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Escritor chileno. Su próxima novela será El caso Neruda. Reside en Iowa. |
A DEBATE
¿Qué valor le reconoces al trabajo de las pequeñas editoriales y editoriales alternativas en el actual mercado transnacional del libro?
Roberto Ampuero:
Soy un liberal convencido en términos políticos y por ello apoyo la diversidad en todos los ámbitos de la sociedad. Esta convicción también la extiendo desde luego al mundo editorial. Todas las editoriales –privadas, públicas, cooperativas, de auto publicación- son necesarias, pues enriquecen a una nación y fomentan la circulación de la literatura. Las libertades de pensamiento y creación artística se ven respaldadas por la diversidad de editoriales, por el carácter diverso de su propiedad, por la variedad de sus convicciones estéticas y políticas, por los principios particulares que rigen la selección de autores y temas, y por la infinidad de estrategias que desarrollan para alcanzar determinados segmentos poblacionales. Las editoriales pequeñas y alternativas contribuyen –junto a las grandes, de carácter nacional o trasnacional- a la diversidad del mundo de las letras, a elevar la oferta cultural, a representar la diversidad de expresiones y a ofrecernos a nosotros, como escritores, mayores alternativas a la hora de decidir con quién publicar y mejores condiciones financieras. Las editoriales pequeñas y alternativas ubican a menudo nichos literarios específicos que las grandes editoriales no pueden, no se interesan o tardan en ocupar. Tampoco hay que moverse a engaño: no existe una división tajante entre unas y otras. Muchas de las grandes editoriales comenzaron siendo alternativas, muchas de las primeras terminaron integrando el grupo de las segundas, y muchos temas descubiertos por éstas fluyeron después a las grandes editoriales. Y algo semejante ocurre con el desplazamiento de autores de una casa editorial a otra. Por eso me manifiesto en contra del monopolio de editoriales estatales en países no democráticos y en contra de la excesiva concentración económica de las grandes editoriales privadas en los países de economía de mercado y democracia parlamentaria. La concentración editorial de rasgo monopólico, sea en el sentido estatal o privado, limita la libertad de expresión en general y coarta a la vez nuestra posibilidad de lectura, nuestra formación y sensibilidad, la difusión de nuestras obras y nuestra posibilidad de llegar libremente con ellas al resto de la sociedad.
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Escritor cubano. Dirige la revista artesanal e independiente de poesía Arique. Reside en Santiago de Chile. |
Raúl Tápanes:
Mantienen viva la quimera, el espíritu del Quijote y de Shakespeare, el idealismo –no exento de ingenuidad- imprescindible para que sigamos siendo poetas o narradores o artistas, y no sólo escritores de best-sellers, gurús y maestros de autoayudas o novelistas de altura. Lo mediano y pequeño, tanto como lo modesto y digno –que no todos podemos ser merecedores de un Cervantes o un Nobel-, es imprescindible para una visión correcta del conjunto que permita apreciar lo verdaderamente grande, más allá de falsas imágenes. Por otra parte la diversificación de los soportes y medios de difusión de la literatura alivia –y quizás mucho- las barreras de acceso a ediciones costosas, a pensamientos y tendencias elitistas. Las editoriales pequeñas, autoediciones, las ediciones artesanales, los medios alternativos, el soporte digital, la impresión bajo demanda, etc., constituyen expresiones y vehículos, no de una vulgarización de la cultura, sino de un mayor acceso a ella y posibilidad creciente al alcance de mayorías, de hacer esa cultura, de interactuar con ella. En cierta medida las editoriales pequeñas y alternativas están re-editando hoy el hito de Gutenberg.
En lo relacionado con Cuba, por ejemplo, se ponen de manifiesto otras de sus características: la crónica de la literatura cubana no podrá ser escrita sin referencias a tanto autor y obra de mérito publicada generalmente en pequeñas editoriales, imprentas casi artesanales y sofisticados pero domésticos medios digitalizados, levantados fuera de la Isla, en los más diversos países, en medio de la diáspora de los últimos cincuenta años.
El implícito reto de estos medios a las élites políticas o culturales, y su carácter intrínsecamente marginal, son un valor agregado, más allá de su peso específico en el mercado en términos económicos.
