Versos asesinos

Ghadeer Abu-Sneineh

La Visita del pintor a Damas, Siria.  Jan Baptiste Huysmans.

La Visita del pintor a Damas, Siria. Jan Baptiste Huysmans.

 

Las “biografías populares” en cada cultura tienen sus exageraciones, mitos y leyendas, sobre todo porque están establecidas por la gente y no por los historiadores, quienes llegan después para verificar, investigar y utilizar la lógica para analizar el cuento, seleccionando lo real de lo imaginado a través de un trabajo serio que depende de muchas fuentes.

En la cultura árabe, como en otras culturas, muchos cuentos han mezclado lo real con lo ficticio, dejando leyendas y mitos y, también, héroes y motivos.

Los héroes no eran siempre perfectos, pero sí, tenían que tener poderes físicos. Lo llamativo es que la mayoría eran poetas.

El poder físico no era suficiente para clasificarlos como héroes, así que tenemos que recordar que la poesía era la manera en que cada tribu árabe registraba sus victorias, virtudes y filosofías. Por ello, cada tribu tenía su poeta, a quien respetaba y valoraba.

Es necesario mencionar que los árabes (contrariamente a lo que muchos piensan) no habitaban solo en el desierto y no eran únicamente beduinos: habitaban también reinos con diferentes nombres (Ghassani, Manathira, Nabateos y de Hadramaut) y tenían otras fronteras que han cambiado a lo largo de la historia.

Uno de los cuentos más famosos es el cuento de Zarka Al-Yamama. Yamama era un lugar en Yemen en el que habitaban dos tribus (Tasm y Yadis). El rey de Yamama (Imlik) era de Tasm. Zarka Al-Yamama es el seudónimo que dio el pueblo de Al-Yamama a Jutham. Jutham era una mujer sabia e inteligente, que tenía los ojos azules, los cuales, poseían la virtud de ver a larga distancia. Zaraka es Azul. Zarka Al-Yamama, es la mujer de ojos azules de Al-Yamama.

Ella era conocida por su vista. Algunos cuentan que podía detectar las caravanas, los visitantes y los enemigos a una distancia o marcha de un día, que equivale a 50 km. Otras fuentes dicen que podía ver más o marcha de tres días, la que es igual a 150 km, algo que es imposible. Más lógica es la versión que dice que podía ver un día y noche que son 50 km, sobre todo porque ella subía sobre una colina para hacerlo. Es posible que tuviera la vista muy fuerte, pero lo más probable es que, por su sabiduría e inteligencia, tuviera el respeto de su pueblo debido a la buena visión que poseía. Y aunque los libros de historia mencionan algunos versos de ella, es más conocida por su vista y visión, y no por su poesía.

No todo es real en estos cuentos, pero tampoco hay humo sin fuego. Cuentan que las relaciones familiares entre Tasm y Yadis no previnieron al rey de Al-Yamama (Imlik) de la humillación a la tribu Yadis.

Las dos tribus, unidas, defendían a Al-Yamama de cualquier amenaza externa, sobre todo del rey de Yemen (Hassan Bin Tubbaa), quien quería colonizar Al-Yamama e incorporarla a su reino.

El pueblo de Al-Yamama le hacía caso a Zarka, quien siempre advertía de la llegada de los enemigos, y por eso nunca había sido derrotado.

Yadis ya no aguantaba la tiranía de Imlik y algunos miembros decidieron hacerle trampa y lo mataron. Las dos tribus se pelearon, y un muchacho de Tasm  (Riyah bin Murra) logró huir y fue donde el rey de Yemen (Hassan bin Tubbaa), quien, como ya se ha dicho, intentaba dominar el reino de Yamama desde antes y no lo había podido hacer hasta la llegada de este muchacho y sus compañeros. Acercándose a Al-Yamama, Riyah bin Murra previno al ejército de Hassan bin Tubba acerca de los poderes de Zarka y pensó en un truco: Los soldados tendrían que caminar llevando ramas y hojas de árboles encima de sus cabezas y así ella no podría verlos. Lo cierto es que Zarka dijo a su pueblo que los enemigos estaban llegando. Cuentan que ella lo dijo en versos poéticos: “vienen los árboles marchando”, pero nadie le hizo caso, porque todos estaban ocupados contando las ganancias de la guerra.

