A pesar de lo anterior, aún le queda un aliado en ese medio: una persona anónima que lo previene de las trampas y las maldades que le tienden, alguien que le deja mensajes por doquier. Una atalaya ubicua.

Todo apestado pierde visibilidad social: en el centro de trabajo, en el barrio, en las calles, en la nación, entre algunos familiares inclusive. Lo apunta: “Nadie me ve, nadie me escucha, nadie me mira a los ojos…algunos a los que creíste tus amigos, y notas su empecinamiento en mirar por la ventana, en hablar más alto, como intentando apagar tu presencia con sus voces, en cuidar que sus miradas resbalen sobre ti sin mancharse” (11).

Éste es el verdadero problema esencial y existencial que lo afecta. Antes la vida fue distinta, hablaba y le prestaban atención. Mas, a partir de la reunión del 14 de marzo, como se ha visto, escribir un diario es el único medio de enunciación a su alcance6: “Nunca he necesitado un diario. Siempre dispuse de algún oído más o menos atento…para dejar caer en él esas palabras infecciosas que, de quedarse adentro, se enconarían…Pero, de momento, estoy condenado a hablar con este diario aunque escribir es peligroso….Lo más saludable para la salud del alma y del cuerpo es que de las palabras no quede ni constancia ni registro” (15).

Claro que no se equivoca. Si bien no las menciona, demuestra tener conocimiento de las leyes que tipifican como delitos cualquier declaración salida de las normas permitidas. El Código Penal de esos años ya había incluido entre las figuras delictivas la denominada Propaganda Enemiga7. También el Decreto Ley 34, citado en la novela, autoriza la suspensión de estudiantes y profesores “por razones ideológicas” (20). El tribunal sancionador, encargado de redactar el informe acusatorio y de proponer la sentencia está representado por la administración, los militantes del partido y de la juventud comunista y el sindicato de la universidad (20).

¿Cuál es su delito? Mantener “conductas incompatibles con la función docente”: “Me confesaron que mis pecados son ‘difamar o menospreciar públicamente las instituciones de la República y las organizaciones políticas, sociales y de masas del país, así como los héroes y mártires de la patria…y reiteradas manifestaciones de “divisionismo ideológico” (20-21).

¿Cómo reacciona?: “Mencionaron la ley y me temblaron las piernas. Cuando salí al fresco de la noche, me temblaba la vida entera” (21).

La coerción, el ostracismo y la dieta de silencio aplicada contra Cué se recrudecen porque el ciudadano no tiene a su disposición leyes que lo protejan de los abusos de poder, y mucho menos puede contar con instituciones interesadas en representarlo y capaces de protegerlo.  En un artículo dedicado a analizar los efectos del ostracismo institucional, Long-Zen Wu et al., destacan que éste surte los siguientes efectos en las víctimas: ansiedad, depresión, deseo de buscar un nuevo empleo, bajos niveles de satisfacción personal, conflictos familiares, daños a la salud mental, etc.8 De acuerdo con esta investigación, entre los mecanismos de supervivencia más recurridos por los afectados están el de congraciarse con los agentes causantes de la desgracia y adularlos.

En la trama de Bitácora no hay un ningún momento donde se pueda indicar que Cué intenta portarse de tal forma frente a sus represores, con el fin de atenuar la seriedad de su condición y de paso recuperar la simpatía de los colegas. Tampoco se comporta como un adulón,  la otra actitud más socorrida de los marginados según señalan los autores consultados. Por otro lado, ellos concluyen que el ostracismo conlleva la amputación de los lazos emocionales de los empleados con el resto de sus compañeros.

Sin embargo, hay un incidente donde Cué, actuando a la vez como autor y “lector modelo”, narra un episodio reprobable, donde se recrimina por haber cedido al miedo, y por no haber sido coherente con sus principios. Asiste a un mitin de repudio contra una familia que va a irse de la isla: “una pareja de ancianos, una nuera y cuatro nietos pequeños” (65). En ese párrafo añade una nota al pie que funciona como autocrítica y valoración a posteriori de esa inconsistencia:

¿Por qué no escribiste en tu diario que tú también fuiste al mitin, que tuviste miedo de negarte y que eso añadiera otro argumento a tus inquisidores? ¿Por qué no cuentas que al llegar te dieron un cartucho de huevos, y que, aunque tu mano se rebelaba, lanzaste huevos contra aquellos viejos?… ¿Por qué no cuentas que entonces sentiste una enorme vergüenza de ti mismo? ¿O es que olvidaste todo aquello? Lo dudo, porque treinta años más tarde, a mí no se me ha olvidado”. (65)9

Admite que sí tiene miedo pero no se arrepiente de lo hecho ni rebaja su dignidad. En cada instante hace gala de gran habilidad política y de resistencia al resolver que debe poner en marcha un plan de apelación ante el rector para darle su versión de los acontecimientos sobre los cuales va a dictaminar (67-68). Igualmente les pide en una carta a los colegas pertenecientes a la Juventud Comunista que discutan su caso. Lo logra y uno de ellos le informa que en ese grupo tiene más amigos de los que sospecha, además de darle un Hago Constar donde exponen sus méritos profesionales y personales (139).

