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Si queremos que nos conozcan tendremos que volcarnos hacia el copyleft. Descargar nuestros trabajos para que circulen en Internet de forma gratuita y sin esperar nada a cambio. Regalarnos.
Pero si además hay que comercializarse. Vendamos todos nuestro copyright.
Al menos yo ya me he olvidado del brindis para el día de la firma con la gran editora, que sigue sin saber que existo. Mi respuesta, mi opción ahora mismo es el auto trabajo; continuar como empecé. Hoy por hoy no me queda otro camino que seguir siendo alternativo y marginal.
Hago por mi cuenta y riesgo toda la investigación, consultas, recopilación de material, lecturas, anotaciones, redacción, revisión, retoques, vuelta a revisar,…tanteos, pruebas, muestreo, obtención de copias. Busco los diseños de portada, y las fotos. Agrego sinopsis, datos del autor. Reviso la tipografía, el color, la cartulina de cubierta, el tipo de papel, el número de páginas... Me autopublico.
He seguido y sigo el mismo camino en solitario desde que empecé a escribir a mano en un cuaderno. Y soy libre, me siento libre, mis letras son libres, mis ideas, mis pensamientos, mis intenciones, mis movimientos; libre en lo que afirmo o lo que niego. Libre para proponer, para entrar y quedarme o irme. Libre y responsable de lo que digo y lo que callo, lo que enseño y lo que oculto.
Nada me obliga. Nadie puede obligarme a hacer o entrar en su juego; ni políticos influyentes de cualquier bando, ni editores de las transnacionales poderosas que mueven los hilos con el dinero del triunfo.
Ando libre, encuero y sin permiso para navegar por donde quiera y hasta donde pueda en esta telaraña global de los cables y los mega-bites. No soy más que uno más, otro vendedor de historias en la feria de las palabras. Yo mismo me he puesto el precio en el mercado en que me ofrezco, a ver si lo valgo. Y me exhibo en las pantallas del mundo desnudo y de rodillas; postrado ante los libros, ante el conocimiento y el saber, la aventura, la maravilla y los misterios que nos sobrepasan.
Y ahí estamos muchos, cada uno contando su historia, cada cual lanzando su reclamo. Y cada individuo, cada artista, o inventor de imágenes pensando que su oferta es la mejor.
“…la globalización trajo un "provincianismo". Puso como ejemplo que Alfaguara de Guatemala sólo publica a los guatemaltecos…”
(Esto se afirma en La Habana)
'Con la globalización hay una tendencia a homogeneizar, por lo que se corre el peligro de la desaparición de idiomas minoritarios' y Lulu ha permitido ya que la única universidad del mundo que imparte su enseñanza en cheyenne tenga su propia editorial en esta lengua.
La diversidad lingüística de España es otro punto interesante para Young, ya que su editorial "pretende dar salida a títulos en idiomas minoritarios que a veces son dejados de lado, como es el caso de un diccionario Cherokee idioma que hablan unas 200 personas publicado por Lulu en EEUU".
(Esto se publica en la prensa española)
Si valiera la pena echarle una ojeada sólo al diez por ciento de los doce mil libros que ahora mismo aparecen en ese portal de Internet (Lulu.com) en su oferta de literatura de ficción; la estadística nos da la probabilidad de apartar mil doscientos textos aceptables. Si eliminamos la mitad quizás nos quedaríamos con seiscientos libros interesantes, y puedo aún sugerir quitar otro cincuenta por ciento para dejar trescientos bien escritos; de los cuales ciento cincuenta pueden resultar excelentes. La mitad de estos excelentes tal vez podrían ser considerados setenta y cinco obras maestras, quién sabe. Habrá que averiguarlo. El promedio estándar de consumo de lectura es un libro por mes. Yo necesitaría cinco años para leerme sesenta de esos setenta y cinco imprescindibles.
Cualquier por ciento por pequeño que sea resultará a la larga una cifra impresionante de escritores, de obras, de artistas en general, que en muchos casos nos ofrecen más de un libro de los tantos que parecen haber escrito.