La otra versión dice que por sus relaciones externas y por la confianza que le tenía la gente, alguien le contó que el ejército del rey Hassan Bin Tubbaa iba a llegar, pasara lo que pasara; pero nadie le hizo caso. El rey Hassan Bin Tubba pudo derrotarlos a todos, a Tasm y Yadis, y logró gobernar al Yamama. A partir de este momento desaparecieron por completo estas dos tribus.

Terminaron matando a Zarka, quien luchó hasta el último momento. Se dice que le arrancaron los ojos para descifrar el secreto de sus fuerzas. ¡Cuentan que los encontraron llenos de Kohl al athmad!

Otro cuento es la epopeya de la Guerra Basus. Una guerra pre-islam también, que duró 40 años según algunos historiadores o 20, según otros. Con seguridad, las tradiciones populares la dotaron con su toque mágico. El héroe de la epopeya era Zir Salim, un poeta y caballero de la tribu Tagleb que pasaba toda la vida borracho. Su hermano (Kulaib) era el rey de las tribus Tagleb y Baker, pero él era de Tagleb. Es cierto que era fuerte y realizó muchas victorias contra el ejército del Rey de Yemen (Al tubba Alyamani), pero Kulaib se convirtió en un tirano.

Aunque era rey de dos tribus y entre las dos tribus eran primos, parientes y familiares, empezó a humillar a Baker.  No dejaba y boicoteba el pastoreo de los animales de las otras tribus; en cambio, sí pastoreaba y privilegiaba a sus propios animales con más días.

Basus, una mujer que trabaja en el comercio, vino un día a visitar a su sobrino Yassas (un caballero de Baker y cuñado de Kulaib), y permitió que su camello pastoreara el día dedicado para los animales de Kulaib. Kulaib mató al camello, sin respetar que su dueña era una visitante de la tribu de Baker y estaba bajo su protección. Yassas no aguantó la humillación de Kulaib, lo siguió en el desierto, trató de hablarle, pero Kulaib le dio la espalda… Entonces, lo mató.

A Zir Salem, sentado en una taberna, le dijeron que su hermano Kulaib estaba muriendo. Dejó de beber y fue donde su hermano, quien le escribió un verso con su propia sangre diciéndole: No a la reconciliación.

Zir Salim empezó su venganza, la que duró muchos años. Sin embargo, las exageraciones no conciernen solamente al tiempo que duró esta guerra, sino también a la cantidad de muertos, y a los poderes físicos de los héroes. Pero siempre el motivo mencionado de la guerra no es la razón directa. A esta guerra le dieron el nombre de Basus, al explotar la situación. La razón exacta era la tiranía de un caballero amado que se convirtió en tirano. Las tribus cansadas de la venganza de Zir Salem llegaron a un acuerdo, y Zir Salem terminó asesinado por dos esclavos que estaban aburridos de acompañarlo en su viaje al desierto, cuando su propia familia decidió alejarlo para evitar la continuación de la guerra. En el momento en que lo asesinaron, Zir Salem combinó, cortando y pegando dos versos incompletos de un viejo poema suyo, que serían entendidos y completados en el futuro solo por sus dos sobrinos, y les dijo: “Si me van matar, solamente hagánme un favor. Repitan estos versos a mi familia: “Avisa a los dos vivos que Muhalhal. Por el amor de Dios y por el amor de tus padres”. Tal como se ha indicado, estos versos fueron profetizados por Zir Salem, con el fin de que en el futuro los suyos descifrarán quiénes habían sido los criminales.

Los versos verdaderos decían esto:

Avisa a los dos vivos que Muhalhal (El nombre verdadero de Zir Salem)
Es asesinado por dos esclavos
Por el amor de Dios y por el amor de tus padres
No dejan a los dos esclavos sin ejecución.

El camello de Al Basus y los ojos de Zarka Al-Yamama se mencionan siempre como razones directas, mientras que el motivo real de cada vencimiento es interno. Es cierto que hay un motivo externo como el poder que tiene cualquier colonización, pero no hay que olvidar la injusticia y la desigualdad que sufre un pueblo y que lo lleva a pensar que algún poder externo le puede ayudar. Los árabes suelen decir “si te pica la piel, solo tus uñas te la pueden rascar”.

Del Autor

ghadeer-abu-sneineh

Ghadeer Abu-Sneineh
Traductora, periodista y escritora palestina. Es periodista de Al Jazeera. Reside en Nicaragua junto a su esposo el poeta palestino Fakhry Ratout.