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Periodista y publicista cubano. Reside en Gijón. |
Angel Alonso Dolz:
El enfrentamiento a la realidad de los mercados, por parte de las pequeñas editoriales y las alternativas, son por supuesto un gran reto para ambos perfiles; no sólo por la implicación en el proceso final de toda editorial de aquellos factores que propician la comercialización -como pueden ser el marketing y la publicidad-, sino en particular porque tanto unas como otras, tienden a asumir la obra de autores cuyo potencial cualitativo ni siquiera es evaluado por los grandes consorcios.
Salvo cuando se trata de concursos y en este tópico siempre habrá ciertas reservas, los autores que poseen un valor no difundido, así como las obras cuyo contenido escapa del facilismo, sólo logran despegar a través de esos “pequeños Goliath” y ahí reside la virtud que las hace merecedoras de reconocimiento.
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Escritor colombiano. Su libro más reciente es Miguel de Cervantes. Versado en desdichas. Reside en Bogotá. |
Nahum Montt:
En Colombia existe una buena cantidad de pequeñas editoriales, que llamamos independientes, pues sus criterios de publicación van más allá de su carácter comercial. Se publican textos de poesía, libros de cuentos, novelas, investigaciones antropológicas y académicas, propuestas interesantes que jamás son reseñadas por los medios y que circulan y se conocen gracias a la fuerza del rumor.
Primer ejemplo: Pijaos Editores publicó el año anterior cincuenta novelas colombianas que se encontraban descatalogadas por las editoriales comerciales, novelas muertas que volvieron a nacer gracias a esta iniciativa un tanto delirante e hiperbólica.
Segundo ejemplo: recuerdo un título en particular, El crimen de Kafka, del profesor Guillermo Sánchez Trujillo, editado por La Carreta Literaria , donde muestra a partir de una indagación policiaca que El proceso es un palimpsesto de Crimen y Castigo de Dostoievski y propone un nuevo ordenamiento de sus capítulos. Este libro le llevó a su autor más de veinte años de investigación.
Sin embargo, el gran problema que enfrenta este texto y los demás publicados por estas editoriales tiene que ver con su distribución. Desde el Ministerio de Cultura se han dado estímulos económicos para que sus mejores proyectos posean una mayor divulgación y circulación. Pero el problema es tan grave, que hasta lo comparten también las editoriales comerciales con autores y textos de renombre internacional. Es difícil, por no decir imposible, conseguir sus libros en la provincia colombiana.
Sin caer en las trampas de la tecnofilia, que ve en el auge y la revolución informática la solución a nuestros problemas de comunicación, uno como autor sueña con la posibilidad de que la Internet haga realidad un mercado virtual que ponga a circular los libros en los propios países y más allá de sus fronteras, en lo que llamas el actual mercado transnacional del libro. Pero siendo honesto, sólo nos encontramos en la fase inicial, la del soñar y como dicen por acá, “soñar no cuesta nada”.
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Escritor cubano. Autor del clásico juvenil cubano María Virginia se va de vacaciones. Reside en Miami. |
Sindo Pacheco:
Las pequeñas editoriales siempre han jugado su papel en la industria del libro, pero últimamente se ha convertido en un fenómeno notable, tanto en Europa como en América, incluso en Cuba. Pienso que para bien de la literatura en sentido general. Cada vez es más difícil acceder a las grandes editoriales. A veces, un autor desconocido, envía un texto y es posible que ni lo lean, o en el mejor de los casos respondan que está muy buena la obra, casi estupenda, pero lamentablemente el plan editorial de los próximos tres años…, en fin.
Pienso que las pequeñas editoriales han logrado publicar obras importantes, apostando por aquellos creadores no tan conocidos. Y eso es estupendo. Algunas sobrevivirán, otras quedarán en el camino, pero ahora se abre una pregunta: ¿Cuál es el objetivo de una pequeña editorial, que publique cada vez a más autores bajo un patrón riguroso de calidad, acaso es crecer, consolidarse, y convertirse finalmente en una gran editorial, que cambiaría entonces sus apuestas?