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Escritora argentina. Su novela más reciente es Berlín es un cuento. Reside en Berlín. |
Esther Andradi:
El trabajo de las pequeñas editoriales es - y no sólo ahora, pero ahora más que nunca - tan decisivo para la literatura como temerario para la empresa. Estas editoriales invierten en descubrir nuevos autores, se arriesgan en publicar escrituras diferentes, difunden géneros ninguneados como poesía y cuento....De ellas depende, en gran parte, el fluir de la literatura, aunque con ello se juegan, no pocas veces, la propia existencia. Se ha comprobado, sin embargo, que renacen de sus cenizas y aprenden de sus fracasos. Son el
hilo de Ariadna para orientarse en el laberinto de papel desechable.
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Escritora cubana. Su próximo libro será Por culpa de Candela y otros cuentos escandalosos. Reside en Albuquerque. |
Teresa Dovalpage:
Voy a referirme a las editoriales que publican en español en Estados Unidos y que afrontan, por desgracia, un doble reto: el ser “pequeñas” de tamaño y el publicar libros escritos en un idioma que no es el del país. A pesar de tener estos dos factores en contra, muchas de estas casas hacen un gran esfuerzo, un esfuerzo a veces titánico, por dar a la luz manuscritos que no encuentran cabida en las editoriales grandes, y no necesariamente por falta de calidad de las obras.
Así, para un autor que empieza, publicar con una editorial pequeña puede ser el espaldarazo que lo ayude a saltar a las “grandes ligas” más tarde, aunque dicho así suene bastante feo. Desgraciadamente, las edito riales pequeñas suelen tener muchísimas dificultades con la distribución, lo que les impide competir con las transnacionales que pueden poner veinte ejemplares de cada libro que sacan en todos los Barnes and Noble o Borders del país. De modo que si un autor quiere llegar a una audiencia mayor, no le queda otro remedio que tratar de firmar con una editorial que tenga acceso a las grandes cadenas de librerías. Una manera de hacerlo es ser publicado por una editorial pequeña y esperar que, con este crédito, una editorial mayor, o siquiera mediana, pero con buenas posibilidades de distribución, acepte su próximo manuscrito. De modo que la función de estas editoriales viene a ser de puente.
Espero no sonar muy cínica porque tengo un gran respeto por las editoriales pequeñas. Y más aún por sus editores que en muchos casos han sacrificado su tiempo y su dinero en la quijotesca pero admirable empresa de promover la literatura en español en Estados Unidos.
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Escritor y librero colombiano. Su libro más reciente es De cuando Pablo Neruda plagió a Miguel Ángel Macau. Reside en Bogotá. |
Alvaro Castillo Granada:
No todo cabe y le interesa a las grandes editoriales y al mercado. Siempre hay algo que se escapa, que no puede ser atrapado. Estos libros y autores hacen parte de otro registro, de otro momento. Si las editoriales van poco a poco cayendo y cediendo ante los grandes grupos económicos (sean de donde sean) la única posibilidad para los pequeños, los diferentes, es hacerse a un lado, abrir los ojos y plantearse otras reglas: sé lo que tengo, sé lo que soy y sé a quién le intereso. En este segmento es donde trabajo. Una a una, las pequeñas editoriales se van transformando en refugios y alternativas de poder. De la misma manera, muchos autores están encontrando ahí la posibilidad de alcanzar su destino: llegar a los lectores. También esta posibilidad permite crear una nueva perspectiva: la literatura es un espacio de libertad. Los grandes siempre dejan espacio entre sus huellas para que los pequeños, los otros, nosotros, sigan y mantengan su rumbo.
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Escritora cubana. Preside la editorial Cambridge BrickHouse. Reside en Boston. |
Yanitzia Canetti:
El mundo cambia y todo con él. A los escritores se les cierran unos caminos y se les abren otros. Sólo se desaniman los que se enamoran del viejo cuento, aferrados a un pasado que no es necesariamente mejor. Los pintores del medioevo se enamoraron de los techos de los palacios y un día se tuvieron que enfrentar a otros formatos menos celestiales. Y los que hacían únicamente retratos tuvieron que asumir otras formas de “retratar” cuando apareció la fotografía. Así mismo, los escritores de hoy deben entender en qué ha cambiado el mundo editorial y cuál es el mejor modo de llegar al lector. Si siguen remando en el mismo sitio, no llegarán a ningún lado.