Esto no va a acabar aquí, es tan solo el comienzo de algo ya imparable, y que también es consecuencia de ese fenómeno que según alguien nos vuelve aún más provincianos. Algunos no son capaces de darse cuenta todavía; pero está ocurriendo a la velocidad con que se acelera todo en la era contemporánea. Muchos no lo ven, aún.
Es un fenómeno nuevo y con nuevas paradojas; porque todo el trabajo en solitario de miles de personas se vuelca en formas de colaboración inesperadas.
La posibilidad de las autopublicaciones por el novedoso sistema de impresión bajo demanda, sin costo para el autor, también está llevando a los artistas a nuevas formas de unión y colaboración libre, e independiente de trabas, distancias y credos. El diseño de la portada de mi último libro es una joya ideada por un gran artista cubano, en exclusiva para esa edición. La autoría de la foto de contraportada pertenece a un fotógrafo español ahora reconocido por sus experimentos y búsquedas formales. Mientras tanto en Estados Unidos mi traductora está preparando la versión inglesa para el acceso al mercado en ese idioma, sin esperar que nadie más que yo le dé el permiso, el visto bueno y el aprobado. Todo el trabajo lo hacemos cada uno desde su país, vía emails. Y yo, por otra parte, a nivel individual voy de alguna forma recuperando mi antiguo hábito de relación no competitiva con otros artistas y creadores. Vuelvo al intercambio y al aprendizaje. Y prefiero que el libro ande viajando por la telaraña de la red cibernética, a que siga lleno de telarañas en un archivo de mi mesa.
Mis antiguos lectores van reapareciendo de entre los amigos y conocidos que esperaban la tan anunciada salida de ese libro (por cualquier medio) para adquirirlo. Y lo están comprando en Brasil, en Argentina, Méjico, Canadá, Estados Unidos, e incluso Inglaterra y Holanda. Mis lectores lo han encontrado en Internet y todo queda como si yo les hubiese mandado un ejemplar a sus casas.
Me alegra pensar eso, y también que esta alternativa ayuda a generar y mantener empleos, y que ganamos todos un poquito; desde los oficinistas de la editorial virtual, pasando por los trabajadores de las pequeñas imprentas, talleres y estudios que elaboran los pedidos según demanda, y hasta el último distribuidor de paquetes postales a domicilio. E incluso el autor, el que inventó toda esta historia para vender su copyright en las redes de distribución comercial.
En el panel de intelectuales en La Habana, un admirado escritor… Criticó la falta de conocimientos de mercado dentro de Cuba, dijo que no era malo que la literatura y los escritores fueran al mercado, lo malo era que el mercado decidiera…;
¿Qué el mercado decidiera? ¿Y entonces quién si no?
Me encantaría que fueran las universidades las que decidieran sobre la buena literatura o lo que deba ser considerado buena literatura o no, me encantaría que fueran los congresos de escritores, los paneles, los estudiosos y sesudos. Pero no sé por qué me parece que las trompetas suenan en otras partes.
Hay que seguir de cerca lo que está ocurriendo dentro de Internet, en sitios como Youtube, observar las cifras en aumento de las descargas alternativas de músicos desconocidos o cineastas por descubrir; porque este asunto ya abarca la creación independiente de álbumes de fotos, recetarios de cocina, calendarios, videos y documentales, discos de todas las músicas posibles y pronto hasta videojuegos.
Cualquier entidad susceptible de convertirse en un fenómeno mediático es observada con lupa. Las autopublicaciones a través de Internet pueden también constituir una rampa de lanzamiento para el tan ansiado contacto con la poderosa editorial. De hecho, las grandes casas inglesas y norteamericanas ya cuentan con personal de búsqueda y rastreo de lo que ellos llaman: “the next big name author”, los nuevos talentos que emergen de entre la maraña de la red.
La búsqueda de opciones no se detiene; muchos libros ahora son, y lo serán cada vez más en el futuro: mestizos y globales. Cito otra vez mi experiencia personal en este asunto que recién comienzo, vamos poco a poco descubriendo que la sede de la editorial virtual que me da facilidades para autopublicarme está en Carolina del Norte, la oficina que atiende los pedidos desde España tiene la dirección en una calle de Londres, y los ejemplares que me llegan cuando los solicito, se imprimen y se envían desde Sevilla.
