—Tengo tantas ideas en la cabeza y mi vida ha sido tan caótica, que en estos días se me ocurrió que podría hacer un libro. ¿Qué tal si me das unos tips para poder escribirlo? Estoy seguro de que generaré mucho dinero con la historia de mi pasado. Tal vez te conceda el privilegio de elegirte a ti para que la narremos juntos.
—Ya veo. Pues yo, que soy bastante creativa, quisiera pedirte algunos consejos para hacer los planos de la casa de mis sueños. ¿Qué te parece?
—Pero, es que con simples consejos no creo que logres diseñar tu casa.
—Tampoco creo que con algunos tips, consigas ser escritor.
Tengo la certeza de que no soy la única en el mundo de las letras que se ha enfrentado a situaciones como esta.
Con bastante frecuencia se me acercan personas para pedirme asesoría con el propósito de escribir un libro.
¡Vaya! Siempre agradezco por la confianza, pero es como si yo deseara convertirme en doctora o ingeniera con tan solo seguir ciertos “tips” o con estudiar teoría general de una determinada rama.
Desde niña he tenido claro que cada ser humano nace con talentos distintos, lo que me parece fabuloso, pues la diversidad es el picante de la vida y es en base a ello que puedo asegurar que no todos los terrícolas están destinados a ser escritores.
Reconozco y estoy consciente de que aún me queda mucho por crecer, mas sí puedo jactarme de que se me desborda la pasión por la literatura. Y esto va más allá de escribir por dinero o para obtener reconocimiento.
¿Cómo puedes medir tu nivel de pasión? Pues, porque se te olvida que existe el cansancio, pierdes la noción del tiempo, no quieres parar… Vives, comes y sueñas literatura. Te reúnes con amigos y hablas de libros; te alimentas de paciencia para archivar un cuento o el capítulo X (equis) de tu novela, el cual piensas releer dentro de unos meses cuando se haya calmado tu bloqueo o tormenta mental y mientras tanto, empiezas a narrar algo nuevo. Es así.
Desarrollas ciertas mañas y hábitos para que fluyan tus creaciones: unos caminan, otros escriben de pie, se rodean de árboles y animales, producen a una determinada hora y en un lugar específico, beben una copa de vino tinto, etc.
Yo por mi parte, no soy tan metódica ni puedo establecer un horario fijo. En mi caso, antes de sentarme frente a la computadora, hago mis técnicas de respiración, medito y después pongo composiciones de Adrian Von Ziegler o algo instrumental, con el permiso de mi gran Cortázar, para quien la música era tan sagrada que escucharla sin prestarle la debida atención significaba una falta de respeto.
Si lo que buscas es escribir con un fin lucrativo o para transmitir con morbo lo desastrosa que ha sido tu adolescencia o vida universitaria, lamento decirte que tu esencia no es la de un verdadero escritor.
Con esto no quiero decir que está mal hacer dinero con tus libros. A lo que me refiero, es que las regalías son una bendición que te llega por añadidura a tu excelencia y entrega. Eso sí y ojo con esto: no necesariamente el que más vende es el mejor.
Tampoco pretendas que con haber leído un par de libros, vas a convertirte en una eminencia. A los verdaderos literatos les encanta leer y es gracias a esa fascinación por la lectura que descubres a otros escritores con una calidad literaria mejor que la tuya, de quienes aprendes y a quienes llegas a admirar y a conocer, hasta tal punto que cuando Mr. Google le atribuye algún escrito ajeno a su autoría, tú al conocer su estilo, eres capaz de identificarlo, hacer un alto, e investigar más allá.
Señoras y señores de vidas enmarañadas, con las que buscan enriquecerse al intentar plasmarlas en papel, lamento decirles que en este planeta existen millones de vivencias interesantes para relatar. Lo que convierte a una historia en buena o en mala, es la forma de contarla.
Por otro lado, si el mundo literario es lo que te roba el sueño, pues adelante. Todos tenemos una vocecita interna que nos revela para lo que somos buenos y para lo que no.
Mi consejo es que empieces a revisar tu Facebook y si ves que aún escribes “haci” en lugar de “así” o “voy para haya” en vez de “voy para allá” todavía no estás listo para decir “quiero ser escritor”