En el flanco familiar de Cué hay grietas. Unas las conoce desde hace tiempo, de las restantes se enterará tarde y, expresado con letra de son, “de una manera espantosa”. El 28 de marzo escribe: “Durante este fin de semana no hablé con nadie del tema. Con mi padre y con mi abuelasuegra [sic], para evitar que se envuelvan en la bandera roja, tomen la hoz y el martillo…y me nieguen el saludo ellos también” (23).

Rafael-Saumel-Luis-M-Garcia-Mendez-3-OtroLunes39Ésta es una consecuencia adicional del ostracismo. El marginado se siente fuera de sitio y a causa de ello, como afirman Robert T. Hitlan et al., se crea una distancia psicológica entre éste y los responsables de la exclusión.10 De la misma manera se manifiestan Brock Bastian y Nick Haslam, al opinar que a estas personas se les aleja del “círculo moral” donde se valoran los derechos y las consideraciones que merecen los seres humanos.11

Sabe muy bien que existen familias enteras divididas por conflictivas lealtades políticas y que él no es una excepción. Al respecto señala que el muro de silencio se erige en el centro de trabajo y en el hogar: “…yo me dedico a coleccionar momentos de silencio. No sólo en la soledad de mi casa y en horas de la noche. Colecciono silencios todo el día, durante toda la semana” (82).

El asunto no termina ahí. Además de Cué hay innumerables víctimas. Por eso se refiere a las agresiones y a las palizas dadas a quienes anuncian sus planes para irse del país. De ahí que se pregunta: “Quién será molido a golpes por el personal entrenado…quién terminará sintiéndose un forastero, un extraño, un intruso en su propia casa, en su propio país” (83). Al respecto, encontramos esta digresión en el diario: “Despojar al contrario de su apariencia humana hace menos cruento su exterminio” (97). Cuando el gobierno organiza la Marcha del Pueblo Combatiente, irónicamente Cué se suma al desfile frente a la Embajada del Perú (98-99): “Abuchear, humillar y apalear es más fácil si la víctima pertenece a otra subespecie: putas, drogadictos, holgazanes, delincuentes, testigos de Jehová, homosexuales” (97).

Unas valoraciones hechas por Castro –apodado “la voz”— durante aquellos días lo convencen de quién es el máximo responsable de la intolerancia, de la política de la exclusión y del ostracismo: “quien no tenga genes revolucionarios, quien no tenga sangre revolucionaria…, quien no tenga una mente…un corazón… [no los queremos] no lo [sic] necesitamos” (137-138).

A consecuencia de las cartas enviadas a los ministerios donde denuncia su situación y acusa a los funcionarios de malversación, por sus conversaciones –inútiles– con el oficial del Ministerio del Interior, sospechosos de sus reales motivaciones para comprometer a los funcionarios de la escuela, tres hombres no identificados lo golpean sin misericordia luego de haber salido de la oficina en horas de la noche.12 Luego se entera de que Helena lo engaña con un profesor de física (321-323). A renglón seguido,  le avisan que han matado al perro con el cual se había encariñado (323-324).

Por fin le avisan que ha llegado la hora de la reunión donde descubrirá qué suerte le tocará. Aquí Cué intercala una versión del cuento de La Caperucita Roja. El recurso a la intertextualidad, que abunda a lo largo de la obra, le sirve para desdoblarse en la Caperucita devorada “por comemierda. Por ingenua. Por hablar más de la cuenta con desconocidos” (326).

Diciembre de 2015 en Texas, siempre en Texas.