Y yo compro, o pago o reenvío lotes con libros a grupos, y todas las operaciones las realizo desde mi ordenador portátil. Recibo comentarios, noticias, reacciones y respuestas diversas. Y programo encuentros con personas interesadas o curiosas por leer lo que escribo. Contacto por mi cuenta o vía amigos, con librerías y centros culturales, y paso de padrinos y patrocinadores o de esas editoriales que nunca podrán colonizarme porque nunca me han prestado la más mínima atención.
Mientras tanto, la mía, mi atención está centrada en ese nuevo bicho raro que acaba de aparecer con el siglo y la arrancada del milenio, el blook, cuya definición popular es como un trabalenguas (un blook es un book de una Web o de un blog) un libro impreso a partir de lo publicado en un blog personal o una página Web.
La inmensa mayoría de todo lo que se escribe se está dando a conocer primero en la red. Todavía no existe un cacharro que se parezca y sustituya al libro de papel y cartulina. Aún nos gustan esos objetos para guardarlos en el bolso o meterlos bajo la almohada. Los blooks están saliendo de la red a través de impresoras domésticas o máquinas industriales para convertirse en libros. Muchos están llegando lejos, y algunos, por algún misterio que siempre escapa a nuestras apuestas, exhibirán sus reclamos desde los hilos más altos del tenderete.
Aquel José Ángel Buesa; aquella Corín Tellado, han subido de mis diez centavos de hace cuarenta años. Diría que hasta se han revalorizado.
En el panel de La Habana un respetable maestro dijo: “…que hacía poco se había publicado a José Ángel Buesa. El libro se agotó inmediatamente y después se vendía a 50 CUC. Él se preguntaba si eso era correcto, publicarlo porque la gente lo quería. Mencionó a Corín Tellado, autora cuyos libros son alquilados por muchos cubanos y los leen miles de personas. Dijo que había que discutir sobre eso.”
Siempre he tenido la sensación de que somos demasiados los que escribimos, todos creemos y afirmamos que lo hacemos bien, afirmamos que cada uno encontrará y encantará a sus lectores. Las editoriales no dan abasto, nunca lo darán, para imprimir y promocionar todo lo que la gente querría publicar.
“SANDOKAN EL TIGRE DE LA MALASIA” “JOSE ANGEL BUESA ANTOLOGIA” “BOLEROS Y RANCHERAS DE SIEMPRE” “JOSÉ MARTÍ VERSOS SENCILLOS” “MI DESTINO ERAS TÚ CORIN TELLADO” “EL AUTOR Y SU OBRA DANTE EL INFIERNO” “LA ISLA MISTERIOSA JULIO VERNE” “COMO CONQUISTAR AL SER AMADO REDACCION DE CARTAS DE AMOR” “EL ROJO Y EL NEGRO STENDAL” “MANUAL DE SANTERIA PRÁCTICA” “LA BARRACA VICENTE BLASCO IBAÑEZ” “SUPERMAN” “BATMAN” “EL LLANERO SOLITARIO” “TEXTOS ESCOGIDOS RABINDRANATH TAGORE” “TETAS DE FUEGO Y OTROS RELATOS ANONIMOS” “LOS MISERABLES PRIMERA PARTE VICTOR HUGO” “RESOS ORACIONES Y CONJUROS” “AGATHA CHRISTIE TRES NEGRITOS” “EL CAPITAL VERSION ABREVIADA CARLOS MARX” “EL VIEJO Y EL MAR ERNEST HEMINGWAY” “ARCOIRIS CUADERNO DE DIBUJOS PARA COLOREAR”
Todo el que guste venga al tenderete de las cuatro esquinas del mundo, a colgar nuestros portadas en los hilos, a ver quién da más por cada uno de nosotros, y dejar de lamentarnos, nadie nos colonizará, (ellos están en otras cosas) y que haya suerte con lo que se escriba.