El peso de los años

Amir Valle

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Mayra lleva más de diez años muerta y aún le duele pasar por esta acera. Como si las ruinas del Hotel New York fueran una máquina del tiempo que lo elevara y lo elevara y lo lanzara cuarenta años atrás, a esa tarde en que llegó con Mayra a lo que entonces era un sitio acogedor, que aparecía frecuentemente en los anuncios de los periódicos, las revistas y las agencias como “una instalación en el mismo centro de La Habana, a unos escasos metros del Capitolio, especial para vivir una luna de miel en pleno corazón de la capital de los cubanos”.

Detrás, en Camagüey, quedaban los largos preparativos de la boda, la ceremonia en la Parroquial Mayor, la alegría de sus padres y sus suegros y el nerviosismo de Mayra, que temblaba sólo de sentir el toque de sus manos, como si imaginara esos otros temblores de pasión que, según las novelitas rosas que solía leer, consumaban la larga espera de la pasión compartida por dos amantes.

Y era bella Mayra. Incluso lo fue en aquellos últimos días de su vida, cuando la muerte esperaba con su herrumbrosa guadaña, observándolo todo, sentada en una de las sillas del cuarto donde su esposa languidecía como una vela, blanca, titilante y triste. Siguió siendo una mujer hermosa aún en la caja, todavía con el mismo rostro casi perfecto que en su juventud hizo a los jurados, cada año, durante casi una década, elegirla Reina de Belleza, allá en su Camagüey natal. Y esa primera noche, siempre entre temblores, cuando la tuvo desnuda entre sus brazos y al penetrarla y sentir el quejido de su virginidad rota supo que aquella mujer sería el único amor de toda su vida, llegó a pensar que Dios había enviado hasta él a uno de sus más bellos ángeles, Mayra, dispuesto a demostrarle que muchas veces los hombres no se dan cuenta de que el paraíso puede ser la mirada amantísima y fiel, protectora y desvalida, cómplice y retadora de una mujer.

El Hotel New York, por esos días, era uno de los puntos más concurridos en esa zona de la ciudad. A poco menos de una cuadra de los patios señoriales del Capitolio, apenas a unos metros del Parque de la Fraternidad y a un par de calles de la concurridísima Monte, calle a la que los habaneros llamaban “el Paseo de las tiendas”, aquel Hotel le pareció a Mayra y a él un pequeño remanso, un escondrijo acogedor, cálido y hermoso, donde descansar de una ciudad que llevaban tiempo queriendo conocer, sin saber que, sólo tres años después, vivirían en un pequeño edificio de la Calle Barcelona desde cuyo baranda interior podían ver, a sólo unos metros, la ventana en la parte trasera del hotel desde donde Mayra, cada mañana, esos cinco días de luna de miel, contemplaba la vida despertando abajo, en las calles de la ciudad.

Cree que ha tenido suerte. Apenas unos meses después de que el cáncer terminara de consumir la risa de Mayra, que murió adolorida pero feliz “de haber vivido tan intensamente contigo”, le dijo una de esas tardes, un ciclón y el derrumbe del edificio colindante le obligó a tapiar aquella ventana y confiesa que sintió alivio porque le bastaba lanzar su mirada al hotel para que regresara el dolor por la pérdida de su mujer; ese dolor que todavía lo obliga a desviarse varias calles cuando necesita hacer alguna gestión, comprar algo, ir a alguna oficina de la zona.

Y es que sabe que el dolor regresará a herirlo con su dagas memoriosas porque lo encontrará allí, en la misma acera, desvencijado, muerto, vacío hasta de los fantasmas tristes que pudieran seguir cantando sus antiguas glorias, esqueleto sucio tirado sobre el asfalto, víctima quizás, ha pensado muchas veces, del mismo cáncer que no pudo consumir, aunque lo intentara, el deseo de amar hasta el final de su insustituible Mayra.

Del Autor

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Amir Valle
(Cuba, 1967). Escritor y Periodista. Su obra narrativa ha sido elogiada, entre otros, por escritores como Augusto Roa Bastos, Manuel Vázquez Montalbán, Herta Müller y Mario Vargas Llosa. Ha publicado más de una veintena de títulos en los géneros cuento, novela, ensayo y testimonio. Saltó al reconocimiento internacional a través de su serie de novela negra “El descenso a los infiernos”, sobre la vida actual en Centro Habana, integrada por Las puertas de la noche (2001), Si Cristo te desnuda (2002), Entre el miedo y las sombras (2003), Últimas noticias del infierno (2004), Santuario de sombras (2006) y Largas noches con Flavia (2008). Sus libros más recientes son La Habana. Puerta de las Américas (una historia novelada sobre la capital cubana, Editorial alMED, España, 2010), Las raíces del odio (novela, Editorial El barco ebrio, España, 2012), Hugo Spadafora - Bajo la piel del hombre (biografía novelada, Aguilar-Santillana, 2013) y Nunca dejes que te vean llorar (novela, Penguin Random House, 2014). Actualmente reside en Berlín desde donde dirige OtroLunes - Revista Hispanoamericana de Cultura.