Notas del artículo

  1. Recomiendo leer a Alberto Garrandés. “El cuento cubano en los últimos años”. Anales de Literatura Hispanoamericana. Vol. 31 (2002): 65-82. De acuerdo con Garrandés los principales narradores de la generación de los ochenta son, además de Luis Manuel, Francisco López Sacha, Reinaldo Montero, Félix Luis Viera, Senel Paz, Miguel Mejides, Guillermo Vidal y Abel Prieto (67).
  2. Utilizo el término agencia en el sentido explicado por Jonathan Culler en “Literatura y los estudios culturales”: “La cuestión de la agencia [agency], por nombrarla taquigráficamente, es la cuestión de hasta qué punto podemos ser sujetos responsables de nuestras acciones o nuestras acciones nos son impuestas por fuerzas que no controlamos”. Breve introducción a la teoría literaria. Barcelona: Biblioteca de Bolsillo, 2004: 60.
  3. “Supo la historia de un golpe, sintió en su cabeza cristales molidos”.
  4. Todas las citas de la novela provienen de Bitácora del silencio. Las cuatro vidas de Álvaro Cué (Primera residencia en la Tierra). Palma de Mallorca: SLOPER, 2012. 331 pp.
  5. Utilizo el concepto de “Tema” según lo explican Ángelo Márchese y Joaquín Forradellas en el Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Letras e Ideas, 2000: 398-399.  “…el tema será un universal en que se articulan activa y pasivamente la “idea oscura” de que arranca el quehacer literario y el correlato en que se expresa…Los temas son generalmente de carácter metadiscursivo” (399).
  6. Uso la siguiente definición: “…Enunciation is thus to be understood as the act of producing an utterance or text, an act which leaves behind its traces in the resultant utterance. The énoncé is the linguistic object, the oral utterance or written text, which is produced by every individual act of énonciation.” Barbara Havercroft. “Enonciation/énoncé.” Encyclopedia of Contemporary Literary Theory. Approaches, Scholars, Terms. Irena R. Makaryk, General Editor and Compiler. Toronto: U of Toronto Press, 1997: 540.
  7. El referente histórico de la novela es 1980. Entonces estaba en vigor el Código Penal de 1979, luego modificado en 1987, aunque no lo fue la “figura jurídica” llamada Propaganda Enemiga explicada del modo siguiente:
    “SECCION QUINTA
    Propaganda Enemiga
    ARTICULO 103.
    1.- Incurre en sanción de privación de libertad de uno a ocho años el que: a) incite contra el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista, mediante la propaganda oral o escrita o en cualquier otra forma; b) confeccione, distribuya o posea propaganda del carácter mencionado en el inciso anterior.
    2.- El que difunda noticias falsas o predicciones maliciosas tendentes a causar alarma o descontento en la población, o desorden público, incurre en sanción de privación de libertad de uno a cuatro años.
    3.- Si, para la ejecución de los hechos previstos en los apartados anteriores, se utilizan medios de difusión masiva, la sanción es de privación de libertad de siete a quince años.
    4.- El que permita la utilización de los medios de difusión masiva a que se refiere el apartado anterior, incurre en  privación de libertad de uno a cuatro años.”
    http://www.wipo.int/edocs/lexdocs/laws/es/cu/cu004es.pdf
  8. Me baso en el estudio llevado a cabo por Long-Zeng Wu et al. “Coping with Workplace Ostracism: The Roles of Ingratiation and Political Skills in Employee Psychological Distress.” Journal of Management Studies. 49:1 January 2012: 178-199. La investigación se llevó a cabo en China entre empleados de dos grandes compañías petroleras y de gas.
  9. Obsérvese el contrapunteo entre el “tú” referido a Álvaro narrador y el “yo” vinculado al mismo Álvaro como lector e intérprete que corrige y critica la postura del primero. Desde el punto de vista teórico, leer la entrada “Lectura” en el libro acreditado arriba de Marchese y Forradellas (228-229).
  10. “Language Exclusion and the Consequences of Perceived Ostracism in the Workplace.” Group Dynamics: Theory, Research, and Practice. 10.1 (2006): 56.
  11. “Excluded from humanity: The dehumanizing effects of social ostracism.” Journal of Experimental Social Psychology. 46 (2010): 107-113.
  12. La nota al pie número 48 narra estos hechos y cubre los días 4 y 5 de junio: 226-228.

Del Autor

Rafael E. Saumell
(Cuba, 1951). Escritor y profesor. Graduado de las universidades de La Habana y de Washington University, Saint Louis, Missouri, EE.UU. Ex-guionista de radio y televisión, antiguo miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado en Unión, El Caimán Barbudo, Revista Iberoamericana, Encuentro de la cultura cubana, Revista Hispano Cubana, Círculo: Revista de Cultura, Research in African Literatures, The Texas Review, Hispanic Poetry Review, MELUS, Linden Lane Magazine, Revista de Estudios Hispánicos, L’Ordinaire Latino-Americain, Monographic Review/Revista Monográfica, Cuadernos del Lazarillo y Cuba in Transition. Autor de varios ensayos sobre literatura recogidos en antologías dedicadas a José Martí, Mario Vargas Llosa y Alejo Carpentier, entre otros. Miembro de Número de la Academia Cubana de Historia en el exilio.