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Escritor y profesor universitario italiano. Ampliamente reconocido por sus antologías y estudios sobre la narrativa escrita en el Caribe. Reside en Milán. |
Danilo Manera:
Un valor muy alto. Diría que se han vuelto imprescindibles espacios de creatividad y búsqueda, hasta de libertad cultural. A menudo las gestionan personas apasionadas, con ideas originales, animadas por gustos, intereses y proyectos bien distintos respecto a lo más obvio y vendible, sobre todo en el ámbito de géneros menos frecuentados (poesía, cuentística, ensayo, realidades mestizas, etc.). Sin embargo, hay también “sellos menores” de grandes grupos editoriales, mantenidos a veces no por razones económicas sino de prestigio, que llevan a cabo una labor excelente y fuera de los caminos más trillados. Claro que depende de cada caso, el tamaño no es una garantía: hay editoriales que no tienen conocimientos y capacidades adecuadas y otras que publican mal cualquier basura. Las a que me refiero positivamente habría tal vez que llamarlas con más precisión “editoriales independientes de calidad”.
Les daré un solo ejemplo que proviene de mi experiencia profesional y puede que resulte significativo para su revista: la traducción y difusión en ciertos países de la literaturas hispanoamericanas menos conocidas o de los autores hispanoamericanos más heterodoxos y apartados es mérito de editoriales alternativas, que se atreven a proponer textos procedentes por ejemplo de República Dominicana o Panamá, Bolivia o Paraguay, o apostar por autores que no venden mucho, no han ganado premios cuantiosos ni tienen agentes activos, pero les gustan, les importan, les conmueven.
La cuestión se hace todavía más espinosa y delicada cuando no se trata de un idioma vehicular de gran peso en el mundo como el español, sino de idiomas locales de escasa difusión. Casi únicamente las pequeñas editoriales se ocupan de traducir lo que se escribe en búlgaro o en griego, en kiswahili o en coreano, en uno de los infinitos dialectos humanos que forman la auténtica polifonía del planeta.
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Escritor cubano. Su novela más reciente es Casa de cambio. Reside en Philadelphia. |
Alejandro Aguilar:
Cada día el sentimiento de frustración que ronda mis expectativas como lector, crece. Basta entrar a una librería de las llamadas en España “grandes superficies” para experimentar el vértigo de lo imposible. Miles de títulos nuevos de gran empaque, proclamados a todo grito con el soporte comercial de las grandes casas editoriales, desafían mis ojos cansados y el tiempo de vida que pueda quedarme… Si cruzamos al otro lado de la mampara, el del escritor que soy, el intrincado mercado editorial se muestra indescifrable para mí, aún después de tener publicadas varias novelas, libros de cuentos y aparecer en numerosas antologías en español e inglés en varios países.
No creo que el interés comercial sea el único factor que mueve hoy la producción de los grandes sellos editoriales. Muchos fundamentales y buenos autores integran sus catálogos, y me felicito cuando veo a amigos, conocidos y aún desconocidos pero todos admirados, abrirse camino entre los anaqueles bajo el signo de ilustres casas editoriales. Pero es evidente que la contradicción entre calidad literaria y publicación a gran escala, crece, aupada por intereses puramente comerciales. Cada vez es más cierto aquello de “no son todos los que están y no están todos los que son”.
A nivel personal, siento un regocijo especial cuando accedo a obras de calidad rotunda que han logrado ver la luz a través de las editoriales pequeñas o alternativas; lo mismo que cuando publico por esa vía luego de pasar una minuciosa criba editorial. Por supuesto, los beneficios económicos son incomparablemente inferiores con esta opción, pero eso no me importa demasiado. Otra vez, desdeño los absolutos, pero es obvio que estos sellos alternativos generalmente privilegian la calidad literaria.
Personalmente disfruto las presentaciones casi privadas, en la atmosfera acogedora de las pequeñas librerías que acunan y promueven obras de sellos editoriales alternativos. Allí encuentras casi siempre un público conocedor, bien informado y sensible, ávido de saber sobre la obra y sus circunstancias. De ese diálogo aprendo y enriquezco la visión del lector ideal con el que cargo; los modos y maneras para comunicar con él (o lo contrario). Digo esto y pienso en las ya casi habituales presentaciones de mis libros en McNally Robinson (recientemente rebautizada McNally Jackson), una de las más importantes librerías independientes de Nueva York, como una experiencia sencilla pero enriquecedora; suficiente para compartir un poco de la soledad del oficio; para propiciar la comunicación más allá del monólogo que es la escritura y, last but not least, para el simple alimento de mi ego que se conforma con un buen público de unas veinte personas realmente interesadas en el diálogo.
