Un arte junto al mar desde el principio

Gregorio Vigil-Escalera
Asociaciones Española y Madrileña de Críticos de Arte (AECA/AMCA)

Arte rupestre de los indígenas cubanos.

Arte rupestre de los indígenas cubanos.

 

Desde el inicio es una historia de símbolos e imágenes que empezando en los aborígenes y sus prácticas animistas (precedentes de los perfomances y happenings actuales) continúa con la presencia hispánica, después con la cultura europea y africana hasta desembocar en la época actual sin haber perdido esa impregnación barroca que siempre la caracterizó.

No olvidemos, por ejemplo, que los toltecas esculpieron en piedra estatuas exentas de gran tamaño –como los atlantes de Tula-, cuya expresión cruel, abstracción y gigantismo han causado hondo impacto en los escultores modernos. Y en Cuba y Puerto Rico se han hallado muchos ídolos de diferentes formas humanas, así como collares de piedra.

Talla taína de los aborígenes cubanos.

Talla taína de los aborígenes cubanos.

En los tres períodos de la culturas de Mesoamérica, preclásico, clásico y posclásico, destacaron la cerámica no ornamentada, las figurillas de jade, las ciclópeas cabezas de piedra, las iconografías de divinidades, la ornamentación labrada en bajorrelieve, las tallas de madera, las pinturas al fresco, etc. Es en esos tiempos cuando nacen los enigmáticos simbolismos, los jeroglíficos, los entramados geométricos, la expresividad terrorífica, manifestaciones todas ellas que influirán notablemente en todo el quehacer artístico de los siglos venideros, fundamentalmente en el momento en que la tutela española y académica va perdiendo hegemonía y se recuperan las señas de identidad propias.

España, por su parte, con su fuerte impronta religiosa, va formando, a raíz de su asentamiento en estos territorios, un arte académico basado en el retrato, el paisaje y las escenas locales, religiosas e históricas, sin que ello fuese obstáculo para la existencia simultánea de imagineros, orfebres, talladores de madera y pintores populares. Ya en el siglo XIX la creación de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro en La Habana en 1817, supone una institucionalización de esta doctrina artística hasta que a principios del siglo XX la proyección identitaria en todos los órdenes es imparable, especialmente en el campo estético con el conocimiento y apropiación del lenguaje de las vanguardias europeas.

Paisaje cubano. Esteban Chartrand, 1872.

Paisaje cubano. Esteban Chartrand, 1872.

No obstante, ese discurso de la modernidad tiene su mayor dimensión desde los márgenes, ya que absorbe la herencia africana y colonial, llegando a una propuesta singularmente caribeña y antillana. Con Wifredo Lam y su comparecencia en el MOMA de Nueva York se potencia esta implantación y nueva tesitura, que incluso recoge influencias del expresionismo abstracto norteamericano. Se había llegado a los años cincuenta del siglo XX, los lenguajes se renovaban y se diversificaban a través de la investigación en la cultura popular, en los procedimientos, estilos, corrientes, innovaciones y fórmulas que se habían incorporado a una concepción cada vez más globalizada del arte (perfomances, abstracción informalista y geometrizante, acciones artísticas, neofigurativismo, muralismo, instalaciones, etc., que resumen historia, antropología, cultura, religión, sociedad y tendencias formales y estéticas).

La jungla, Wifredo Lam, 1943.

La jungla, Wifredo Lam, 1943.

Como dice Guillermina Ramos Cruz, cada país, incluso cada ámbito geográfico definido, posee un imaginario propio basado en las tradiciones prehispánicas, en la relación de su comunidad con la tierra, con lo isleño, y la incidencia del cristianismo y de la religión católica en la existencia de una cultura popular. La síntesis de las formas tiene lugar en la transición, donde queda una visión espiritual como eje y nexo fundamental de la creación artística.

Por otro lado, hay que considerar que las vivencias íntimas con el paisaje, la playa, el mar, su vegetación y la luz radiante y cegadora del trópico dan lugar a una semántica peculiar y única, que constantemente está en perpetua génesis y reformulación. Sobre esa luz, que es la esencia antillana y caribeña, gira una dinámica plástica de desarrollo cualitativo, tributario e identitario.

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Ha sido tanta, coetáneamente, la penetración de las artes plásticas y visuales de este contexto geográfico en los centros artísticos mundiales que se manifiesta en la aparición de grandes artistas con capacidad para crear un mundo propio, una mitología que con el paso del tiempo se transformará en un elemento de tradición (Alejo Carpentier).

Del Autor

Gregorio Vigil-Escalera
Oviedo, Asturias, 1950. Reside en Madrid y es Licenciado en Derecho. Colabora en la sección de cultura de noticias digital y en la revista de arte Latin American Art.Autor de un pintor habanero conjugador de la luz y la penumbra (dedicado a Humberto Viñas) y la Universalidad del rapsoda sobre Felipe Alarcón Echenique. También es el creador de los blogs Goyo-Vigil Blogspot y Goyo-Vigil Wordpress, así como de la presentación de Catálogos de diversos artistas. También es miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA). En 2013 publicó la obra El camino es el arte y en 2014 No hagan preguntas de arte en la España de hoy.