Las pequeñas editoriales son una opción más, ni la mejor ni la peor, una más a elegir. Se distinguen en la multitud de las cadenas comerciales porque son menos abrumadoras, intimidan menos al escritor; son más humanas, por decirlo de algún modo. Las editoriales pequeñas son como madres de pocos hijos, con más tiempo para atender a cada uno. Se especializan en áreas de publicación, cuidan con esmero sus pequeños catálogos, conocen mucho mejor a sus pocos autores (a veces con un trato más personal e íntimo), establecen una estrategia de mercadeo menos abarcadora y ambiciosa, pero con mejor puntería en muchos casos, porque tratan de identificar al tipo de lector que estaría muy interesado en sus libros. No se pueden dar el lujo de fallar porque serían tragadas por la gran industria. También están obligadas a distinguirse, diferenciarse, ofrecer algo original para no confundirse en la avalancha del gran comercio.
Las pequeñas editoriales aún tienen tiempo de leer manuscritos, de corregirlos incluso. Muchas de las grandes editoriales ya no prestan atención a las erratas ni toman demasiado cuidado en corregir y verificar los datos de sus libros (no ya de ficción, sino los de no ficción), no da tiempo, hay que vender y rápido, hay que vender y mucho, así que le dejan toda la responsabilidad al autor y a su agente, si acaso.
Las editoriales alternativas, que por lo general son pequeñas, son la avanzada de estos tiempos. Ofrecen formas inteligentes de publicar y promover a los autores, contando con ellos por sobre todas las cosas, nadie puede estar más interesado en dar a conocer un libro que el propio autor. Los autores aman su creación y les cuesta trabajo escribir con el único objetivo de vender en cantidades industriales; el comerciante, en cambio, piensa en recuperar su inversión y obtener ganancias, así que cuanto más venda, mejor, aunque tenga que ignorar un buen libro que gusta a pocos por darle lugar a uno malo que gusta a muchos.
Las editoriales alternativas son un salvavidas para los autores que se sienten desorientados y perdidos en el oleaje del mercado moderno. Les permiten “surfear” con destreza y tocar tierra. Si no existieran estas pequeñas editoriales, los manuscritos se hundirían en las gavetas, sin la menor esperanza de emerger.
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Escritor argentino. Su libro más reciente es Yo también puedo escribir una jodida historia de amor. Reside en Madrid. |
Carlos Salem:
Habría que diferenciar pequeña editoriales de editoriales independientes, aunque en los inicios suelan coincidir. Casi todos los que comienzan a editar tienen la esperanza de crecer, y el de las traducciones es un camino posible para ese desarrollo. Aquí en España no son pocas las editoriales de nuevo cuño que han logrado que algunos de sus autores sean publicados en otras lenguas, ampliando el trayecto de los libros y la posibilidad de un éxito comercial y literario, que es lo que todos buscan.
Y no hay que olvidar los posibles intercambios entre editoriales de un volumen similar y mercados diferentes. Es más fácil, para una editorial emergente de cualquier país europeo, llegar a un acuerdo con una de otro país de la UE (por no hablar de Latinoamérica), que con un gran grupo editor. Mi primera novela, Camino de ida, salió en 2007 en España con un sello independiente, Salto de Página, y en marzo se edita en Francia con otro sello reciente, Moisson Rouge. Si cualquiera de los dos hubiera formado parte de un consorcio editorial, la negociación habría sido diferente.
Los "pequeños" buscan lo mismo que los "grandes": vender libros y situar a sus autores en un espacio visible. Pero los primeros tratan el libro de un modo más personal, y el contacto con el autor -salvo desagradables excepciones-, es más humano. Eso, trasladado al mercado transnacional, no supone necesariamente una desventaja, ya que al trabajar con editoriales parecidas, se tiende a repetir el esquema. Como autor, creo que las editoriales independientes son mucho más que un puente hacia una grande, pues te permiten desarrollar obra, darla a conocer y, tal vez, crecer juntos.