En cuanto a las editoriales; tal vez lo más atinado sea decir que idealmente debería haber una relación simbiótica entre ellas; que una y otra se necesitan porque ocupan espacios y funciones distintas. Desearía que la historia no termine con el pez grande engulléndose al pequeño; pero ese es un final posible que estaría determinado por intereses comerciales y el atropello del interés de los lectores. Y no suena justo, pero de todo esto ya hemos visto demasiado en la historia del género humano, lo suficiente como para mantenerse escéptico al tiempo que, mantener las apuestas por el éxito y la buena salud de las editoriales independientes.
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Escritor guatemalteco. Su próxima novela será Completamente Inmaculada. Reside en Ciudad Guatemala. |
Francisco Alejandro Méndez:
Me parece que las editoriales que no forman parte del canon ofrecen precisamente otras visiones que las demás. Creo que tienen, entre otros, los méritos de arriesgarse por escritores que no han sido reconocidos internacionalmente o que no ha han sido publicados por editoriales "consagradas". Abren la puerta a otras literaturas, las cuales se apartan del canon del día o de las producciones literarias que se consumen o se publicitan en los diarios constantemente.
Las pequeñas editoriales toman riesgos, apuestan por lo que no está establecido y difunden literatura, que aunque, luego, mucha es absorbida por las transnacionales, son las que dan a conocer autores, que por ejemplo, publican su primer libro.
Creo que para muchos autores, estas editoriales, muchas de ellas trabajan mitad y mitad (económicamente con los autores) de la edición, por lo que tanto los escritores como ellas realizan la labor de publicidad. Muchas editoriales, entiendo, cuando compran los derechos, obligan a los autores a no ser publicados o a no ser leídos en muchos países, debido a que "balcanizan" las publicaciones.
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Escritor panameño. Su novela más reciente es ¿De qué mundo vienes? Reside en Berlín. |
Luis Pulido Ritter:
Esta es una muy buena pregunta. Me parece que las editoriales pequeñas jugarán cada día un papel más importante, aunque, al mismo tiempo, será más difícil sobrevivir, por las exigencias del mercado, el dominio y control de las grandes editoriales que, muchas veces, están en contraposición a la experimentación y al riesgo. En efecto, no tengo ningún prejuicio contra las grandes editoriales, no obstante, pienso que las pequeñas - a pesar que alcancen un público más reducido - están más despiertas a las nuevas tendencias del mercado y a las propuestas artísticas novedosas. Es importantísimo, además, la existencia de las pequeñas editoriales, las alternativas, porque, por un lado, es un espacio creado y ganado, las cuales no dejan todo a las grandes editoriales y, aunque puedan tener diferentes segmentos del mercado, no deja de ser cierto que solo este hecho promueve la competencia. Lo cierto es que, por un lado, las grandes editoriales están provincializando el mercado de lectura, es decir, muchos libros buenos, excelentes, no van más allá de sus fronteras nacionales - una perfecta ironía en este tiempo transnacional y global - y las pequeñas editoriales en su búsqueda de crecimiento, competencia y renovación pueden ayudar a romper este provincialismo que parece que se está imponiendo en el mercado de lectura, distribución y venta. Es de hecho importante, para la existencia de las editoriales pequeñas y alternativas, descubrir nuevas formas de promoción de los libros, por ejemplo, enviando mensajes a través de los celulares de sus nuevos libros. Es necesario para el desarrollo de la literatura no dejarle todo el mercado a las grandes editoriales, sin embargo, para nadie es un secreto que para un autor no hay mejor premio que ser publicado por un sello reconocido y que tenga peso en el mercado. También aquí habría que preguntarse qué papel pueden seguir jugando los agentes literarios. Éstos representan realmente a sus autores. ¿Están realmente interesados por la literatura? Sin duda, hay muy buenos agentes, pero creo que las pequeñas editoriales, las alternativas, también podrían trabajar más estrechamente con sus autores. En fin, creo que las pequeñas editoriales pueden tener un buen futuro si tienen una buena dosis de oportunidad, riesgo empresarial, selección apropiada del segmento del mercado y si aplican un buen marketing.